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Alma rusa: Moscú y San Petersburgo
Escribe: heraldica
Alma rusa: Moscú y San Petersburgo - Del 13 al 20 de abril 2008. Si hubiese empezado a escribir este diario, nada más llegar de Rusia, el texto hubiese sido bien parco: un país para no volver. Pero con la perspectiva del tiempo pasado, y con la mente más clara, tengo que reconocer que no me puedo dejar vencer por los primeros arrebatos. Es una tierra dura, muy dura, con gentes que no conocen la sonrisa...
Moscú - primeras impresiones....
Moscú, Rusia — martes, 7 de abril de 2009
El visado cuesta unos 90 euros por persona, y sólo lo conceden por las fechas precisas y justificadas por el hotel donde se vaya a pernoctar, que a su vez, tendrá que remitir una carta de invitación a la embajada rusa. ¿Dan ganas de ir verdad? Una vez conseguidos todos los documentos, el aterrizaje en Moscú y el paso por las aduanas fue menos “traumático” de lo que pensaba. No hubo preguntas, y a pesar del primer contacto frío, casi helado, con los funcionarios rusos, entramos sin mayor problema. Eso sí, un dato a tener en cuenta: antes de aterrizar, en el avión te dan una especie de tarjetita blanca, donde tienes que poner tus datos y conservarla durante toda la estancia, porque en el dorso, se acuñan los sellos de los hoteles o lugares donde te hayas quedado durante la estancia permitida en el visado. Esa tarjetita es un documento a no perder, pues te lo pueden pedir en cualquier momento.
Hay 5 aeropuertos civiles en Moscú, y el de Domodedovo Internacional cuenta con unas instalaciones “a la última”. Para recuperar las maletas, no tuvimos que esperar ni 5 minutos. Una vez en el hall de entrada, nos recibió el chofer contratado previamente y a “1000 kilómetros” por hora nos llevó hasta el hotel Cosmos. En el trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel, comprobamos en vivo y en directo lo agobiante, terrible y desesperante que puede llegar a ser el tráfico en Moscú. La gente conduce por los arcenes, sin respetar las señales, colándose por cualquier hueco y a 1000 por hora. Un auténtico suplicio. Dicen que dentro de unos años ya no se podrá conducir por Moscú, y desde luego, creo que el de taxista en esta ciudad es el peor de los trabajos. Yo intentaba no mirar al frente para no sufrir un infarto agudo, y procuré distraerme viendo las “viviendas-colmena”, de estética comunista que rodean la capital de Rusia. Antes de llegar a las barriadas tristes y “grises”, también pude ver algunas Dachas (casas de campo), a donde suelen huir los moscovitas para pasar el fin de semana y las vacaciones, y alguna iglesia ortodoxa con sus cúpulas de “cebolla” centelleantes, que daban la nota de color a tanto gris. Se puede decir que la primera impresión de Moscú no fue de lo más acogedora.
Cuando por fin llegamos al macro hotel Cosmos, después de pasar casi dos horas en el taxi, el impacto visual ya fue de órdago a la rusa!. Se construyó, a finales de los años 70, para las Olimpiadas de 1980 (sí, sí las del Osito Misha), y es una mole de casi 2000 habitaciones. La entrada la preside una estatua del General Degaulle, ya que parece ser que los hoteleros que lo construyeron eran franceses. Dicen las guías que fue renovado no hace mucho tiempo, y cuando accedes a la recepción, que parece un hall de aeropuerto, con gente pululando por todas partes, te empiezas a preguntar dónde y de qué forma se hicieron las restauraciones.
En la planta baja están los “putis”, unos “antros de perdición” que ni con la guardia pretoriana de Putin, entraría yo allí. A continuación en la recepción, las “simpáticas y agradables” señoritas que atienden al personal, te reciben con un levantamiento de ceja proporcional al lapso de tiempo que tú aguantes sin decirles nada, esperando a que te atiendan. ¡Guerra fría!, qué ganas tenía de sentirla en mi piel….Mientras ya por fin se dignan a darte la tarjeta de la habitación (4 estrellas, según reza la publicidad), intentas hacer virguerías para poder acceder a uno de los 4 ascensores, entre el gentío, las maletas rodantes de lo japoneses que se multiplican y las máquinas tragaperras que no dejan de sonar en el casino que se encuentra también en la entrada del monstruo -hotel. Una odisea. Llegamos a nuestra planta, la 21, y recorremos un pasillo con moqueta de cuando el “osito Misha” era sólo un germen. Ya no sólo echa para atrás el diseño de la moquetita, el olor a ácaros fosilizados, derrumba a las pituitarias más sufridas. Por un momento, pensé que todo era un juego de obstáculos y pruebas, y que nos estaban filmando desde la Casa Blanca o desde el Pentágono.
