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Oporto
Escribe: firefly
Tal vez sea ese aire de decadencia que la envuelve o quizá la vida que se respira en cada rincón lo que hacen de la ciudad de Oporto un lugar inolvidable, un lugar en el que cada esquina guarda una historia por descubrir...
Segundo día en Oporto
Oporto, Portugal — viernes, 2 de abril de 2010
Escogimos como punto de partida la Praça da Liberdade, la plaza más importante de Oporto donde se encuentra el Ayuntamiento. Está ubicada en el centro de la ciudad y podemos decir que es el nexo de unión entre el Oporto antiguo y el moderno.
En el centro de la plaza destaca la estatua ecuestre del rey Pedro IV, rodeada de edificios modernistas de principios del siglo XX, entre los que se encuentran varios bancos, restaurantes y terrazas. Todo ello desde el Ayuntamiento que se encuentra al fondo, constituye la Avenida dos Aliados, cuya parte central se encuentra totalmente empedrada de granito como es característico en Oporto.
Cuando ya nos íbamos nos sorprendió la imagen de un tranvía cruzando la avenida, parecía que nos habíamos desplazado a otra época...
Bajando por la Av. da Liberdade y girando a la izquierda nos encaminamos hacia la Estaçao de S. Bento en la praça de Almeida Garrett, una verdadera joya que bien merece una visita aunque no se vaya a viajar en tren.
La estación fue construida sobre los restos del antiguo convento de San Bento del Ave María y conserva ese aire melancólico y antiguo que caracteriza a la ciudad de Oporto. Aparentemente parece tratarse de un edificio señorial más del centro, pero el verdadero tesoro se encuentra en su interior; un hall decorado con los tan típicos azulejos blancos y azules que más adelante veremos impregnados por toda la ciudad. Sin embargo, lo que lo hace realmente especial es la composición de los azulejos ya que reflejan varias escenas de la historia de Portugal. Sin lugar a dudas se trata de una gran joya tanto artística como histórica que no podíamos dejar de admirar en nuestra visita a Oporto.
A continuación nos encaminamos hacia la Igreja dos Clérigos con su torre; la más alta de Portugal y según cuentan, uno de los símbolos de Oporto. Se llama "dos clérigos" por haber sido construida por la Hermandad de los Clérigos, cuyo principal objetivo era el de ayudar al clero pobre.
Creo recordar que las visitas eran hasta las 12 ó las 13 de la tarde y como andábamos con el tiempo bastante justo, nos quedamos sin poder hacer la visita ese día sólo por unos minutos. Entonces decidimos volver al día siguiente por la mañana más temprano y mientras continuar el paseo por la parte posterior de la iglesia.
Atravesando la plaza en la que se encuentra la torre y bordeando un parque muy bucólico, creo que se trata del Jardim do Cordoaria (el clima en ese momento también contribuía a crear ese ambiente nostálgico con nubes negras y pequeños chaparrones espontáneos), llegamos a la rúa do Carmo, siguiente parada para poder admirar la Igreja do Carmo, en la Praça Gomes Teixeira. Lo realmente característico y espectacular de ésta iglesia no es su fachada principal sino la lateral, ya que está revestida con un cuadro de azulejos azules y blancos que relatan alguna escena al igual que en el caso de la Estaçao de S. Bento. Justo a la izquierda de la Igreja do Carmo, unida a ella se encuentra la Igreja dos Carmelitas. La verdad es que no nos dio por entrar y verlas por dentro, supongo que nos conformamos con admirarlas desde fuera y hacer unas cuantas fotos...
Siguiendo por la rúa das Carmelitas, a la altura del número 144, llegamos a la Libreía Lello e Irmao. Ésta fue nuestra siguiente parada. Realmente dimos con el sitio no siguiendo el número de la calle sino siguiendo a la cantidad de gente que fuera del edificio había reunida bien sacando fotos o bien esperando para entrar.
Lo sorprendente de todo es que no se trata de un museo ni nada parecido sino que es una librería como cualquier otra donde puedes comprar libros. Lo que le hace verdaderamente única es su extraordinaria belleza, de hecho está considerada la librería más bella de Europa y de he decir que está totalmente justificado. Dicen que incluso ha sido utilizada en el rodaje de algunas películas de Harry Potter.
