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Experiencias viajeras por Japón

Escribe: lapduran
La dificultad del idioma, el largo vuelo, la seriedad de sus gentes, el precio elevado del alojamiento, comida y servicios… Puede que hayas escuchado muchas veces esas ideas que circulan sobre Japón y te hicieran desistir en la intención de conocer esta zona del mundo. Pues bien, ¡Ya no tienes excusa! Porque a través de este diario vamos a destruir todos y cada uno de los mitos y leyendas que demoran tu paso por Japón y haremos que cambies la pregunta ¿debería ir a Japón? por...

 

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Día 4: 20 Febrero 2009 - “Nikko”

Nikkō, Japón — viernes, 21 de agosto de 2009

El día anterior, aprovechando que pasamos por Asakusa, nos acercamos a la oficina (en uno de los laterales de la estación) en la que se puede adquirir el llamado "World Heritage Pass" para visitar Nikko. Se trata de un interesante pase, válido para dos días, que por 3600 yen incluye: el viaje en el tren "Tobu Railway" desde Asakusa hasta Nikko, los autobuses "Tobu" que unen las zonas turísticas y la entrada combinada a tres de los Templos (Toshogu, Futarasan y Rinnoji), además de descuentos en determinados comercios.

Como no podíamos desayunar en el hotel habíamos comprado una especie de zumo-gel, que encuentras en todas partes, consistentes en unas pequeñas bolsitas con un chupadorcillo por donde absorbes un delicioso puré con los más variados ingredientes. Nutritivos, económicos y muy ricos, en este caso tocó de plátano y multifrutas. Metro hasta Asakusa, tren rápido a las 7:10 y llegada a Nikko a las 9:15.

En la estación todo esta muy bien señalizado y no es difícil orientarse, sin embargo los japoneses en su lógica de simplificar al máximo las cosas tienen métodos increíbles de ayuda al viajero. Me refiero concretamente al momento en el que preguntamos a un caballero de la estación por el andén correcto y en un instante levantó una "maqueta" de papel con el andén señalado y un trenecillo con los dos primeros vagones de color más intenso. En segundos y sin mediar palabra entendimos el lugar y los vagones donde debíamos acomodarnos, y es así porque los dos primeros van directos hacia Nikko, mientras que los otros se separan en "Shimo-imaichi". Hicimos un poco de tiempo y después de que limpiaran el tren minuciosamente subimos a un vagón que recuerda los antiguos trenes con sabor a mil historias humanas y olor a muchos kilómetros de experiencias. Casi vacío, el trayecto se nos hizo corto dando validez a la máxima viajera de que lo importante no es el destino sino el propio viaje...

Durante el camino nevaba y pasamos de los paisajes urbanos a los campos y bosques nevados... Que extraño placer produce ver los templos bajo un manto blanco, como si de esta manera estuviese más cerca de nosotros ese escenario de otras épocas pasadas. Al llegar dispones de un punto de información turística que usamos después de comprar un miniparaguas para evadir la lluvia... aunque no hubiese sido suficiente si nos cae encima un alud de nieve como los frecuentes desprendimientos de grandes bloques cayendo de los tejados. Nos atendieron estupendamente en un perfecto ingles y aportándonos el ansiado planillo con las preciadas indicaciones a bolígrafo. Tobu bus 2C frente a la estación y directos a la parada "Shodo-Shoninzo-Mae" para comenzar nuestra ruta de los templos, dejando en este momento ya constancia del gran atractivo que tiene caminar por las zonas boscosas a la búsqueda de estas construcciones.

Templo de "RINNO-JI" donde destaca la Sala de los tres budas, los mayores de Japón construidos en madera (8metros).

A través de un imponente Tori de piedra accedemos al Templo "TOSHOGU" y admiramos una pagoda de 34 metros, originaria de 1650 y reconstruida en 1880. Según la Lonely no tiene cimientos y alberga en su interior un mástil que se balancea como un péndulo manteniendo el equilibrio en caso de terremoto. Se llega al santuario principal y merece la pena ver las curiosas representaciones de elefantes, esculpidas por un artista que nunca había visto uno... ¡Atención! Otra raya en la lista de cosas que todo viajero debe ver en Japón: los tres monos sabios. Forman parte de la decoración exterior de un establo, se considera tesoro nacional de Japón y son famosos por mostrar los tres principios del budismo Tendai: "No escuches ningún mal, no hables ningún mal y no veas ningún mal". Se dice que su origen está en que la palabra "Saru" significa mono y también es un adverbio que produce la negación del significado de la raíz a la que se asocia. Las palabras "mizaru", kikazaru" e "iwazaru" significan "no ve", "no oye" y "no habla".

Continuando con nuestra visita nos unimos a un grupillo de ordenados turistas asiáticos de uniformes paraguas rojos y entramos en la Sala "Honji-do" conocida porque adorna su techo con la pintura del "Nakiryu" (Dragón plañidero). Aprovechamos las explicaciones al grupo de turistas para presenciar la demostración que los monjes hacen de las propiedades acústicas de la sala golpeando fuertemente dos palos entre si. Según la tradición el dragón ruge si los palos se golpean bajo sus fauces, pero no lo hace si se chocan en cualquier otro lugar. Nos separamos del grupo y vislumbramos la "Yomei-mon" (puerta del crepúsculo) de la que dicen que se colocó una columna al revés para no despertar la envidia de los dioses por su perfección. En este tipo de construcciones se notan grandes diferencias respecto a los templos visitados en "Kamakura". Allí todo era más sobrio y recatado mientras que Nikko gusta de los colores, artificios, dorados y contrastes.

