Diarios de viaje > América del Sur

South 920

Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo 1 2 3 4 5 6 7 ... 19 Siguiente >
 

Ecuador verde & rebelde

Otavalo, Ecuador — domingo, 22 de febrero de 2009

Eran los días de septiembre del 2008, entonces me propuse ahorrar cada peso para realizar un viaje por el continente suramericano. Dos años atrás tuve la oportunidad de regresar por tierra desde Uruguay hasta Colombia, sin embargo algunas complicaciones de salud me lo impidieron, así pues que la perspectiva de realizar este viaje a comienzos del 2009 adquiría para mi una cualidad antes ausente, me permitiría vengarme de la historia y de los infortunados sucesos que se atravesaron en mi propósito.

Pues bien, después de una agitada semana tuve de nuevo la misma sensación que tengo antes de iniciar cualquier viaje: “Bogotá no me va a dejar ir si permanezco un día más en esta la ciudad”, fue así como la noche anterior con dicho pensamiento presente compre mi pasaje a Ipiales por Internet, cuando el sistema electrónico de pago me pregunto si estaba de acuerdo con finalizar la transacción, entonces me dije a mí mismo: “Juan o te vas ahora o te quedaras para siempre”, iniciaría un viaje de in calculadas proporciones y eso me causaba un poco de angustia, finalmente acepte y pague los 90.000 pesos ($39 dólares) por el trayecto Bogota-Ipiales, un recorrido de unas 22 horas hasta más próxima al Ecuador. 

Sábado 20 de Febrero
 
Dejar mi casa fue extraño, aun no creía lo que me disponía a hacer. Antes de tomar el bus, tenia que hacer una parada de suma importancia, mi perra una labrador negra de unos 15 años de edad estaba internada en una clínica veterinaria donde le tuvieron que drenar varios litros de agua que estaban en sus pulmones y que le dificultaban la respiración, días atrás había estado muy enferma, no podía acostarse pues el peso de su propio cuerpo le creaba una sensación de asfixia, su única opción era dormir de pie.
 
Pasaba horas enteras sin poder dormir adecuadamente, entonces se desplomaba después de quedarse enteramente dormida estando de pie algo que presencie con profunda tristeza. La pobre sacha fue víctima recurrente de la gravedad que la ataco sin clemencia; así que a escasas horas de viajar fui a despedirme de mí adorada sacha, una  encantadora y fiel mascota que había pasado con nosotros más de una década de buenos y memorables momentos.
 
Como no sabia cuanto tiempo estaría fuera de Bogota, no podía irme sin decir adiós, quizás durante mi viaje ella comenzaría el suyo hacia el cielo de los perros, y cuando yo estuviera de vuelta en Colombia su absoluta ausencia podría ser ya una realidad irremediable.
 
Después de despedirme de sacha finalmente llegamos al terminal de transporte de Bogota, mi mama me  acompaño adentro un rato, como yo no tenia pesos colombianos pues había cambiado todo a dólares mi mama me dio 40.000 pesos ($17 dólares) para las comidas necesarias antes de llegar a Ipiales. Esperábamos en la sección VIP de la empresa Fronteras cuando mi mama dijo algo bien interesante: "bueno, menos mal que aquí estas seguro y la gente que va a ir contigo se ve bien"; que frase más memorable, yo estaba a punto de iniciar un viaje de más de un mes de duración a través de varios países recorriendo más de 5.000KILÓMETROS, como podría saber mi mama que aquella situación de seguridad que tanto la reconfortaba se iba a repetir en el resto de lugares, no lo sé, lo único que en ese momento sentí fue alegría de ver a mi señora madre tranquila y relajada.
 
Yo había estado preparado psicológicamente a mi familia para la empresa que iba a iniciar, a mi mama le decía cosas como "no mama en esa fecha yo voy a estar en Perú, no cuentes conmigo" y cosas así, ella respondía "no, no, no, ningún Perú usted se queda aquí a trabajar" o sino decía: "no hijo, yo no sé que voy a hacer, no voy a estar tranquila". Algo parecido hice con mi hermana, aunque lo que yo secretamente quería de ella era su bendición, le decía: "pues hermanita, yo me voy a ir con o sin tu bendición", finalmente un día mi hermana me dijo: "rata, usted puede hacer lo que se le dé la gana", eso significaba que me había dado su bendición, sin su bendición mis dudas habrían sido más fuertes, no imposibles de vencer pero si algo incomodas, siempre he visto a mi hermana como a un oráculo que consulto frecuentemente para conocer el favor de los dioses, es espeluznante lo acertado de sus predicciones.

El bus salió a las 11.30AM, yo me sentía emocionado pero atónito, por fin estaba en la ruta al sur que tanto había deseado tiempo atrás, el viaje fue muy tranquilo. Sin embargo, mi personalidad supersticiosa me jugaba algunas trampas, mientras cubríamos la ruta Girardot-Espinal empecé a recordar los últimos momentos, el día anterior, el día antes de ayer y así sucesivamente, de repente me di cuenta que había rebobinado el cassette de mi vida hasta mis años de infancia, me asuste un poco, según dicen "antes de morir vez tu vida pasar ante tus ojos", entonces pensé: “este bus se va a accidentar y todos vamos a morir”, luego pensé más a profundidad el significado de la muerte, entonces reflexione: el viaje me cambiaría la vida de tal forma que mi nueva vida solo seria explicable por la muerte de mi ser anterior, al menos una parte de el tendría que morir para ver el nacimiento de un nuevo ser humano.
 
Entonces rebobine mi memoria hasta los días más remotos de mi infancia desafiando a la muerte, que entonces era ya con su nuevo significado inminente. Recordé varias de las travesuras de infancia que hacíamos con mi hermana cuando éramos muy pequeños, los barquitos de papel que mi abuelita nos hacia y que nosotros hacíamos navegar por una caudalosa corriente de agua que se deslizaba por la orilla de un anden; los hámster que sacábamos a pasear por el prado en un día soleado; la vez que salimos de madrugada y exploramos medio barrio descalzos en compañía de uno de nuestros mejores amigos; los huevos que empollábamos con la esperanza de ver nacer un pollito; la vez que celebramos por lo grande el cumpleaños de nuestros hámsters; la vez que jugando a ser polvoreros (nuestra profesión ideal) casi incendiamos la casa.
 
