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Viaje a la Quebrada de Paccha

Escribe: iechega
Relato sobre mi primera salida con Bruno Castro y compañía, ojalá hayan más

 

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Una vista espectacular y la temida morrena

Nevado Vicuñita, Perú — jueves, 2 de julio de 2009

Cuando el sol alcanzó nuestras carpas, los aletargados caminantes aprovechamos para desperezarnos, cambiarnos y preparar los desayunos del caso. Para reponer los ánimos perdidos durante la noche me preparé tocino con huevos revueltos, pan, manzana y un pan pita.

Recogí agua del río, le puse un pedazo de Micropur y la dejé reposar mientras comía mi contundente desayuno. Mis recuerdos sobre horas son vagos pero no salimos demasiado temprano ese día, nos tomamos nuestro tiempo. Eventualmente salimos, con mochila de ataque camino a un mirador desde donse podríamos ver casi todos los nevados de la cordillera central, incluyendo el nevado Ticlla muy hacia el Sur.

Antes de eso, José se nos adelantó ya que iba a escalar uno de los nevados cercanos, no me acuerdo cual realmente, para tomar fotos nos dijo. Se fué (notoriamente sin soga) y lo seguí con la vista hasta donde pude y luego se me perdió.

Salimos todos por un camino menos inclinado que el que José siguió, nos explicaba Bruno, pero que era exigente especialmente porque muy pronto se bordeaban los 5,000 msnm y el corazón latía fuerte para que la sangre pudiese transportar el poco oxígeno en esas alturas. Confirmando lo agreste de la zona, caminamos por caminos de vicuñas  y a veces por donde no había ningún camino. El camino era casi desértico, pero aún así vimos vizcachas y cóndores.

En medio del camino me dí cuenta que el dolor de cabeza se había ido totalmente, no entiendo bien el porqué. Encontramos una cascada congelada, nos tomamos las fotos del caso y continuamos. Hubo una parte del camino en la que tuvimos que bajar para subir de nuevo (esas me hacen renegar) por una morrena que se deshacía cuando la pisabas, así que era un paso para adelante y medio para atrás. En la medida que ibamos ganando altura, comenzamos a encontrar parches de nieve/hielo y eventualmente lomas completas vestidas de blanco. Me encantó subir por el hielo, que estaba duro y hacía fácil la subida.

Finalmente, entre las 2 y las 3 de la tarde llegamos al mirador donde tuvimos una vista espectacular de la cordillera. Bruno conocía los nombres de todos los nevados yo solo recuerdo haber escuchado Paccha, Vicuñita, Rajuntay, Ticlla y Norma. La sensación de estar tan cerca de todos estos nevados era indescriptible, ya quería subirme a uno de ellos. La vista no tiene nada que envidiar a lo que se puede encontrar en la cordillera Blanca y está tan cerca de Lima. Somos flojos los limeños que no nos damos cuenta de lo que tenemos en el patio trasero de la casa.Luego de las fotos que nos tomamos y de que Bruno le tomara fotos a José mientras éste subía un nevado, decidimos comenzar el descenso ya que eran pasadas las 3pm y no queríamos que nos pille la noche a mitad de camino.Bruno nos preguntó si queríamos regresar por donde vinimos o si queríamos una ruta más corta pero más difícil. Por unanimidad elegimos la más rápida...para que hicimos eso!Para la mayor parte de nosotros, lejos de ser expertos alpinistas, la pendiente que se nos presentó para iniciar la bajada era pronunciada. Donde uno pisaba, el suelo se movía arrastrándolo a uno hacia abajo. El secreto aquí era caminar rápido sin dejar el pie en un sitio por mucho tiempo para evitar caerse. Yo no aprendí esa lección bien y tuve que aplicar la técnica del culopatín, que resultó en rotura e mi pantalón Lowe Alpine Triplepoint que me costó un ojo de la cara...pucha que vaina, la abertura en el trasero del pantalón redefinió el significado de "respitable" del pantalón.

Como bajé a la mala y rápido, tuve que esperar que el resto baje, lo cual demoró (al menos en mi cabeza, más de media hora). Para que esperé, terminé quedandome dormido y cuando llegaron los demás estaba sintiéndome débil y trastabillaba con todo lo que se podía trastabillar. Me fuí quedando atrás y terminé siendo el último del grupo y medio que me perdí. Gracias a que Bruno me mostro por donde salir no terminé intentando descolgarme de un bloque de piedra y cayéndome siete metros.

Con paciencia de parte de Bruno y con reniegos cada vez más constantes míos pasamos por varias lagunas, cada laguna yo rezaba que fuera nuestra laguna, pero no, faltaba más y más y más. Mientras el sol se acercaba al horizonte y ya me estaba haciéndo a la idea de bajar de noche el último tramo, que esperaba fuera simple.

Todo el camina iba renegando, especialmente porque para mi sorpresa había que subir en algunas partes y ya estaba extenuado. Recuerdo que pensaba "para que sube?" yo estaba convencido de que estabamos al menos parcialmente perdidos.

Cuando llegamos al borde de la bajada ya estaba bastante oscuro, aunque por suerte la luna estaba casi a la mitad y algo iluminaba, además de que tuve la feliz idea de llevar mi linterna frontal. La inclinación en esta parte era bastante elvada y no había otra forma de bajar que no fuese deslizandose, como patinando en las piedras que se movían con uno.

Bruno, Yelinna y yo bajabamos y lo único que me pasaba por la cabeza era en que momento ibamos a dejar la maldita morrena y pisar el suelo con vegetación de la zona de la laguna, la cual podíamos ver durante todo el camino junto con las lucecitas del campamento base.

Eventualmente llegamos a eso de las 7:40 pm al campo base luego de rodear la laguna Paccha. Me metí a la carpa y no salí mas que para pedir fósforos para prender mi cocina, terminé cocinando dentro de la carpa.

A diferencia de la noche anterior, quedé profundamente dormido a eso de las 9 y sólo me desperté porque me vinieron ganas tremendas de orinar que no me dejaban dormir...no había manera de salir a orinar con el frío a mita de la noche!

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Últimos comentarios

MONIARGENTINA dice:
leerte es como si estuviera allí, muy bueno !!
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iechega dice:
Gracias Moni voy a leer tus relatos
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Se entiende porqué los Incas adoraban al Sol

   

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