Diarios de viaje > Perú, América del Sur
Perú 2006; Mucho más que un viaje.
Escribe: Pastor82
Ya han pasado dos años desde que regresé de Perú y lejos de cansarme, cada vez que repaso las fotos del viaje se vuelve más mágico. Perú fue sin duda mucho más que un viaje.
Caminando hacia Machu Picchu (1ª parte)
Ollantaytambo, Perú — sábado, 4 de noviembre de 2006
La forma más rápida es en bus desde Cusco hasta Ollantaytambo y de ahí en tren hasta Aguascalientes. De ahí se sube en bus a la puerta del yacimiento por una carretera en zigzag.
La otra opción es realizando el Camino del Inca. Se viaja en bus desde Cusco hasta el km. 82 (Piskacucho), que es el comienzo del Camino. El camino son 40 kms aprox. que se realizan en 4 jornadas (3 noches), terminando el 4º día por la mañana en Machu Picchu.
El Camino del Inca es algo más que una simple actividad de senderismo. Es una experiencia espiritual donde te encuentras contigo mismo, un reto personal que posee el aliciente de ir acompañado de una cuenca visual espectacular, tanto por el paisaje como por los yacimientos incas, donde uno sociabiliza con el resto de caminantes y porteadores, conoce una cultura mística y abre su mente a otra forma de ver el mundo.
La falta de aire por la altura (entre 2500 y 4400 m) agudiza el cansancio del caminante, que se nota sobre todo el segundo día, que es el más duro.La mayor parte del camino es una angosta carretera de adoquines de piedra, parte de la extraordinaria red que debió cubrir todo el Imperio Inca, por donde circulaban los chasquis (mensajeros que iban corriendo y se relevaban cada ciertos kms) para tener informado al Inca. A principios del s. XX fue descubierto, junto a Machu Picchu, este camino que la selva había enterrado durante siglos, en su intento desesperado de borrar todo recuerdo del glorioso pasado de este pueblo.
Primer día
Era sábado. Estábamos agotados de la jornada de rafting en el río Urubamba- Vilcanota y para colmo, el bus pasaba a las 5 por nosotros. El viaje de 4 horas a Ollantaytambo nos sirvió para conocer a Huber, nuestro guía, ex estudiante de turismo de la Universidad de Cusco.
Regresábamos a la plaza que ya habíamos visitado dos días antes, durante la excursión al Valle Sagrado. Allí almorzamos algo y proseguimos en otro bus hasta el km. 82 (Piskakucho).
Ya a las puertas del Camino, Huber nos presentó al resto del grupo: dos australianos, David y Sam y dos austríacos, David II y el otro al que Carlos bautizaría con el nombre de “Gigante sin corazón” por su gran envergadura. Pasamos por el puesto de control, donde se registran cada una de las 500 personas que tienen permitido iniciar el Camino cada día, y ahí te sellan en el pasaporte un cuño de Machu Picchu. Nada más empezar se cruza un puente de madera que salva un nervioso riachuelo. Carlos y yo nos metimos en la boca un puñado de hojas de coca para evitar la fatiga y empezamos a caminar.
El primer día no es muy duro. El primer tramo finalizaba en un puesto donde vendían refrescos y se podía descansar. En 20 minutos reiniciamos la marcha. La primera gran subida me pareció una tortura, debido a mi condición de asmático y la falta de aire. Huber nos dijo que eso no era nada comparado con las subidas del día siguiente. La subida terminaba en una explanada desde la que se ve el primer yacimiento: Llactapata era una ciudad en ruinas construida al pie de una montaña, aprovechando la forma de ésta. Después de aquello, fuimos descendiendo un poco mientras la lluvia empezaba a avisar la temporada de lluvias, que pudimos sentir todos los días. Muy pronto llegaríamos a Hatunchaca: fue un puesto de control del Imperio Inca desde el cual se divisaba perfectamente Llactapata. Carlos y yo nos perdimos por las ruinas, que son más grandes de lo que uno puede imaginar al principio. Llovía un poco. Cuando el resto decidió seguir adelante, Carlos y yo aún nos habríamos quedado más tiempo, pero seguimos avanzando por una bajada que serpenteaba por el frondoso pasto. Lo que faltaba de camino a partir de ahí se convirtió en una odisea, no por las pendientes, que se hicieron mucho más suaves, si no por la lluvia.
Al llegar a Wayllabamba, el primer campamento, ya teníamos montada la tienda de campaña y teníamos preparada una merienda con té de coca y dulces. Sólo en ese momento y con aquella lluvia, pensamos en lo que hubiera sido sin la ayuda de los porteadores.
Segundo día
Wayllabamba nos despertó con la característica niebla tropical, prueba de la intensa lluvia caída durante toda la noche sobre nuestra tienda. Un porteador nos trajo una infusión de hojas de coca y salimos a desayunar con el resto del grupo, como siempre, los últimos. Wayllabamba era una aldea de casitas de adobe y algunos corrales con animales de granja.
