Diarios de viaje > Canadá, América del Norte

Muy al norte.

Escribe: Vale_S
Vacaciones recorriendo Montreal, Ottawa y Quebec.

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo 1 2 3 Siguiente >
 

Primera parada... ¡Montreal!

Montreal, Canadá — domingo, 15 de agosto de 2010

Esta vez el destino era Montreal, hice escala en Nueva York donde aterricé en el JFK, tuve que esperar dos horas para tomar la combinación, esta era en un avión pequeño donde no van mas de 15 personas, iba sentada al lado de la ventanilla admirando la panorámica (tratando de ver desde las alturas la estatua de la libertad) cuando el avión comenzó a girar quedando casi con una de las alas hacia el suelo, fue impresionante la sensación que me produjo, no pude dejar de pensar en lo pequeña que era la nave y la posibilidad de terminar en el suelo, por suerte nada extraño sucedió, aterrizamos sin contratiempos,  estando ya en Canadá todos mis miedos se borraron, mi mayor temor eran las aduanas tanto en EEUU como la de Canadá, temía no poder hacerme entender con mi básico inglés, por suerte mi pasaporte español hizo que todo fue más expedito. Antes de salir del aeropuerto (me esperaba familia que tengo en Montreal) nos paseamos por el estacionamiento buscando el coche, yo en esos momentos aprovechaba de mirar todo lo que pasaba ante mis ojos, y como sucede siempre, tratar de identificar ese olor nuevo que uno siente cuando llega a un lugar extraño, finalmente tomamos el coche y partimos, a lo lejos se veía el Mont Royal uno de los pocos cerros que hay, en general el paisaje es plano, las calles son amplias y fuera del centro (Downtown), las construcciones no son de más de tres pisos, salimos de Montreal para irnos a Longueuil, donde estaría mi centro de operaciones.

Mi primera mañana en Longueuil resulto ser un día soleado, aunque todo estaba cubierto con nieve ¡y era primavera!, fuimos hasta el río San Lorenzo, a unas 6 calles de donde alojaba, toda la orilla estaba blanca, el paisaje era lindo y nuevo para mi, para llegar hasta la orilla nos fuimos caminando por las huellas que habían, en un momento dado me salí unos pocos centímetros de estas y quede literalmente con la nieve hasta la rodilla, yo novata en estos paisajes no pude hacer otra cosa que reírme y memorizar para otra vez que solo debía pisar por donde habían huellas. Por la tarde tomamos un autobús y el subterráneo y nos fuimos al viejo Montreal, cuando nos bajamos del metro era impresionante encontrarse con una verdadera ciudad subterránea, eran pisos y pisos de locales comerciales, oficinas, etc. Salimos a la superficie y aprovechamos de caminar por sus calles, pasamos por el barrio chino, fuimos metiéndonos por distintas calles, en un momento dado me llamo la atención una construcción como castillo que se veía un poco mas allá, dirigimos nuestros pasos en esa dirección, salimos a la plaza donde esta la basílica de Notre-Dame, el interior es hermoso, todas las ventanas de los costados tienen Vitros con los momentos mas relevantes de los inicios de Montreal, el altar era sobrecogedor, no recuerdo haber visto imágenes con  rostros más hermosos, en los costados hay bancos de madera labrados, al fondo de la nave hay un gran órgano, después de recorrerla y rezar una oración de agradecimiento por poder estar ahí salimos de la iglesia, frente a Notre Dame hay una plaza (creo que la de armas) con una estatua que me dio la impresión de ser a un mosquetero por sus ropas, pero en realidad era a Maisonneuve que vivió por el año 1642. En el barrio hay varios negocios de souvenir, aproveche de comprar en uno de ellos donde hablaban castellano varios recuerdos para llevar a mi regreso. Después continuamos caminando casi paralelo al puerto donde aproveche de sacar fotos para tener una idea de lo que es la ciudad de Montreal.

Al día siguiente mientras desayunaba pude observar como literalmente volaba una ardilla que iba de árbol en árbol, se movían con una rapidez asombrosa, me comentaron que se comían todos los brotes, pero no se podía hacer nada contra ellas porque estaban protegidas por ley. Esa mañana salí sola a pasear por el barrio, en primera instancia llegue hasta la avenida principal (St. Chales), caminado hacia mi izquierda uno llegaba a la parte vieja de Longueuil, me acerque hasta la catedral, sus techos de cobre llamaron mi atención (cuando los vi ya estaban color verde por el oxido, debe haber sido espectacular cuando estaban recién puestos y con su tono original), al costado de esta se encuentra un gran edificio que fue en sus tiempos un internado y al lado de este se ubica una casa histórica, los conservan y señalan por el tipo de  construcción en piedra que era típica en la zona, son de lo poco que queda de las primeras edificaciones, después me acerque al río para fotografiarlo con sus orillas congelada y sus árboles con nieve en vez de vegetación, volví caminando tranquilamente a la casa, por la tarde salí al supermercado para hacer compras, cual no fue mi alegría cuando comenzaron a caer pequeños copitos de nieve, estos fueron aumentado de intensidad y para mi ¡estaba nevando!, era como si del cielo estuvieran arrojando plumas blancas que revoloteaban por todas partes, parecía niña pequeña mirando al cielo y poniendo las manos para que cayesen en ellas.

