Un día y una noche de Shiva
Murdeshwar Island, India — domingo, 29 de enero de 2012
Un día y una noche de...Shiva
Shiva es una de las tres deidades que forman la Trinidad hindú, sus aspectos son la destrucción, las pruebas, el cambio, lo nuevo... la vida.
Los otros dioses que completan la Trimurti son: Brahma, el creador original; y Vishnú, quien se encarga de preservar la creación.
La mayor parte de la población de la India adora a Shiva. Se cree, que las experiencias difíciles que atravesamos en la vida son de índole Shivaicas; porque es Shiva quien las genera para ayudarnos a crecer. Por este motivo, se le reza a Shiva en forma de agradecimiento.
Dejando atrás la breve introducción, me sumerjo en el relato del día viernes 20 de Enero donde cumplíamos un mes en este adorable país, y la mejor idea que se me ocurrió fue festejarlo llendo a conocer la estatua gigante de Shiva (foto adjunta).
El viernes a la mañana nuestro rickshaw era el único de su especie en medio de la carretera, lentamente entendimos el porque... ¡Tardamos tres horas para hacer 70 kilómetros!, pequeños lujos que nos damos...
Mudereshwar estaba colmada de gente, colores y aromas. La calle principal estaba prolijamente decorada y atestada de pequeños puestitos, similar a una feria.
Dejamos nuestras valijas en una agencia de viaje, donde averiguamos los detalles sobre el tren que tomaríamos a la noche para seguir nuestro camino hacia Kerala.
El sol ya estaba perpendicular a nuestras cabezas cuando llegamos a la segunda estatua más alta del mundo. Impresionante, la india me sigue sorprendiendo. La replica del señor Shiva, mide 37 metros de alto, se tardó más de dos años en construirla y descanza sobre una colina pegada al mar.
Junto a la estatua hay un templo muy hermoso que se puede visitar. Y luego accedimos al Shiva gigante para sacarnos fotos.
El lugar es muy interesante y lindo de conocer, pero es para venir unas dos horas solamente.
Decidimos caminar por las calles de la ciudad, cuando de pronto, nos encontramos inmersos en una festividad religiosa.
La escena transcurría con fieles subiendo por una escalera a un carro religioso, ofreciendo dulces y flores a una vaca de piedra que había en el interior del carro; al mismo tiempo que dos monjes bendecían a quienes llegaban con las ofrendas. Otro grupo de los monjes paseaba por toda la ciudad un pedestal con la estatua de no se que santo.
Pero, el momento culmine que todos esperaban, era a las cinco de la tarde. En los minutos previos podíamos ver en la cara de la multitud la algarabía y la expectación que reinaba. Cuando el reloj anuncio las cinco, sucedió lo increíble de aquella tarde...¡Una lluvia de bananas! Todos empezaron a arrojar bananas al carro religioso, los plátanos iban y venían por todos lados.
Al tiempo que caía la tarde nunca imaginamos lo que nos esperaba...
La estación de Bhaktal (20 km de Mudereshwar) era desértica, alejada de la ciudad, y para ilustrarla claramente cuento que no tiene ni un kiosco. Llegamos a las 17 30 con la expectativa de comprar los boletos, ir a internet y esperar hasta las 21 30, hora en que arriba el tren rumbo a Allapey.
Los boletos posibles en los trenes de la India son los siguientes: clase general, la más barata, asientos fijos, mucho olor y repleto de indianos; segunda clase, igual que la general pero con un par de camastros; clase sleeper, solo hay camastros, es sucia y las ventanas están todas pinchadas; luego viene tres a/c, cómoda, limpia, con camas y aire acondicionado. Esta es, en la que habitualmente viajamos. Y por último, dos a/c muy parecida a la tres a/c pero con un precio mas elevado. Las clases están divididas dentro del tren, no se puede ir de vagón en vagón pasando de una clase a otra.
Cuando llegamos a la boletería nos dijeron que tickets para tres a/c no nos podían vender porque solo se vendían hasta las 14 hs. Nos sugirieron que saquemos para clase general e intentemos comprar arriba del tren los de tres a/c. Aceptamos y nos dispusimos a esperar. Al transcurrir dos hora de estar esperando, nos enteramos que el tren de las 21 30 estaba retrasado 7 horas. Quedamos perplejos. Y nos avisaron que a las dos de la mañana pasaba otro tren con el mismo destino. Sacamos nuestras frazadas del bolso y nos acurrucamos en unos bancos para dormir un poco.
