Diarios de viaje > Estado de Pernambuco, América del Sur

Pernambuco, Brasil

Escribe: Masteryamani
Una semana en el estado del nordeste brasileño para rescatar algunas perlas que me debía. Pueblos coloniales, castillos, playas y ese sabor inconfundible con el que Brasil te impregna la mente y el corazón.

 

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Olinda

Olinda, Brasil — sábado, 7 de marzo de 2009

Luego de una semana en Amazonas nos fuimos hacia Recife, capital del estado de Pernambuco, en el nordeste brasileño. El viaje ya había sido concebido así. Yo soy un enamorado del mar, necesitaba verlo, escucharlo; al mar hay que saber escucharlo, nos habla de muchas cosas, de millones de años. Además el mar es Barragán.  

Como hacía tres años que no lo visitaba y me debía desde hacía muchos más conocer Olinda, aterrizamos en el aeropuerto de Guararapes luego de un vuelo lechero que hacía Manaos – Salvador con escalas en Belem, Fortaleza y Recife. El factor fundamental de este vuelo había sido también la distancia, teniendo en cuenta que en tramos largos hacer un triangular cuesta casi el mismo dinero que el primer destino ida y vuelta. 

Nos alojamos en el Recife Nacional Inn, un hotelazo de primera que María había reservado por teléfono desde Manaos con su excelente portugués via la tarjeta telefónica con los prefijos del averno. Costaba 150 reales la doble lo cual nos pareció económico para la categoría del hotel y estuvimos dos noches disfrutando un poco de confort luego de aquella salvaje estadía. Había un solo inconveniente: los taxistas no lo conocían y nos llevaban al Holiday Inn lo cual en un momento me había alterado en demasía (hasta llegué a pensar que me tomaban el pelo) y con una tarjeta del hotel en mano y un mapa de la ciudad de Recife antes de subir a alguno le daba al chofer una clase magistral de la ubicación del hotel. Cosas que me pasan nada más que a mí, seguro. Karma! 

A la mañana siguiente nos fuimos en autobús hasta Olinda, distante a 7 km del centro de Recife pero como nosotros estábamos en el barrio Boa Viagem nos quedaba a 15 km. 

Olinda es la segunda ciudad más antigua de Brasil; se encuentra en lo alto de un morro y es hermosísima, con sus calles de piedras, sus añosas iglesias y casas de todos colores. Su impactante fachada colonial me hacía recordar a Paraty. En la cima, donde se encuentra la Catedral da Sé, hay una pequeña plazoleta de artesanías, restaurantes y galerías de arte. La verdad que era muy bonito todo.  

Olinda es un lugar para recorrerlo estrictamente a pie y así deleitarse con su pasado, con ese escenario donde antaño holandeses y portugueses libraron tantas batallas. Desde lo alto siempre se ve el mar azul de fondo y su colorido y verdor hace que te sientas en un lugar único, en otra época ya que el mundo moderno no la ha invadido. Apenas uno llega a esta ciudad, en la casilla de informaciones puede obtener un mapita en donde te indica muy detalladamente cómo realizar el circuito a pie con todas sus iglesias y atracciones principales. 

El jueves 12 de marzo pasado cumplió 474 años desde su fundación en 1535 y es así que estaba muy colorida, llena de banderas y guirnaldas, despertando a los gigantes muñecos del carnaval para otra fiesta sin igual en conmemoración de tanta belleza e historia.

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Últimos comentarios

maratial dice:
Pero que envidia, quiero llegarme hasta alli!!!! Un beso
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Meskal dice:
Olinda! Otra ciudad Brasilera que me llama mucho la atencion. Felicidades una vez mas.
Publicado

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