Sentía como golpeaba el pino que hay bajo la ventana de mi habitación  y como caía la lluvia,  pensé ¡se nos fue al agua el paseo del domingo! por suerte no fue así, a eso de las doce la lluvia había parado y comenzaba a salir el sol, nos pasaron a recoger y emprendimos un viaje de unos 150 Km. al norte de Montreal, a un lugar conocido por el turismo que va a esquiar en invierno, allí si que se apreciaba todavía gran cantidad de nieve, en el paisaje se veían bosques, grandes casas, condominios de variadas construcciones. Nuestra primera parada fue a comer en el Hotel Le Chantecler, un lugar hermoso ubicado en Sainte-Adele (Quebec), es una construcción de piedra a orillas de un lago que en ese momento estaba congelado, el comedor era muy espacioso con ventanales de lado a lado que te mostraba una vista espectacular, era buffet abierto, empezamos con las ensaladas, plato de fondo y postre acompañado de un vino tinto Concha y Toro, una vez finalizado el almuerzo salimos a la terraza del hotel que en esos momentos estaba desierta para admirar el paisaje, era como aquellas postales que te muestran paisajes navideños nevados de ensueños, salimos del hotel y nuestra siguiente parada fue en un pueblito llamado Village Sanit-Sauveur, era un lugar pequeño pero encantador, donde aprovechamos de recorrer sus negocios, era agradable caminar por la calle principal tranquilamente admirando todo, las casas la mayoría transformadas en tiendas eran de variados colores lo que le daba vida al lugar aún gris por la fría primavera.

Había llegado la hora de saciar el bichito del juego, tomamos el bus hasta el metro, pasamos un par de estaciones y nos bajamos en la estación donde se encuentra el casino, tuvimos que tomar otro bus que nos acercó a las instalaciones, el casino está en una de las orillas del río, se ve desde el puente que cruza Montreal a Longueuil, cuando uno pasa en la noche este esta iluminado de tal manera que da la impresión de ser un barco anclado en el río San Lorenzo, una vez dentro dejamos nuestros abrigos en custodia y nos desplegamos a buscar la maquina tragamonedas que nos daría la suerte, en la mayoría de las maquinas tu podías jugar con monedas de 25 centavos de dólar (Canadiense), se veía que es un lugar muy concurrido por los extranjeros, la mayoría eran orientales que hacían un gran escándalo tanto para explicar, como cuando ganaban en los tragamonedas, yo perdí los 15 dólares que jugué, podría haberme recuperado pero preferí pasar un rato más largo jugando y la suerte finalmente no llego, cuando ya nos habían dejado en banca rota recorrimos el resto del casino, que no difiere mucho a otros, excepto por la vista sobre el río con las ciudad detrás, fuimos a buscar nuestros abrigos y volvimos a hacer el viaje de regreso.

Hoy mi compañera de correrías fue la prima que me aloja en su casa, fuimos a Montreal, paramos para almorzar en un lugar donde hacen clases de cocina, lo que preparan lo venden  para la gente de bajos recursos o indigentes, el almuerzo nos salió 4.50 dólares, y la bandeja tenia sopa de tomate y verdura, ensalada de lechuga, pepinos y aceitunas, el plato de fondo podía ser macarrones con vienesas o un plato de allá que es una base de mil hoja con salsa de mariscos (hasta colitas de camarones y algo parecido a los calamares) con patatas doradas y acompañado de un poco de ensalada rusa (papas cocidas, arvejas y zanahorias), y postre de jalea con crema, duraznos al jugo o una tartaleta, además te daban un vale para una taza de te o café, el almuerzo fue largo y tendido, no habíamos tenido oportunidad de conversar las dos solas por lo que aprovechamos el momento para contarnos lo que habían sido nuestras vidas, el ambiente era un comedor de institución donde habían mesas largas que tenias que compartir con el resto de los que allí almorzaban, lo que nos causo gracia fue cuando nos dimos cuenta que cualquiera de ellos tenia ropas de abrigo de mejor calidad que las que usábamos nosotras ¡y era gente de bajos recursos!.