El “momento” entrada a la habitación doble, acompañados por el botones “sacarinov” , ya nos dejó un poco más tranquilos, porque lujo, lo que se dice lujo, brillaba por su ausencia, pero vistos los precios de los hoteles, en la ciudad que ahora mismo es la más cara del mundo, pagar 180 euros por una noche era una “bicoca”! . Aunque eso sí, espero encontrar algo mejor, si algún día tengo que volver a Moscú…www.moscow-hotels-russia.com/span/savoy-price.htm Corrí las cortinas e hice lo primero que hago siempre al llegar a una habitación de hotel: contemplar las vistas. Desde las alturas de un piso 21, las vistas eran bastante espectaculares, porque además, el Cosmos se ubica frente al monumento dedicado los astronautas, a la famosa Torre de TV de Ostankino, y frente al antiguo Parque ferial de la ciudad, por donde merece la pena dar una vuelta para ver ejemplos de hasta donde puede llegar el gusto ruso por lo más rococó y extravagante que una mente pueda imaginar.
Antes de pasear por este Parque, salimos a cenar y buscamos un restaurante cercano, para no mojarnos bajo el diluvio que se originó justo en ese momento. Encontramos el lugar enseguida. Un restaurante cuyo decorador habrá sido deportado a Siberia, seguro, a juzgar por el estilo indescriptible y casi insultante del local. Moqueta roja hasta en el techo, sillones aterciopelados del estilo “Rivadulla, la decisión es tuya”, y una pantalla gigante de plasma que coronaba las cabezas del dúo que cantaba canciones de amor ruso a los allí presentes. Todo un espectáculo y un “comienzo” ad-hoc de nuestra aventura rusa. Lo mejor no fue la comida, que consistió en una especie de Kebbab normalito con ensalada, sino el espectáculo que dieron los comensales de la mesa de al lado, con las botellas de vodka que no cabían ya en la superficie de la taula. Eran 4, un hombre barrigudo y cincuentón, junto a tres mujeres a las que sacaba a bailar por turnos, sobándolas de arriba abajo.
En un momento dado, como se le acumulaba el “trabajo” se dirigió a una mesa, donde estaban reunidos un grupo de musculosos, con cara de pocos amigos. Parecía la reunión de un grupo de mafiosos, organizando un golpe para esa misma noche. Con lo cual, cuando llegó el espontáneo a pedirles ayuda para que bailaran con “sus chicas”, la respuesta del grupo de las mandíbulas batientes fue rotunda, y sin palabras, con una mirada conjunta fue suficiente: ¡piérdete!. El hombre volvió a bailar, pegando botes por el pasillo, y el vodka siguió corriendo nuestra despedida en un “pies para que os quiero”! La primera toma de contacto con Rusia, había sido impactante, y antes de ir a la habitación dimos una vuelta por el Parque Ferial que se encuentra como decía, justo en frente del Hotel Cosmos, que a esas horas de la noche brillaba con luz propia. Cientos de luces de neón recorrían su fachada como si fuese una nave espacial. Por un momento nos recordó a los hoteles de Las Vegas, pero eso sí, con estética soviet. En nuestro paseo, pese al frío, pudimos ver a varios grupos de jóvenes haciendo “botellón”, mientras la estatua del Omnipresente Lenin les vigilaba en la sombra. El paseo nos vino bien, a pesar de la fuente de figuras barrocas en oro, que casi nos deja ciegos. Definitivamente estábamos en un país de extremos: grandiosidad, volumen, brillos y estridencias. El todo vale si se hace ver, si no, no existe!
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Últimos comentarios
Dimaz dice:
"El visado cuesta unos 90 euros por persona, y sólo lo conceden por las fechas precisas y justificadas por el hotel donde se vaya a pernoctar, que a su vez, tendrá que remitir una carta de invitación a la embajada rusa. ¿Dan ganas de ir verdad?"
Estimada Ana, Usted no sabe cuánto difícil es conseguir una visa europea/estadounidense pa un ruso!!! Seguro, la visa se la dieron a Usted fácilmente? Y lo q escribió Usted es mucho menos problemático q enfrentamos nosotros, los rusos, cuando queremos ir a Europa/los EEUU, pues tenemos mucho más obstáculos, x desgracia...
x eso pido q no juzgue así)
saludos a querida España desde Rusia)
Publicado
CAMIDERM dice:
Los requisitos no son solo para los Rusos amigo Dimaz. Pregúntale a cualquier Colombiano qué tiene que hacer para mendigar un visado (6 meses) para ingresar España, por ejemplo. Para no hablar de Europa, aquí muy cerca, en República Dominicana te piden, además del visado, escribirle una carta al mismísimo embajador !!! Sea como sea, yo si tengo muchas ganas de ir a Rusia, esperaré a ver que cuenta Maleja que anda por esos lados en este momento. Saludos.
Publicado
un viajero dice:
Pero mira que me reí con tu diario....has descrito casi nuestra estancia en Moscú. Los moscovitas, dice un amigo mío de Siberia, al parecer son un poco "especiales", supongo que igual que en todo el mundo, capital-resto del país. Ojo, eso no lo digo yo, que lo dice él.....
Nosotros estuvimos en el Rossiya (otro que para ir del hall a la habitación casi usamos un GPS, enorme, gigante, monstruoso...), con las "reinas de la simpatía" trabajando en cada planta.... en fin, que me lo pasé muy bien leyendo tu diario. Un saludo. José Luis
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Moscú - primeras impresiones....
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MOSCU AL COMPLETO: metro ruso - Plaza Roja - Kremlin
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