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¡Buen Camino!

Escribe: ctorralba
Mil veces había oído decir que hay que hacer el Camino al menos una vez en la vida. Me alegro de haberlo hecho, y a buen seguro repetiré. No sé si otra ruta, no sé si en bicicleta... pero lo haré de nuevo porque es una de experiencia única. He viajado a lugares te todo tipo, conozco muchos países, he estado en pensiones, en hotelazos, en baretos cutres y restaurantes renombrados... me he acercado a otras culturas... pero hacer el camino no se parece a nada.

 

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De Portomarín a Palas

Palas de Rey, España — martes, 2 de marzo de 2010

Salimos de Portomarín y después de una pequeña ascensión comenzamos a caminar entre pinos y prados pasando por una fábrica de ladrillos, otra de fertilizantes... un hórreo rematado con una cruz y un meredero. 

Muchos peregrinos se detienen a hacerse una foto con el hórreo con el rosetón de fondo... pero el hórreo en cuestión está dentro de una finca, pegado a una casa privada y a mi me da un poco de palo. Las lluvias lo habían dejado todo inundado, y nos alegramos de que nuestras botas sean de ese inventazo que es el Gore-tex, porque ni imagino lo que debe de ser hacer este mismo trayecto con los pies encharcados. 

En Gondar paramos a tomar algo en un bar que estaba cerca del albergue y continuamos hasta Castromaior. Este es uno de los tramos en los que mayor sensación de contacto con la naturaleza tuvimos. No sé si es una cuestión objetiva, pero lo cierto es que rutear por los caminos de tierra, encontrándonos pequeñas fuentes, hórreos y los antiguos muros de piedra con los que delimitan las fincas, nos transmitió una paz magnífica a pesar del frío y de las dificultades. Habíamos oído hablar de la experiencia del Camino, de la gente que conoces, de los amigos que haces... de "encontrarse a sí mismo", pero la verdad es que yo no me lo planteé como algo espiritual. Quizás como una experiencia cultural, como un reto personal... pero había infravalorado la indescriptible sensación de ir cubriendo etapas, de cumplir los objetivos, de tener tiempo para pensar mientras pones una bota delante de la otra, de hablar pausadamente con los amigos, de superar juntos los obstáculos, la lluvia, el cansancio...

Durante el camino te vas encontrando cosas de todo tipo, entre ellas un curioso cruceiro en el que la cruz está hecha de madera (en vez de en la habitual piedra) y en cuya base, los peregrinos van dejando multitud de piedrecitas, así como amuletos personales y promesas. ¿Proviene esa costumbre de la tradición por la que los peregrinos contribuían a la construcción de la Catedral transportando una piedra caliza desde Triacastela hasta Arzúa? No lo sé, pero lo cierto es que mucha gente va depositando pequeñas piedras sobre los mojones indicativos, sobre los cruceiros...

Antes de Ligonde nos topamos con el cruceiro de Lameiros, que es de doble cara. Lo que a mi me llamó la atención es la calavera y la corona de espinas que están en la base.
Llegando a Palas ya encontramos el albergue de Os Chacotes, que es público. El resto de los albergues están en el propio pueblo, a sólo unos metros. Entrando por el Cruceiro está la Iglesia de San Tirso.

Palas de Rey por lo visto recibe su nombre de un antiguo castillo (real, claro). Muy cerca está el de Pambre, pero nosotros, después de la pateada, no nos veíamos con ánimo de hacer otros veintitantos kilómetros para verlo.
La próxima vez que lo haga, que lo haré, lo organizaré de otro modo para poder ver algo más que lo  que te vas encontrando por el camino... lo dicho: la próxima. En esta ocasión con andar, comer (bien, de eso no hay queja, como señoritos) y dormir... yo creo que ya cumplimos.

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De Camino a Palas, encontramos muchas zonas encharcadas por las fuertes lluvias

   

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