Transmongoliano Verano 2008
Escribe: Gor-K
El viaje que me permitió recorrer prácticamente el continente asiático de punta a punta. Desde Pekín (China) hasta Moscú (Rusia), un viaje de unos 6 000 km donde pudimos ver culturas muy dispares, así como parajes increibles: desde desiertos áridos, lagos inmensos, profundos bosques de coníferas, junglas asfixiantes y urbes masificadas. Claramente, algo de lo que estaré orgulloso el resto de mi vida.
Billete nº3: Irkutsk - Moscú
Novosibirsk, Rusia — martes, 12 de agosto de 2008
Para el tema de las comidas, sabíamos que algún día probaríamos el vagón restaurante, y que por la estaciones de tren compraríamos más provisiones. Aún así, lo de comer en el vagón restaurante era más bien por probarlo como turistas más que una opción viable, puesto que era bastante caro. La idea era tirar con lo que habíamos adquirido en Irkutsk e ir repostando ciertos víveres en las estaciones intermedias antes de llegar a Moscú. Básicamente llevábamos té, leche y café solubles sabiendo que dispondríamos de agua hirviendo siempre que quisieramos; a eso le añadimos unas galletas para los desayunos y tomate y pan de molde para los bocadillos. Aún nos sobraban algunos botes de "noodles" chinos (sopa de tallarines con salsas especiadas que vienen deshidratados; con añadirles agua hirviendo y removerlos unos instantes, queda listo para comer) y lo que aún no habíamos comido del embutido y las conservas traidas desde España. Ibamos bien servidos.
Los mercadillos ambulantes en las principales estaciones del transmongoliano, fue algo característico del viaje y que lo presenciamos a lo largo de todo el recorrido. Los vimos en China, Mongolia, y Rusia no fue una excepción. Si lo piensas detenidamente, es muy lógico que se forme este tipo de comercio ahí. Para las gentes de esos pueblos, el tren representa una vía de comunicación, pero no sólo eso, sino también una fuente muy rica de posibles clientes que lleguen a sus puestos y quieran comprarles algo. Ellos intuyen las necesiadades de los viajeros y tratan de vendérselas. Es por eso que casi todas las estaciones de tren tenían montados mercadillos improvisados entre las vías férreas. Lo que más se vendía era comida, evidentemente, pero algún que otro souvenir del lugar o incluso alguna prenda, también se dejaba ver. Lo curioso de estos mercadillos es que eran sinónimo de estrés: el tren paraba entre 10 minutos a media hora, dependiendo de la estación, así que había que vender a toda prisa. Y la picaresca no es sólo un producto nacional español; allí juegan también con el factor de que saben que el cliente se marchará en pocos minutos en el tren y que se alejará con algún producto engañoso sin poder volver sobre sus pasos para reclamar. Así que había que tener cuidado con lo que comprabas, porque si no, os puede pasar como a nosotros, que compramos unos bocadillos a una mujer rusa que, por fuera, parecían apetitosos. Se les veía la lechuga y el salchichón rebosando por el costado abierto del pan. Compramos uno para cada uno pero, una vez que los abrimos en el tren, éste ya en marcha, cúal fue nuestra sorpresa al ver que la lechuga y el salchichón estaban partidos por la mitad, para que sobresalieran por el borde y no rellenaban el bocadillo entero en su interior. Así, con cada rodaja de salchichón, la mujer había adornado 2 bocadillos, media para cada borde. Está claro que hay pillos por todos los rincones del planeta.
Debo mencionar que nuesto tren ya había dejado de ser el transmongoliano. Ahora mismo seguíamos el camino del transiberiano corriente, el que va desde Moscú hasta Vladivostok, aunque claro, nosotros en sentido inverso. En realidad, antes de llegar a Irkutsk, en nuestro anterior tramo, el transmongoliano había salido de Mongolia y se había incorporado a la vía del transiberiano en Ulan Ude. Por tanto, este tramo desde Irkutsk era 100% transiberiano original. Hasta Moscú, pasaríamos por numerosas estaciones y lugares de la Rusia profunda: Krasnoyarsk, Omsk, Novosibirsk, etc. Este último merece una mención aparte, puesto que la historia de esta ciudad me pareció muy interesante cuando la leimos en las guías del transiberiano. Resulta que la ciudad de Novosibirsk no existía en el mapa hasta que el emperador de Rusia, Alejandro III, decidió conectar sus Moscú con Vladivostok a través de una línea de tren. Llegados al emplazamiento donde ahora se levanta una de las metrópilis más grandes de rusia, Novosobirsk, los ingenieros se encontraron con el problema de sortear el enorme rio Ob. Se necesitaron cuantiosos operarios y mucho tiempo para poder construir el enorme puente que transportara las vías férreas del transiberiano, y todos ellos se asentarons en las inmediaciones del Ob. Es así como nació la ciudad de Novosibirsk, debido a la construcción del puente para el transiberiano. Un historia bastante notable.
