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Escandinavia II – Hacia Nordkapp
Escribe: falistoon
- El golfo de BotniaAunque Estocolmo nos fascinaba, estábamos ansiosos por emprender de nuevo rumbo al norte, siguiendo la carretera que discurre por el contorno del golfo de Botnia.Deseábamos...
Escandinavia II – Hacia Nordkapp
Noruega — miércoles, 8 de octubre de 2008
Aunque Estocolmo nos fascinaba, estábamos ansiosos por emprender de nuevo rumbo al norte, siguiendo la carretera que discurre por el contorno del golfo de Botnia.
Deseábamos introducirnos de lleno en lo más salvaje de la naturaleza nórdica, cruzar cuanto antes el Circulo Polar, y nos hicimos un buen tirón hasta Nordingra, en el centro aproximadamente de la costa del inmenso golfo. Acampamos a la orilla de un pequeño fiordo que en su desembocadura se fundía con otro mayor hasta que la vista alcanzaba el mar, y en su centro, tres lejanos y oscuros islotes a los que durante el invierno se podría acceder caminando o patinando sobre la banquisa. Aquí caminamos por primera vez sobre ese colchón natural y vivo que cubre prácticamente en su totalidad el suelo del bosque escandinavo.
Formado por espesos y altos líquenes y musgos, llega a tener casi un palmo de grosor incluyendo la fina capa de turba sobre la que crece, y se puede desprender con facilidad en grandes lonchas que se colocan sobre delgadas láminas de corteza de abedul en los tejados de las casas tal y como habíamos visto hacer en Estocolmo, sirviendo de aislante térmico e impermeabilizante respectivamente.
Flores amarillas, violetas y blancas, crecen en verano sobre estos tejados mimetizados con el entorno. El alce campa ahora a sus anchas por aquellos bosques que fueron esquilmados a principios del pasado siglo y que hoy vuelven a ocupar su lugar ya a salvo de la depredación. Uno de los principales recursos de Suecia desde épocas remotas es la madera. Hoy existen legislaciones más conservacionistas, pero en el pasado donde se instalaba una serrería el paisaje se tornaba desolador.
Este había sido uno de esos lugares, pero el único rastro que queda de aquello es la antigua fábrica, ahora convertida en talleres de artesanía. La región del Sur de Norrland fue una de las más castigadas por la actividad maderera, manteniendo hasta nuestros días una importante actividad industrial que hunde sus raíces en las explotaciones de mineral de hierro de la vecina Bergslagen desde donde se traía el mineral. Ahora la Costa Alta es Patrimonio de la humanidad y en las aguas calmas de sus fiordos y bahías se reflejan, como en un espejo, sus espectaculares bosques de abetos, pinos, alerces y abedules. A pesar de la belleza del lugar, pasamos allí sólo una noche.
Queríamos más y lo mejor estaba por llegar.
- El Círculo Polar
A unos quinientos km al noreste sin dejar la carretera de la costa, en la ciudad de Luleá giramos rumbo noroeste, hacia el interior, siguiendo el cauce del río homónimo y, aunque la lluvia era intensa y el día cerrado y plomizo, no paramos hasta alcanzar el Círculo. Lo hacíamos a las 23h 45m del 12 de julio, y era casi de día. A la mañana siguiente festejamos a nuestra manera el acontecimiento: exquisito salmón ahumado, magníficos arenques suecos y pan negro de semillas untado con cremoso queso fresco para desayunar. Después de caminar un rato por los solitarios alrededores a orillas del gran río, enfilamos de nuevo el norte. La siguiente escala sería ya en territorio de la Laponia finlandesa en la población de Enontekiö a la que llegamos después de cruzar el río Tounionjoki (en finés, lengua fino-úgrica que nada tiene que ver con con las lenguas germánicas de sus vecinos; en sueco sería Tornealven). El pueblo sami (lapón) ha habitado tradicionalmente todo el territorio comprendido dentro del Círculo Polar entre Rusia, Finlandia, Suecia y Noruega, pastoreando de forma nómada sus grandes rebaños de renos sin importarles fronteras, aunque actualmente la gran mayoría de sus integrantes son ciudadanos noruegos, seguidos en número de suecos, finlandeses y rusos respectivamente.
Es un pueblo extremadamente reservado y austero y hoy en día es el mayor proveedor de artesanías para los aun escasos turistas que se pierden por estos bellísimos y lejanos lugares. Cuchillos con bellas empuñaduras talladas en asta de reno o madera de abedul, cálidos y coloridos gorros de lana, objetos de piel diversos (botas, fundas de cuchillos, morrales, etc) así como brazaletes y broches de magnífica factura a base de hilo de peltre sobre bases de cuero de reno.
