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Perú (Agosto/Septiembre 2011)
Escribe: danielhr
Ciudades coloniales, culturas milenarias, las inigualables ruinas de Machu Pichu y el misterioso pueblo inca, dunas inmensas, islas a rebosar de fauna, cataratas espectaculares, líneas misteriosas. Un país lleno de contrastes que tendría el placer de visitar durante tres inolvidables semanas.
Líneas de Nazca y Oasis de Huacachina
Nazca, Perú — jueves, 8 de septiembre de 2011
Las empresas Soyuz-Perú Bus se encuentran asociadas y son como si fueran una sola. Los buses son normalitos, de inferior categoría que Línea o Cruz del Sur, pero ya con el hecho de que el respaldo se pudiera replegar más del doble que en cualquier autobús de España, merecía la pena y hacía que fueses cómodo. Hay carteles en el interior que te indican que tienes que tener cuidado con las pertenencias, ya que se han denunciado varios robos. Así que yo lo que hice fue hacer de mi mochila pequeña mi oso de peluche e ir todo el trayecto abrazado a ella, je, je, je.
A las once en punto arrancaba el autobús y en diez minutos, como siempre, estaba durmiendo, por lo que las cinco horas de trayecto, una vez más, ni me enteré de ellas.
Cuando llegamos a Ica a las cuatro de la mañana, medio atontado por el sueño, recogí el mochilón y, rápidamente, saqué allí mismo otro billete de bus hasta Nazca. Este me costaría 11 soles por un trayecto de dos horas y media, donde también iría contando ovejitas.
Es cierto que existen buses que van directos de Lima a Nazca, pero los que miré salían al mediodía y no me cuadraba para acabar de ver lo que quería en la capital.
Por otro lado, durante mis tardes de relax en Trujillo, aproveché para meterme en internet en el hotel y así buscar una empresa con la que pudiera realizar las actividades de este y del día siguiente. Aunque pensé en hacerlo sobre la marcha según llegara, el hecho de que temiera no poder sobrevolar las líneas de Nazca por falta de plazas o por no coordinar bien mis movimientos con tan poco tiempo como ya me quedaba, hizo que me animara a dejar las cosas cerradas desde Trujillo con una agencia. Me decanté por Alltuman Tours.
Cuando llegué a Nazca a las 06.40, me estaban esperando para conducirme hasta el aeródromo desde donde salen las avionetas que sobrevuelan las líneas. La compañía aérea con la que volaría sería Aeroparacas (120 dólares + 25 soles por tasas aeroportuarias).
Pegando la oreja oí que a gente que había por allí, le había salido desde 100 a 130 dólares, por lo que más o menos están todas las agencias igual de precios.
En la pequeña terminal, conocería a los que serían mis compañeros de vuelo, Mary y Gary, una pareja canadiense, y a Honda, como las motos, un joven japonés, que también viajaba sólo. Así que me animé y me puse a chapurrear un rato mi pésimo inglés, ji, ji, ji.
Estuvimos la friolera de más de dos horas esperando, ya que había amanecido nuboso y hasta que no despeja, parece ser que no permiten despegar. Esto es raro, pues casi siempre está despejado. Al final resulta que es que el día anterior había habido un pequeño temblor de tierra y eso había hecho que el tiempo se resintiese.
Por fin, nos conducirían a la avioneta de cuatro plazas más los dos pilotos (A raíz de que se estrelló uno de los aviones, obligan a que esto sea así para tratar de que sea más seguro y como consecuencia el precio también es más caro). A mí me tocaría atrás. Nos colocamos los cascos y brrrumm… ¡a volar!
La sensación era acojonante, volábamos a unos 150 metros del suelo, no demasiado alto y se veía todo de maravilla. Pronto pasaríamos por las primeras líneas: la ballena, los triángulos, el astronauta. Aquí Honda echaría mano de una bolsa y se pondría a vomitar, mientras los canadienses se empezaban a partir de risa y le quitaron su cámara para fotografiarle y plasmar el bonito momento. El pobre chico estaba fatal y los otros señalándole y venga a descojonarse. Era surrealista, ja, ja, ja.
Seguimos viendo líneas: el mono, el perro, el cóndor, el colibrí, etc. hasta que sería aquí cuando a mí se me revolvería un poco el estómago. La avioneta hace un huevo de giros para que todo el mundo pueda ver las líneas y se nota bastante.