Recordé también las veces que salíamos a jugar a un río cerca de la casa que en realidad era un caño, llevábamos con nosotros un lazo para colgarnos de un árbol y pasarnos de un lado al otro de aquel riachuelo que encendía nuestra imaginación, llevábamos además un pollo que había tomado ya el vigoroso cuerpo de una gallina de plumas blancas, este animal se la pasaba rascando el suelo para buscar lombrices. Fue además en aquel mismo lugar junto al rió donde enterramos a uno de nuestros hámster en una ceremonia que incluyo flores, luto y pequeñas cruces hechas con palitos de árbol; todo aquello constituía por si mismo un escándalo para las gentes que vivían por aquel entonces en el mejor  barrio de la ciudad. Rememorar todos esos bellos momentos fue maravilloso, estaba listo para morir, había tenido una infancia feliz, que más se le podía pedir a la vida. 

Durante el trayecto algunos asientos adelante vi a un joven cuya conducta me intrigaba, tiempo más tarde en el Perú lo conocería mejor, su nombre Matthew, su nacionalidad inglesa. A eso de las 12PM el bus tuvo que parar por espacio de treinta minutos en algún lugar entre Popayán y el Bordo en el Cauca, la razón: los delincuentes asaltan los buses en los lugares donde la neblina es tan densa que la velocidad de los vehículos es mínima, es entonces cuando los delincuentes entran en acción con sus poderosas armas de fuego, detienen el bus y despojan a los pasajeros y tripulantes de sus más valiosas pertenencias, luego se esfuman como fantasmas entre la neblina cómplice de sus audaces maniobras.

Sábado 21 de Febrero
 
Por fin llegamos a la frontera con Ecuador. En el puente internacional de Rumichaca mostré mi pasado judicial para demostrar que no hago parte de ninguna de las agrupaciones delictivas de Colombia, ni que he estado inmerso en algún delito, junto a dicho documento mi pasaporte, tarjeta andina diligenciada y el sello de salida del país, todo eso para cruzar a lo que antes era parte de una sola nación. 
 
Yo dejaría Colombia por un tiempo pero con seguridad volvería, solo me iba a dar una vuelta por el vecindario. Acto seguido mientras caminaba hacia territorio ecuatoriano llame a mi abuelita para despedirme, ella al principio no me creía lo que yo le decía: "abue estoy a punto de dejar Colombia por un tiempo, a pocos pasos de mí tengo al Ecuador", una vez convencida de los hechos me envió sus bendiciones y me deseo un pronto regreso, algo que me reconforto.
 
Continué mi camino hacia Tulcán en compañía de una Alan un joven viajero peruano y una pareja de venezolanos Hender y Noris. Atrás quedaba eso que llamamos Colombia, atrás quedaba la Colombia me alegraba dejarla pero era seguro que también la extrañaría, parte de mi se quedaba.   
 
ECUADOR

El Ecuador tenia un especial significado para mí, era la puerta al continente, atravesarlo seria vigorizante, una pequeña escuela que me dejaría listo para continuar más lejos al sur sin rumbo fijo. Una vez en Tulcán tomamos un bus con destino a Quito, sin embargo yo me bajaría en Otavalo un pueblo que es conocido por su mercado del sábado, único día en que los indígenas comercian artesanías, animales y prendas de vestir en una comunión semanal que reúne a este mercado desde tiempos anteriores a los Incas.
 
Dicen por ahí que las fronteras solo existen en la mente de los hombres, sin embargo, mis sentidos me decían otra cosa, el Ecuador se puede notar a simple vista, su paisaje es diferente, su geografía sigue siendo parte de Sudamérica, pero su alma es otra.   
 
Había cruzado una frontera del mapa político de Sudamérica, esta debía de ser la explicación, solamente una política agrícola diferente a la de mi país puede explicar el paisaje del Ecuador; se ven pequeñas porciones de tierra con pastos muy verdes, muchos minifundios donde el campesinado del norte del país hace lo que mejor sabe hacer, cultivar la tierra. A medida que se baja por la panamericana se ven lindas montañas, valles y ríos que pasan muy cerca de la carretera, todo aquello más el clima y paisaje ecuatorial crean un regocijo para el viajero, permanecí maravillado por tanta belleza, que ya no parece causar efecto en la población local.
 
Después de unas cuatro horas de recorrido, me quede en la panamericana, camine por la calle Sucre hasta el corazón de Otavalo, atravesé la Plaza de Ponchos con todo a cuestas mientras observaba las miles de artesanías, el colorido de los tejidos y la amabilidad de las gentes que por allí se encontraban y que daban la bienvenida al viajero con un indescifrable gesto de complacencia.
 
Una vez hospedado en el Hotel Inka Wasi -$4 dólares la noche- (Calle Modesto Jaramillo, entre Colon y Calderon) fui a almorzar en la Plaza de Ponchos, encontré un lugar con excelente vista del mercado y por $1.5 dólares recibí el almuerzo más barato de todo mi viaje, sopa de pollo con arroz y carne, una verdadera delicia de la cocina otavaleña.
La señora Esperanza era la propietaria de aquella improvisada cocina, ella conocía algunos lugares de Colombia como Pitalito y el Caquetá, conversamos un poco, pero lo cierto es que yo me encontraba abrumado por los encantos del lugar, los colores de los tejidos, los artesanos y aquella sensación de inmortalidad que rodea aquel espectáculo de colores.
 
Me dedique el resto de la tarde a recorrer todo el mercado observando la más variada cantidad de artefactos que los indígenas venden. Por la noche fui a caminar por las calles mientras el pueblo se empieza a transformar en un hermoso acontecimiento nocturno, llegue a un lugar para comer algo, el restaurante Pizzería Siciliana (Calle Sucre 501) un lugar bastante agradable, todo construido en madera y adornado con cosas típicas de la región, varios músicos amenizaban la noche con música andina, la comida del lugar es estupenda yo pedí una hamburguesa con gaseosa; en mi concepto difícilmente hay un mejor lugar para comer en Otavalo.

Domingo 22 de Febrero
 
Deje el Hotel después de desayunar y de nuevo a la carretera panamericana. Otavalo me había llenado los sentidos de colores volvería algún día para ver el mercado de los animales, mi destino era ahora Quito, unos minutos a orillas de la panamericana y tome un bus que me llevo por $2.5 dólares hasta la capital, el trayecto es montañoso lleno de curvas, parajes desolados y semidesérticos. 
 
