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Pura Vida Montezuma

Escribe: akkers73
Montezuma es tal vez mi lugar preferido de todos los que he conocido en mi viaje, y definitivamente es el sitio donde más tiempo permanezco. Casi 5 semanas en total. Entré con mal pié en este...

 

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Capítulo 1
 

Pura Vida Montezuma

Montezuma, Costa Rica — viernes, 15 de agosto de 2008

Montezuma es tal vez mi lugar preferido de todos los que he conocido en mi viaje, y definitivamente es el sitio donde más tiempo permanezco. Casi 5 semanas en total. Entré con mal pié en este precioso rincón al sur-oeste de la península de Nicoya, en la costa pacífica de Costa Rica, pero aun así, este lugar me cautiva desde el primer momento. El Pacífico, a diferencia del Caribe, es un poco menos caluroso y bastante menos húmedo. Tiene un cierto aire Mediterráneo, aunque no hayan pinos. Por aquí no suelen llegar ciclones y casi nunca llegan los huracanes, fenómenos muy frecuentes en las cálida aguas del mar Caribe.No obstante la vegetación sigue siendo espectacular, sin llegar a ser la jungla impenetrable del otro lado... Viajar a Montezuma es como llegar a una isla. Para acceder hasta aquí se necesita coger un ferry que sale varias veces al día desde Puntarenas. Por el norte se tiene acceso si se viaja en un 4x4 suficientemente preparado, con la altura necesaria para poder superar alguno de los ríos que hay entre esta región, y Guanacaste, región situada más al norte. En época de lluvias, no se puede ni con el mejor de los todo terrenos. Los ríos bajan demasiado caudalosos y no queda más opción que embarcarse... Creo que es por la falta de accesos para transitar por esta región que toda esta parte del país ha sabido mantenerse más o menos intacta si lo comparamos con la saturadas costas de Guanacaste, Quepos o Puerto Viejo... Las carreteras son malas, muchas no están asfaltadas y los agujeros, pedruscos o rieras aparecen constantemente en el camino desde Cóbano, el pueblo más importante de la región hasta el pueblo. El núcleo de este pueblo consta de tres o cuatro calles. No más. Una calle principal, de 100 metros de largo y un par de calles que le llegan por los lados. Montezuma está a orillas del pacífico, orientado cara al sur, rodeado por promontorios y bosques. A un lado del pueblecito está la Playa de Montezuma, una calita perfecta entre rocas, y al otro lado, están las Playas del Coco, una playa larga con palmeras y cocoteros, interrumpida por rocas y que lleva hasta el Reserva Natural Wessemberg. Justo delante de la entrada de este pequeño espacio protegido se encuentra la Playa de Piedras Coloradas. Piedras coloradas es una pequeña cala entre rocas donde va a morir un pequeño riachuelo. Antes de desembocar al mar, el río tiene la genialidad de estancarse en un minúsculo laguito, justo enfrente del océano. Es una bañera natural de aguas transparentes, fresquitas que producen la delicia al sofocado caminante que haya llegado bajo el sol tropical desde el pueblo. Esta playa recibe el nombre de Piedras Coloradas por el color de los cantos rodados que hay en la playa, producto de erupciones volcánicas. Estas rocas son oscuras, y no son particularmente rojas... Las hay de todos colores, rojas, negras, amarillas, verdes... Allá donde se forma esta bañera natural, hay unas piedras sedentarias formadas por una arcilla extremadamente fina, que parece talco. Una vez machacadas con un palo y mezcladas con agua, hacen un barro con propiedades increíblemente beneficiosas para la piel. Uno se aplica este barro por todo el cuerpo, y deja que se le seque al sol. Al cabo de un rato se sumerge en el río o en el mar y se desprende de esta polvorienta mezcla. El resultado de este tratamiento es una piel suave como el culito de un bebé. Este balneario natural y gratuito es realmente una maravilla natural y la