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Mallorca 2010

Escribe: grehelo
Vivir en Palma durante seis meses amerita escribrir y escribir, aunque no sea un diario al uso.Esto ya no será un diario de viaje como los anteriores. Tantos meses fuera me obligan a no aburrir tanto y planteo esto como...

 

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Campeones del mundo

Palma de Mallorca, España — miércoles, 14 de julio de 2010

Los días discurren con normalidad y tranquilidad, alterados al inicio por los partidos del mundial y toda la parafernalia de medios que éste trae detrás. Al cabo de una semana se vuelve rutina el ver el partido de la noche. Sufrimos con México y poco a poco empezamos a disfrutar con España. Caen Portugal y Paraguay en los primeros cruces y el domingo antes de las semis vamos a pasar el día con Jesús e Hilda, dos compañeros de Pilar y con Camelia, una estudiante de doctorado. Los tres cubanos y el matrimonio bastante buena gente. Camelia más atravesadilla, pero no está mal. Visitamos una granja de avestruces y fuimos a comer a casa de Gonzalo, un profesor de economía de la Universidad, buena gente y extremista marxista. Esa gente me recuerda aquel pensamiento de alguien que decía que si a ti lo que te gusta es Cuba y crees que allá se está mejor que en tu país, debería ser mandado de inmediato a aquel país a disfrutar las ventajas que tiene. Pasamos un rato muy agradable entre pollos asados, claras con Aquarius y amena charla de, sobre todo, América. A todos nos gusta aquel continente. Unos sí nos fuimos. Otros no cumplieron el dicho anterior.

Me cuesta trabajo pensar que en Cuba estén tan bien como nos quieren hacer ver los enamorados de la isla y del régimen. Jesús es doctor en Ciencias Químicas y en España trabaja en la Universidad tomando muestras para medir la calidad de agua. Hilda, también doctora en Farmacia, con publicaciones y cursos impartidos en varios países, trabaja de manceba en una farmacia de Palma.


A la selección española le van yendo las cosas muy bien y pasan también a las semifinales. Nos toca Alemania y le ganamos. Parece increíble, pero estamos en la final del mundial de fútbol, que jugaremos contra Holanda. Decidimos ir a ver el partido final, en el que España se proclamará campeona del mundo, a Córdoba. Buscamos los boletos el jueves para volar el sábado y a media mañana estamos llegando a Córdoba. Nos dan posada en Cruz Conde y este día comemos en Pic-Nic. Veo a Jose por fin. En abril no puede saludarlo y lo encuentro estupendo, realmente espectacular, delgado y guapísimo. Debe tener un éxito de película. Es asombroso. Pilar cree que si se hubiera cruzado con él por la calle seguro que no lo habría reconocido. A partir de ahora rodo gira en torno a la final. En la tarde, después de descansar, vamos al Montón porque es el santo de Pablo y allá nos reencontramos los de siempre: Ana, Luis y su tropa, Pepa, Pablo, Martina, Mariángeles, Alfredo, Nuria y todos los demás. Tarde y noche de agradable tertulia. No pasa el tiempo cuando el ambiente es el que me gusta. Todos bien, muy bien.

El partido lo empezamos a ver en casa de Desi los cuatro hermanos y los/las añadidos/as. Muchas nervios, demasiados, rayanos en la descomposición corporal. Pilar con una bajada de presión. Yo sin poder comer. Cada quien llevando el momento histórico como sabe. A esto no te enseñan en ningún lado. Pilar se encuentra mal y al terminar el tiempo reglamentario decidimos irnos a casa a ver el tiempo extra. Entre idas al baño y al refrigerador pasan los minutos viendo a los cerdos holandeses madrear a los chiquitos españoles. Y cuando faltan algo más de tres minutos para que termine el tiempo extra pasa lo que todos queríamos. Marca Iniesta. El planeta deja de girar alrededor del sol en esos minutos que faltan y cuando el impresentable pita el final, todo el sistema solar gira alrededor de este país. Por unos minutos se paralizó. No se oía nada. Fue esa calma que siempre llega después de la tempestad. La que nos atrapa después de un temblor fuerte. La de después de un fiestón. Aquí, en este instante, la calma llegó antes. Fueron apenas minutos, segundos. Y explotó. A las 11 de la noche todo el mundo, pero todo el mundo miraba asombrado a España. Y nosotros ya nos reíamos del mundo. Nunca se me había pasado por la cabeza que esto lo pudiera vivir yo. Hablan de que nuestro PIB crece, de que alcanzamos a tal o cual país. Nos dicen que somos los mejores en tal o en cual. Nada. Nada se compara a ser campeones del mundo de fútbol. A que te pongan la estrellita encima de tu escudo. La crisis por supuesto que no importa. Pero es más increíble que importa aún menos el que salgamos de ella.

Cruz Conde se empieza a llenar de gente vestida de rojo, con todo lo que han ido llevando como talismán para llegar a este momento: pulpos de papel maché, camisetas del chapulín colorado. Se logró. Y explotamos. De camino a las Tendillas me encuentro con Pepe, mi primo, que va a buscar a sus hijos que están abrazándose en mitad de la Plaza. Me reencuentro con Jose y su panda de amigos. Y con miles, de verdad, miles de personas en esta apática Córdoba que se transforma. En un balcón veo a los padres de Alfredo disfrutando desde la altura el momento. Dan las 2 de la mañana y la fiesta sigue. Va a durar cuatro años. Y tenemos derecho a perder los papeles en este tiempo. Yo los pierdo mientras escribo esto.

Muy alterados nos vamos a descansar. Y llega el día después. Y los pocos papeles que nos quedaban por perder se pierden definitivamente. Las televisoras empiezan a emitir sus programaciones especiales al amanecer. A la 1 de la madrugada, más de 24 horas después del pitido final, aún siguen retransmitiendo la fiesta, o el beso del Casillas, o los botes de ZP, o las niñitas de las príncipes acariciando la copa, o el gol de Iniesta, o las palabras de su abuelo, o a Pepe Reina, mi paisano, montando su show (es un crack, de verdad), o al hijo de Del Bosque alucinando, o yo qué sé qué más. Y recuperamos el ritmo cardiaco y la presión arterial. Y se nos queda una sonrisa acojonante, de verdad. Esto sí que es grande.

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