Es la capital de Nueva Caledonia y el punto de entrada para todos los visitantes. Fundada en 1854 como Port de France se convirtió en capital en 1860 y hoy es un importante centro marítimo y una ciudad cosmopolita y rica gracias al níquel. Entre las cosas más importantes para ver, destacan la Place des Cocotiers, el centro de la ciudad histórica, donde se juega a la petanca, y rodeada por el edificio del Ayuntamiento, una fuente monumental y muy cerca de otros edificios de interés, como el viejo hospital militar, la casa del gobernador, o el Congreso territorial.
Entre las visitas turísticas destaca el Acuario de Noumea (donde están representadas todas las especies autóctonas y endémicas), el Museo de Nueva Caledonia, frente a la bahía de la Moselle, el Parque forestal Michel Corbasson (un jardín botánico y zoológico que permite acercarse a la flora y fauna del Territorio), el pintoresco mercado (de frutas, verduras, pescado...), la biblioteca Bernheim en un edificio de inspiración colonial de principios de siglo y con más de 35.000 obras entre las que se incluye todo lo publicado en el mundo sobre Nueva Caledonia, la catedral Saint Joseph, de estilo gótico (1894), la cruz de Lorraine en el Monte Coffin construida en memoria de De Gaulle y que ofrece una buena panorámica de la ciudad y el templo protestante del Boulevard Vauban.