recomiendo a cualquiera que desee limpiar su piel de impurezas y relajar su mente. Hacia el noroeste del pueblo, hay otra playa espectacular: Playa de las Manchas, una playita tras otra entre rocas volcánicas que forman extrañas formaciones. La arena de la playa no es propiamente arena de piedras y rocas. Si uno presta atención comprobará que es producto de billones de conchas, machacadas y desgastadas por los años. Cerca de allí desemboca un pequeño río, que si uno se toma el tiempo necesario para remontar su curso llegará a una espectacular serie de cascadas. El camino no es fácil y hay cierto riesgo de pegarse un buen trompazo caminando por las resbaladizas rocas, pero el lugar parece la localización perfecta para una película del estilo Blue Lagoon...En la primera cascada, el río cae desde 20 metros de altura a un gran estanque de aguas limpias y profundas. La sensación que se tiene al tomar una refrescante ducha de agua del río cayendo desde semejante altura sobre la espalda es como un hidromasaje pero a lo bestia... Es difícil de soportar la presión, pero colocándose a un lado del choro principal, un lluvia deliciosa limpia y purifica el cuerpo de energías negativas... Subiendo a las cascadas superiores, el camino se complica enormemente, obligando a practicar un poco de escalada, y no es recomendable para gente que sufra de vértigo. Las cascadas superiores son algo más pequeñas y el agua salta unos 12 metros en el segundo tramo, y a medida que vamos subiendo, el camino se complica más y más...Desde los estanques que forma el río, es frecuente ver a los monos "carablanca" y monos aulladores acercarse para beber agua. Saliendo de Montezuma, cruzando el río y siguiendo el camino que conduce a Cabo Blanco, llegamos a Cabuya, un minúsculo pueblo formado por cuatro casas de madera, un par de hoteles sencillos y una pulpería (nombre que reciben las tiendas pequeñas de comestibles y productos básicos, tal y como se llamaban aquí los extintos colmados)Las playas de Cabuya son larguísimas y solitarias. Centenares de pelícanos llegan aquí todas las tardes para atiborrarse de pescado. A diferencia de las Playas del Coco, en este lugar es poco recomendable o imposible practicar el surf por la gran cantidad de piedras que hay sobresaliendo del mar cerca de la orilla. No obstante, hay otras actividades que resultan ideales para practicar por este lugar. Una de ellas es la pesca con carrete. El mar es generoso en este litoral y es una gozada ver sacar los pescados en manos de los expertos locales, quienes no dudan en zambullirse entre las olas si es necesario para asegurarse que el hilo de nylon no cederá ante el peso y la fuerza de algunas piezas. Jureles, pargos, caballas, corvinas, meros, macarelas, dorados, peces gallo son las especies más abundantes que merodean cerca de las playas de este lado del país, y en estas aguas ricas de pescadilla, encuentran su hábitat ideal. Más adentro del océano, barcos de pesca deportiva regresan de sus privilegiadas actividades con marlines, peces espada, atunes, y mahi-mahis, también llamado dolphin fish. Que aunque por su nombre parece tratarse de una especie de delfín, se trata un pez fiero de colores verdes y amarillentos... Se cuentan historias por este lugar que en distintas ocasiones los pescadores de pesca deportiva han regresado con tiburones pequeños, mantas o tortugas... Pájaros de tamaños y colores distintos habitan por todas partes tales como tucanes, guacamayos rojos, loros verdes, cotorras, periquitos, urracas azuladas, mosqueros, cucos, zopilotes, halcones, garzas blancas y azules, pelícanos, cormoranes, gavilanes, colibríes, etc... hacen gozar al visitante atento. Algunos por sus cantos, otros por sus colores o rareza y otros por sus actividades pesqueras. Mariposas gigantes azules, también llamadas Blue Morpho, y muchísimas otras especies de mariposas dan color y movimiento al paisaje. Enormes