Año nuevo en Uruguay

Escribe: noritacecilia
Hacía mucho que quería cruzar el charco y visitar el país vecino. Volver a Colonia del Sacramento y embarcarme nuevamente en un viaje en el tiempo por sus calles. Conocer Montevideo, tierra de murgas y candombe, y ver el atardecer en el río y las famosas ramblas. Ver el glamour de Punta del Este… Hace mucho que soñaba con un año nuevo diferente, y como el 2011 fue un año muy distinto para mí, ¿por qué no despedirlo también de manera novedosa y recibir el 2012 cumpliendo tantos deseos?

 

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Montevideo antiguo

Montevideo, Uruguay — domingo, 1 de enero de 2012

El nuevo año amaneció y nos encontró despertando en Colonia y con intenciones de llegar a la capital del país. Nuestro viaje recomenzó después del desayuno, en una ruta enmarcada por palmeras que nos acompañaron durante kilómetros. La ruta era una autopista ondulada, donde los principales temerarios al volante eran nuestros compatriotas, y vimos a más de uno que tras pasarnos como un suspiro, debía dar cuentas más adelante a la policía local de las razones de su apuro.

Entramos a Montevideo por el puerto; tras una primer vista fugaz del río, nos metimos en una mar de contenedores que nos llevó hasta la terminal portuaria. Hicimos una breve recorrida a pie, estaba todo desierto, de no ser por un crucero turístico y un puñado de guardias de seguridad. Luego tomamos la rambla hacia el Este y fuimos recorriendo los distintos sectores costaneros; barrios más populares, parques, el moderno barrio de Pocitos. A diferencia de Buenos Aires, Montevideo, nacida como aquella gracias al río, ha crecido mirando a ese Mar Dulce, aprovechándolo como un espacio de esparcimiento, democrático, donde cada uno puede pasearse, sentarse a tomar unos mates, a charlar entre amigos.

Finamente nos metimos hacia adentro en nuestro recorrido automovilístico, y fuimos al Estadio Centenario, sede del primer mundial de futbol allá en 1930. Cruzamos parques, avenidas arboladas, y desembocamos en una de las calles principales: el Boulevard Artigas. Sin GPS ni mapa de la ciudad, a tientas, lo recorrimos de punta a punta sin encontrar la otra avenida principal: 18 de julio. Al final, en una rotonda con un monumento como de dos cuernos, le preguntamos a un policía que pasaba. Muy cordial, deseándonos feliz año nuevo, el hombre nos indicó que retomáramos hasta un obelisco que habíamos visto cuadras atrás.

Dimos la vuelta a la rotonda, desandando los pasos… ¿o no? Porque cuando nos quisimos dar cuenta, los pasos desandados fueron los de entrada a la ciudad. Parecía que volvíamos hacia Colonia!! Aprovechamos entonces de subir al cerrito, aquel del Monte-Video que dio nombre a la ciudad. Para ello cruzamos los barrios menos favorecidos de la ciudad, pero desde el fuerte que estaba en la cima obtuvimos una panorámica precisa de la ciudad y el puerto.

De este primer paseo me quedó la impresión de que es una ciudad baja, sin demasiados edificios altos; el promedio de altura ronda los 10 pisos, con excepciones notables como el Palacio Salvo que se ven de todos lados porque sobresalen del resto.

A nuestra bajada, y habiendo encontrado, ahora si, el camino al centro; ya alojados, comenzamos nuestro recorrido a pie. La ciudad estaba desierta, pudimos pararnos en medio de la avenida 18 de Julio y sacar fotos panorámicas. Cruzamos distintas plazas, entre ellas, la plaza Independencia, donde se encuentra el monumento a Artigas, la nueva casa de Gobierno, moderna y de vidrio espejado verde, la antigua puerta de la muralla que permitía el acceso a la ciudadela y el Palacio Salvo, un edificio de estilo muy particular, cuya parte superior y cúpula es idéntico al Palacio Barolo emplazado en la Avenida de Mayo en Buenos Aires. Eso  sí, a diferencia de su gemelo argentino, el palacio Salvio es un elemento de referencia para el caminante de Montevideo.

