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Tesoros del mundo

Escribe: amrazgz
Lugares y momentos de nuestro planeta. Islandia es el país con las cascadas y cataratas más espectaculares del continente europeo. Los motivos de la abundancia de cascadas en esta pequeña nación, tanto en número como en variedad, son diversos.

 

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Walt Disney World: diseñadores de sueños

Orlando, Estados Unidos — martes, 8 de junio de 2010

Los logros de Walt Disney en el campo del entretenimiento son muchos y variados. Su nombre, convertido en marca, es conocido en todo el mundo y sus personajes se han convertido en iconos de la cultura popular del siglo XX. Disney tuvo la agudeza de elegir la ocasión idónea para que cada proyecto alcanzara la máxima repercusión. Inventó los dibujos animados sonoros, la animación en color y dirigió el primer largometraje de dibujos animados en color, “Blancanieves y los Siete Enanitos”.

Ganó numerosos Oscar y fue responsable directo de películas clásicas como “Pinocho”, “Fantasía” o “La Cenicienta”, por nombrar sólo unas pocas. 

Ya fuera porque se aburría con facilidad o por su espíritu inquieto, su interés se desplazó luego a las películas de acción real (“Mary Poppins” fue la más popular) y el cine documental. Pero a partir de los años cincuenta, su esfuerzo se centró en una idea que había estado madurando en su cabeza durante veinte años, un concepto que marcaría la industria del entretenimiento de la segunda mitad del siglo XX.
 
La idea de un espacio donde niños y adultos pudieran divertirse juntos había nacido en la imaginación de Disney en las visitas que hizo con sus hijas pequeñas a las ferias y parques de atracciones convencionales. Ya en la década de los treinta empezó a gestar algunas de las atracciones que 25 años más tarde se harían realidad,  pero las fuertes inversiones que realizó en sus Estudios de Burbank, California, no le dejaron profundizar demasiado en ese campo. El sueño quedó aparcado hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando el doctor de Disney le recomendó que, para compensar el estresante esfuerzo que realizaba en los Estudios, buscase un hobby con el que relajarse un par de horas al día. Y así nació su pasión por los trenes en miniatura, afición compartida por Ward Kimball y Ollie Johnston, dos legendarios animadores de su estudio. Las maquetas y dioramas de Disney crecían cada vez más, construyendo para ellas todo tipo de detalles y recorridos. A la vista de aquellos paisajes artificiales en miniatura, donde todo sueño tenía cabida, recuperó la idea que había dejado aparcada años atrás.

En 1952, Disney fundó una organización llamada WED (las iniciales de su nombre, Walter Elias Disney) cuyo propósito era elaborar los fundamentos de lo que más tarde se convertiría en Disneyland. En sus inicios eran un puñado de diseñadores, la mayoría de ellos extraídos de los estudios Disney, hombres que comprendían cómo trabajaba su jefe y que tuvieron a su disposición todo tipo de medios para interpretar sus ideas. Planos y modelos fueron realizados sin tener todavía un espacio físico concreto, por lo que el futuro parque fue diseñado sin limitaciones, sin tener que ajustarse a las restricciones topográficas de un emplazamiento predeterminado. 

A medida que los conceptos se iban asentando, se encargó al Stanford Research Institute la localización de un paraje en el área de Los Ángeles. El lugar seleccionado fue un campo de naranjos con una superficie de 65.000 m2 en Ahaheim, al sur de Los Ángeles, elección cuyos motivos eran múltiples: por un lado, su situación a tan sólo hora y media del centro de la ciudad lo hacía fácilmente accesible para los automóviles; el terreno era relativamente barato y Anaheim disfruta de un clima templado que permitiría al parque permanecer abierto todo el año; además, era liso, sin ningún tipo de irregularidad, lo que facilitaba las obras. 

