Es la más populosa y visitada de las islas, además de albergar Honolulu, la capital. Aunque el emplazamiento no es especialmente interesante comparado con otros puntos de las islas, la mayor parte del turismo se concentra aquí por acceder a los servicios que proporciona la ciudad y a su curioso ambiente festivo. La capital es el punto de entrada y salida del archipiélago, un lugar muy concurrido que tiene poco de tranquilo y paradisíaco, siendo más una mezcla entre Miami y Tokio.
No obstante, al norte de la ciudad se alzan bellos bosques tropicales por donde pasear, y en la costa está la famosa playa de Waikiki, llena de hoteles, restaurantes, tiendas, locales nocturnos y visitantes. Si bien es una visita obligada, existen otras playas donde pasar mejores ratos. Sunset Beach y Makaha son punto de reunión de surfistas y las aguas turquesa de Hanauma Bay, de origen volcánico, son perfectas para bucear. La mayor atracción de la isla es la base militar de Pearl Harbor, donde conocer más sobre el famoso ataque japonés de 1941.
Lo primero que sorprende al llegar a Honolulú es la belleza del Pacífico, de un azul cristalino que permite ver perfectamente desde el avión los arrecifes de coral en torno de la isla. Luego, el recibimiento con leis , estos collares de flores que son el distintivo de Hawai, y que representan el sentimiento de bienvenida al lugar.
La famosa playa de Waikiki es amplia, muy limpia y sin vendedores de piñas ni gafas para el sol. Podrá sacar provecho de ella rodeado de la mayor tranquilidad.
En invierno las olas, en ciertos lugares de la isla, alcanzan seis y más metros de altura, como para los aficionados al deporte.
Pero en Honolulú no todo es mar. La geografía es muy variada y en las afueras de la ciudad se pueden encontrar extensiones de selva tropical y zonas montañosas, como en Nuuanu Pali, el Mirador del Acantilado, en el norte de la isla, donde sopla un fuerte viento frío que pareciera querer tumbar los árboles del lugar. Desde allí, a unos pocos kilómetros, se puede observar también el Pacífico.
No se puede dejar Oahu sin visitar el Centro Cultural Polinésico donde, además de pasar un día increíblemente entretenido, es posible conocer en vivo aspectos de las islas de la Polinesia: Fiji, Hawai, Nueva Zelanda, Las Marquesas, Samoa, Tahití y Tonga.
Es un gigantesco parque cultural donde, luego de ver una película que muestra el origen de estos pueblos, se realizan shows muy divertidos acerca de sus culturas, en una aldea que simboliza cada isla y, adicionalmente, se enseña a bailar los ritmos y danzas isleños.
Aprenderá que el hula no es sólo mover las caderas provocadoramente, sino que cada gesto de las manos y del cuerpo tiene significado dentro de una narración mímica.
En la tarde, incluido en el precio de la entrada, será invitado a un luau , es decir, una gran comida colectiva de platos típicos (la comida hawaiana comprende una variedad de platos de diferentes partes de Oriente, con mucho pollo, pescado, cerdo y salsa de piña), en la cual disfrutará de más música y más hula.
Y al caer la noche, podrá ver un espectáculo de música y danza polinesias todavía más sorprendente, en el auditorio para 5000 personas.