Desde Berlín a Cracovia, Auschwitz y Birkenau
Escribe: camarazu44
Desde joven siempre habían sido de mi interés los temas relacionados con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Siempre me había prometido a mí mismo que visitaría uno de los más importantes campos de concentración en el cual tanta gente había sido aniquilada por su religión, por sus costumbres y por su forma de pensar. Quería hacerlo como un homenaje a aquellos que no lo sobrevivieron. Con la oportunidad de una visita a la casa de amigos en Berlín, fui a visitar Auschwitz en Polonia.
En autobús desde Cracovia a Auschwitz y a Birkenau
Oswiecim, Polonia — martes, 3 de agosto de 2010
La parada del autobús era frente al Museo de Auschwitz-Birkenau. El coste de la entrada era lo que normalmente cualquier museo cobraría par mantener las instalaciones. Hay una galería de fotos y escenas de varios tamaños, para recapitular la historia del campo de concentración y la llegada de los deportados. Merece saberse que las autoridades alemanas prometían a los perseguidos una vida mejor en el este de Europa, con lo cual, mucha gente confiada creía así poner fin a los desmanes y finalmente poder vivir en paz. ‘Emigraban’ al este, hacia Polonia, ya sea directamente o a través de campos de selección y reunión, como por ejemplo Theresienstadt (Terezin) en la actual República Checa, cerca de Praga (ver en uno de mis diarios). Eran siempre transportados en vagones de ganado, hacinados, sin agua y sin otras posibilidades. Algunos muchos morían de pie, sin tener sitio para caerse, tan llenos estaban los vagones.
En Auschwitz eran recibidos, las madres separadas de los hijos y seleccionados. Aquellos que no reunían las condiciones requeridas, eran enviados directamente a las cámaras de gas, sitas al final de los andenes a la izquierda, donde aún están hoy en día, parcialmente destruidas al final de la guerra para evitar las evidencias. No se perdía tiempo en Auschwitz. La industria de la destrucción masiva funcionaba día y noche. Es claro que todo esto produce escalofríos, especialmente si seguidamente se ve todo lo que he visto yo en este viaje.
A la misma entrada del Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau, estaba el letrero metálico “Arbeit macht frei” (el trabajo te hace libre). El cinismo era detestable. Este letrero era igual al que estaba en muchos de los campos de concentración en otros sitios europeos.
En la misma galería de entrada, más al fondo, había un pequeño cine que proyectaba – constantemente - una película con muchos de los horrores de la destrucción y aniquilamiento masivo, la liberación del campo en 1945 y el triste retorno de los pocos supervivientes a sus sitios de origen. La película no es para todos. A la entrada hay información en todos los idiomas posibles con la advertencia que las escenas pueden herir la sensibilidad. Y sí que lo hacen, pero no está mal ver lo que ha ocurrido para que algunos dejen de negar que todo esto haya pasado. Son demasiados los que han perdido su vida asesinados para ignorarlos y ofenderles póstumamente con la negación del Holocausto.
Más allá hay unas naves en las cuales se me ha puesto el vello de punta. Dentro de estas naves hay divisiones, en las cuales se exhiben muchos de los artículos recuperados. En una de ellas cientos, miles de maletas de los ‘viajantes’, cada una de ellas con nombre y ciudad de origen del deportado. Había un límite de peso y tamaño de cada una de las maletas, también el contenido estaba regulado, no podían llevar lo que quisieran. En otra de las divisiones estaban las gafas de los prisioneros, miles y miles de gafas, apiladas en una superficie de unos 40 m2 y tres metros de altura. En otra parte de la nave estaba el cabello de las víctimas, toneladas de cabello, que se ha utilizado para diversos fines. Y otra de las partes de la gran nave albergaba los miles y miles de zapatos de los prisioneros, montañas enormes de calzado.
Había muchos visitantes viendo todo esto. Algunos de ellos lloraban, otros solamente se secaban unas pocas lágrimas de los ojos, otros salían al patio y rompían a llorar. Muchos de ellos habían perdido a sus padres o abuelos, familiares y amigos. Otros eran visitantes como yo, que tuvimos la suerte de no perder a alguien de la familia en esta fábrica de horrores.
Salir a los actuales jardines de Auschwitz fue como una bendición, porque el interior de la gran nave era como una pesadilla para todos nosotros. Los recuerdos, las escenas y la tremenda tristeza que todo esto ocasionaba se sentía por doquier. Queríamos verlo pero no queríamos aceptarlo.
Los actuales jardines no eran de modo alguno un sitio de esparcimiento de los prisioneros en su momento, sino que dedicado al descanso de aquellos empleados de la administración que estaban estresados por el trabajo que suponía aniquilar a todos estos millones de personas de forma organizada.
Vimos fuertes vallas metálicas que en su tiempo estaban electrificadas y que rodeaban las barracas de las oficinas, así como todo el campo y los sitios en que los prisioneros circulaban.
Un poco más tarde salía el autobús que estaba integrado en el billete de entrada y que nos llevaba a Bireknau (Brzezinka), la otra parte del Campo de Concentración. Allí residían todos aquellos que trabajaban para las empresas alemanas, y otras, que suplían armamento, vehículos, pintura, etc. Estos era, no sé si me atrevo a decirlo sin sentirme mal, los más afortunados, los que pudieron vivir más tiempo.
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Últimos comentarios
luzy dice:
Impresionante, tambien trato de mantenerme informada sobre hechos historicos de la segunda guerra y en uno de mis viajes a Europa espero poder visitar Polonia, he leido muchos libros y he visto muchas peliculas y documentales, pero nada como ver lo poco que queda de una de las epocas mas oscuras de la historia de la humanidad, me ha impactado mucho tu diario, me gustado que hayas compatido tu experiencia.. saludos
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Capítulos de este diario
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1
Berlín y un tren a Cracovia
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2
En autobús desde Cracovia a Auschwitz y a Birkenau
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3
La segunda parte de Auschwitz se llama Birkenau
En Oswiecim...
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