Yo disimulé con una media sonrisa como la de la Gioconda, para afrontar las últimas líneas y evitar el despiadado humor canadiense. Seguimos viendo el árbol, las manos, etc. No las disfrutaría mucho, pero por lo menos conseguí aterrizar sin utilizar la bolsita.
Al salir fuera y cuando ya se me pasó el mareo me fui a comprar unas camisetas a las tiendas de recuerdos y me despedí de mis amigos internacionales. Luego el mismo señor que me dejaría allí, me volvería a llevar a la estación de buses. En esta aproveché para desayunar, eran ya las once, y a las doce, vuelta otra vez a cogerme un bus de Soyuz (10 soles) hacia Ica.
A las 14.30 me estaría esperando la chica de la agencia para darme la bienvenida. Paola se llamaba. Aproveché y le dije que me asesorara un hostal para esa noche y me recomendó El Medano. Me acompañó en taxi hasta él, le eché un ojo y como estaba limpio y barato, decidí quedarme. (40 soles).
Luego me contaría que a las 15.45 estarían a por mí para realizar la ruta por el desierto y las dunas de Huacachina. (70 soles con todo incluido, entrada, booguis y taxi de ida y vuelta a mi hotel). Siempre hay que dejar claro lo que entra y lo que no, porque sino luego dicen que los extras van a parte.
Dejaría todo en la habitación, me tumbaría cinco minutos y me marcharía a comer a la plaza de Armas de Ica, que no tiene nada, a un sitio tipo Kentucky Fried Chicken, llamado Rokys. Me pondría hasta el culo de salchipapas, salchichas con patatas fritas y huevos fritos y una coca cola (16,50 soles) y a la hora indicada, estaba en la puerta del hotel para la aventura de la tarde.
Lo primero, para ir abriendo boca, me dejarían suelto media horita por el oasis de Huacachina, con su lago y sus palmeras, muy bonito. Después nos montaríamos en el pedazo boogui, una pareja estadounidense y yo para comenzar la marcha, hoy, sin duda, era el día internacional.
Fue una pasada, como un parque de atracciones en el desierto. Dunas inmensas, que no había visto en mi vida, por las que subías y bajabas a toda velocidad. Mirases donde mirases, sólo había arena y en cada curva una nueva caída con la que volvería a experimentar una sensación de adrenalina increíble.
La primera vez que paramos sería para disfrutar de las vistas del desierto y andar un rato por él y luego afrontar el otro plato fuerte de la excursión, el tirarnos en tablas de surf por las gigantescas moles de arena. Para no tener demasiados problemas lo que te recomiendan es ir tumbado con las piernas levantadas y agarrado a las asideras de la parte delantera. Luego para coger velocidad, embadurnas el suelo de la tabla con cera de vela, y ale, a disfrutar. Fue una chulada. ¡Me encantó! Haríamos en un sitio tres medianas y en otro dos gigantescas. Y claro al acabar tenías arena hasta en el último sitio de tú cuerpo.
Aquí, desgraciadamente, una de las dos cámaras que llevaba se me jodió. Por lo menos había sido casi al final y todavía me quedaba la otra. Así que no fue tanto el disgusto. Así que volví a poner buena cara en unos minutos y afronté el ver una puesta de sol inigualable en el desierto. Otro momento mágico e inolvidable.
A las 18.30 me dejaban en la puerta del hotel. Descansé dos horitas y me fui a cenar a la vuelta de la esquina, a un sitio llamado El Galindo, donde esta vez opté por un filete de pollo con arroz blanco y jugo de naranja (13 soles) Esta sería la manera de terminar la jornada de hoy.
Tips:
Conviene tomarse una Biodramina o algo para el mareo, ya que los giros que pega la avioneta son constantes y puedes acabar con el estómago revuelto.
Tiene que ver con: Salud e higiene, Qué llevar
En Nazca, Perú
Opiniones:
| Servicio | |
| Comida | |
| Ambiente | |
| Precio/calidad |
Roky's
Comida: Comida Rápida en Ica, Perú
Tipo Foster o Burguer, está bastante bien. Las camareras muy amables.
Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Entretenimiento, Bajo presupuesto
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Publicado |
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¡¡Hasta siempre, Perú!!
En Nazca...
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