El tren llegó pasadas las dos y media de la mañana, en la vorágine de encontrar los vagones de tres a/c, para poder comprar ticket en esa clase corrimos hacia las puertas de ese vagón, pero para nuestra sorpresa estaban cerradas, me apresure a golpear para que alguien abra. Quien abrió la puerta fue el inspector del tren, pensé "estamos salvados". Pero el inspector con cara de pocos amigos y sin escucharnos nos mando a la clase general, e inmediatamente dio la orden para que el tren arrancara. En 3 segundos hicimos 30 metros con las valijas a cuesta, vimos una puerta abierta y nos zambullimos en ella, era un vagón de segunda clase, atestada de indianos, tan así, que tuve que viajar con un pie en el aire durante 30 km.
Al cabo de media hora pudimos hacernos lugar y cerrar la puerta del vagón, jamás las palabras escritas u orales alcanzarán para describir el olor a pis que había en ese vagón, sumandole el detalle de que el baño esta a 1 metro.
Luego de una hora de viaje parados y viendo como se nos caían los pelitos de las narices por el olor asfixiante, el tren llegó a la estación de Udupi donde varios pasajeros se bajaron. Aquí logramos acomodar los bolsos contra la puerta del otro lado del andén dejando un hueco donde Morena se sentó, se cubrió con la frazada, y a pesar de que estábamos mas cerca del baño que antes logro dormirse. Yo seguía de pie junto a ella procurando que las valijas no se le cayeran encima.
Transcurrió otra hora de viaje, hasta la estación de Mangalore, yo sabía que el tren estaría detenido un par de minutos, rápidamente bajé del vagón para buscar abierta una puerta de la tres a/c, por suerte la hallé. Corrí a llamar a Morena, me cargue los dos bolsos al hombro y nos metimos de polizones en la tres a/c, con la esperanza de encontrar una cama. Pero la noche tenía otras pretensiones. En tres vagones que abarca esta clase, más de 150 lugares posibles, y todos estaban ocupados.
A esta instancia volver a la otra clase ya no era una opción, decidimos quedarnos en el hall del vagón de tres a/c, un espacio pequeño y sucio donde están las puertas para bajar del vagón, y también los dos baños.
Agotados y con el sueño pesando sobre nuestros párpados, nos tiramos al piso envueltos con una brazada para pasar la noche...
Shiva es una de las tres deidades que forman la Trinidad hindú, sus aspectos son la destrucción, las pruebas, el cambio, lo nuevo... la vida.
Los otros dioses que completan la Trimurti son: Brahma, el creador original; y Vishnú, quien se encarga de preservar la creación.
La mayor parte de la población de la India adora a Shiva. Se cree, que las experiencias difíciles que atravesamos en la vida son de índole Shivaicas; porque es Shiva quien las genera para ayudarnos a crecer. Por este motivo, se le reza a Shiva en forma de agradecimiento.
Dejando atrás la breve introducción, me sumerjo en el relato del día viernes 20 de Enero donde cumplíamos un mes en este adorable país, y la mejor idea que se me ocurrió fue festejarlo llendo a conocer la estatua gigante de Shiva (foto adjunta).
El viernes a la mañana nuestro rickshaw era el único de su especie en medio de la carretera, lentamente entendimos el porque... ¡Tardamos tres horas para hacer 70 kilómetros!, pequeños lujos que nos damos...
Mudereshwar estaba colmada de gente, colores y aromas. La calle principal estaba prolijamente decorada y atestada de pequeños puestitos, similar a una feria.
Dejamos nuestras valijas en una agencia de viaje, donde averiguamos los detalles sobre el tren que tomaríamos a la noche para seguir nuestro camino hacia Kerala.
El sol ya estaba perpendicular a nuestras cabezas cuando llegamos a la segunda estatua más alta del mundo. Impresionante, la india me sigue sorprendiendo. La replica del señor Shiva, mide 37 metros de alto, se tardó más de dos años en construirla y descanza sobre una colina pegada al mar.
Junto a la estatua hay un templo muy hermoso que se puede visitar. Y luego accedimos al Shiva gigante para sacarnos fotos.
El lugar es muy interesante y lindo de conocer, pero es para venir unas dos horas solamente.
Decidimos caminar por las calles de la ciudad, cuando de pronto, nos encontramos inmersos en una festividad religiosa.
La escena transcurría con fieles subiendo por una escalera a un carro religioso, ofreciendo dulces y flores a una vaca de piedra que había en el interior del carro; al mismo tiempo que dos monjes bendecían a quienes llegaban con las ofrendas. Otro grupo de los monjes paseaba por toda la ciudad un pedestal con la estatua de no se que santo.
