NEUSCHWANSTEIN. No sólo Luis II, su corte y su reino
; el compositor Richard Wagner
y su ópera
Lohengrin
; Walt Disney
; el escenógrafo que lo diseñó
; el gobierno alemán
; el millón y medio de personas que cada año lo visita, han hecho memorable a Neuschwanstein… Pasado y presente convergen en este monumento, ciertamente, el más emblemático de Alemania. A 130 kilómetros al sur-occidente de Múnich, arribando al poblado de Schwangau, entre bosques y precipicios, se alza esta fantasía medieval construida a lo largo de 17 años y abierta al público en 1886, siete semanas después de la muerte de su ideólogo, Luis II, el ‘rey loco’ e inadaptado a su época, quien a pesar de las excentricidades y lujos con los que gobernó, se convirtió en el monarca más querido por los alemanes de ayer y de hoy. Tan sólo 102 días vivió en su onírico castillo Luis II. Las estancias de la cámara del rey, de estilo neogótico, la bizantina Sala del Trono y la Sala de los Cantores -en la que anualmente se celebran conciertos de música clásica-, son especialmente recomendables durante su visita.
HOHENSCHWANGAU. Buena parte de su infancia pasó en este castillo Luis II, cuyo nombre traduce “Schwangau de arriba”, por su ubicación respecto del poblado que domina. En su interior se destaca la Sala del Cisne y los pabellones y gabinetes que exteriorizan obras inspiradas en hechos y personajes de las remotas Sagas Germánicas y de las leyendas que Richard Wagner utilizara como base argumental de sus óperas. Un piano de este compositor aún se conserva en una de las salas abiertas al público.
HERRENCHIEMSEE. Concebido como una réplica del Palacio de Versalles en Francia, Herrenchiemsee, aunque inacabado por falta de recursos económicos, fue el lugar predilecto de retiro de Luis II. Localizado junto al lago Chiemsee, en la isla de Herreninsel, impacta especialmente por la Galería de los Espejos, de 98 metros de largo, 15 más que la de su similar parisino.
LINDERHOF, residencia habitual de Luis II, de inspiración rococó, se emplaza en el valle de Ammer. Tanto el dormitorio del rey, revestido en estuco dorado y paredes tapizadas con tallas y pinturas, como sus jardines, estanques, y cuevas artificiales, rememoran el lujo y el modelo versallesco que caracterizó a Luis XIV.
NYMPHENBURG. Al occidente de Múnich, rodeado de jardines y un lago de cisnes, se asienta majestuoso el castillo que fuera residencia de verano de los Wittelsbach (dinastía que gobernó Baviera durante 700 años). Nymphenburg, joya del barroco alemán, fue construido entre 1664 y 1674. Los autobuses turísticos hacen aquí una parada e invitan a los pasajeros a detenerse frente al Gran Salón, la Galería de las Bellezas -que exhibe retratos de 36 mujeres muniquesas-, el Museo de Porcelana y el Museo de las Carrozas, cuya colección de carruajes y trineos denotan la fastuosidad de los vehículos utilizados por Luis II.