lagartos e iguanas dejan verse por las zonas boscosas del camino. En los estanques que forma el río, se puede observar muy de vez en cuando, la lagartija Jesucristo, que con el rapidísimo movimiento de sus patas traseras, consigue caminar, literalmente, sobre el agua. También, raramente y con una buena dosis de suerte, procurando no hacer el mínimo ruido, se consigue ver ciervos, osos hormigueros, perezosos, monos, armadillos y otros mamíferos pequeños. La industria hotelera todavía no ha descargado aquí su furia, y los hoteles que hay son pequeños, llevados por familias locales en su mayoría, y no muy caros. El único resort hotelero grande que existe alrededor está situado en Playa Tambor, a unos 12 kilómetros de aquí, es de la cadena Barceló y dispone de un aeropuerto propio para que sus clientes puedan ahorrarse el largo y bacheado camino que uno debe "sufrir" para llegar a este lugar. Desde luego que sufrir este accidentado camino no es lo peor que a uno le pueda pasar, ya que podrá disfrutar tranquilamente por la ventanilla del bus la belleza de esta región. Campos de cultivo y pastoreo se alternan entre masas frondosas de bosques semi tropicales. Numerosos ríos, bahías, montañas y colinas. Volcanes extintos. Árboles gigantescos se elevan desde todos los lugares. Cabe destacar una especie de árbol, frecuente en toda Centroamérica, llamado Ceibo cuyos troncos alcanzan diámetros de proporciones exageradas. Mejor una imagen que mil palabras... hay fotos.Costa Rica es un pequeño país con una riqueza natural desbordante. Una cuarta parte del país está declarado como parque nacional o espacio protegido, y este rincón de Nicoya, aunque no sea declarado como tal, es de una belleza exuberante y salvaje... La gente es agradable. Por lo general me suelo llevar muy bien con los ticos. Son bromistas, sencillos, muy generosos, amistosos y buenos conversadores. Conscientes de la belleza de su paisaje se abren totalmente con el viajero que los visita. Debo añadir, que son especialmente amistosos con los españoles... y, si por casualidad este es de Barcelona, el buen rollo suele estar asegurado. Aquí en Costa Rica hay auténtica devoción por el fútbol español, y con el Barça disfrutando actualmente de altos índices de popularidad, ser de Barcelona y hacérselo saber a un tico, significa hablar de Ronaldinho, de Eto´o, etc... En una de mis caminatas por la playa, un grupo de chavales juegan al fútbol, y uno de ellos se acerca a mí y me pregunta si me apetece jugar con ellos... Les digo que sí, y me incorporan a uno de los equipos. Como ven que les hablo en castellano, inmediatamente me preguntan de dónde soy... Cuando averiguan que soy de Barcelona, se ponen eufóricos y deciden bautizarse como el nuevo "Dream Team..." Siento haberles decepcionado con mi pésimo juego, pero espero que hayan aprendido la lección: ser de Barcelona no significa jugar en el Barcelona... Algo que me llama la atención de los ticos es su capacidad de comunicación. Aquí la gente no tiene manías para iniciar una conversación con nadie, se habla por los codos y en poco tiempo entablas una amistad con ellos, que puede derivar en unas cervezas, en un partido de fútbol, una invitación a ir con ellos en barca o como fue mi caso, pasar unos días en su casa, en Turrialba. Si un hotel no tiene habitaciones disponibles, no dudan en recomendarte algún otro lugar cercano. Si traes algún pescado, te lo cocinan sin mayor problema en algún restaurante local. Si les pides información sobre los transportes, se toman la molestia de indicarte los horarios o los destinos, y si no lo saben, lo preguntan ellos mismos a cualquier otro que por pase por allí. En otro lado de la balanza, quiero hacer constar que son unos pésimos constructores... y por lo general, no hay reparación que no se solucione con cuatro clavos mal puestos, un poco de mortero y trozos de Uralita... Otra de las