Lo que se ve desde el tren, es básicamente siempre muy parecido. Cuando estábamos entre ciudades, no hacíamos más que vislumbrar bosques de coníferas infinitos, salpicados por alguna que otra cabaña de madera que, a veces, unas cuantas de estas, hacían un pueblo. Y cuando llegábamos a las estaciones de tren de las ciudades, nos metíamos de lleno en urbes de cemento e industria, muy de carácter soviético. Estas sí que tenían ese sello que tantas veces había visto en películas de James Bond y que eché en falta en Irkutsk. Desconozco si alguna de las paradas intermedias que realizamos, tenga cierto interés turístico. Nosotros no disponíamos de más tiempo, así que no tengo experiencia que relatar sobre ellas. Pero tengo entendido que, desde Irkutsk a Moscú, poco se salvaba. Quizás una noche en Novosibirsk, pero poco más. Así que el recuerdo que me llevo de todas ellas, es sólo lo que pude ver en los minutos que el tren nos bridaba en cada parada. Dependiendo si la estación era más o menos importante, éste se detenia, desde 2-3 minutos como mínimo, hasta un máximo de 30. Por ejemplo, en Novosibirsk pudimos disponer de media hora y nos bajamos para visitar la estación de tren. Era impresionante, toda ella de losas de mármol, fría y elegante, con una exposición de pinturas sobre la construcción del puente sobre el Ob. Me pareció muy interesante.
Realmente los 3 días que pasé en el tren no se me hicieron eternos. Quizás casi llegando al final podría estar un poco cansado, o ansioso por llegar, pero por lo general, puedo concluir que viajamos muy cómodos. Los camarotes de segunda clase estaban bastante bien. Puedes matar el tiempo tirándote en la cama a leer, escribir tu diario de viajes, repasar las fotos realizadas, o jugar a juegos de mesa con tus compañeros. Recuerdo que usábamos la mesita pequeña que todos los camarotes disponían para echar unas partidas de mus, un juego de cartas de baraja española; o incluso al Munchkin. Este también es un juego de cartas pero de rol, aunque diferente, porque es una mofa a todos los juegos de rol de cartas con reglas complicadas. En este son sencillas y tu objetivo consiste simplemente en ganar a tus oponentes....fastidiándoles. Nos entretuvo durante muchas horas y nos echamos unas buenas risas. Por otro lado, los baños, no es que fueran un lujo, pero te hacían su función. Si te aprendías la norma de que los cerraban en las paradas en las estaciones, evitabas apuros innecesarios. No había ducha, pero bueno, veníamos de pasar 7 días sin ducharnos en un desierto polvoriento de Monogolia; no creo que nos supusiera un gran incoveniente el no tener una en el tren. Y algo muy importante: el tren dispone de enchufes de clavijas europeas (como en Francia o España) para poder cargar tus aparatos electrónicos. Como digo, el viaje no fue un exceso de lujo, pero mantuvo una comodidad razonable.
Y entre paisajes de coníferas, urbes cementadas, viejas glorias soviéticas y mercadillos ambulantes, llegamos, 3 días después de abandonar la ciudad del lago Biakal, a la capital de Rusia. Moscú nos esperaba con el cartel de fin de trayecto entre sus brazos, indicando que nuestra travesía en transiberiano se había acabado. Ahora tocaba visitar la ciudad en el día y medio que nos había restado, antes de coger el vuelo en Domodédovo, rumbo de vuelta a Madrid.
Tips:
En cada vagón del transiberiano encontraréis un cuadro con los tiempos de parada en cada estación. Es muy importante que lo tengáis en cuenta para saber de cuánto tiempo disponeis para bajar al andén y poder hacer alguna compra o para visitar la estación.
Tiene que ver con: Transporte
En Novosibirsk, Rusia
En el transiberiano, los horarios estimados de llegada a las estaciones, vienen puestos con la hora de Moscú. Esto es así puesto que en su recorrido atravesará varios husos horarios, se ha establecido ese como referencia.
Tiene que ver con: Transporte
En Novosibirsk, Rusia
A modo orientativo, el precio del trayecto del transiberiano entre Irkutsk y Moscú que me cobraron en vagón de segunda clase, fue de 320€. Son 3 días y 3 noches en camarotes de 4 camas. Baños en los extremos del pasillo, con lavabo pero sin ducha y una máquina de agua hirviendo para uso alimenticio.
Tiene que ver con: Transporte
En Novosibirsk, Rusia
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