Un proyecto de tal envergadura se enfrentó a no pocos problemas. En primer lugar, la propiedad de los terrenos estaba repartida entre varios propietarios y la viabilidad de la operación dependía de que todos decidieran vender su parte a Disney. Y, a nivel interno, Walt tuvo que convencer a su hermano y socio Roy y al resto de los ejecutivos de la compañía, muchos de los cuales no creían en la rentabilidad económica de la iniciativa. Aunque a Disney le sobraban el entusiasmo y las dotes de vendedor, no lo tuvo fácil. Envió a un equipo a recorrer los parques y ferias de Estados Unidos para recoger puntos de vista y opiniones, todas las cuales, salvo alguna excepción, ignoró por completo. Su fantasía y sentido de la innovación, el extenso abanico de personajes, situaciones e imaginería que podía extraer de sus propias películas, el talento y la experiencia acumulados en el campo de la publicidad y la promoción y su propia energía y determinación empujaron y arrollaron a todos los objetores y opositores. 

Excepto a uno: los bancos.  A mediados de los cincuenta, Disney era indiscutiblemente un empresario con éxito: logró crear de la nada una empresa creativa a fuerza de hacer trabajar a sus empleados hasta 24 horas seguidas (lo que le costó algunas huelgas), pero los resultados fueron rotundos: había producido 657 películas, mil millones de niños se habían convertido en sus espectadores incondicionales y 30 millones de ejemplares de sus cómics se habían traducido a 36 idiomas. Pero hacían falta más recursos de los que contaba Disney en esos momentos para poner en marcha su gran idea y los bancos eran parte fundamental del plan. Éstos no se sintieron impresionados por las grandes palabras, la trayectoria y la autoconfianza del empresario que, al final, hubo de dirigir sus esfuerzos hacia otros industriales en busca de financiación. Más de treinta compañías compraron participaciones en el proyecto, proporcionando un primer impulso monetario a Disneyland. El resto del dinero lo aportó la cadena televisiva ABC (que siempre había estado deseosa de poner a Disney en plantilla) y la Western Printing and Lithographing Company a cambio de las correspondientes participaciones. La propia Walt Disney Productions compró el resto de las acciones, así como el propio Disney a título particular.

La nueva situación dio mayor confianza a los bancos, quienes acabaron prestando el resto del dinero. 

Desde el principio Disney decidió que las diversas atracciones debían salir en forma radial de un punto central bien situado. Los visitantes -a los que siempre se refieren como "guests", "invitados"- serían atraídos a ese lugar gracias a un elemento de referencia inconfundible. Y éste no podía ser sino un castillo, el castillo de la Bella Durmiente. Las obras dieron comienzo el 21 de junio de 1954. 

Los inicios de los trabajos no parecían augurar que de allí fuera a salir nada de provecho: naranjos talados, palas excavadoras, camiones y equipos de obreros y construcción mezclados en un ruidoso caos. Sin embargo, menos de un año después, el parque se inauguró con todo el bombo y platillo de que Disney fue capaz. Pero no fue su mejor estreno.

En primer lugar, Walt podía controlarlo todo menos el tiempo, y aquel día 17 de julio de 1955 fue uno de los más calurosos de Anaheim, así que los tacones de aguja de las señoras se hundían en las calles recién asfaltadas, se quedaron sin refrescos, no habíasuficientes fuentes, los aparatos se estropearon, un bribón falsificó unas 30.000 entradas, así que el lugar estaba totalmente abarrotado... en resumen, un desbarajuste. Al día siguiente comenzaron a arreglar los problemas y tras varias semanas, el parque estuvo a pleno rendimiento y listo para triunfar. Y vaya si lo hizo. La combinación de fantasía y tecnología, cobertura mediática y originalidad convirtió al parque en un fenómeno nacional. Aquel verano cruzaron sus puertas más de un millón de personas. Antes de cumplir un año esta cifra seelevó hasta los cuatro millones. En 1971, se dio la bienvenida al visitante número 100 millones. Había nacido el primer parque temático, una experiencia nueva dentro del campo del entretenimiento en el que el público entraba en un cuento del que podía participar de forma activa. 

