Diarios de viaje > Otavalo, América del Sur
Notas sobre el Valle del Amanecer
Escribe: Alina_R
El 13 de Diciembre de 2008 salí de Bogotá, la ciudad donde vivo, para iniciar un viaje de unos meses por algunos países de Suramérica. El primer destino fue de mi país fue Otavalo. Va acá mi historia y algunos datos útiles.
Feria Artesanal y Cascada de Peguche
Otavalo, Ecuador — miércoles, 25 de febrero de 2009
Subí al bus, no recuerdo la empresa, tomé un asiento al lado de la ventana y empecé el viaje. Mientras miraba los paisajes, las montañas de un verde intenso, escarpadas, los abismos a un lado y una carretera empeñada en bordear la cordillera pensé que me sentía igual que en Colombia, por lo menos el paisaje era bastante similar y yo aún no era consciente de haber salido de mi país y haber iniciado este viaje acompañada sólo de mi morral, cámara y los planes que hice durante meses, así que me llené de alegría, esa alegría que da saber que estas haciendo algo que te gusta, que te esperan sorpresas y momentos agradables y llenos de muevas experiencias, de nuevas personas y nuevas formas de percibir la realidad. Sin embargo, como casi siempre que viajo por carretera, me quedé dormida, cuando desperté pasabamos Ibarra, la capital de la provincia del Imbabura, a tan sólo 20 minutos de Otavalo. A los pocos minutos ya estaba en una pequeña calle esperando que Juan pasara a buscarme.
Juan me llevó a su casa, me presentó a su familia y me ofreció un delicioso jugo
de Tomate de árbol, luego nos fuimos para el mercado artesanal. Mientras caminaba Juan me contaba pequeñas historias, él fue quien me dijo que el nombre original de la Plaza es Centenario y también que cerca de Otavalo vive la mujer que hace las camisas para el presidente ecuatoriano Rafael Correa, esas camisas típicas con las que lo vemos en las noticias, cada una cuesta 300 dólares!!
Debo decir que lo que más me impactó del mercado fue el colorido, uno va caminado por esos callejones y casi se encandila con los colores que salen de los tapices, manteles, cuadros, en fin es una fiesta para los ojos, yo no sabía que mirar, joyas, bordados, pinturas, caminé por mas de tres horas por esos callejones, hasta que el hambre nos obligó a buscar un lugar para almorzar.
Yo insistí en comer algo típico, entonces entramos en un pequeño lugar y pedimos un menú que incluía fritadas (trozos de carne de cerdo cocinados con aceite en una olla
grande) tortillas de papa (mis favoritas!) y ensalada de Aguacate con tomate, todo acompañado con mote y maíz tostado. Delicioso, disfruté cada bocado de la comida.
Luego de almorzar Juan, que se convirtió en mi guía por toda la provincia del Imbabura, así que nos dirigimos a la Cascada de Peguche a sólo 5 minutos de Otavalo, al llegar al lugar lo primero que vi fue una construcción blanca que parecía antigua, Juan me explicó que era parte de un obreraje, una especie de fábrica en la que durante la colonia los españoles hacían trabajar a los indígenas (hombres, mujeres y niños), también me contó que la ropa típica que usan las indígenas de la región no es la misma que usaban antes de la Conquista española, sino, por el contrario la que los españoles les obligaban a usar en sus casas, para atenderlos y que ellos mimos traían del viejo continente.
Dejando atrás la fachada del obreraje nos internamos en un agradable y tranquilo bosque de eucaliptos. El aire pasaba, refrescando la tarde y a lo lejos ya empezaba a escucharse ese particular sonido del agua corriendo. Ya veo la cascada y un puente sobre el que unas personas con los brazos abiertos observan la caída del agua. Nos acercamos, tomamos fotos y pasamos rápidamente por el puente (Juan tiene una fuerte gripe y prefiere no mojarse). Seguimos subiendo hasta llegar al punto más alto, donde inicia la caída, está en medio de árboles y se pasa de un lado a otro de la Cascada por un pequeño puente de piedra, al fondo, abajo un arcoíris se interpone entré el lugar donde el agua golpea y nosotros.
Una vez estamos abajo, Juan me dice que me quede en el puente de madera y extienda los brazos , se tiene la creencia de que el agua de la cascada renueva las energías y, en el Inti Rami (Fiesta del Sol, celebrada el 21 de Junio, día del Solsticio) los indigenas de la región celebran allí una serie de ritos y ceremonias de purificación. Yo le hago caso, le paso mi Chaqueta y me detengo en el puente, abro los brazos, cierro los ojos y dejo que el viento traiga el agua de la cascada hasta donde estoy. La siento, en la cara, en la punta de los dedos y empiezo a dejar que se lleve el cansancio acumulado en los primeros días de viaje. Luego de unos minutos, renovada, vuelvo a donde Juan con la cara emparamada y lista para seguir conociendo el Valle del Amanecer.
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Últimos comentarios
un viajero dice:
Lindas sensaciones de tu viaje....qué agradable la compañía de JUAN mostrandote todo lo típico..Felicitaciones por el diario y por tu viaje!!!
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Her_2004 dice:
Muy buen diario. Gracias por transmitirnos las sensaciones que has vivido.
Saludos.
Her
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beatrichea dice:
Me gustó tu diario.He estado varias veces en Otavalo, y no conocía la existencia de esa cascada.En qué país te encuentras ahora?
Te deseo muchísima suerte en el viaje..
Un abrazo grande..
Beatriz.
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