Ya la fachada principal neogótica llama la atención por su belleza pero es sin duda en el interior donde la multitud de detalles antiguos que contiene consigue crear un ambiente de paz y fantasía capaz de transportarnos cien años atrás mientras nos perdemos por sus rincones.
En su interior encontramos grandes estanterías de madera repletas de libros que llegan hasta el techo y una preciosa escalera de madera labrada justo en el centro que comunica la planta baja con el piso superior. En el techo, una enorme vidriera de colores permite el paso de luz natural dándole a la estancia un aire mágico.
La pena es que no se puede merodear por ella tranquilamente ya que se encuentra siempre llena de turistas como nosotros que se acercan a conocerla y a sacarse unas fotos en la maravillosa escalinata. Nosotros no íbamos a ser menos y también quisimos plasmar la belleza de ésta librería en algunas fotos. Ya saliendo me decidí a comprar un libro-guía de Oporto de recuerdo. He de decir que más adelante encontré el mismo libro en muchas de las tiendecitas turística de la Ribeira cuatro € más barato; supongo que es normal que saquen algo de beneficio extra aunque sólo sea por el carácter de museo que los turistas le conferimos a la librería.
Ya saliendo de la librería el día volvía a estar medio oscuro amenazando una vez más con llover, así que decidimos dar marcha atrás hasta la rúa do Carmo porque era el momento ideal para experimentar la sensación de recorrer las calles de Oporto en tranvía, aunque hoy en día, más que un medio de transporte podemos decir que es un atractivo turístico más, eso si con gran encanto.
Al llegar a la parada lo primero que hicimos fue sacar montones de fotos porque la verdad es que es algo que no estamos acostumbrados a ver y que nos transporta con nostalgia a tiempos pasados. Supongo que esto se debe a que los tranvías de Oporto son los mismos que se utilizaron en su día cuando se inauguraron las primeras líneas de tranvía alrededor de 1895, de ahí su aire antiguo. Cuentan que estuvieron fuera de circulación durante 30 años y volvieron a prestar sus servicios a los ciudadanos en 2007.
Actualmente sólo 3 líneas de tranvía circulan por la ciudad. Nosotros cogimos la línea 22, que va desde Carmo hasta la Praça da Batalha. Es impresionante la sensación de ir en uno de éstos carros eléctricos tan antiguos tanto por dentro como por fuera...una experiencia que no se debe dejar pasar cuando visitas Oporto.
El viaje fue muy cortito; apenas 10 ó 15 minutos y ya estábamos en la Praça da Batalha.
Una vez allí nos quedamos maravillados con la imagen que teníamos ante nosotros: la Igreja de St. Ildefonso. Está al final de una escalinata que sale de la misma Praça de Batalha. Se trata de una iglesia construida sobre las ruinas de un templo anterior que se remonta a la época medieval. Las paredes exteriores, al menos las frontales (de las otras la verdad no nos dimos cuenta), están cubiertas de azulejo azul y blanco, como muchos de los templos de la ciudad, y retratan escenas de la vida de San Ildefonso. Curiosamente tenía una cruz de madera clavada al suelo justo delante de la puerta principal que me llamó bastante la atención porque no he llegado a adivinar con qué intención se colocó ahí delante. Probablemente tenga algo que ver el hecho de que fuera Semana Santa...no lo se...
Para ser sinceros a mi fue una de las que más me gustaron junto con la capilla de las Almas que visitamos por la tarde. Le encontré algo especial que me cautivó especialmente.
Ya era la hora de comer y después de una mañana tan productiva en visitas decidimos hacer un alto y para ello elegimos la zona de la Ribeira que está plagada de restaurantes.
Como estábamos en la parte alta de la ciudad y la Ribeira se encuentra en la parte baixa decidimos retroceder unos escasos pasos hasta donde poco antes nos había dejado el tranvía proveniente de Carmo. Allí al lado de la parada estaba el acceso al Funicular dos Guindais, que une la zona de Batalha y la Ribeira en apenas 2 minutos.