Disneyland pronto se convirtió en escala habitual para todo tipo de personalidades y dignatarios extranjeros. En el momento de su inauguración, sin embargo, las instalaciones eran bastante diferentes del complejo actual: no se había instalado el monorraíl ni se habían abierto espacios que hoy forman parte del parque; muchas de las atracciones actuales no existían. Lo que había era un entorno agradable y acogedor con atracciones novedosas con las que podían disfrutar personas de todas las edades. El parque podía ser aprovechado tanto por aquellos que desearan participar como por los que únicamente quisieran observar y pasear. Se instaló una amplia oferta de áreas para comer y beber, convirtiendo Disneyland en un lugar para familias, un destino para pasar el día. 

Así pues, un éxito. Pero, ¿total? No del todo. El parque no sólo atrajo visitantes. Cuando se inauguró, los alrededores no eran otra cosa que un agradable campo de naranjales. Hoy ya no existen. La expansión urbanística hubiera ocupado el lugar antes o después, pero la instalación de semejante gancho turístico aceleró el proceso al olor del dinero. A medida que las multitudes entraban en Disnleyland, los especuladores extendieron sus alas sobre la zona. Hoy en día, el cuidadosamente construido mundo de fantasía está rodeado de una acumulación desorganizada de horribles moteles, complejos hoteleros de dudoso estilo y "contraatracciones" de escasa calidad esperando comer de las migajas del gigante 

Una vez dentro del parque, todo lo feo desaparece, pero Disney observaba estos acontecimientos con desagrado, arrepintiéndose de no haber adquirido más terreno para poder rodear a todo su complejo de una extensa área verde. Además, dentro del parque existían problemas de orden práctico, como el transporte de los empleados o la recogida de basura, que también arruinaban la ilusión. Sintió además no haber pensado en los hoteles, una extraordinaria fuente de ingresos que no se había contemplado por no caer dentro de la experiencia de su equipo. Se prometió que no volvería a cometer los mismos fallos en su segundo intento. Disneyland se convirtió así en el primer borrador de un paisaje recreativo más grande y extenso: el Walt Disney World.

Disneyland había sido concebida para atraer principalmente a los habitantes del oeste de Estados Unidos. Su éxito persuadió a Disney para construir otro situado en la costa este. Desde 1959, Disney se dedicó a buscar el mejor emplazamiento. Éste resultó ser el Estado de Florida. Su clima –similar al de California del Sur y alejado de las rutas de los habituales huracanes veraniegos- permitiría tener abierto el parque todo el año y el Estado, por sí solo, atraía ya a 20 millones de turistas cada año. Más del 75% de esos visitantes viajaban en automóvil atravesando Florida central. Y, como la mayor parte de todas esas personas eran naturales del este de las Rocosas, ambos parques no competirían entre sí.  

Pero, ¿por qué se eligió un lugar, Orlando, en el que no había absolutamente nada? Otros emplazamientos, como Miami ya tenían una concentración hotelera importante y una reputación turística más que consolidada. Pues bien, Disney quería aislar su mundo de todo aquello, que el disfrute y la inmersión fueran totales, sin que otras maravillas naturales o artificiales pudieran hacerle la competencia. En una apuesta arriesgada, alejó su nuevo proyecto del océano, de las montañas, de las grandes ciudades, de los museos y parques nacionales... Y ganó. 

Disney no era hombre que gustara de repetirse a sí mismo, así que concibió un proyecto nuevo, mucho más ambicioso que el de Anaheim. El equivalente del Disneyland de California (Magic Kingdom) pasó a ser una pequeña parte de un enorme complejo vacacional, aislado del resto del mundo, con alojamientos y campings propios, así como todo tipo de actividades de ocio, desde la vela hasta el golf. El proyecto comprendía también un parque industrial destinado a mostrar los logros de la empresa americana y una pequeña comunidad, el Lago Buena Vista, que incluiría tanto residencias vacacionales como permanentes. Todavía más ambicioso era EPCOT –Experimental Prototype Community of Tomorrow- que pronto se convirtió en parte inseparable del plan. De EPCOT dijo Disney: “Tomará su existencia de las nuevas ideas y tecnologías provenientes de los centros creativos de la industria americana. No dejará de introducir, probar y mostrar nuevos materiales y sistemas. Será un lugar donde la gente podrá experimentar una vida que no encontrará en ningún sitio del mundo moderno”.

