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Escribe: dgdb
Despues de cinco meses viajando por Ecuador, me adentro en tierra santa en busca de nuevas experiencias...Cruzamos Aguas Verdes y llegamos al puesto fronterizo. Nos bajamos del bus y caminamos hasta las oficinas de sellado, rellenamos el formulario y hacer cola de nuevo...

 

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Nauta, Perú — viernes, 1 de octubre de 2010

Vaya nochecita que he pasao. Me levante taitantas veces, una de ellas por frio, otras por escándalo de gente que subía y bajaba de la lancha, colocan hamacas, las quitan, intranquilo por las mochilas, vamos de maravilla.
 
A las 06.30 pegaron el cucharazo a las escaleras para bajar a por el desayuno, pero yo no tenía ganas de nada y menos de arroz, que ya no voy ni al baño. Cuando nos enteramos que daban pan con leche, Javi se puso en pie y bajo a por la dosis. Al regresar comprobé que a lo que llaman leche no es exactamente lo que nosotros conocemos por leche. Tenía un color marrón y ya lo había probado antes pero no lo llamaban así, por lo que no me moleste en salir de la hamaca, no me gusta.
 
Cuando me armé de valor, decidí salir de la hamaca (tenia la espalda destrozada y era un horno) y me fui derechito a la ducha. De ahí salí siendo un poco mas de persona y preparé unos bocatas con el atún que habíamos traído, pero de la temperatura no tenía el mismo olor y aún así me aventuré a probarlo. Comí uno y el otro directamente lo tiré, eso sabia a cualquier cosa menos a atún. Me zampé unas galletas para matar el sabor que me había quedado en la boca y a esperar que pasara el día.
 
Aquí hay que buscar la sombra por las orillas de la lancha, porque donde estamos parece un horno y aun así, me senté en la hamaca a escribir diarios atrasados y después de una hora larga, lo di por terminado porque me estaba deshidratando. El agua que tenemos está caliente de pelotas y no sabe ni bien, así que me bajé al bar a comprar una botellita fresca de medio litro por la que me cobraron 2 soles, cara, pero fría y me duró un suspiro.
 
El día transcurre lento y lo único que entretiene es cada vez que hay paradas y la gente sube y baja, pero por lo demás, tranquilidad, charlas, calor y poco más.
 
A las 12.00 otra vez el cucharazo y esta vez sin esperarlo. Fui a limpiar los cacharros y bajé a por la dosis. Hoy tocó pasta además del arroz y el trozo de plátano de rigor. Al menos variamos un poco en la dieta y eso me vino bien, pero para pasarlo agua caliente, uhmmm que rica!!!  Jaajajja.
 
Hoy el día no está despejado como ayer, pero el calor sigue rondando los 43 grados a la sombra, pero la brisa que corre alivia un montón, así que buscando la sombra codiciada por cualquier esquina y con las cosas a la vista de vez en cuando. Sobre las 15.30 Javier me dice que no sabe dónde está su riñonera, que cree que se fue a duchar y la dejó allí (Vaya canicón!!!)
 
Se fue a hablar con el capitán y decían que podían registrar a la gente antes de que bajaran, pero que si había sido alguien de los que ya habían bajado, no había solución. Preguntando a unos y a otros al final, un hombre que estaba junto a nosotros en las hamacas, nos dijo que la tenía (menos mal!!!) pero ya la tenía guardada bien al fondo de su maleta. Al menos la devolvió, pero la picardía de encontrarla en el baño (seguro que vio la documentación y la foto de Javier) y guardarla, ya estaba hecha. Suerte que no había mucho dinero y creo la devolvió por eso, porque es la tarjeta ISIC por la que mas sufría, ya que se la enseña hasta a la policía como identificación (jajajja que pájaro)
 
Después de que el susto quedara en anécdota, pasamos la tarde como pudimos, a la sombra y buscando cualquier escusa como tema de conversación entre nosotros y con gente del barco. A la hora de la cena más de lo mismo, cola de infarto y arroz, plátano, carne y un par de sustancias aun no identificadas, no sé si un trozo de guante (ya que aquí todo se sirve con las manos) o yo que sé. Tras la cena me di una alegría al cuerpo y compré una lata de cervecita fresca (5 solazos, casi el doble pero me supo a teta).
 
Cuando se hizo de noche, me tiré sobre el chaleco salvavidas a mirar las estrellas que hoy se veían de maravilla y cuando tuve la espalda destrozada de estar sobre el trozo de corcho ese, entre al horno, agarré postura como pude en la hamaca y recé para que aguantara otra noche más, porque esta mañana tubo un par de trisquidos que pensaba que acababa con los cuernos clavados en el suelo.
 
Hoy hay muchísimos bichos voladores, entre los que supongo que haya mosquitos, así que a rezar para que no nos coman. Ya he tenido un par de picaduras en la espalda pero no ha sido mosquito, así que a esperar lo que venga.
 
La lancha sigue haciendo paradas cada cierto tiempo y yo creo que siempre sube más gente de la que baja, porque aquí ya no hay espacio para mas hamacas, así que abajo deben de estar en dos alturas, porque esto va hasta la bandera, hay gente durmiendo por los suelos, otros amarrados a la barandilla de la borda, …..
 
Solo queda tumbarse y esperar a que la noche pase pronto y que la hamaca aguante.

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Últimos comentarios

rioseco dice:
Esta esperiencia no se te va ha olvidar con facilidad.
Menos mal que estas pasado ¿ y la hamaca no aguanta?
!que os habreis comprado!

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