Se trata de una manera menos convencional de moverse entre los dos niveles de la ciudad, ofreciéndonos una manera cómoda y rápida de llegar a la zona más baja de la ciudad obsequiándonos una vista única sobre el río Douro, la muralla medieval, el Puente de Luis I y la gran cantidad de bodegas que llenan de encanto la otra orilla del río. Sin lugar a dudas uno de los paseos que uno no se debe perder en Oporto. El paseo termina a los pies del Puente de Luis I, en la Avenida de Gustavo Eiffel en pleno Barrio de la Ribeira.
Después de pasar por delante de varios restaurantes en la Ribeira y comprobar que estaba todo completamente lleno, especialmente en las terrazas que era donde nos queríamos sentar a comer, finalmente nos metimos en el primer sitio que tenía hueco, eso sí tuvo que ser dentro del restaurante, cosa que al final agradecimos porque mientras comíamos se puso a llover torrencialmente. El sitio se llamaba "Peza Arroz Ribeira", en la zona más turística delante del río Douro. El comedor estaba en el piso de arriba pero estaba un poco oscuro y la verdad es que el espacio era bastante reducido. No obstante no comimos mal aunque tampoco especialmente bien, digamos que la relación calidad precio fue bastante justa.
Terminamos de comer bastante tarde, sin embargo, no era lo suficientemente tarde como para irnos al hotel así que decidimos dar una vueltecilla más antes de ir a descansar un poquito.
Primero estuvimos recorriendo las tiendecitas de souvenirs de la Ribeira en busca de algún recuerdo de Oporto, ya que es en esta zona donde puedes encontrar todos los souvenirs que quieras al mejor precio. Después de las compras nos planteamos volver a la zona alta de Oporto a dar una vuelta por Rúa Santa Catarina, la zona comercial más importante de Oporto. Ésta vez decidimos subir caminando por una escalinata que encontramos al lado del funicular en el que habíamos bajado antes de comer. Teníamos que hacer el mismo recorrido que habíamos hecho en el funicular pero cuesta arriba y andando!!!!!! La verdad es que no se tarda mucho, apenas 15 minutos debimos tardar pero eso sí, con la lengua fuera!!!! Menudas cuestas!!!!!
Bueno pues ya estábamos otra vez en la Praça da Batalha porque es ahí donde empieza la rúa Santa Catarina, una gran calle peatonal plagada de tiendas y vendedores de calle; está considerada la principal arteria comercial de la ciudad. Empezamos a caminar y al poco nos encontramos a la derecha con el Café Majestic, en otra época conocido como Café Élite, un elegante café de los años 20 que llegó a convertirse en el lugar de reunión de personajes ilustres de la época como escritores, políticos y artistas. En 1983 fue declarado patrimonio cultural después de más de 15 años de abandono para ser reabierto finalmente en 1994.
Hicimos unas cuantas fotos a la impresionante fachada principal con su preciosa terraza adoquinada, solamente comparable al Café A Brasileira en Lisboa, y decidimos dejar la visita para el día siguiente teniendo en cuenta que acabábamos de comer tanto que no nos entraba ni un café.
Siguiendo por rúa Santa Catarina haciendo esquina nos encontramos con la iglesia más bonita que yo había visto en mi vida, se trata de la Capela das Almas, cuya principal característica es su total revestimiento exterior de azulejo blanco y azul. Dicen que cuenta con unos 15.947 azulejos que cubren cerca de 360 m2 de pared representando pasajes de la vida de San Francisco de Asís y de Sta. Catarina. Toda una maravilla digna de ver.
Muy cerquita de ahí se encuentra el Mercado do Bolhao que sería nuestra próxima parada. Decidimos acercarnos ahi porque en todas las guías y páginas de internet que visité antes del viaje aparece como uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, pero cuál fue nuestra sorpresa al llegar y encontrarnos con un edificio que por dentro alberga un mercado tradicional donde se vende carne, pescado, fruta, verdura, flores... con un aspecto de dejadez absoluta que literalmente se cae a trozos. Dicen que en el interior de éste inmenso edificio se conserva toda la esencia de la ciudad de Oporto pero sinceramente nosotros no le vimos ningún encanto a un lugar sucio y maloliente que lejos de envolvernos con su ambiente nostálgico nos invitaba a salir corriendo lo antes posible. Lo que está claro es que para juzgar las cosas primero hay que conocerlas por eso animaría a cualquiera que viajase a Oporto a visitarlo, quién sabe si desde otra perspectiva las cosas no parecen diferentes...