Por fin después de unas tres horas se asomaba la capital ecuatoriana, una ciudad preciosa a primera vista, dividida entre la ciudad vieja y la ciudad nueva, a la llegada se atraviesan varios túneles lo que da una sensación de bienestar inexplicable, también se puede observar el cerro del panecillo con la virgen que allí reposa.
Una vez en el terminal me dirigí en taxi hasta el barrio La Mariscal, un excelente lugar para pasar la noche, pues en sus alrededores se pueden encontrar varios restaurantes, bares, discotecas y todas las facilidades para los viajeros.  
 
En La Mariscal encontré un hostal bastante agradable, el Hostal Sunrise - $5 dólares la noche- (Calama y Reina Victoria), una vez instalado me fui hasta la avenida por donde pasa el trole, mi destino la ciudad vieja. El sistema de transporte eléctrico funciona bastante bien y atraviesa la ciudad por lugares de ensueño, tras quince minutos se llega a la plaza independencia, desde allí se pude divisar el palacio de Carandolet sede del gobierno nacional, la catedral y el palacio Arzobispal que circundan la plaza y le dan un toque colonial de exquisito placer para la vista.
 
En la plaza había un gran espectáculo de danza popular, al cual asistían muchas personas que sentadas en las escalinatas de la catedral o sencillamente paradas alrededor de los bailarines presenciaban los movimientos de los artistas al son de la música andina; en un momento se invito al publico a bailar, sin dudarlo e impulsado por la natural tendencia de mi cuerpo al movimiento me uní a la danza.

Luego visite el centro cultural metropolitano, justo al lado del palacio de gobierno. Se exhibía la colección “El regreso a Itaca” del pintor ruso Mark Chagall, las pinturas narraban la descripción del viaje de Odiseo a través de varios mundos, sobreviviendo a toda clase de peligros, desafiando la muerte y viviendo toda clase de aventuras hasta terminar de regreso a su querido hogar al lado de su amada Penélope y su hijo Telémaco.  
 
Aquellas pinturas me resultaban excitantes, me hacían pensar en mi propia Odisea, yo deseaba aventura pero ¿tendría la suerte de regresar a salvo como Odiseo? La suerte de los aventureros depende en mi opinión de su categoría, héroes como Odiseo tienen el favor de los dioses a estos les agrada ver como sus protegidos vuelven al lado de los seres que aman, además los pintores compiten por retratar en sus obras a heroicos personajes. En cambio, los vagabundos no tienen hogar ni dioses que le brinden protección, solo se tienen a sí mismos y deben crear un hogar a donde quiera que vayan, los pintores no resultan interesados en sus vidas. Mi suerte dependería de la categoría en que me encontraba yo, ¿pero en cual? no lo sabia, cansado de pensar en ello lo resolví rápidamente: “yo no soy un héroe y aun me falta mucho para aspirar a vagabundo, lo único cierto era que no tenia ninguna Penélope esperándome en Bogota, soy completamente libre”. 
 
Terminada mi observación de la Odisea de Chagall, fui a visitar el Palacio de Carandolet, sede del Ejecutivo Ecuatoriano, lo interesante del lugar son los regalos que le han hecho al presidente Rafael Correa y que se exhiben en los pasillos del segundo piso, aquello es toda una galería internacional de artesanía: coloridas muñecas de porcelana cortesía de la Republica Popular China, copas de plata cortesía de Chile, una replica de la balsa de oro muisca cortesía de Colombia y una máscara Mapuche que simboliza a un dios que protege a los campesinos de los terratenientes, entre otros lindos y extraños artefactos de todo el mundo que reposan allí como testimonio de los lazos de amistad de varios países con el Ecuador. 
 
Al final de la visita cada uno recibe una fotografía de sí mismo con la fuente de la entrada a sus espaldas, sobre el papel un letrero que dice: “el palacio de Carandolet ya es de todos”, algo muy propio de un líder socialista, que gusta de compartir con el pueblo incluso sus obsequios personales. Durante la visita al palacio conocí a Juliano, un joven venezolano, arquitecto de profesión y con gran pasión por viajar, caminamos juntos por la ciudad y fuimos a la Basílica (Calle García Moreno con Caldas), allí mi nuevo amigo venezolano me narraba algunos detalles exactos del monumento que en condición de su profesión conocía muy bien.
 
Luego nos dirigimos de regreso a la Mariscal, lugar donde ambos estábamos hospedados. Aquella noche salimos a conocer la vida nocturna de la ciudad que es especialmente movida en aquel barrio reconocido como uno de los más turísticos de Quito. Después de cenar fuimos a una discoteca a beber unas cervezas y yo a bailar.  
 
Lunes 23 de Febrero
 
La noche anterior habíamos preparado nuestra visita al teleférico de la ciudad, así que fuimos bien temprano. Mientras ascendíamos a la cumbre Juliano me hablaba acerca del teleférico de Mérida en Venezuela, que llega a 4.800 metros de altura, uno de los más altos y largos del mundo. 

Durante el trayecto se puede apreciar Quito en todo su esplendor, una vez él la cima se pueden alquilar caballos para seguir el sendero hasta el Ruco Pichincha, un volcán activo que se eleva a 4.300 metros. Como íbamos sin equipo ni provisiones para una caminata de cuatro horas, decidimos regresar a la ciudad. Si se quiere apreciar la ciudad desde las alturas, este es el sitio adecuado para hacerlo.   

 
De vuelta en la Mariscal tome mi equipaje y me despedí de Juliano, un taxi me llevo al terminal a eso de las 10AM, buscaba un bus que me llevara a montañita, Quito me tenia encantado pero añoraba el descanso y la aventura que solo las playas pueden proveer.  Sin embargo, pronto comprobé que ningún bus viajaba hacia la costa, los derrumbes mantenían cerrados varios pasos y debido al fuerte invierno nadie se atrevía a viajar. Recordé lo que mi mama me decía cuando veíamos las noticias del invierno en Ecuador estando en Bogota: “si ve usted que se va a ir por allá si eso hay un invierno muy fuerte”.
 
Después de caminar por todo el terminal por fin encontré una empresa que hacia el viaje, no me llevaría hasta mi destino final, pero me dejaría en Manta allí me las arreglaría. No obstante, había una mala noticia, el bus salía a las 6.30PM, se trataba del único vehículo que se aventuraría a transitar aquella noche con rumbo a la costa, sin más opciones a la vista compre el pasaje, $10 dólares.
 
