Ecuador

Escribe: dgdb
Mi esperado viaje, comienza en Ecuador y espero se extienda por todo el continente sudamericano o incluso... En apariencias otro día mas pero no era así, llego el día de partir.La mañana amaneció gris y salí de la cama con pereza (ya que era la última mañana en MI CAMA) me disponía a rematar los asuntos pendientes, preparar la furgo para su nuevo dueño y algún papel que tenia pendiente...

 

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Coca - Nuevo Rocafuerte

Nuevo Rocafuerte, Ecuador — domingo, 31 de enero de 2010

A las 05.30 sonó el despertador, había que preparar los bártulos para unos días en la selva, aun no sabemos cuantos, así que un poco de todo y desalojamos la habitación.


Dejamos al chaval del hotel a cargo de todo lo demás y fuimos a comprar algo de pan y rumbo al puerto.


 


Llegamos sobre las 06.30 y allí estaba Celine esperándonos, parece que se alegro de vernos, porque dejo la "conversación" que tenia con un policía que le proponía sabe dios que y se nos junto en un abrir y cerrar de ojos.


 


Como el día anterior no tomaron nota de nuestros pasaportes, nos acercamos a la garita y completamos los datos, ella compró el boleto, ya que no lo había comprado aun.


Cuando acabe, salí el primero a la calle a fumar un cigarro mientras esperábamos la salida de la embarcación y allí se me presentó una pareja de "extranjeros", el era un peruano que viajaba vendiendo artesanías y ella una americana muy mística.


 


Después de las presentaciones de rigor, la mujer de los boletos llamo a los que se dirigían a Nuevo Rocafuerte y todos cual ganado hambriento fuimos hacia ella.


El nivel del río Napo, estaba muy bajo por lo que nos tuvimos que dirigir a otra pasarela para embarcar.


 


La embarcación era de unos 24 metros de largo x 2.5 de ancho, allí íbamos unos 50 pasajeros, perros, pollos, un dormitorio completo, algún colchón mas, y vamos un poco de todo. Embarcando, coincidimos con otra pareja de catalanes, pero no parecían muy sociables, así que cada uno a su sitio.


 


La salida se retrasó cerca de 1 hora y los vendedores aprovecharon a ofrecer de todo, parecía un autobús, Javier y Celine compraron un par de helados pero por sus caras no debían de estar muy buenos. Como nos aburríamos, Javier le dijo al peruano que se tocara algo y este sin dudarlo, saco el Jembe (no se si se escribe así) y se marco unos ritmos para amenizar la espera.


 


Por fin zarpamos a eso de las 08.00 de la mañana y después de terminar de asegurar la carga, nos dirigimos río abajo.


 


El día estaba soleado y se pronosticaba buen clima para el crucero, en principio. Por el camino pudimos observar varias de decenas de comunidades perdidas en la mitad de nada, y eso si, una barbaridad de atraques de petroleras, con sus maquinas y obras de rigor, incluso algún mechero con llamas de unos 10 metros que se divisaban sin problemas.


 


A eso de las 11.00 el guía de proa, le indico al conductor que girara a estribor y este que estaba pensando en quien sabe que, no giró y varamos. El agua estaba por debajo de las rodillas y eso parecía tener mala pinta, pero una mujer nos dijo que era de lo más normal cuando el caudal era bajo, así que como no se podía fumar en el barco, los fumadores turistas saltamos a aprovechar la situación, ya no estábamos dentro, y el gallo fue el cabecilla.


 


Estuvimos unos diez intentando empujar el bote, los turistas, conductores y algún buen hombre que no le importo mojarse, pero el resto ni se movían ni tenían intención de hacerlo.


 


Como el peso era demasiado, lo único que hacíamos es movernos en circulo, parecíamos un carrusel, y nosotros los tontos que lo empujábamos. Intentamos decir a los de dentro que se movieran para repartir el peso, pero no se si no entendían o simplemente no les apetecía moverse. Al ver la cara que poníamos los de afuera y escuchar alguno de los comentarios, un par de hombres mas, saltaron a ayudar, pero el resto seguía sin moverse.


