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Perú (Agosto/Septiembre 2011)

Escribe: danielhr
Ciudades coloniales, culturas milenarias, las inigualables ruinas de Machu Pichu y el misterioso pueblo inca, dunas inmensas, islas a rebosar de fauna, cataratas espectaculares, líneas misteriosas. Un país lleno de contrastes que tendría el placer de visitar durante tres inolvidables semanas.

 

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Regresando del Valle Sagrado

Ollantaytambo, Perú — lunes, 29 de agosto de 2011

A las 08.30 partía en el tren de Inca Rail hacia Ollantaytambo. Estaría formado por un único vagón. Curioso, pero tampoco me extrañaría mucho después de ver que tan sólo éramos una familia argentina de seis miembros y yo.
Con un retraso de quince minutos nos plantaríamos en la estación de Ollantaytambo, dándonos así las 10.15.
Como llegaba con el pedazo petate más la mochila pequeña, decidí aceptar el ofrecimiento de un señor, que desde su furgoneta me propuso acercarme hasta la entrada de las ruinas por un sol.

Ya en las taquillas, mostré mi boleto turístico para no tener que volver a soltar la pasta y le pedí al chico que me lo picó, que si le importaba guardarme el mochilón, a lo que accedió sin problema.
Sería por estos lugares donde los españoles perdimos una de las pocas batallas en tiempos de los incas y a manos de estos. La visita me pareció interesante. Mientras vas subiendo por los bancales hasta el templo sagrado y la pequeña ciudad, puedes contemplar unas preciosas vistas de todo el pueblo, primero, y del valle que después se adentra hasta Machu Pichu, un poco después.

Tras dos horas y pico de ir entretenido haciendo de auto guía con la información que había sacado de internet, saldría de las ruinas y me iría a dar una vuelta por el pueblo, hasta que sobre la una, recogería la mochila y tomaría el colectivo que sale de al lado del mercado con dirección a Urubamba (1,30 soles). En esta estación, sólo tuve que andar unos pasos y sacar, sin salir de ella, el billete que me llevaría hasta el llamado cruce de Maras (2 soles) de camino a Cuzco. Como había unas señoras que también se bajaban allí, no tuve el mayor problema. Si no basta con decirle al chico encargado de los billetes que te avise y andar un poco recordándoselo, para que no se le olvide. Ya que si no te puede pasar lo que a unas alemanas a la ida y menudo cabreo se pillaron.

En este cruce había unos cuatro o cinco taxis, así que, como no, en cuanto bajé del bus, rápidamente me abordaron varios taxistas. Después de un rato largo negociando, uno de ellos me dejaría por 40 soles el llevarme a los bancales de Moray (13kms), esperarme cuarenta minutos, luego acercarme a las salineras de Maras (unos 10 kms y 5 soles), esperarme treinta minutos y retornarme al cruce.

Estas dos cosas me gustaron un montón ya que se salían un poco de lo que llevaba visto hasta ahora.
A eso de las 16.40, me encontraba de nuevo en el cruce, esperando el colectivo (3,50 soles) para que me llevara hasta Cuzco. Por fin, tras veinte minutos esperando, llegaría y tras una hora y pico de ruta me dejaría, de nuevo, en la ciudad. El bus te deja en la avenida Grau y aunque está un poco lejos del centro, me apetecía andar a pesar del mochilón, por lo que eso fue lo que hice.

Ya en el hotel Antanawasi (el mismo de la otra vez,38 dólares), la chica de recepción, Beatriz, tan encantadora como siempre, me estuvo preguntando que tal me lo había pasado y allí estuvimos charlando un ratillo. Me devolvería el móvil en un sobre cerrado y menos mal que se me ocurrió decirla que sobre qué hora sería bueno coger un taxi para el aeropuerto al día siguiente. Me dijo que como es que no había hecho el check in todavía, que allí hay un montón de cambios y que la gente no pierde el tiempo a la hora de reservar su sitio. Así que muy maja, sacaría mis billetes en el momento y menos mal porque lo habían adelantado una hora y sólo quedaban cinco plazas. ¡Fiuuu!
Para acabar la jornada, saldría a tomarme una empanada de carne en un local que me llamó la atención, pero que ni me acuerdo de su nombre. Esta la acompañaría con dos pedazo copazos de jugo de naranja y fresa natural. ¡Estaban de muerte! (16 soles, todo)

Tips:

Si vas hasta arriba con mochila y demás y no te alojas aquí, puedes pedir en la taquilla de las ruinas de Ollantaytambo que te hagan el favor de guardarte las cosas, tienen un cuarto con candado, justo detrás, que es bastante seguro.

Tiene que ver con: Seguridad
En Ollantaytambo, Perú


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Río Urubamba en el camino a Ollantaytambo

   

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