Regrese al centro de la ciudad para hacer algo mientras el bus salía, allí me reuní de nuevo con Juliano después de contactarlo por messenger, pues bien fuimos a almorzar al Nuevo Cordobéz (Guayaquil 774) un restaurante que yo había conocido el día anterior.
Durante el almuerzo Juliano me hablaba de los lugares que había visitado en la ciudad antes de conocernos, hizo que se despertara mi curiosidad por conocer un lugar, la Iglesia “la Compañía de Jesús” había sido construida con siete toneladas de oro puro vertido en sus paredes y su esplendor era en palabras de Juliano, deslumbrante, no tuve más remedio, los iglesias rara vez me llaman la atención, pero aquella cantidad de oro resultaba atractiva. Pague el dólar de mi entrada, camine por el lugar y salí pensando: “vaya un dólar son dos deliciosas paletas de vainilla”, el oro no se lo puede saborear; no entiendo porque el lujo ajeno despierta tanto interés en las personas.
 
Llegada la hora de partir como a las 6PM me despedí nuevamente de Juliano y regrese al terminal, el bus salió a la hora exacta. El conductor tomo una ruta bastante extraña, al norte como si regresáramos a Otavalo. Entonces en medio de una colina que atravesaba algunos barrios deprimidos después de una hora de recorrido fuimos alcanzados por una patrulla de la policía que nos obligo a regresar a la ciudad. Según la policía el camino hacia la costa tomando la ruta norte estaba cerrado por derrumbes y no estaba permitido el paso; de regreso a la ciudad nos detuvimos exactamente en frente al monumento del centro del mundo, que suerte pensé, un lugar que no me interesaba visitar se encontraba justo en frente a mis ojos por causa del infortunado trayecto hacia la costa, pues bien, me baje del bus y observe desde las puertas  del lugar aquel monumento circular que marca la latitud cero del planeta, sentí un poco de nostalgia de encontrarme allí solo, pero así era como viajaba, así debía ser y eso no me molestaba.  
 
Después de que varios pasajeros conversaran y quizás sobornaran a los policías nos dejaron tomar la ruta al sur por las poblaciones de Latacunga-Quevedo-Portoviejo, una ruta aun más peligrosa pues los efectos del invierno habían sido más fuertes. Sentí un gran alivio con la noticia, haber tenido que volver a Quito a las 9PM para pasar otra noche era realmente decepcionante, pues bien, nos encaminamos por la ruta al sur durante una noche muy fría y nublada. 
 
Martes 24 de Febrero
 
Al amanecer el paisaje que la naturaleza ofrece entre Quevedo y Portoviejo es espectacular, inigualable, nunca había visto nada semejante. En camino ondulado a través de varias pequeñas montanas con el resplandor de un verde excelso y vegetación exótica por todas partes. Después de unas veinte horas de intrincado  camino llegamos a la ciudad de Manta, también  conocida por albergar una base militar estadounidense que tendrá que salir del territorio ecuatoriano a pedido del gobierno, lo más seguro es que sea reubicada en Colombia. 
 
Una vez en el terminal tome un taxi que me llevo hasta el malecón de tarqui justo en frente a la playa que lleva el mismo nombre, allí almorcé en el restaurante La Ballena Azul, un gran pez y dos jugos de durazno por $8 dólares. Desde la comodidad del segundo piso del lugar observaba la playa mientras hacia toda clase de conjeturas continentales, ¿qué tal si en vez de montañita me embarco como ayudante de barco para ir por mar hasta el Callao? ¿Llegara algún barco hasta las costas de Chile? ¿Cruzara alguna embarcación el estrecho de Magallanes?
 
Pues bien, navegar como ayudante seria sin duda una aventura memorable, tome mis maletas y me dirigí al puerto que tanto había observado desde el restaurante, después de conversar con algunos pescadores por fin uno de ellos, capitán de un pequeño navío me dijo que me llevaría hasta el Callao siempre y cuando trabajara abordo ayudando en las labores propias de la pesca, fantástico pensé, sin duda aquello había sido un buen plan, puse mis maletas abordo sobre un camarote sucio con varias redes apiladas encima, de inmediato nos alistamos para partir, sentí un poco de miedo, pero este se disipo mientras avanzábamos hacia el océano.  
 
El viaje resulto un infierno, una vez en alta mar fui esclavizado por aquellos piratescos personajes que constantemente me amenazaban con arrojarme por la borda si no cumplía con las más arduas labores abordo, que incluían una cuota de pescado cada día. Habían pasado ya tres días, y me había prometido a mí mismo escapar minutos antes del amanecer al día siguiente, entonces apenas salieron los primeros rayos del sol hice me escape, cubrí toda mi maleta en una bolsa de basura y la arroje silenciosamente al mar mientras los demás dormían, luego baje a las frías aguas del pacifico y en algún lugar próximo a la desértica costa del norte del Perú me eche a nadar hacia la costa con mi maleta flotando tras de mi atada por una pequeña cabuya, las olas eran bastante fuertes y retrasaban mi avance, por fin en la playa y después de haber recuperado mi libertad, uno de ellos despertó y al no encontrarme alerto al resto de la tripulación, no parecían dispuestos a aceptar la perdida de uno de sus esclavos por causa de sus perezosos hábitos de sueño, así que se dieron a la tarea de capturarme. Para mi fortuna su empresa por esclavizarme de nuevo fracaso.
 
Sin embargo, aquello no mejoraba mis posibilidades, tenia un nuevo reto por delante, sobrevivir en aquel inhóspito lugar y recuperar mi ruta al sur del continente. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos me percate de la verdad, todo había sido un pequeño viaje de mi imaginación, aun me encontraba sentado en el restaurante y la señorita me preguntaba quizás por cuarta vez si deseaba otro jugo de durazno mientras mis ojos la miraban absortos saliendo de aquel viaje imaginario, vaya. En todo caso no me embarcaría como ayudante en uno de esos barcos, regrese de taxi al terminal y pague los $5 dólares por el trayecto hacia montañita, una ruta que recorre unos 158 kilómetros en unas cinco horas. 
 
El bus viajaba con muy pocas personas por medio de una carretera destapada rumbo al sur del país, después de una hora de viaje, por fin el bus asoma sobre la costa de Puerto Cayo, un lugar donde el mar hace una perfecta fusión con la playa, creando un paisaje precioso que deja a cualquiera perplejo, uno se queda maravillado por la belleza de la costa, la brisa marina sopla con suavidad y causa un sentimiento de infinita relajación. Pasamos también por Puerto López un deprimido pueblo sobre la costa aunque con excelentes vistas de la playa, la ruta continua atravesando el Parque Nacional Machalilla donde se pueden hacer varias caminatas por senderos de un paisaje mediterráneo.
 