A estas horas y después de todo el día visitando la ciudad nuestro cuerpo ya nos pedía un descanso, más que nada porque teníamos pensado salir un rato por la noche...así que volvimos a la zona de la Avenida dos Aliados a recoger el coche que teníamos en un parking cercano para regresar al hotel.
Bajando de la zona alta de la cuidad hacia la baixa, decidimos cruzar a Vila Nova de Gaia por el puente de la Arrabida que estaba al lado de nuestro hotel por lo que seguimos en coche por Cais da Ribeira.
Bordeando la orilla izquierda del Douro pasamos por donde parecía ser una de las zonas más caras de la ciudad a juzgar por las casas que encontramos hasta llegar a "Foz Douro", un lugar privilegiado en el que el río Duero se junta con el Océano Atlántico. El paseo termina con un fuerte con un castillo pequeñito conocido como "El Castillo del Queso" y un paseo marítimo al rodear el fuerte que nos devuelve a la carretera que conduce a la Ribeira de Oporto. Allí nos bajamos, tomamos unas cuantas fotos de espaldas al mar y nos fuimos corriendo del frío que hacía.
Después de descansar un par de horas en el hotel (menuda siesta nos echamos...), nos pegamos una ducha, nos cambiamos y salimos dispuestos a disfrutar de una buena cena acompañada de un buen espectáculo de Fado.
El lugar elegido para deleitarnos tanto el paladar como los oídos fue "O Fado", un restaurante situado en plena baixa de la ciudad. El ambiente, la decoración y la comida son típica y tradicionalmente portugueses.
Normalmente en este tipo de restaurantes tienes que reservar previamente mesa pero en nuestro caso tuvimos bastante suerte porque el señor que nos atendió nos dijo que habían cancelado una mesa a última hora por lo que quedaba a nuestra disposición. Así, nos hizo pasar a la sala que hacía las veces de restaurante y escenario.
Dentro de su carta encontramos una amplia variedad tanto de carne como de pescado pero más extensa aún era su carta de vinos como es lógico estando donde estábamos.
Cuando estábamos a mitad de la cena apagaron las luces y encendieron unas velas que creaban un ambiente muy íntimo y aogedor; comenzaba el espectáculo. La verdad es que estuvo bastante bien; fueron tres actuaciones en total de tres personas diferentes separadas entre sí por pequeños descansos en los que continuábamos con la cena, el camarero recogía los platos, nos traía otros,...porque mientras duraban las actuaciones todo se paraba; había un silencio y un respeto tan absoluto por la persona que cantaba que el ambiente que se creaba era realmente mágico, una maravilla que recomiendo a todo aquel que tenga la oportunidad de visitar Oporto.
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Últimos comentarios
Elvireta dice:
Estoy deseando fotografiar esos tranvías de Portugal tan famosos. Me gusta la expresión "aire melancólico y tranquilo" dicho a una ciudad.
Me apunto: visitar alguna vez la librería y el café Majestic, en Oporto Lo del mercado lo comprobaría yo misma. A mi me encantan los mercados, no sé si conoces el de La Boquería de Barcelona o el de Rialto de Venecia.Tienen mucho encanto y color.
Al fado también me apunto, sobretodo por Joseph.
Terminé, paso a ver fotos.
Publicado
firefly dice:
El de la Boquería si, precioso y Venecia lo tengo pendiente, debe ser precioso!!
De todas formas este diario no está terminado, estoy con él ahora; aún me quedan un par de días más por contaros, a ver si lo acabo prontito y así lo completo
Publicado
Tafuri dice:
Sigue rebueno, te felicirto...
Publicado
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Capítulos de este diario
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1
Por fin llegamos a Oporto
-
2
Segundo día en Oporto
-
3
Tercer día...
-
4
Último día en Oporto
En Oporto...
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