Un objetivo ambicioso que se vería cumplido sólo parcialmente.  Los medios de transporte convencionales se eliminaron de toda la zona para evitar la polución y se hicieron toda clase de esfuerzos para preservar, tanto como fuera posible, la topografía del lugar, manteniendo un equilibrio ecológico. El éxito de Disneyland hizo que el futuro Walt Disney World fuera mucho más sencillo de financiar. Pero todavía se tenía que localizar un sitio adecuado y comprar los terrenos, que entonces estaban a unos 90 dólares la hectárea. Y esto debía hacerse con el sigilo más absoluto, puesto que de no ser así los propietarios yespeculadores harían subir los precios hasta niveles prohibitivos. 

Así, en 1964, los habitantes de la pequeña población de Orlando veían con extrañeza cómo grandes parcelas de pantanos inaprovechables de las cercanías estaban siendo compradas, pero nadie sabía por quien ni por qué. A través de representantes, intermediarios y empresas fantasma, Disney adquirió una extensa superficie de 112 km2 en la línea divisoria de los condados de Orange y Osceola, entre las ciudades de Orlando y Kissimmee, no muy lejos de las principales carreteras estatales.

Para hacernos una idea, Walt Disney World es tan grande como la ciudad de San Francisco y dos veces mayor que la isla de Manhattan. 

Una operacion de semejantes dimensiones difícilmente podía mantenerse en secreto durante mucho tiempo y, finalmente, en el otoño de 1965, un periódico de Orlando publicó en su portada la primicia: “Afirmamos que es Disney”. Inmediatamente, el precio de los pantanos de los alrededores se disparó a 500 dólares la hectárea. Todo el proyecto Florida, sus 11.066 hectáreas, había quedado al descubierto. En una rueda de prensa convocada a toda prisa junto al gobernador del Estado, Disney anunció oficialmente susintenciones: no sólo iba a construir un Disneyland de la costa este, iba a construir todo un mundo Disney.

Pero el proyecto estuvo a punto de morir antes de que se moviera la primera palada de tierra. El 15 de diciembre de 1966, Walt Disney murió de cáncer. 

Durante un tiempo, los ambiciosos planes de Disney pendieron de un hilo. En la compañía estaban desconcertados sin el que había sido su líder y motor creativo durante cuarenta años. Faltos del entusiasmo de Walt, los ejecutivos de la empresa y su hermano Roy -que siempre había estado a cargo del aspecto comercial y financiero del imperio- se resistían a dar el visto bueno a WDW. Fue la insistencia del equipo creativo, afirmando que entre ellos había gente con enorme talento que había trabajado muchos años con Disney y que comprendían su modo de pensar, lo que finalmente, en 1967, persuadió a Roy Disney para seguir adelante con Walt Disney World.

La primera fase del proyecto comprendería una versión aumentada del Magic Kingdom de Disneyland, así como dos hoteles, el Contemporary Resort y el Polynesian. Las obras dieron comienzo en abril de 1969 y el desafío que tenían por delante era enorme, tan grande como una operación militar: el mayor proyecto de construcción privado de Estados Unidos. De hecho, se escogió a dos militares idóneos para la tarea por su experiencia en construcción: el almirante de la Armada, Joe Potter, que había supervisado el funcionamiento del canal de Panamá y el de la Feria Mundial de 1964; y el almirante Joe Fowler, que había construido Disneyland para Walt una década antes. 