Atravesando una puerta se encuentra un camino de piedra rodeado de altos cedros que desemboca en unas escaleras para acceder a la tumba de "Ieyasu".

Un ancho camino, en nuestro caso encharcado por la nieve derretida, conduce al Templo de "FUTARASAN-JINJA", perfectamente integrado en el bosque. En casi absoluta soledad, recorremos sus construcciones sintiéndonos nuevamente parte integrante de un tiempo pasado.

El Templo de "TAIYUIN" (Mausoleo de Tokugawa Iemitsu) data de 1653 y su puerta de entrada (Niomon) la custodian dos guerreros "Nio" de roja piel y fiero gesto. A nuestro entender es quizás una de las zonas más interesantes de ver y experimentar, porque vas descubriendo a través de escalinatas y puertas una secuencia de sinfonías de colores y decoraciones mezcladas con la sobriedad de la naturaleza y adornadas con múltiples linternas de blancas cabezas donadas por los señores feudales. ¡Precioso!

Finalizamos la ruta de los templos con un par de sobrecillos de la suerte en nuestra mochila y nos aventuramos a explorar un camino que ascendía por la montaña, pero se trataba de una ruta de bastante duración, por lo que decidimos ir hacia el sur (es muy útil disponer de una pequeña brújula para orientar los mapas) y conectar con la carretera que nos llevaría hasta el sagrado puente rojo o "PUENTE SHINKYO" (www.shinkyo.net) de 28 metros de largo. El original databa de 1636 pero una inundación lo destruyó y el actual es una reconstrucción de 1907 que tiene prohibido el tránsito aunque se puede acceder comprando una entrada.

Cruzamos el río "Daiya" y como va siendo hora de reponer fuerzas comienza la búsqueda de un pequeño restaurante muy recomendado por los viajeros, el "Hippari Dako". Situado en el margen derecho de la carretera que desciende a la estación de Nikko, no es difícil de encontrar si vas atento, pero realmente es un pequeño local de madera cubierto con carteles dando la bienvenida a los vegetarianos y anunciando un menú en español. Intrigados por lo oculto de su interior nos quedamos leyendo su fachada y unas amables chicas salieron a buscarnos al ver nuestros pies desde dentro.

Dejamos el paraguas y los abrigos y nos sentamos en una de las tres mesas que tienen, rodeados de miles de papelillos achinchetados en las paredes con frases de agradecimiento de los viajeros, billetes de todas partes del mundo, tarjetas, etc. Elegimos unos enormes platos rectangulares con arroz, Tsukune (albóndigas de pollo) con salsa teriyaki y yakitoba (tallarines salteados), todo por 1700 yen. El té va incluido y la amabilidad y ambiente viajero que se respira allí... también. ¡Buenísimo! Tan rico que es una de las comidas que encabezan nuestro ranking de comidas viajeras....!!!

Aprovechamos la sobremesa para decidir el plan del resto del día, porque aunque teníamos planeado acercarnos a la zona del Lago Chuzenji y las Cataratas Kegon, el clima no acompañaba y no nos lo recomendaron. Como quedaba tiempo hasta el tren de vuelta, preguntamos la situación del "Abismo de KANMANGAFUCHI" y nos indicaron que siguiéramos el río durante 20 minutos... Seguir el río no es tan fácil como parece, por lo que poco a poco vamos caminando entre casitas con escasos habitantes y sin darnos cuenta nos metemos en un cementerio plagado de figurillas vestidas. Una preguntilla más y por fin la senda correcta hasta llegar al Abismo donde te encuentras en un camino que bordeando el río, une el final del bosque con la senda mediante innumerables estatuas de piedra o Jizos, ataviadas con gorros y baberos rojos.

En teoría son unos 70 pero las leyendas cuentan que estos protectores de niños, mujeres y viajeros son incontables, porque unos aparecen de la nada y otros desaparecen sin motivo. Siendo un lugar sencillo es curioso cómo genera sensaciones tan fuertes el encontrarse en la más absoluta soledad, rodeados de leyenda, protección y antiguas costumbres, añadiendo el maravilloso paisaje del lecho nevado del río, junto a zonas de reposo en forma de pagodas. Merece la pena...

Volvemos hacia el puente "Shinkyo" para cruzar de nuevo y dirigirnos caminando hacia la no muy lejana Estación de Tobu Nikko. De camino puedes ver tiendecillas de artesanía, recuerdos, comida, etc. y si de vez en cuando echas la vista atrás podrás admirar el marco de las montañas nevadas. Cogemos el tren de las 16:58 y llegamos a Tokyo a las 19:35. El día ha sido intenso por lo que decidimos aprovechar la cena que nos regala el hotel en el "Umejaya": Arroz, carne, tempura de verduras y mini-blanditas-bolillas flotantes en una especie de sopa... ¡Rico!

Publicado el 21/ago/2009, 19.42
Modificado el 10/feb/2010, 13.13
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