De ahí nos fuimos a caminar por la calle Sant Denis, una de las calles de moda, con restaurantes, tiendas de ropa, cafés, era curioso ver como  la gente aprovechaba de tomar sol en las terrazas y para ser una hora laboral (15:00 hrs.) estaba lleno de gente disfrutando al aire libre, era divertido ver la diversidad como iba vestida la gente, algunos muy elegantes, otros sencillos, algunos muy abrigados y otros en manga corta, todo un abanico de vestimentas.

Amaneció lloviendo, no teníamos ningún plan para ese día, cuando me llamo mi tía diciéndome que podía salir temprano del trabajo, si yo me animaba a encontrarme con ella en el metro para ir al Biodome, le comente que no tenían ningún problema, con las salidas que había hecho ya sabia como moverme con los trasportes públicos y esto le agregaba un poco de aventura a la salida, finalmente la aventura  no me resulto porque me fueron a dejar al Metro, por mas que yo insistía en que podía irme sola. El Biodome está ubicado al costado del recinto del Estadio Olímpico, es un lugar en el cual tienen reproducidos cuatro ambientes naturales (el mundo polar, el acuático del río St. Laurent, el bosque canadiense y la zona tropical), pagamos la entrada e ingresamos, te recibía el calor y olor típico de las zonas húmedas, estábamos ingresando a la zona tropical, aquí te tienen todo diseñado para que te sientas en una selva, árboles, plantas, rocas, y entre la vegetación de forma libre te encontrabas con animales, aves exóticas y monos (estos por lo menos son los que yo vi), uno debe seguir una senda demarcada que te lleva por un camino donde encuentras una  cueva desde la cual puedes admirar  una caída de agua.

Siguiendo por la ruta uno empieza a adentrase a la zona dedicada al bosque de Canadá, aquí tuve la oportunidad de ver un Lince canadiense en su hábitat natural, además tenían un especie de río donde uno podía ver los castores en acción construyendo sus represas naturales, siguiendo por el camino pasabas otra puerta y entraba en el mundo acuático, eran paredes de vidrio del suelo al techo con unos inmensos acuarios, donde uno podía ver gran variedad de peces que se movían libremente y tranquilos en su ambiente artificial,  a las afueras del acuario uno podía observar un río artificial donde nadaban tranquilamente patos de vistosos colores, si uno continuaba el camino llegaba al mundo polar, me entretuve mirando los coqueteos de los pingüinos hacia sus parejas, era tan cómico verlos como se movían en tierra y luego se lanzaban al agua, detrás de los vidrios uno puede ver una panorámica completa del hábitat de estos animalitos, este fue uno de los sitios que más  me llamo la atención, ver como tan perfectamente pudieron reproducir durante todo el año en un clima tan poco amigable como el de Canadá este Biodome para que todos conozcan los distintos climas y hábitat que hay en otras latitudes.

Cuando salimos subimos  por la torre inclinada del estadio olímpico, desde allí uno tiene la mejor vista de Montreal y sus alrededores, lo divertido fue que cuando llegamos a pagar la subida del ascensor nosotras discutíamos en castellano quien invitaba a quien, yo le discutía a mi tía que ella me había invitado en el Biodome y ahora yo la quería invitar, el caballero de la caja nos miraba y hacia la mímica como si entendiera lo que nosotras hablábamos, por fin me dejo que la invitara y subimos por un ascensor de vidrio, que te dejaba apreciar desde allí mismo la panorámica según ibas en ascenso, cuando llegamos arriba aproveche de sacar fotos a los cuatro costados, para tener una imagen completa de la ciudad, estaba ya atardeciendo por lo que todo se veía  con ese color triste de cuando se va retirando el sol, además como había llovido en la mañana y en muchos sectores todavía había restos de nieve te daba aún mas melancolía la vista, desde allí ví el desolador panorama del Jardín Botánico, me comentaban que era espectacular y hermosísimo en verano y principios de otoño.

Los días se me pasaban volando, entre recorrer nuevos lugares y compartir con esta maravillosa familia que no conocía bien por la distancia que nos separaba. Una noche me llevaron a ver la vista desde el Mont-Royal, el movimiento era increíble hasta vimos una limusina que paseaba por dicho lugar, también me toco ver un guardia vestido con el uniforme de la policía montada de Canadá, volvimos temprano a casa, al otro día partíamos a Ottawa.

Publicado
Modificado el
Leído 1014 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

Capítulo 1 2 3 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

carmenparis dice:
muy bueno tu relato. Estuve en Canada hace tres anos y realmente me gustaria volver a Quebec, su gente es realmente simpatica ... saludos
Publicado

FREEMIND dice:
Que buen diario, me gusta como describes tu experiencia, un fuerte abrazo desde Mècxico, excelentes fotos!!
Publicado

Vale_S dice:
Gracias por los comentarios, ayudan para continuar escribiendo
Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Capítulos de este diario