Este era pues mi primer contacto con una playa hermosa desde que inicie mi viaje, lleno de emoción y con ansias de llegar a montañita me deje seducir por la hermosura del paisaje que cubre todo el trayecto y que cruza por la mitad al Machalilla, un lugar que recomiendo para hacer caminatas ecológicas que terminan sobre  playas únicas de singlar belleza.   
 
Cuando llegue a montañita pude notar que es el pueblo más agitado de toda la costa, varias personas esperan para tomar el bus que continua al sur bordeando la costa. Por fin llegaba al que era mi tercer destino, tome mis maletas y me fui caminando en busca de un hotel, llegue fácilmente al hostal Centro del Mundo un lugar bastante especial y del cual tengo muy buenos recuerdos. Es un hostal totalmente construido en madera, puedes tomar una habitación para ti solo o si vas en pareja o grupos, pero lo mejor y más recomendable para viajeros solitarios es él ultimo piso, un lugar acondicionado con varias colchonetas separadas solamente por unos cajones donde puedes guardar el equipaje, cada dormitorio esta equipado con una almohada y un mosquitero para que no seas parte del menú de nuestros amigos los insectos.   
 
Me instale en el hostal Centro del mundo -$3.5 dólares la noche- y fui a recorrer el pueblo en busca de la preciada información que necesitas para divertirte, ¿dónde rentan tablas de surf? ¿A que precio? ¿Cuál es un buen lugar para tomar unas cervezas? y todas esas cosas. Aquella misma tarde organice en el hotel restaurante Tikilimbo una clase de surf para el día siguiente a las 10AM, allí conocí a Kate una chica de Los Ángeles que trabajaba como mesera inmediatamente nos hicimos amigos, afinidad a primera vista.
 
Miércoles 25 de Febrero
 
Después de desayunar el tradicional crepe de nutella con banano que es famosos en montañita, fui a tomar mi clase de surf, hacia mucho tiempo que no practicaba este deporte así que recordar lo básico seria excelente para mi relación con el mar en los próximos días. Muy puntales fuimos a la playa con mi instructor, él me dio las instrucciones básicas en tierra firme, luego en el agua pronto recordé como es que sé hacia y disfruté por las próximas cinco horas de una buena jornada de surf, después de un par de horas salí del agua para tomar un descanso.
    
Fue entonces cuando conocí un grupo de chicas inglesas, todas eran voluntarias en varios proyectos sociales que se desarrollaban en el país, habían venido a montañita por unos días, todas muy simpáticas muy jóvenes incluso, charlamos bastante, luego ellas se fueron y jamás las volví a ver, yo volví al agua para surfear otro rato. Sin embargo, no advertí un ligero problema, había sido una mañana nublada y el sol no había salido en todo el día pero mi piel se quemo de una forma espantosa, mi rostro quedo severamente afectado, al principio todo enrojecido, pero luego se me caía la piel. 
 
Jueves 26 de Febrero
 
Me dedique a descansar, había tenido bastante agite viajando y aun no me reponía del todo. Me levante tarde en la mañana, fui a trotar por la playa hasta un lugar donde se pueden apreciar los manglares y un pequeño riachuelo que fluye hacia el mar, luego fui a saludar a Kate al Tikilimbo estuvimos conversando por un buen rato, estaba más guapa que antes.
 
Luego después de reposar un buen rato en las hamacas del hostal con una vista increíble del mar con fui a almorzar a un restaurante muy bonito, su nombre genial Ola-Ola, ordene un pollo árabe o algo así, no había Pepsi, así que la mesera me recomendó otra gaseosa una del Perú, Inka Kola, acepte pero no me gusto en absoluto, la chica muy amable me llevo una coca-cola diciéndome: “yo acepto la responsability por mis actos” como disculpándose por haberme recomendado una gaseosa que no me gusto.
 
Ante semejante gesto de amabilidad me sentí muy bien, y conversamos un poco más, se llamaba Rosario era una chica de Santiago que trabajaba allí como mesera y aprovechaba para viajar, algo muy parecido a lo que hacia Kate. Después de pagar la cuenta y ya a punto de irme, se me acerca Rosario y me pregunta ¿No acostumbran dejar TIP en Colombia? A lo que yo respondí “Como te voy a dejar propina si ahora somos amigos, además porque dices TIP, no puedes decir propina”, algo quizás bastante grosero de mi parte, ella respondió algo intimidada, se limito a decir: “aquí decimos TIP” y se quedo allí completamente fastidiada conmigo, hecho que yo ignore por completo mientras abandonaba el lugar.   
 
Luego del hecho reflexione un poco, cierto que mi política de viaje era “cero souvenirs, cero propinas, cero limosnas y todas esa cosas”, pero quizás estaba siendo demasiado rígido en la aplicación de esa política, esa chica había sido muy especial conmigo y merecía su propina sin duda alguna, bien revisaría mi política presupuestal después de descansar en el hostal, no iba a quedar preocupándome por ello el resto de la tarde, ya encontraría la manera de solucionarlo.
 
Aquella tarde para mi sorpresa y mientras descansaba placidamente en una hamaca, llego al Hostal una chica muy guapa, después de observar un poco descubrí que se estaba quedando en el mismo lugar que yo y los demás, es decir, en el tercer piso, un lugar no especialmente diseñado para chicas, al menos no para chicas corrientes. Pues bien, de inmediato sentí curiosidad por aquella rareza, una chica que se quedara en aquel nido de ratas debería ser ruda, quizás algo desaseada y apasionada por el surf, pero no, esta chica era diferente, femenina y delicada, que cuidaba de su aspecto como cualquier dama de la alta sociedad. 
 
Todo un irresistible misterio que pronto me atrapo, me puse a hablar con ella, se trataba de Isabelle Monette una chica rubia, de ojos color miel y estatura media, era de Québec así que hablaba francés a la perfección, había estado viajando por Sudamérica hacia ya un tiempo bastante largo, ahora se encontraba en montañita dispuesta a pasar un par de semanas, al igual que yo viajaba sola, vaya todo eso era demasiado al mismo tiempo, en realidad era la primera persona que yo encontraba con todas aquellas encantadoras características.
 