El primer problema fue transformar cientos de hectáreas de tierras cenagosas en suaves colinas y limpias vías fluviales. Para ello empezaron excavando un elaborado sistema de canales de 64 km de longitud con el fin de dragar Bay Lake. Limpiaron así 160 hectáreas de fango, carrizo, hierbas de pantano y raíces podridas. Tras dieciocho meses moviendo más de 6 millones de metros cúbicos de tierra, los constructores ya estaban preparados para echar el hormigón. Pero esa obra que acometieron a continuación no era para ninguna de las famosas estructuras de referencia que caracterizan visualmente al parque. Todo lo contrario. Iba destinada a algo que ningún visitante debería ver jamás.... 

En los comienzos de Disneyland, Walt vio una vez a un vaquero de Frontierland paseando por Tomorrowland, lo que destruía totalmente la atmósfera futurista y de ciencia ficción de la segunda. Para evitar esas incongruencias, los ingenieros de Walt Disney World diseñaron lo que llamaron "utilidors": una red de túneles para el mantenimiento del parque. Como el nivel freático de Florida está a sólo 60 cm de la superficie, los ingenieros construyeron los utilidors sobre la tierra en vez de por debajo. Están a ras del suelo, por lo que el parque temático propiamente dicho fue construido encima de ellos. El MagicKingdom, pues, se encuentra a 4.5 metros de altura de donde estaba el suelo originalmente.  

Esos corredores posibilitan el desplazamiento de un extremo del parque al otro en tan sólo diez minutos sin ser visto por los invitados. También esconden muchas de las operaciones rutinarias que podrían romper la magia: oficinas, cafeterías, guardarropas para los empleados, áreas de servicio, descanso y mantenimiento… también ocultan un sofisticado sistema de recogida de basuras subterráneo, una de las aspiradoras más grandes del mundo que funciona como un tubo neumático que "succiona" los residuos desde determinados puntos y los transporta hasta una zona central de recogida y reciclaje.  

Los dos hoteles iniciales se construyeron junto al lago y frente al Magic Kingdom. El Polynesian, de 500 habitaciones, es un edificio bajo de madera, al estilo de los que se pueden hallar en los mares del sur, rodeado de vegetación tropical; el Disney´s Contemporary Resort, de 1.000 habitaciones, es un edificio de 15 plantas con una original estructura en forma de V invertida y un gran vestíbulo central. Además de su arquitectura, el estilo futurista se reafirma con el monorrail que pasa silenciosamente por el atrio en su recorrido alrededor del lago, conectando los hoteles con el Magic Kingdom. En la construcción de ambos hoteles se utilizó un novedoso sistema de montaje de módulos prefabricados desarrollado por US Steel: las habitaciones se prefabricaron enteras -incluidos baños y paredes- se transportaron al emplazamiento y se fueron colocando en su lugar por medio de grúas.

Mientras tanto, el almirante Fowler emprendía la construcción del icono del parque: el imponente Castillo de Cenicienta que serviría de punto central alrededor del cual se montarían el resto de "mundos". Pero había un problema: no se podía construir tan majestuoso como Disney hubiera soñado, puesto que las leyes de Florida obligaban a situar una luz roja intermitente en cualquier estructura cuya altura superara los 60 metros. Habría que buscar una solución... y la encontraron en los trucos visuales cinematográficos. La perspectiva forzada es una técnica que se ha utilizado en el cine desde hace muchos años. Consiste en agrandar la escala de un edificio cuando lo tienes cerca, de modo que si tienes un edificio de varios pisos de altura, la estructura y las ventanas se van haciendo cada vez más pequeñas, creando la ilusión bien de que todo el edificio es más alto, bien de que está más lejos de lo que lo está en realidad.  Así, el castillo, aunque "sólo" tendría 57 metros de altura -justo por debajo del límite permitido- parecería mucho mayor.

Con la ayuda de gigantescas grúas, se empezaron a montar 600 toneladas de acero, gran parte de él prefabricado en forma de armazones y dieciocho torres y torrecillas, recubriéndolos con paneles de fibra de vidrio tratados y moldeados para asemejarse a  piedra. Tres de las torres se remataron con oro.  Buena prueba de la eficiencia y rapidez con la que se trabajó es que la torre más alta fue puesta por fin en su lugar en julio de 1971, tan solo 18 meses después de que comenzara la construcción. 