cosas que se echan en falta, es la actividad cultural... En Costa Rica, a diferencia de Colombia o Nicaragua, casi no hay librerías, teatros o museos... Y a veces, encontrar un simple kiosco con cuatro revistas que no sean del corazón, o telenovelas resulta una tarea imposible. Todos los diarios, excepto el diario La Nación, son pésimos, y suelen centrarse en noticias sensacionalistas de sociedad, deportes y cotilleo. La gastronomía tampoco es para echar cohetes, y en los restaurantes locales de los pueblos, solo se encuentra lo que por aquí llaman "comida corriente". Es decir, no salen del "casado" con pollo, pescado o res (carne de vaca). Los dos meses que permanezco en el país me alimento casi exclusivamente de este plato. El casado consiste en un plato combinado de frijoles, arroz, a veces con puré de patatas y otras verduras y ensalada de col. Acompañado eso sí, de las insípidas y algo indigestas tortillas de maíz. Creo que es un plato equilibrado y saludable, pero uno acaba hasta el gorro de comer siempre lo mismo. Montezuma, también rebautizada irónicamente por viajeros y locales, Montefuma o Montefuck, es un buen lugar para practicar ambas cosas. El que quiere. La noche aquí es entretenida y aunque la oferta nocturna se limite a dos o tres locales, uno siempre tiene la oportunidad de liar su propia fiesta en la playa o las habitaciones del hotel.Los turistas suelen desmadrarse, y durante los fines de semana, ticos venidos de la capital o alrededores dan un buen ambiente a este lugar. No hay malos rollos, a diferencia de Puerto Viejo, Jacó o Tamarindo, donde el turismo mal desarrollado a traído a aquellos lugares, chorizos, yonquis y mujeres de mala vida. Chorizos, de haberlos, haylos... si no que me pregunten a mí... pero a pesar de todo, salir por la noche, y llegar "alegre" o más que alegre a las tantas de la noche al hotel no supone un riesgo demasiado remarcable. Tampoco hay zonas chungas. Aquí uno va a donde le da la gana. El resto de lugares, suelen tener su zona roja, o territorio Comanche, como yo digo, pero afortunadamente eso no existe por aquí. La policía intenta vigilar las playas por las noches para averiguar si hay gente que fuma "mota", como aquí llaman a la marihuana. Pero con tan pocos efectivos en un territorio tan grande, hay que tener muy mala suerte que te pillen con un porro. En una de las noches, estoy yo fumando mi tabaco de liar, como de costumbre, y se me acerca un poli por sorpresa. Me alumbra con su linterna el pitillo que estoy fumando... Me pregunta si estoy consumiendo drogas. Le respondo que no, le enseño el paquete de tabaco de liar que he comprado en algún súper del pueblo, y seguidamente me alumbra la cara...Me mira y dice: -¡Hombre¡ ¡si es el mae de Barcelona!... Se trata del poli que redactó la denuncia del robo... ¿como estás, mae? me pregunta, y me dice que tranquilo, que fume lo que me dé la gana...Mae viene a ser el equivalente de "tío" y es la palabra más pronunciada en sus conversaciones. Lo de ir a cazar cacos no parece ser la actividad preferida de los polis, pero pillar a turistas desprevenidos con un porrillo en la mano, parece algo mucho más fácil y lucrativo para ellos... Porque con un sueldo tan humilde, qué policía no hace la vista gorda por unos cuantos dólares extras... por un cochino porrillo. Otro de los atractivos de este sitio son los artesanos que parchean por las calles. Acabaré por conocer a casi todos. Al final de la calle principal, camino a Piedras Coloradas, se van colocando sobre precarias mesas improvisadas con lo que hayan pillado: cajas de botellas, trozos de cartón, cañas, palets, etc... Eso sí, tapado con una tela negra, todo queda muy bien disimulado. Los "parches" o paños, son lo que muestran los artesanos al público, y de noche, un par de velas introducidas dentro de botellas para protegerlas del viento, iluminan con una luz suave los objetos que allí