Cruzamos la puerta, caminamos frente al Teatro Solís, y nos introdujimos en la antigua ciudadela. Nos pareció un barrio desolado, casi en ruinas en ciertas partes; tal vez por ser primero de enero, no había un alma en la calle. Por todos lados había restos de los festejos de la noche anterior. Caminamos entre edificios viejos, coloniales, calles estrechas, balcones. Llegamos al puerto, recorrimos los espacios de la antigua muralla. Cada tanto aparecía un edificio en restauración, una plazoleta, una iglesia. Pero debo confesar que pese al atractivo histórico, este sector me resultó un tanto triste; sería la soledad del día feriado, lo derruído del paisaje o mi propio cansancio, no lo sé. Tal vez una conjunción de todos esos factores que hacían que me pesaran las piernas al caminar.

Finalmente salimos a la rambla, y caminamos hasta la esquina de Convención y Durazno, aquella de la canción de Jaime Ross. Desde allí se toca la llamada para el carnaval del Montevideo africano, el del candombe y los tambores. Y emprendimos la vuelta, en busca de unos mates, una ducha y un poco de descanso. Por la noche salimos a ver las luces de la ciudad, que seguía demasiado tranquila y desierta. Fue un paseo corto, que bastó para encontrar un boliche para cenar una pizza y volver a descansar.

Opiniones:

Mi calificación promedio:
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Servicio    
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Limpieza    
Precio/calidad    

Alvear Hotel

Alojamiento: Hotel en Montevideo, Uruguay

Un hotel céntrico de Montevideo, cómodo, tranquilo.

Tipo de viaje: Negocios, Placer, Escapada, Vacaciones, Familiar | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas

Mi calificación promedio:
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Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

Il Mondo della Pizza

Comida: Pizza en Montevideo, Uruguay

Un restaurante con aire de bolichón, si bien su nombre es el de una pizzería, es interesante comer chivitos, típico plato uruguayo.

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Cocina local
Plato sugerido: Chivitos

Mi calificación promedio:
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Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

El Gaucho

Comida: Comida Variada en Montevideo, Uruguay

Comimos una pizza muy buena, también había chivitos que valdría la pena probar

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Cocina local
Plato sugerido: Pizza


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Últimos comentarios

bipbip_viaja dice:

Los fines de semana y feriados, Montevideo duerme. Todo el que puede se va para el interior. El que no, se va para la rambla.
La Ciudad Vieja cobra vida de lunes a viernes debido a las múltiples oficinas públicas y privadas que allí se ubican.

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noritacecilia dice:

Gracias por el dato, nosotros pensamos que era sólo por ser año nuevo. Luego nos hablaron del día del transportista. En realidad, creo que es el mismo fenómeno que en Buenos Aires; en los barrios más céntricos no hay un alma en fin de semana, a no ser por San Telmo que vive gracias a la feria de antigüedades y al turismo, y cuyo día de mayor esplendor es el domingo.

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Marciadeuruguay dice:

Me hiciste reír con lo de que el monumento parecía unos cuernos. Nosotros lo conocemos como "los cuernos de Batlle" y seguro que el 99% de los montevideanos no tienen idea de qué simboliza... Se supone que serían los brazos de Batlle, en una señal de victoria o de aspiraciones.Lo de Monte-Video es más bien un mito, no hay nada probado sobre que da origen al nombre de la ciudad. También se dice que es MonteVIdeEO "Monte VI de este a oeste", porque sería el sexto cerro en aparecer pero no sé desde dónde.
Un apuntecito: es Salvo el nombre del palacio.

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noritacecilia dice:

Te aseguro que en mi vida hubiera pensado que eran brazos... gracias por la información! Y muchas gracias por las precisiones sobre el cerro, es verdad, son cosas que corren de boca en boca sin una certeza real. No conocía la segunda explicación del nombre, muchas gracias por la información!! Y ya mismo corrijo el nombre del palacio. Qué bueno que pasaste a leer!! Gracias por todos los aportes.

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Marciadeuruguay dice:

Jajaja, es que para todos son los cuernos de Batlle, jaja.
Me encantó el diario, besos.

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