Nueve mil trabajadores se afanaron por cumplir las fechas previstas. Roy Disney tenía 78 años cuando, el 1 de octubre de 1971, se inauguró el Walt Disney Resort.  Había dedicado sus últimos años a realizar el sueño de su hermano y esa tremenda tarea le pasó factura: murió dos meses más tarde

Ese sueño había costado 400 millones de dólares, cifra  ridícula si la comparamos con lo que costó una de las atracciones más modernas, “The Twilight Zone”, que superó con creces los mil millones.

Menos de dos años después de la apertura se alcanzó el visitante diez millones. Semejante éxito permitió en 1979 empezar las obras del que había sido el proyecto más querido de Walt Disney: Epcot. Sin embargo, nunca se llegó a terminar tal y como su"padre" lo había imaginado. En lugar de una auténtica ciudad del futuro, tres años y 1.200 millones de dólares después, se abrió al público un parque temático que rendía homenaje a la ciencia, la tecnología y las Ferias Mundiales. Se extiende alrededor de un lago artificial -el World Showcase Lagoon- como si se tratase de una exposición internacional de carácter permanente. En un extremo del mismo se encuentran varios pabellones ultramodernos que albergan exposiciones sobre el transporte (patrocinada por General Motors), la imaginación (patrocinada por Kodak), la comunicación (patrocinada por AT&T), la energía, la tierra o el mar (con un colosal acuario bajo el nivel del suelo). En la otra orilla de la laguna, compañías y organizaciones de varios países -México, Reino Unido, Italia, Canadá, China, Japón, Marruecos, Noruega, Estados Unidos y Francia - patrocinan pabellones inspirados en su arquitectura con exposiciones y atracciones en su interior. 

En 1989 (ya estando Disney bajo la dirección y propiedad de Michael Eisner y Frank Wells, que tomaron posesión de sus cargos en 1984) nació Disney-MGM Studios, un nuevo parque centrado en el cine de Disney propiamente dicho y homenaje a los años dorados de Hollywood, al que se unirían posteriormente otras actuaciones encaminadas a desarrollar el concepto de ocio familiar mediante la incorporación de nuevos elementos, como los tres parques acuáticos (River Country -1976-, Typhoon Lagoon -1989- y Blizzard Beach -1995-), campos de golf, Pleasure Island (diversión nocturna) o el Village Marketplace (comercio y restaurantes). 

El parque más reciente, Animal Kingdom (199, es un gran escenario una serie de paisajes construidos mediante la manipulación de ambientes naturales. Con unas dimensiones casi cinco veces superiores a Magic Kingdom, Disney plantó cuatro millones de plantas para convertir tierras de pastoreo de vacas en una sabana africana por la que los animales parecen deambular en libertad. 

Hoy en día los parques temáticos de Disney son una de las principales fuentes de ingresos del imperio financiero del que forman parte. De hecho, estos suponen alrededor del 40% del dinero generado por el grupo. Algunas cifras pueden darnos una idea del increíble monstruo en el que se ha convertido el complejo de Orlando: 66.000 trabajadores clasificados en 3.700 tareas diferentes (entre ellos 750 jardineros), unos beneficios anuales de 474 millones de dólares, 47 millones de visitantes al año... El guardarropa de los empleados alberga tres millones de piezas, con más de 4.000 diseños diferentes. Se consumen cada año millones de kilos de patatas, se colocan 25 millones de plantas en el complejo o se utilizan más de un millón y medio de insectos beneficiosos para evitar las plagas y se venden tantas camisetas como para vestir a todos los habitantes de Madrid.

