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Nuquí (Colombia) donde la selva y el mar son uno solo.
Escribe: SebasCol
Al empezar este relato debo aclarar un par de cosas:
1. Es mi primero diario de viajes así que intentaré hacerlo lo mejor posible, pero seguramente no tenga toda esa “magia” que el ponen muchos al escribir sus historias.
2. Este viaje lo hice hace un par de años, pero sin duda puedo decir que si no fue el que mas me marcó, seguramente si es uno de los que siempre estará dando vueltas en mi cabeza.
Nuquí (Colombia) donde la selva y el mar son uno solo.
Nuquí, Colombia — viernes, 3 de diciembre de 2010
Cuando yo fuí a este lugar lo hice primero por invitación de unos allegados y segundo justamente para poder ver las ballenas que habían llegado y se encontraban por esta zona.
Dudo mucho que se pueda llegar a Nuquí por tierra, así que lo mas recomendable es viajar desde cualquier ciudad del país en avión (avionetas, ya que el aeropuerto es muy pequeño). Yo lo hice desde la ciudad de Medellín.
Para ser sincero cuando salí para este lugar no sabía bien con que me iba a encontrar (obviamente esperaba ver ballenas, pero tampoco me las imaginaba). Lo que si recuerdo y me causo gracia fue que en las cosas que me recomendaban para llevar, mencionaban en repetidas oportunidades un pantalón largo para después de las 5 de la tarde y varios spray contra mosquitos.
El viaje dura mas o menos 45 minutos (esto desde la ciudad que lo realicé, hay que tener en cuenta que este trayecto era directo, en varias oportunidades hacen escala en Quibdó, la capital del departamento del Chocó).
Cuando llevás mas o menos 20 ó 25 minutos de viaje hacía el occidente colombiano no parás de ver verde y mas verde, selva por aquí y selva por allá, es increíble, lo único que no es selva es el famoso río Atrato, y cuando la monotonía de ese verde increíble te empieza a absorber, encontrás allá al fondo una franjita azul, y así es como de repente pasás la selva y tenés el mar, no hay nada que los separe. Obviamente el aterrizaje es una sola pirueta, donde lo primero que uno piensa es que va a quedar clavado en el océano pacífico.
Cuando bajás del avión lo primero que vez es la famosa pista, ahí entendí por que hay que llegar casi hasta el nivel del mar para poder aterrizar.
Bajás y esperás unos segundos y es ahí cuando empezás a entender a donde llegaste, para mi era extraño ya que me dijeron de ir a ver “ballenas”, pero nadie me había dicho que iba a estar entre la selva y el mar y viendo lo que hasta en ese momento me parecía mentiras. La “torre” de control era diminuta y en la planta baja separado con una reja alcanzabas a ver niños indígenas Emberás mirando a los turistas que llegábamos y que estábamos atónitos ante tantas cosas juntas. De un momento a otro empiezo a ver que mi mochila y la de la gente no iban en unos carritos típicos de aeropuerto, acá las llevaba unos afrocolombianos en carretillas de construcción, ¿A dónde las llevaban?, después me enteraría.
Debo aclarar antes de continuar mi relato que la zona del pacífico colombiano está compuesta por un muy alto porcentaje de personas afrocolombianas, alrededor del 75% son afro y el 30% restante estará entre mestizos, blancos, mulatos e indígenas (estos serían algo así como el 20% de la población del departamento). La etnia que predomina es la Emberá, etnia que se encuentra en Colombia y Panamá (recordemos que estos dos países un tiempo atrás fueron parte de la misma nación).
Salí del Aeropuerto y vi que el casco urbano del municipio de Nuquí es diminuto, pero tampoco tiene para donde crecer, está clavado entre la selva y el mar, pero culturalmente es enorme y muy rico. La zona aledaña a aeropuerto está llena de artesanías en Tagua, madera y semillas, todas realizadas en su mayoría por los indígenas.
Cuando pregunté por mi mochila me señalaron una muy pequeña embarcación de madera (canoa), que cuando nos subimos todos estábamos casi al nivel del mar, no se como no se nos entraba el agua. Allí empezaría el recorrido, saliendo del río que bordea el casco urbano y que nos conduciría al océano pacífico.
Cuando el río y el mar se juntan no hice mas que pensar “hasta acá llegué”, este océano de “pacifico” no tiene nada y creo que el nombre fue muy mal asignado Jaja.
Después de varios minutos de estar estresado en el mar pensando en las olas que chocaban contra la frágil embarcación, allá a lo lejos vi un chorro de agua, pregunté que era y uno de los afrocolombianos que manejaba la embarcación me dice como una respuesta muy obvia “y… son las ballenas”. Ahí sentí que había cumplido mi viaje, aun no las vi, pero ver el agua que expulsaban ya para mí había valido la pena.
Cuando llegamos al eco-hotel que eran unas cabañas (bohíos) entre el mar y la selva (como todo allí) y entendí por que las camisetas de manga larga y los pantalones para después de las 5 de la tarde. Debo aclarar acá que el pacifico colombiano es una de las zonas del mundo mas húmedas y donde mas llueve. Obviamente hay que dormir muy tapado.