La noche era cada vez más clara e hicimos las primeras fotos a medianoche del viaje, aunque todavía sin la espectacularidad del sol de medianoche que veríamos más tarde en la costa noruega. Compramos algunos recuerdos (a pesar de que sus precios eran prohibitivos, en Noruega lo serían aun más) y nos largamos de allí a la mañana siguiente. Aquí tuvimos nuestra primera lucha con los mosquitos (ella y él, porque a mí curiosamente no me pican mucho, probablemente porque los tengo a ellos cerca y prefieren sus tiernas y suaves pieles) .
Cambiamos varias veces de repelente hasta que por fin encontramos el más eficaz. En estas latitudes la taiga comienza a ceder espacio a la tundra, y los paisajes se engrandecen, la vista divisa inmensas extensiones de onduladas montañas lamidas suavemente por apacibles y gélidos lagos y en cuyas cumbres aun queda nieve a pesar de lo avanzado de la estación estival. La atávica música de Mari Bonie (cantante sami noruega de preciosa voz y gran originalidad) escuchada en estos solitarios y silenciosos parajes nos sumergía aún más si cabe en el gélido espíritu de aquella cultura polar.
Kautokeino, a orillas del Kautokeinoelva (río Kautokeino, en noruego) es, según dicen algunos, la capital secreta sami. Probablemente esto lo hayan difundido aquellos que no estuvieron de acuerdo en que el parlamento sami se construyera en Karasjok, pero el caso es que así lo venden las guías turísticas. Es un bello pueblo, aunque todos se parecen bastante y lo que más nos llamó la atención fue una verdadera joya arquitectónica construida por dos artistas instalados allí (danés él, alemana ella) Allí mantienen un admirable taller donde dan trabajo a jóvenes artistas llegados de medio mundo. Conocimos a una simpática mexicana, estudiante de arte en Estocolmo, que estaba trabajando allí unos meses y que nos enseñó todo muy amablemente.
El contenido era una variada, refinada e imaginativa muestra de artesanía en todo tipo de materiales, desde el cuero al vidrio pasando por la madera, el metal o las omnipresentes astas de reno, con las que fabrican las herramientas más insospechadas. Pero el continente era verdaderamente extraordinario, tejados exteriormente cóncavos en un lugar donde hay nieve durante dos terceras partes del año, y mucha. No pude averiguar el sistema para que no se venga abajo con el peso de la nieve, pero supongo que será a base de calor que la derrita antes de que se llegue a acumular.
Continuamos viaje después de hacer algunas compras para regalar.
No pudimos contenernos dada la belleza de algunos de los objetos, aunque como ya dije anteriormente, Noruega es demasiado cara para cualquier bolsillo de fuera de sus fronteras teniendo en cuenta que su PIB per cápita es alrededor del doble que el de cualquier país europeo, si exceptuamos Luxemburgo y, algo menos, Suiza. En cuestión de restauración, por ejemplo, triplica el precio de cualquier restaurante semejante de España...aunque la verdad es que es difícil que ninguno se asemeje en calidad a la magnífica restauración española, italiana, portuguesa o francesa.
Para nosotros no era esto un problema porque nuestro huevito nos facilitaba extraordinariamente las cosas.
La carretera que seguimos hacia Alta discurre en paralelo al río Kautokeino (Kautokeinoelva) encañonado a veces entre riscos coronados por nieves perpetuas a pesar de su escasa altitud. Este es uno de los ríos más salmoneros de Europa, y como no queriamos perdernos alguna excursión por tan mágico paisaje, decidimos parar junto a su cauce en una de las áreas destinadas a caravanas que se encuentran junto a cualquier carretera escandinava y que consisten en un mero carril para estacionar además de agua potable y servicios que dependiendo del lugar son aptos o no para usarse (por estos parajes lejanos son letrinas que realmente no sé quién tendrá el valor de usar habiendo tan hermosos bosques...)
Otra de las grandes ventajas de estas latitudes en verano es que uno no tiene nunca prisa por que no se le haga de noche en una excursión o en ruta, ¡¡nunca es de noche!! con lo que se aprovecha mucho más el tiempo y jamás te pierdes los fantásticos paisajes. Al día siguiente después de pasar de largo por Alta con su enorme, anchísmo fiordo, continuamos hasta Cabo Norte entre nieblas de ensueño y la más blanca y fría luz que hubiera imaginado para un verano y que hacía resplandecer los colores de las casas y pesqueros que se miraban en las ahora apacibles aguas del Mar del Norte.
(continuará)
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Últimos comentarios
Kiowa dice:
Felicidades por tu diario. Qué gran viaje realizaron y qué grandioso debió ser.
Las fotos son muy bonitas!!
Saludos!!
Publicado
La_cuca dice:
Qué hermosos lugares para quien anda en busca de paz y reflexión. Has visto "Los amantes del circulo polar"? desde que la vi me enamoré de estas regiones remotas del mundo. He buscado un poco de esa música de Marie Bonie y comparto tu apreciación y aunque no le entiendo nada hay algo dentro de uno que sin duda lo comprende. Gracias por tus relatos, los he leído los dos. Un saludo desde México.
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Escandinavia II – Hacia Nordkapp
Noruega | 8 de octubre de 2008
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