Para que todo el complejísimo entramado funcione a la perfección y los visitantes tengan la sensación de estar totalmente sumergidos en la ilusión, los ordenadores trabajan sin cesar gestionando cientos de millones de datos cada día, asignando plazas hoteleras, mesas en los restaurantes, comprobando las condiciones atmosféricas y el funcionamiento de todas y cada una de las atracciones. 

Resultaría imposible, utilizando poco espacio, hacer un recorrido medianamente pormenorizado de las atracciones, tanto por el número de las mismas como porque van cambiando y mejorando con el tiempo. Pero hay algunas cosas que han permanecido en los parques desde el principio, que fueron innovaciones en su momento y que todavía hoy, cuarenta años después, retienen el poder de su imagen, la tecnología de vanguardia y el carácter futurista. 

La primera de ellas y quizá la más exitosa, presente en todos los parques, fueron las figuras robóticas de alta tecnología diseñadas por el propio Disney nada menos que diez años antes.

Cuando en 1961 se anunció que tres años más tarde se celebraría una Feria Mundial en Nueva York, contactó con varias empresas con el fin de conseguir  patrocinios que le ayudaran a desarrollar algunas de sus ideas. Una de ellas era un robot de su presidente favorito, Abraham Lincoln. 

Los organizadores de la Feria quedaron encantados y aceptaron inmediatamente la idea de Disney. El problema era que la tecnología necesaria estaba aún por desarrollarse. Mover con realismo una figura humana y, especialmente, la cara, dotando de movimiento a los ojos y haciendo que los labios se curvaran en una sonrisa o adoptaran la forma correcta de acuerdo con las palabras que se pronunciaran, era una tarea muy complicada. Hasta ese momento no se había conseguido introducir mecanismos capaces de realizar semejante tarea en un espacio tan reducido como un cráneo humano. 

Asombrosamente, en tan sólo noventa días, los ingenieros de Disney lo lograron. Construyeron un armazón dividido en 13 unidades estructurales que podían moverse en docenas de direcciones gracias a servocilindros neumáticos. Cuando el público lo vio por primera vez al inaugurarse la Feria, en abril de 1964, se quedó impactado por su realismo. Desde entonces, los ingenieros de Disney no han parado de mejorar esa tecnología, introduciendo sistemas neumáticos, hidráulicos y eléctricos. Hoy, los audioanimatrones -ese es el nombre que reciben- forman parte de docenas de atracciones en todos los parques, cuyos movimientos -junto a la música, los diálogos, la luz y los sonidos- son controlados por sofisticados ordenadores agrupados en salas climatizadas escondidas en los subterráneos de Magic Kingdom.

Epcot necesitó para su construcción de 3.000 diseñadores, 22 empresas constructoras, 500 subcontratistas y 10.000 obreros, convirtiendo a Disney, una vez más, en el mayor promotor privado del país. Como su predecesor Magic Kingdom -al cual triplica en superficie-, se le quiso dotar de una gran estructura que lo definiera de forma inconfundible. Y en este caso fue una enorme esfera geodésica, Spaceship Earth,de 18  pisos de altura y 7.240 kilos de peso. Es un edificio fascinante y enormemente complejo cuya construcción supuso un desafío aún mayor que el Castillo de la Cenicienta, desafío al que se unió el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets, una de las universidades técnicas más prestigiosas del mundo) calculando las cargas de tensión y empuje del viento. 

Su volumen interior de 66.000 m3  está ocupado por una atracción que guía a los visitantes a través de la historia de las telecomunicaciones. Su superficie exterior es de 13.800 m2 y se halla dividida en 11.000 facetas triangulares elaboradas con una mezcla de polietileno y aluminio. Los espacios entre paneles miden 2,5 cm, lo que les permite expandirse y contraerse de acuerdo con las temperaturas a menudo calurosas de Florida. Evitan además que cuando llueve la esfera se convierta en una catarata, porque el agua fluye entre los paneles hasta un sistema de alcantarillas que desagua en la laguna World Showcase. La esbelta esfera apoya en seis pilones, cada uno de los cuales penetra en la tierra hasta una profundidad de entre 36 y 56 metros. 