Yo al no tener licencia de buceo generalmente salía a explorar la selva, veía toda una gama de colores y olores, plantas de todos los tamaños, animales que jamás había visto y de las flores ni hablar. Una de las cosas que mas me impactó es que un día nos cruzamos en una de estas caminatas por la selva, unas mujeres Emberás que estaban sin occidentalizar venían bajando de la montaña, completamente desnudas y con la cara pintada con hena de color rojo, no hablaban español y lo que mas me impactó es que una de ellas venía amamantando un mono de raza “tití”, si leyeron bien, amamantando. Cuando pregunté al guía me dijo que esto era completamente normal.
Al regresar al eco-hotel los que buceaban comentaban que aun no veían las ballenas pero escuchaban sus sonidos y sus cantos, nosotros comentábamos de la experiencia de ver a los Emberá y de la cantidad de animales y plantas, de cómo vas caminando por la playa y tenés de un lado la selva y del otro el mar, no se puede creer, y cuando menos pensás tenés un riachuelo que baja de las montañas de la selva y desemboca al mar, pasa por la playa por donde vos mismo pasas, pero con un agua completamente cristalina.
Algunos de los recorridos que se pueden hacer allí son:
Para buceo lo más recomendable es ir a Parguera, Piedra Bonita, El Chuzudo o Piedra de Fidel.
Si te gusta el surf podés hacerlo en Playa Terquito, Río Termales, Pico de Loco, Pela Pela y El Chorro (si no estoy mal son estas últimas tres son “World Class”
También hay baños termales, cascadas como las de Río Terco, bahías cercanas como las de Tribugá, playas increíbles completamente vírgenes como las de Coquí y Panguí y se puede describir mas naturaleza viajando en canoas por los ríos Coquí y Joví (este último se los recomiendo, son ríos muy tranquilos y hermosos, mucha fauna y vegetación, además los afrodescendientes de la zona te cuenta la historia de la montaña que siempre tiene una nube en su punta, donde se dice que habita el diablo, lugar al que los lugareños le tienen pánico).
Mi viaje consistió en conocer todos esos lugares (con excepción de el buceo ya que no lo practico).
El último día conformándome con los chorros de agua que expulsaban las ballenas y toda la naturaleza que vi, fuimos a las playas de Coquí y Panguí, después de un día genial en una playa invadida por ermitaños y pequeños caracoles volvíamos hacía nuestro eco-hotel, y en un momento uno de los afro que manejaba la lancha en el difícil océano pacifico dijo “miren a la derecha con cuidado”, obviamente nos volteamos de repente y casi le damos vuelta a la lancha, por suerte nos contuvimos. Ahí estaban, estábamos rodeados de ballenas, inmensas ballenas. En un momento empecé a ver una mancha negra enorme saliendo del agua y era un ballenato, era inmenso, pero lo extraño es que cuando este se asomó seguía la mancha enorme que venía hacia arriba, era su madre, le estaba jugando, lo empujaba hacia arriba y nos salpicaba a todos, estábamos mas cerca de lo que tendríamos que estar, pero nadie lo planeó así.
La satisfacción de este viaje no la puedo describir y si algún amante a la aventura escuchó de este lugar, o leyendo mi relato se antojó de ir háganlo, deben saber que lugares como este no hay dos.
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Últimos comentarios
negrita33 dice:
Me ha encantado tu relato.. Magnifico!! Yo también conozco este lugar y sé lo que se siente al disfrutarlo... Un abrazo!
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SebasCol dice:
Muchas gracias Negrita33 por el comentario, la verdad que si es un lugar increible.
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natz_restre dice:
Retomando tus palabras "seguramente no tenga toda esa “magia” que el ponen muchos al escribir sus historias", quiero constradecirte... tu relato tiene la magia necesario ara hacer que nazcan unas ganas enormes de coger mochila e ir ver esos paisajes exoticos del Choco.
Tiene la magia de un receurdo que esta fresco en tu mente y en tu corazón... lindo y sencillo relato. Gracias
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karomon dice:
Wooo soy colombiana y no he podido ir "aun" pero tu relato me encanto, me encanta q conoscas parte de mi pais. bendiciones
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juancolombia dice:
amigo viajero muy buen diario, es un lugar mágico, felicitaciones
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Juako dice:
excelente! no habia escuchado nada así del pacífico colombiano, voy en febrero, pensaba ir de Medellín al caribe, pero... me haces dudar!
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Felmiger dice:
para ensayo....excelente relato...lástima que Colombia nos queda lejos...ademas CORRES EL RIEZGO DE QUERER QUEDARTE!!!
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SebasCol dice:
Muchas gracias a todos por los comentarios.
Juanko hay de todo en Colombia para todos los gustos, cuando estés allá vas a saber que en algún momento tendrás que volver!. Te va a gustar Medelín (es mi ciudad Ja), y el Caribe también es genial.
Felmiger en cualquier momento serás bienvenido por Colombia.
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