Mis planes de echarme a dormir por el resto de la tarde cambiaron de inmediato, estaba interesado en saber más acerca de esta señorita, así que fui con ella a caminar por el pueblo para enseñarle lo básico: allí hay una lavandería, allí tienes la maquina de dinero, allí puedes comprar unos helados muy ricos, allí esta la farmacia, y esas cosas. Me contó más acerca de su viaje, su paso por Machu Pichu, Arequipa, el Oasis de la Huacachina donde hizo sand board, y más cosas acerca de otros lugares que en ese momento yo también pensaba visitar más adelante.
 
Luego volvimos al hostal por sus ropas, las llevamos a la lavandería y la acompañe a comprar un bloqueador solar, mi intervención le ahorro $5 dólares pues como buena “gringa” su poder de negociación era bastante reducido, así que le enseñe algunos trucos, generalmente no me preocupa que los “gringos” paguen más del precio justo, es una buena forma de ayudar al ingreso de los lugareños, sin embargo, haría una excepción con esta chica, ahorrar dinero no parecía una de sus prioridades, pero en aquella tienda vendían las cosas a un precio realmente ficticio que se ajustaba fácilmente con una ligera negociación. 

Isabelle tenia una relación con el tiempo bastante peculiar, para ella todo se definía según su relación con el tiempo: los minutos, los días y semanas tienen para ella un significado diferente al resto de nosotros, para ella todo es demasiado tiempo o muy poco tiempo, no existe el tiempo intermedio para esta mujer. ¿Me pregunto en que categoría esta el tiempo promedio de una vida humana según Isabelle? si es demasiado o poco para ella. Pues bien, con aquella característica de medir todo según el tiempo le puso el sobrenombre en francés de “mademoiselle temps”, que significa: señorita tiempo.    
 
Esa noche, el hostal recibió otros unos nuevos huéspedes, Raimundo y Leonel, este ultimo era un chico argentino con quien a primera vista tuve gran afinidad, su parecido con el protagonista de Diarios de Motocicleta es increíble, de inmediato nos hicimos amigos, compartimos historias de nuestros viajes: él iba ruta al norte desde su país con la idea de llegar a México, yo llegaría a Bolivia país donde decidiría mi próximo destino. Luego hablamos de cosas más personales al le gustaba el jazz, el cine, y la literatura al igual que yo, parecía haber copiado todos mis gustos antes de conocerlos.
 
Sin embargo, aquel personaje guardaba tesoros aun más preciados, nuestra conversación anterior solo había sido la superficie, a esas alturas yo estaba empecinado en indagar más acerca de la vida de este muchacho, pero, solo logre profundizar en el alma de este chico cuando hablamos de cine, la llave que resulto abrir aquel maravilloso baúl de su personalidad.
 
Habíamos preparado unas cachazas y bebíamos en el primer piso del hotel, seguíamos hablando de cine, parecía que nos habíamos concentrado tanto en el tema que resultábamos aburridos, entonces solté una pregunta casual ¿viste cielo protector? claro que si repuso con una renovada luz que atravesó su mirada llena de entusiasmo, enseguida me contó algunas infidencias de la película que habían pasado desapercibidas para mí, pero no para él pues era su película favorita y la había visto varias veces, asimismo había leído el libro y conocía a la perfección el guión y las escenas más representativas de aquel memorable film de Bertolucci.  
 
Por la  noche fuimos todos en grupo a la playa, mientras los demás conversaban acerca de las galaxias, el universo y el fin del mundo, Leonel me relataba con magistral memoria y talento teatral capítulos enteros de la Rayuela, libro que sé sabia todo de memoria y que además reposaba bajo su almohada acompañándolo en su viaje. Sus historias me resultaban fascinantes, se trataba de todo un personaje inverosímil, parecía salido de una novela de Cortázar, tenia un inventario lleno de cuentos, aventuras y artimañas que disfrutaba recrear en la mente de los demás.
 
Después de relatarme varios capítulos y quizás pensando que me estaba aburriendo tuvo la idea de meterse al mar, me pidió entonces que lo acompañara a lo cual yo me negué, era de noche y sentiría frió al salir del agua, frente a mi negativa se fue corriendo para internarse en las rompientes de las olas que se desvanecían en un cóctel de espumas frente a nosotros. Entonces mire a mí alrededor para examinar mis opciones, a mi lado estaban los demás chicos, seguían hablando del universo, a mis espaldas estaba el hostal y frente a mi Leonel, la playa y el mar; no sé si fue una inclinación natural la que me llevo a seguirlo o si se trato más bien de una situación en que no tenia mejor opción, lo cierto fue que me lancé inmediatamente junto a aquel pelotudo argentino a las que él llamaba las cálidas aguas del pacifico, por cierto bastante frías para mí. 
 
Hicimos algunas carreras por la playa, en un momento llegamos a un lugar donde unos jóvenes locales tenían una fogata, nos quedamos unos minutos allí, pero nuestra presencia no fue bien recibida, quizás no había suficiente fuego para calentar a tantas personas. Le pregunte algo mientras caminábamos ¿cómo se llamaba el tipo que le entrego el fuego al hombre? la respuesta motivo una otra enriquecedora pero breve conversación sobre Prometeo, Dionisio, Alejandro y aquella época de poesía, honor y guerra.
 
Leonel me resultaba fascinante, sus historias me sumergían en una fantasía histórica, recordábamos los tiempos de Roma, las glorias de Alejandro, la creta minoica y otros mitos del pasado, pero bajo sus palabras estos personajes cobraban vida y se relacionaban directamente con nosotros, este chico lograba este efecto único tan solo con su voz y sus gestos.
 
Mientras caminábamos de regreso al lugar donde estaban los demás, pensé: “si yo fuera una mujer la sola presencia de este chico se me tornaría en extremo atractiva” y seria capaz de hacer cualquier cosa por pasar tiempo a su lado, enloquecería como lo hacen las mujeres, y quizás aun siendo hombre dejaría mis planes para seguirle. Inmediatamente interrumpió con la fuerza de un corcel una voz dentro de mí, aun hoy no sé si se trataba del guardián de mi heterosexualidad o del guerrero defensor de mi ruta. En todo caso fue una voz masculina que me dijo: “No puedes regresar al norte con este chico por más fascinante que te parezca, tu tienes toda la América del Sur frente a tus pies y no puedes abandonarla”.  
 
Bien, después de semejante sentencia tuve que aceptar que tendría que despedirme de Leonel y continuar mi camino, quizás en otro contexto habríamos viajado juntos, viviríamos muchas aventuras y seriamos capaces de recorrer el mundo entero dejando una huella a nuestro paso, seria un excelente compañero, haríamos una pareja excepcional como Alejandro y Hephaestion, seriamos inseparables. Le contaríamos al mundo historias de osadía y audacia vividas en carne propia, cruzaríamos los mares y desiertos, cordilleras y sabanas, derrocaríamos dictadores, pelearíamos a muerte si fuera necesario y alumbraríamos al mundo con una nueva y renovada luz de gloria, vida y juventud.
          