se exponen. Como no podría ser de otro modo hay de todo en la viña del Señor. Hay artesanos cutres, los hay brillantes, hay artesanos geniales y originales, los hay que no son artesanos, sino que comercian con lo que previamente compraron a otro artesano. Entre ellos conozco a un verdadero artista de la plata: Matías de Paraguay, cuyos diseños merecerían estar expuestos en la mejores tiendas. Trabaja la plata él mismo y fabrica anillos, colgantes, pulseras, collares... Los adorna con malaquitas, turquesas, lapislázulis, ópalos, ojos de tigre, jades, amatistas, obsidianas, ágatas, fósiles, ámbar, nácar, corales, conchas, maderas nobles, cáscaras de nueces y cocos, semillas... Las posibilidades son infinitas, pero él sabe combinar con buen gusto la forma del objeto con el material que mejor se adapta. Los diseños son propios, únicos y originales. No existen dos piezas iguales y me enamoro de una pulsera fabricada en plata que simula una hoja. Con la textura y relieve perfectamente imitadas. En la hoja están caladas los perfiles de hormigas cortadoras de hojas que en su labor van transportando los trozos de hojas cortadas a un posible hormiguero... Resulta surrealista, daliniano, pero el precio de semejante obra de arte está fuera de mi alcance...Pau, de Barcelona, trabaja el cuero y lleva años de un lado a otro con sus trabajos. Liane, de Suecia, fabrica objetos en cobre. Federico, Argentina; cuerdas y objetos para fumadores. También echa las cartas y te busca el signo en el calendario maya. Mino de Brasil; artesano bastante chapucilla pero excelente persona. Se declara "esclavo del amor" y es irreal la cantidad de chicas que conquista en el tiempo que estoy en Montezuma. Salgo con él algunas noches para contagiarme de su "savoir faire" e intento prestar atención a las clases del maestro.Carolina de Argentina, es una maestra de las cuerdas. Trenza los hilos formando complicados tejidos. Los adorna con cuentas, semillas o conchas y los vende a precios algo más económicos. Es la artesana que más vende y gracias a su trabajo ha podido viajar por todo el continente americano y por buena parte de Europa... Casi todos los artesanos han pateado el continente de norte a sur, y las historias que me cuentan son espléndidas. Es un estilo de vida bohemio, inestable y alocado en algunos casos. Viven al día (no demasiado diferente a los sufridos currantes de este lado del charco) pero disfrutan de la vida como poca gente haya conocido. Tienen muchísimas experiencias que contar, son gente abierta con el viajero y, aunque sus empleos puedan parecer precarios, ganan bastante más dinero que los trabajadores asalariados de los países donde se establecen. Y no tienen que sufrir a un jefe. Todo esto me recuerda mucho los dorados meses en los que me dediqué a la artesanía, vendiendo mis relojes de cerámica en Las Ramblas de Barcelona. Algunos de los artesanos han hecho su "tour" europeo y coinciden que Barcelona no es la ciudad ideal para poder vender sus manufacturas. Se quejan que los urbanos les requisan el paño al mínimo intento y se sienten delincuentes... A mí, todo esto me resulta muy familiar, y no me queda otra que contestarles con la mejor de mis sonrisas... Barcelona es una ciudad "cívica", señores. Hay otros que realizan tattoos de henna, poemas, astrología o shows con juegos malabares y fuego. Hay quienes montan algún teatrillo, otros venden platos de ceviche (pescado marinado en jugo de limón), empanadas o cualquier otra cosa que puedan vender al despistado y hambriento turista. La cuestión es montárselo e ir tirando, que la vida por aquí es despreocupada, barata y sienta bien al que sabe disfrutarla. Hoy me he dirigido a la playa que está al lado de Montezuma, a medio camino de Cabuya, y pude contemplar como un media docena de pescadores sacaban pescado como locos. El tema es que paseando curioso entre ellos, un chiquillo me preguntó si