El segundo día es el más duro. Una interminable subida de unas 6 horas hasta llegar al punto más alto del camino, Warmiwañuska (la mujer viuda), a unos 4400 m de altura.
El asma empezó a acusar la falta de oxígeno y pronto me quedé el último, fatigándome a cada paso, aunque a veces Huber se retrasaba y caminábamos juntos, y escuchaba apasionadamente las historias de los últimos incas de la zona durante la conquista y las revoluciones de Tupac Amaru. Otras veces era Carlos quien me esperaba sentado en algún escalón y andábamos juntos hasta que se volvía a adelantar. Pero la mayoría del tiempo anduve solo, deteniéndome a cada rato por la fatiga, pero aprovechando el mal para regocijarme contemplando el mágico paisaje, que parece sacado de un libro de J. R.R.Tolkien, y donde no podía evitar mezclar el presente con el pasado y contemplar a lo lejos los chasquis corriendo y los ejércitos de Atahualpa escondidos vigilando mis pasos.
Seguí caminando, a veces adelantando a algunos caminantes, a veces siendo adelantado por otros, viendo los riachuelos, cascadas y la frondosa vegetación. Llegué junto con Carlos al último punto donde se podían comprar víveres, y ahí descansaba la gente, que se preparaba para el último gran ascenso del día: una impresionante cuesta llevaba hasta la cima de Warmiwañuka. Costó, pero lo conseguimos, justo en el momento en que se puso a llover y ya no pararía hasta el próximo campamento, que sería todo bajada a partir de ahí. Bajamos progresivamente acompañados de Huber. Cada escalón que bajábamos las rodillas parecían salirse de las piernas. Además seguía sin parar de llover. El paisaje fue cambiando y se hizo más selvático.
Antes de llegar a Runkuraqay, el segundo campamento, nos hicimos amigos de unas holandesas con las que habíamos coincidido en algunos momentos del camino, aunque nuestro inglés patético nos impidió entablar una conversación coherente y sólo podíamos hacer preguntas primitivas. Antes de cenar hicimos unas fotos y finalmente nos acostamos en la misma tienda de la noche anterior.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
maratial dice:
Que buen relato, y sobre todo las fotos que son preciosas, ya que creo que solo vere en camino del inca por fotos!!! Un beso
Publicado
Physician99 dice:
Yo también hice camino inca, un sueño hecho realidad y del que no me arrepiento, es más, pienso regresar!! Y es cierto que el segundo día es el más trágico pero bien vale la pena. La belleza de los paisajes, la majestuosidad de las montañas, el oxígeno, que a pesar ser escaso se siente puro!!bien compensan el sacrificio, y el llegar a Warmiwañusca... qué emoción!!!
Publicado
ARTE-SANO dice:
wow... eso es ser guerrero... venga pastor...
Publicado
mochacharme dice:
Sin dudas las experiencia de realizar el "Camino Inca" debe ser formidable, compartir dias con otros caminantes, ayudarse, esperarse, acostumbrase al rtimo de los otros, acompañarse...encierra valores geniales esta travesia...quizà algùn dia la haga, nada se descarta...y realmente te felicito por la experiencia.
De todas formas hay otras rutas que unen Cusco con Machu pichu, rutas que por suerte no han sido monopolizadas...y resulta de veras econòmico transitarlas, aunque la razòn por la cual quizà elija yo estos caminos sea por el encuentro con lo inesperado y sobre todo para entrar en contacto con otro Cusco, esos pueblos de la ceja de selva, hechos a un lado por el sistema...hay otros caminos y es bueno que todo viajero lo sepa, para luego poder elegir hacer camino inca, o bien moverte por tu cuenta, sin tener que pagar ese tren....Genial todo tu relato!...emocionante!...un abrazos
Publicado
un viajero dice:
Hola amigo, precioso tu relato, y mas aún, una excelente guía, espero ir en Febrero a Lima y de ahí Machu Picchu, te molestaré en caso de necesitar info va?
Saludos y felicidades por tu relato!!!
Publicado
entropia2002 dice:
Que maravilla este camino. No envidio para nada el mío. Pero tu relato atrapa.
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
Lima; entre la garúa y el desierto
-
2
Cusco; pasado imperial
-
3
Valle Sagrado de los Incas
-
4
Caminando hacia Machu Picchu (1ª parte)
Ollantaytambo, Perú | 4 de noviembre de 2006
-
5
Caminando hacia Machu Picchu (2ª parte)
Machu Picchu, Perú | 7 de noviembre de 2006
-
6
Lago Titicaca: navegando por las nubes
En Ollantaytambo...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Caminando hacia Machu Picchu (1ª parte)” con tus amigos en Facebook?