 


Tras una media hora dando vueltas sobre el eje central del barco, conseguimos salir a una zona un poco mas profunda y entones encendieron motores, empujamos y conseguimos seguir el camino.


 


Llegamos a Pañacocha, mitad del camino y única parada a eso de las 14.00 y allí estuvimos unos 15 minutos mientras los conductores comían.


La comunidad era muy humilde, al menos a simple vista, y había poco tiempo para visitarla, solo tuvimos un ratillo para fumar un par de cigarros y dejarnos acribillar por los arenillas antes de retomar el descenso de río.


 


Regrese al barco y Javier ya me estaba esperando para hacer los bocatas a bordo, parecía una obra de teatro, porque nosotros hacíamos un pedazo de bocadillo de barra y el resto de los tripulantes miraban asombrados, se ve que aparte su comida, no han visto un quita hambre de los nuestros.


 


Cuando llevábamos un par de horas y sin novedades al frente, se avecinó una tormenta de las buenas, de esas que mojan estés donde estés, así que bajamos los toldos laterales y nos acercamos a la orilla para amarrar el bote, ya que no era muy seguro seguir, y de la que nos acercábamos a la orilla, uno de los colchones que llevábamos el lo alto del bote salió despedido al agua, y allí estuvimos luchando para devolverlo al barco, los extranjeros para variar, porque allí no se movió ni el dueño.


 


Cuando aquel temporal pasó, pusimos de nuevo camino hacia la frontera con Perú.


El resto del camino sin ningún contratiempo mayor y cada vez éramos menos los que quedábamos arriba, en cada comunidad se quedaba alguien.


 


Llegamos a Nueva Rocafuerte sobre las 18.30 ya casi era de noche y antes de pisar tierra firme ya me estaban intentando llevar a un hotel de los dos que había unos chavalillos, pero ya teníamos hablado visitar el hotel El Parador y intentar alojarnos allí si las circunstancias lo permitían.


 


Después de las ofertas de los chavales, llegaron otras dos niñas, y más de lo mismo, estas nos llevaron hasta la casa de su tía, que tenía habitaciones para alquilar, después de pasar por la comandancia marina y registrarnos.


 


Llegamos a la casa de la señora Tomasa y nos mostró una de las habitaciones, sencillita, cama y ventilador, ya que allí era estrictamente necesario si no se querías morir deshidratado.


 


Tras una rápida ojeada, nos dirigimos al Parador, en la otra punta de la ciudad y allí nos recibió el encargado, bueno, encargado, recepcionista, jardinero, pintor y demás, ya que era el único currante allí de la organización.


 


Nos enseño la habitación y accedimos a quedarnos allí. Estaba todo nuevo, tanto que aun no habían abierto al público, estaba prevista la inauguración para Abril de este año, pero como íbamos "recomendados" por una amistad de Cristina, que estaba colaborando allí, pues nos dieron alojamiento.


 


Dejamos el equipaje y regresamos a casa de la señora Tomasa a que nos preparase algo de cena, pollo con arroz o arroz con pollo.


La convencimos y accedió a cambiar el arroz por papas fritas, después de unos 40 minutos de espera apareció nuestra cena, que estaba bien buena, además del hambre que teníamos.


 


Regresamos al hotel y allí nos dijeron que el agua se iba a las 21.00, así que ala cama sin ducharnos, ya que era demasiado tarde. Nos acomodamos los tres en una habitación triple y cuando estábamos ya medio dormidos, se fue la luz.


 


Que calor hacia, y sin ventilador, yo me desperté esa noche un par de veces e intente activarlo de nuevo pero no sirvió de nada, hasta la mañana siguiente no volvería la luz.


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