Todos sueños de una era pasada que yo proyectaba ilusoriamente sobre mi futuro. Una vez nos reunimos con los demás, todos entramos al hostal para dormir. Yo por mi parte, que había decidido irme al día siguiente, aplace mi partida para pasar más tiempo al lado de mis nuevos amigos, Isabelle, Raimundo y Leonel. A eso de las 2AM me desperté sobresaltado, sentía mis ojos llenos de sal y casi no podía ver, fui como pude al baño solo para comprobar que no había agua, solo el preciado liquido podría librarme de aquella tortura, tuve ir hasta el Ola-Ola para bañarme mis ojos con mucha agua, sin embargo, la sensación de resequedad no desapareció del todo, por fin y después de varios litros me sentí mejor, aquello fue horrible, por un momento pensé que quedaría ciego.    
 
Viernes 27 de Febrero
 
Me levante a eso de las 10AM y fui a desayunar, luego en el Hostal me reuní con mademoiselle temps y nos dirigimos a la playa con la idea de tomar un baño de sol durante el resto del día, era mi ultimo día en montañita así que me despediría del lugar con serenidad. Justo en frente al Hostal rentamos una sombrillita con dos asientos, y nos pusimos a disfrutar del más maravilloso día en la playa desde mi llegada, el sol alumbraba en lo alto con un cielo totalmente despejado, un favor divino que no íbamos a desaprovechar por nada en el mundo. 
 
En un momento paso un señor que hacia tatuajes, la señorita que me acompañaba se hizo hacer uno en el cuello, yo con mi buen gusto escogí el diseño, luego le puse bronceador a la señorita Monette en su espalda, ella se acostó en la playa junto a mí, yo permanecía bajo el parasol pues tenia mi piel quemada y en recuperación. De repente apareció Raimundo y lo invitamos a acompañarnos, estuvimos charlando un rato, el viejo Ray como yo lo llamaba estaba de vacaciones, su novia lo había acompañado en una parte del trayecto pero ya había regresado a Santiago, Raimundo es un chico chileno estudiante de arquitectura, se había encontrado con Leonel por la ruta y habían llegado juntos a montañita, al día siguiente se irían en modalidad hitch-hike (echando dedo) rumbo a Quito. 
 
Después de varios minutos allí empezaron a llegar los demás chicos del Hostal como las abejas a la miel, pronto lo que empezamos Isabelle y yo se había convertido en el punto de reunión de la gente del tercer piso del hostal Centro del Mundo. Pues bien, estaban allí Paúl Vargas, Francisco Arredondo y Esteban Morales, tres chilenos que viajaban juntos de vacaciones, además estaban Ludwig Schill un chico alemán, Alejandro un chico colombiano y Leonel que apareció más tarde.
 
Luego de debatir los clásicos temas de rigor, hablar de la situación de nuestros respectivos países, y de la tan anhelada integración de los pueblos de América Latina, todos fuimos a nadar. El día nos brindo lo mejor de sí, la naturaleza se encargo de imprimir en algunos de nosotros el recuerdo de lo que seria él ultimo día de sol en aquel magnifico lugar llamado montañita.

Volví a la playa después de almorzar para surfear, pasaría mucho tiempo lejos del mar de allí en adelante, invite a varios de mis amigos a surfear pero ninguno acepto, supongo que ser principiantes les hacia sentirse incómodos. Yo la estaba pasando muy bien la tarde era fenomenal, de pronto se me acerco a gran velocidad una ola enorme, decidí internar montarla, pero entonces ocurrió lo inevitable solo logre estar unos segundos sobre la ola y caí, la  tabla giro en mi dirección y con mucha fuerza se me clavo en él estomago dándome un fuerte golpe sobre mi costilla derecha, de inmediato salí del agua pues el golpe me dejo sin aire, el dolor de ese golpe me acompañaría de ahí en adelante por un buen tiempo, definitivamente esa ola tenia mi nombre. 

 
Después de dejar la tabla en el Tikilimbo fui a descansar, había pasado una mañana relajado en la playa, pero la tarde había sido algo agitada sobre todo porque casi me fracturo un hueso haciendo surf. Meditaba acerca de mi estancia en el lugar, que privilegiado era pasar tiempo allí, todo era perfecto, había hecho una pequeña vida en este pueblo, tenia varios amigos y todos me conocían en el lugar, el sol se ocultaba justo enfrente del balcón de mi hostal que quedaba frente a la playa, todo había sido espectacular.
 
Entonces recordé que le debía una disculpa a Rosario, la chica mesera del Ola-Ola, fui a donde un artesano colombiano y le compre una tablita de surf a manera de collar, fui al restaurante y le entregue el obsequio envuelto en una servilleta, como allí estaba Kate fui a hablar con ella, cuando Rosario pudo por fin ver su regalo se acerco a la mesa donde estábamos Kate y yo y me dio un beso, pero al notar la presencia de Kate pregunto como disculpándose ¿Ah ustedes están juntos? Yo no sabia que responder, fue una situación incomoda, pero algo era seguro, de mi respuesta dependía la simpatía de una de ellas y el rechazo de otra, habilidosamente evadí la pregunta ante la mirada de expectativa de Kate.
 
Cuando llego el atardecer todos se dirigían a algún lugar de la playa para presenciarlo, yo me fui al limite de la zona norte, allí estaba Sebastián un chileno amigo que también estaba en hostal, el atardecer fue genial otra linda manera del lugar de decir adiós. Luego de aquel espectáculo que acompañe con un poco de música del Gato Barbieri me fui al Hostal para dormir un rato.
Por la noche volví al Ola-Ola, hubo una gran fiesta, música en vivo, ritmos tropicales y una sesión que mezclaba el jazz con ritmos africanos y latinos, un verdadero deleite para mi gusto musical.
 