Pero, el momento culmine que todos esperaban, era a las cinco de la tarde. En los minutos previos podíamos ver en la cara de la multitud la algarabía y la expectación que reinaba. Cuando el reloj anuncio las cinco, sucedió lo increíble de aquella tarde...¡Una lluvia de bananas! Todos empezaron a arrojar bananas al carro religioso, los plátanos iban y venían por todos lados.
Al tiempo que caía la tarde nunca imaginamos lo que nos esperaba...
La estación de Bhaktal (20 km de Mudereshwar) era desértica, alejada de la ciudad, y para ilustrarla claramente cuento que no tiene ni un kiosco. Llegamos a las 17 30 con la expectativa de comprar los boletos, ir a internet y esperar hasta las 21 30, hora en que arriba el tren rumbo a Allapey.
Los boletos posibles en los trenes de la India son los siguientes: clase general, la más barata, asientos fijos, mucho olor y repleto de indianos; segunda clase, igual que la general pero con un par de camastros; clase sleeper, solo hay camastros, es sucia y las ventanas están todas pinchadas; luego viene tres a/c, cómoda, limpia, con camas y aire acondicionado. Esta es, en la que habitualmente viajamos. Y por último, dos a/c muy parecida a la tres a/c pero con un precio mas elevado. Las clases están divididas dentro del tren, no se puede ir de vagón en vagón pasando de una clase a otra.
Cuando llegamos a la boletería nos dijeron que tickets para tres a/c no nos podían vender porque solo se vendían hasta las 14 hs. Nos sugirieron que saquemos para clase general e intentemos comprar arriba del tren los de tres a/c. Aceptamos y nos dispusimos a esperar. Al transcurrir dos hora de estar esperando, nos enteramos que el tren de las 21 30 estaba retrasado 7 horas. Quedamos perplejos. Y nos avisaron que a las dos de la mañana pasaba otro tren con el mismo destino. Sacamos nuestras frazadas del bolso y nos acurrucamos en unos bancos para dormir un poco.
El tren llegó pasadas las dos y media de la mañana, en la vorágine de encontrar los vagones de tres a/c, para poder comprar ticket en esa clase corrimos hacia las puertas de ese vagón, pero para nuestra sorpresa estaban cerradas, me apresure a golpear para que alguien abra. Quien abrió la puerta fue el inspector del tren, pensé "estamos salvados". Pero el inspector con cara de pocos amigos y sin escucharnos nos mando a la clase general, e inmediatamente dio la orden para que el tren arrancara. En 3 segundos hicimos 30 metros con las valijas a cuesta, vimos una puerta abierta y nos zambullimos en ella, era un vagón de segunda clase, atestada de indianos, tan así, que tuve que viajar con un pie en el aire durante 30 km.
Al cabo de media hora pudimos hacernos lugar y cerrar la puerta del vagón, jamás las palabras escritas u orales alcanzarán para describir el olor a pis que había en ese vagón, sumandole el detalle de que el baño esta a 1 metro.
Luego de una hora de viaje parados y viendo como se nos caían los pelitos de las narices por el olor asfixiante, el tren llegó a la estación de Udupi donde varios pasajeros se bajaron. Aquí logramos acomodar los bolsos contra la puerta del otro lado del andén dejando un hueco donde Morena se sentó, se cubrió con la frazada, y a pesar de que estábamos mas cerca del baño que antes logro dormirse. Yo seguía de pie junto a ella procurando que las valijas no se le cayeran encima.
Transcurrió otra hora de viaje, hasta la estación de Mangalore, yo sabía que el tren estaría detenido un par de minutos, rápidamente bajé del vagón para buscar abierta una puerta de la tres a/c, por suerte la hallé. Corrí a llamar a Morena, me cargue los dos bolsos al hombro y nos metimos de polizones en la tres a/c, con la esperanza de encontrar una cama. Pero la noche tenía otras pretensiones. En tres vagones que abarca esta clase, más de 150 lugares posibles, y todos estaban ocupados.
A esta instancia volver a la otra clase ya no era una opción, decidimos quedarnos en el hall del vagón de tres a/c, un espacio pequeño y sucio donde están las puertas para bajar del vagón, y también los dos baños.
Agotados y con el sueño pesando sobre nuestros párpados, nos tiramos al piso envueltos con una brazada para pasar la noche...
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