Pero la esfera no agota ni mucho menos los tesoros de EPCOT. Conectando este parque con Magic Kingdom, está el medio de transporte más futurista de Disney: el monorraíl. Resulta curioso que aunque este tren elevado fuera originalmente inventado en la última década del siglo XIX en Inglaterra, la gente lo siga identificando con el futuro. Es a los diseñadores de Disney a los que se debe atribuir el genio de dar con un diseño futurista similar al de un avión, modelarlo con fibra de vidrio y utilizar la electricidad para convertirlo en un transporte silencioso, cómodo y estéticamente bello. Parte de su recorrido atraviesa directamente el vestíbulo del Hotel Contemporary, pero el monorraíl entra y sale tan silenciosamente que los huéspedes no se dan ni cuenta, algo imposible de hacer con una máquina diésel convencional. 

Puede que esta especie de tren de juguete sea uno de los más caros del mundo -costó un millón de dólares por kilómetro para los 22 km de la red, y eso en la década de los setenta- pero sin duda ha sido uno de los más utilizados del mundo: desde su inauguración ha transportado a más de ¡1.000 millones de pasajeros! Han pasado treinta años desde su inauguración, pero la visión del monorrail deslizándose elegantemente con la esfera de la Spaceship Earth de fondo continúa pareciendo sacada de un futuro utópico. 

Y cada noche, 365 días al año, los tres parques principales de Walt Disney World regalan a sus visitantes un fantástico espectáculo de fuegos artíficiales. En el caso de Epcot, se lanzan cada noche 1.100 cartuchos desde 750 morteros y 56 módulos de disparo situados en 34 emplazamientos alrededor de la laguna. En lugar de pólvora, se utiliza aire comprimido, lo que permite a los técnicos afinar la potencia y, por tanto, la altura que alcanzará el cartucho. Su detonación está controlada por un chip pegado al cuerpo del cohete. 

Pero aunque con su gasto anual de un millón de cartuchos Walt Disney World es el mayor consumidor de pirotecnia del mundo, los fuegos artificiales son sólo parte del show: veintiséis ordenadores sincronizan lasers, música, hologramas, chorros de fuego y agua -se bombean 60.000 litros por minuto desde barcazas situadas en la laguna en forma de columnas que bailan y saltan a más de doce metros de altura- y un globo terráqueo de 158 kg que gira por la laguna central del parque. También aquí se ha utilizado tecnología de última generación para crear un maravilloso deleite para los sentidos.  

Hay quien nunca pisará Walt Disney World argumentando que es una trampa consumista basada en la creación de una ilusión buenista y engañosa; que se trata de la fachada de una megacompañía que hoy se apoya no tanto en la creación de sueños cinematográficos como en la venta agresiva de merchandising. Siendo esto cierto, sería injusto despreciar el derroche de ingenio, talento, pericia y capacidad que no sólo crearon esta maravilla tecnológica de 121 km2, sino que la hacen funcionar a la perfección cada día. 

Lo que durante milenios fuera un pantano infestado de mosquitos, hoy es el parque temático más grande del mundo, el sueño de un hombre que dedicó su vida a ampliar los límites de la tecnología para entretener a los demás. Disney no sólo repitió con éxito lamisma fórmula en sus "sucursales" de Tokio y París, sino que ha servido de modelo para innumerables parques de atracciones, zoológicos, acuarios y parques temáticos diversos de todo el mundo. 

Hace siglo y medio, en la era industrial, la inclusión del hierro, el acero y la aplicación de la ingeniería cambiaron la arquitectura, convirtiendo a fábricas, estaciones de ferrocarril y puentes en sus estructuras emblemáticas. Los parques temáticos y su mezcla de arquitectura, avanzado diseño, tecnologías futuristas y sistemas de gestión de grandes masas, son el símbolo de la cultura contemporánea, dominada por el turismo y el ocio. Es en ese contexto en el que Walt Disney World ha de ser valorado, apreciado y, sobre todo, disfrutado.

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