Recuerdo que en un momento mientras bailaba se me acerco una chica rubia como de 1.80 de estatura, era bastante bonita y voluptuosa, y parecía empecinada en seducirme pues bailaba frente a mí de manera sensual y atrevida, pronto ambos éramos el centro de atención de toda la fiesta, cosa que ocurrió sin la menor intención de mi parte, solo quería bailar un poco antes de irme del pueblo. Aquella actitud de la rubia me gustaba, pero a la vez me intrigaba, no había amanecido especialmente guapo aquel día y además lucia una camiseta un poco anticuada, porque podría ella interesarse en mi;  poco antes yo me había percatado que dicha señorita se encontraba en compañía de un tipo misterioso, aquel hombre nos observaba con atención a la distancia, una situación bastante inverosímil, cierto que soy un tipo atractivo, pero aun no entendía porque esta mujer hacia lo que hacia en presencia de su misterioso acompañante. 
 
Mi curiosidad estaba elevándose más y más, pero la situación se me presentaba en un contexto complicado, mis amigos del hostal ya se habían ido a dormir, tenia una costilla a punto de fracturarse, pocas ganas de enfrentar una pelea con otro hombre más grande que yo y además faltaban pocas horas para el amanecer. Motivado por la prudencia me limite a ignorar a esa linda chica, “eres linda pero estoy acostumbrado a algo mejor” fue el mensaje que ella seguramente capto ante mi indiferencia, finalmente incomoda por no lograr nada conmigo se fue, una vez con el tipo que estaba con ella salieron cogidos de la mano del establecimiento, vaya situación extraña.    
 
Sábado 28 de Febrero
 
Me aliste bien temprano, dejando todo listo para partir y entonces fui a desayunar, casi terminaba cuando apareció Isabelle así que la acompañe por unos minutos mientras tomaba su desayuno, luego me despedí, nos deseamos suerte en nuestros respectivos trayectos y quedamos de vernos a futuro. Enseguida partí rumbo al hostal para continuar mi ruta, solo me pude despedir de los chicos que estaban allí en ese momento: Sebastián, Raimundo, y Ludwig.
 
El bus de las 11AM había salido a las 10.30AM, “así son las cosas aquí me explico el señor de la empresa de buses”, así que tuve que tomar un bus hasta Santa Helena y de allí a Guayaquil, buena parte del trayecto antes de llegar a Santa Helena pasa bordeando el mar, se pueden ver playas muy lindas y solitarias y el aire esta lleno de un delicioso aroma marino, una muy gratificante despedida.
 
Una vez en el terminal de Guayaquil no tenia certeza de cual seria mi próximo destino, Cuenca siempre me había llamado la atención por su fama ser una de las ciudades más lindas de los andes, pero ya había sobrepasado la cantidad de dinero que tenia previsto para Ecuador, así que tome un bus hacia la fronteriza ciudad de Machala. El trayecto es sencillamente un viaje por las tierras del banano, a ambos lados de la carretera se pueden observar miles y miles de hectáreas cultivadas con la apetitosa fruta tropical.
 
Durante el viaje y sentada junto a mí conocí a una amable señora de la ciudad de Santa Rosa, trabajaba como locutora en la radio de su pueblo, se encargaba de dar algunas noticias, poner música romántica y hablar por teléfono con sus oyentes, su sueño era convertirse en locutora en Quito, no recuerdo su nombre pero según ella la llamaban “Go”, un prefijo de cariño por ser ella gorda. Le parecía una completa locura lo que yo estaba haciendo, era según ella la primera vez que se topaba con alguien como yo, me pregunto si yo era simpatizante del Che Guevara, mi respuesta fue inmediata: le dije que viajaba por placer, que no me interesaba comprobar la miseria y pobreza en que vivían sumidos los pueblos de América, para eso estaban los diarios, yo quería una experiencia religiosa con el continente, no una experiencia científica ni tampoco política.   
 
Me invito a unos snacks y una chocolatina, hecho que me alivio pues estaba en plena aplicación la política “una comida por día”, una medida de austeridad que yo utilizaba cuando había agotado o sobrepasado una cantidad determinada de dinero en un solo país.
 
Llegue a Machala de noche, una ciudad muy linda, su Iglesia en la plaza central es verdaderamente un lugar interesante, una de las pocas iglesias que me causo una especial impresión. Me hospede en el Hotel Bahía -$5 dólares la noche- , pasaría la noche en Machala pues me habían dicho que la frontera entre Ecuador y Perú es bastante peligrosa y que no es para nada recomendable intentar cruzar de noche, solo seria una noche en aquella habitación de aspecto desaliñado en la terraza del hotel. Mi habitación tenia una privilegiada vista de mis alrededores, salí a comer un helado y una hamburguesa con papas fritas y volví pronto pues las calles comenzaban a quedarse solitarias y eso es sin duda sinónimo de inseguridad, más aun en una ciudad fronteriza. 
 
Al día siguiente partí hacia el Perú, un país que me llamaba mucho la atención por su historia, sus parajes y su geografía diversa llena de lugares maravillosos por conocer. 
 

Publicado
Modificado el
Leído 862 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

Capítulo 1 2 3 4 5 6 7 ... 19 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

andre_1313 dice:
Aun no comienzo a leer, pero con lo detallado que se ve este diario me dan muchas ganas de saber como te fue en este gran viaje.... saludos y comienzo a leer.....
Publicado

andre_1313 dice:
Excelente relato! Ecuador allá voy en enero!
Publicado

laurell dice:
Es fascinante este diario, me encantaría poder ser una viajera por lationamerica!
Publicado

Ratisol dice:
Gracias Laurell y Andre, hice lo mejor que pude, cada vivencia tiene un color y una sustancia que me gusta compartir con otros viajeros, espero les sea util sobre la ruta. Un Abrazo
Publicado

clau-dia dice:
bue bueno pordonde comienzo. En realidad siento que no he leido el primer capitulo de un diario, sino el primer capitulo de un buen libro de cuentos mezclado con historias reales. jajajajajaja eres todo un caso! en el preciso momento que empeze a creer que enloqueciste cuando te tiraste al mar desde el banco de los piratas, entendi que sos un escritor con mucha imaginacion!! por otro lado respire tranquila cuando decidiste no estar con la chica bonita con novio , seguro tenian otras intenciones como robarte o algo peor. continuo interesada con el 2do capitulo
Publicado

Ratisol dice:
jajajajaj, si fue todo un viaje imaginario; a veces nos pasa, y nos dejamos derrotar por nuestros miedos no en el mundo que llamamos real sino en el mundo de los sueños; para ser un viajero lo primero es derrotar tus propios miedos, si no le ganas la batalla al primer enemigo con el que se tropiezan los hombres: "el miedo", viviras como si estuvieras ciego ! Un Bso.
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

Capítulos de este diario