quería pescar con él y su abuelo. ¡Cómo no! Me ofrecen un carrete de plástico con hilo de nylon enrollado, y solo se trata de coger la sardinita de la arena... Así de fácil. La cosa funciona de la siguiente manera: La sardinita y el boquerón se crían cerca de las playas, y los pescados más grandes como los jureles, dorados o pargos vienen al atardecer a ponerse las botas. Y los pelícanos. Centenares de ellos realizan ataques masivos en bandadas de 30 cayendo con sus enormes picos contra las pobres sardinitas. La pescadilla desesperada por las embestidas de los pelícanos y los pescados depredadores que vienen por detrás, literalmente sale del agua, saltando hacia la arena. Miles de sardinitas mueren ahogadas en la playa, y son devoradas velozmente por los gavilanes que sobrevuelan nerviosos esperando a que la cena les sea servida en la playa.Uno podría hacerse un delicioso plato de pescadito frito si no fuera porque es casi tan fácil pescar los preciosos pargos que hay un poco más adentro. Hay mucho pescado. Pues así es, recogiendo tres sardinitas, atravesándolas con el anzuelo, y tirando a unos 4 metros de donde rompen las olas la pesca es espectacular... En menos de una hora me hago con cuatro jureles que parecen cuatro atunes pequeños, de más de medio kilo cada uno. La lucha para sacar un pescado de ese tamaño es feroz, y como pescamos sin caña de pescar se trata de sacarlo corriendo playa arriba sujetando el rollo de nylon con firmeza. Rápidamente. En un momento estoy en el mar, con mi carrete en la mano, con el agua por la cintura y una enorme mancha negra de varios metros se acerca a mí y me rodea. Es el banco de sardinitas que se amontonan en la línea donde rompen la olas. Noto como millones de pescaditos me rodean, me picotean y saltan fuera del agua. Los pelícanos se lanzan en picado como aviones kamizace a tres metros de mí y un pescado bien fiero tira de mi anzuelo haciéndome que me desequilibre y me caiga. Esto es demasiado salvaje. Lo que estoy presenciando es un brutal espectáculo de la naturaleza. El banquete de pescadilla dura una hora y de repente, desaparecen los pelícanos, y los peces dejan de picar el anzuelo. El festín terminó y la pesca, también. El balance me parece espectacular... pero creo que podrían haber sido unos cuantos pescados más si dominara el truco de manejar el carrete, pero es que en mi vida he utilizado algo así. Cuando vuelvo al lugar donde están los otros pescadores empalidezco con lo qué dos de ellos ha conseguido sacar en hora y media de pesca: 32 pescados, entre jureles, pargos y dorados, algunos de ellos de más de 4 kilos... No sé, sospecho que me ocultan algún truco que no han querido explicarme, pero decididamente al día siguiente iré temprano a espiarlos a averiguar que narices hacen para sacar tanto pescado... Con un jurelito y dos bananos uno se prepara una riquísima cena con todos los nutrientes y el sabor de los productos frescos a un costo prácticamente nulo, y sin generar ninguna clase de desperdicio contaminantes al medio ambiente. Esta tierra es generosa tanto en el campo, en el mar, como en sus gentes. La sencillez de las cosas, la amabilidad de sus gentes y los paisajes sientan bien a mi espíritu. La vida ofrece al viajero su lado más intenso, las experiencias son servidas a granel y se disfruta con placer de las cosas sencillas, auténticas y enriquecedoras. Por la noche, la pesca parece continuar en algunos locales del lugar, donde las sardinitas americanas y europeas en aguas desconocidas caen en las garras de los depredadores locales, y extranjeros (como no ...). A veces, depredadores y depredados son términos que se confunden, y hay sardinitas que parecen convertirse en tiburones, y tiburones que se rinden como boqueroncitos. También hay pulpos, ballenas, morenas y sirenas que embrujan con sus misteriosos cantos...

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