Diarios de viaje > Galicia, Europa

A través de los misteriosos caminos de Galicia

Escribe: julioprado
Como vivo en la bimilenaria ciudad de Ourense, recorrer Galicia es de lo más normal teniendo estos casi 28 mil km2. al alcance de la mano. Tengo completada la narración de algunos de mis viajes por esta comunidad que me apasiona; poco a poco iré agregando más recorridos para que se enamoren (los que vivan fuera y los de aquí que no salgan mucho de casa) y pongan a andar el motor de su capacidad de maravillarse en cada lugar visitado.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 Capítulo 4 5 Siguiente >
 

Una ciudad de piedra y agua

Orense, España — domingo, 12 de diciembre de 2010

Ourense se sumerge cada día en ese mágico río que la atraviesa y deja en su pecho la marca indeleble de un azul deslumbrante que la caracteriza y diferencia. El Miño cruza la ciudad velozmente, sin detenerse en recodos ni meandros, como si tuviera prisa por llegar a su desembocadura y convertirse en mar, en océano profundo, y en su húmeda carrera arrastra lo que encuentra a su paso para ir esparciéndolo por una orilla de verbos e imágenes flotantes. El agua es parte indivisible de la vida ourensana y en torno a este esencial líquido elemento se desarrolla la vida y el devenir de las horas en la milenaria ciudad de las Burgas.
La vieja Auria aprendió a nadar desde el mismo instante de su fundación y de tanto contacto con las humedades sobre la piel se volvió anfibia y puede respirar bajo el agua como las ranas, las truchas o las carpas. Y aunque sabe que no sufrirá maremotos ni tifones, se preocupa por los asuntos internos de la zoología fluvial, le inquietan los embates de la imaginación, los golpes de la realidad, tan dada a convertirse en mujer desnuda, en mito, en revelación, en sobresalto. En estas cuatro paredes que confinan la ebriedad de la supervivencia, busca su brújula un convaleciente de la ironía, aquel hombre que sigue amarrado al palo mayor de un barco fantasma; otro que sigue atado a la elaboración de universos, mundos perdidos y encontrados. Un profesional de la supervivencia es capaz de convertir en jardín un vertiginoso barranco de desdichas, a sabiendas de que la felicidad es traslúcida, inasible, esquiva, pero sigue su sueño sobre las piedras, para no caer en la tentación de ser feliz a fuerza de creerlo. Ourense es conocida por las espesas nieblas matinales, las heladas inesperadas y los veranos abrasadores; de vez en cuando se nos atraviesa una pertinaz lluvia en el camino del desconcierto, y la danza de los paraguas se despliega por las piedras brillantes de la tarde, una constante en la que es posible la soledad entre la multitud, y sólo se busca un lugar para lamer el tiempo, el refugio de una taza de humeante café bañando los días de recuerdos, y entre sorbo y sorbo se cuela a veces el miedo disfrazado de sacarina, el desasosiego senil y surrealista de la existencia con miles de preguntas sin respuesta. Y si la locura es quien le sirve la mesa, le calienta la cama o le ata los zapatos, es probable que la paciencia se convierta en extravío, y con el bastón rompa todos los mapas y destruya todas las brújulas de sus razonamientos y desmesura.Con otros días ocurre que se nos presentan óptimos para salir a pasear, vagar sin rumbo por las calles tumultuosas, detenerse en los escaparates, saludar a los conocidos, comentar los precios de aquella tienda recién inaugurada y seguir como si el tiempo no importara, como si todos los relojes se detuvieran simultáneamente y el sol pospusiera su ocaso eternamente. Sin embargo, la nostalgia es quien mezcla las cartas, maneja ininteligibles símbolos y anda a la caza de sus víctimas por calles, parques y avenidas; si nos señala con el dedo ya estamos heridos de muerte, añorando otros azules, aquellos verdes paradisíacos, playas infinitas, aguas cristalinas; y nosotros allí, observando la calle a través de la ventana empañada, sabiendo que podemos atrapar la luz que nos corresponde, el pedazo de cielo que nos toca, tomar el aire que nos circunda, y en esas circunstancias reírnos de todo para caminar sin rumbo (premeditadamente) por los cuatro puntos cardinales, que a fin de cuentas son sólo una ilusión en el tiempo, unas flechas marcadas para la desorientación. Y uno, peatón distraído al fin, se va marcando los pasos en el polvo fino de las aceras, ignorando a la joven que llora en la esquina el desplante del novio, la blasfemia al volante de quien se ve atrapado en una doble fila y saca a relucir su portafolio de insultos o la impotencia de quien tiene en sus manos un décimo de lotería que no fue “el gordo” por un simple dígito. Al mismo tiempo distrae la tarde con los árboles de la plaza, se conmueve con la libertad absoluta de la ardilla saltando de rama en rama; ya imagina la primavera con sus pinceles coloreando la naturaleza, los trinos de  los pájaros invadiéndolo todo, los campos reverdeciendo como en cada abril, las montañas y los valles cobrando nueva vida y anidando nuevos brotes.
La calle que nos engulle, que nos roba horas vitales, es la misma que amamos, la misma que codifica su academia de publicistas anónimos, neones intermitentes; la que nos enseña los troncos desnudos, y los paseantes atiborrados de pieles, algodones y lanas. La calle nos enseña sus orillas, nos vuelve islas en continentes densamente poblados por las huellas y las voces de quienes miden distancias entre el horizonte y los ojos cegados por el sol; pero cada calle tiene su propia naturaleza, es una costa distinta a la que arribamos con diferentes naves, un viaje de ida y vuelta como las olas rompiendo en el acantilado, lamiendo la arena de la playa para borrar nuestras huellas una y otra vez. Es la calle y el agua lo que nos une o nos separa; la piedra por la que caminamos o la que nos cierra el paso tras los cristales; el río nos aproxima y nos aísla, norte y sur, de una a otra orilla en donde podemos tropezarnos con la divinidad, con la urbe milenaria que los romanos bautizaron con agua del mismo manantial hirviente que hoy disfrutamos, por eso la llamaron Aquae Aurensis. 

 

Publicado
Modificado el
Leído 284 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 Capítulo 4 5 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

La ciudad desde el Mirador do Miño

   

Capítulos de este diario