Montevideo al ritmo del carnaval

Escribe: Imaginante
Montevideo, la capital más joven de América latina, creció como una ciudad-puerto por la que transitan hoy miles de viajeros, ansiosos por alcanzar otros destinos más conocidos del país, geografías de mares bravos o mansos y de playas agrestes.

 

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Capítulo 1

Montevideo al ritmo del carnaval

Montevideo, Uruguay — jueves, 3 de marzo de 2005

Vale la pena realizar ese mismo viaje, pero con otro desembarco para conocer una ciudad diferente, aquella donde coexisten las viejas culturas y donde nacieron la murga, el candombe y las “Llamadas”, en la mezcla exacta de sus raíces criollas, africanas y europeas.

La capital más joven

La ciudad-fortaleza de San Felipe y Santiago de Montevideo fue fundada en 1724 por Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de Buenos Aires, para impedir el avance del imperio portugués. Aunque por ese entonces contaba apenas con 277 habitantes, con el paso de los siglos el viejo fuerte se fue transformando en una moderna ciudad comercial y portuaria.

En pleno centro de la ciudad, donde comienza la Avenida 18 de Julio, se encuentra la Puerta de la Ciudadela, que separa la Ciudad Vieja de la ciudad que se desarrolló a partir del siglo XVIII, cuando se demolieron las antiguas murallas. Frente a ella se abre la Plaza Independencia, coronada por el monumento de Artigas. A pocos pasos, desafiando el eclecticismo de la arquitectura moderna, aparece el icono de la monumental estructura del Palacio Salvo, construido en 1928 sobre la antigua confitería La Giralda donde en 1917 se estrenó “La Cumparsita”.

Eje de la vida cotidiana, la Avenida 18 de Julio recorre el centro de la ciudad. A su alrededor bulle la actividad comercial y están los principales hoteles, la Biblioteca Nacional, la Universidad de la República y la Plaza Cagancha con su famosa feria de los artesanos. Muy cerca otra feria, que trae a la memoria la imagen de “El Rastro” de Madrid y el “Mercado de Pulgas” de París, se instala cada domingo sobre la calle Tristán Narvaja. Toda la ciudad muestra una arquitectura singular donde conviven en perfecto equilibrio edificios coloniales, art déco, art nouveau y neoclásicos que componen el paisaje urbano.

En cada barrio montevideano se conserva un pequeño fragmento de historia. Carrasco, un barrio de construcciones elegantes y refinadas, se transformó con el correr de los años en una zona residencial, como lo fuera también en su época, el barrio Reus, otro símbolo del antiguo Montevideo que recuerda un suburbio parisino, con sus mansardas y fachadas de fines del siglo XIX. Como una ventana abierta sin misterios al paisaje, las ramblas recorren el perímetro de la ciudad, abriéndose al río que en ocasiones se convierte en mar, para terminar en las playas de Pocitos con sus arenas blancas. El Puerto recibe con los brazos abiertos a los millares de visitantes que llegan al Uruguay a comienzos del verano, y el Cerro de Montevideo, custodiado por el faro y los restos del fuerte, vigila desde la altura la ciudad del río.

La ciudad vieja


La Puerta de la Ciudadela también simboliza el acceso a la Ciudad Vieja. A pocas cuadras de allí, el imponente Teatro Solís sigue siendo una referencia cultural y escenario soñado por músicos y artistas. La peatonal Sarandí, con sus calles adoquinadas y alegres, es el epicentro de la actividad cultural de la zona: galerías de arte, anticuarios, librerías y el Museo Torres García, que guarda la obra de ese pintor uruguayo quien, al dar vuelta el planisferio, demostró que el sur también existe. A pocas cuadras se encuentra la Plaza Matriz, donde los fines de semana se instala una feria de antigüedades, libros y viejas películas, enmarcada por el Cabildo, la Iglesia y el Club Uruguay. Un poco más allá, la Plaza Zabala conserva intacto el espíritu “Belle Epoque” de fines del siglo XIX con sus construcciones señoriales, como el Palacio Taranco.

Otras miradas, otras historias, cada calle parece conservar un trozo del pasado: zaguanes coloniales, balcones moriscos, carteles de antaño, vocesque todavía resuenan de pura nostalgia. Porque una ciudad vuelve a vivir intensamente cuando su pueblo recupera la memoria. Y Montevideo sabe cómo hacerlo, cuando toda su gente se reúne cada septiembre en el Día del Patrimonio, un evento donde se tienden puentes simbólicos entre todos los barrios de la ciudad cuyos edificios museos, sitios patrimoniales, salas musicales y hasta las casas particulares se abren para ser recorridas por única vez en el año. Las calles de la ciudad son escenario de una inagotable variedad de actividades, caminatas urbanas, ruedas de “cuenteros de tanto andar”, y sobre todo los innumerables tablados por los que desfilan los integrantes de las murgas, con sus caras pintadas de sol y sus voces que son todas las voces del pueblo uruguayo.

En esos días cada barrio es un poco más protagonista de su existencia cotidiana, reflejo de una ciudad plena de vida y de recuerdos, así como renace cada 25 de agosto, en el Día de la Nostalgia, otra celebración que llena las calles de historias recuperadas.

El mercado del puerto

Cuando ya parece haberse perdido la noción del tiempo, en esa ciudad que se llama vieja, pero que al transitarla renueva la avidez por el descubrimiento de cada rincón, de cada esquina, la marcha se detiene en el mágico Mercado del Puerto. Allí se desdibujan todas las diferencias, y no hay Babel porque todos hablan un mismo idioma, convirtiendo en sonido de murga la nostalgia para compartir, en ese universo orillero, la verdadera esencia montevideana.

El Mercado es el lugar de encuentro de todos los habitantes de la ciudad, desde Páez Vilaró y Mario Benedetti hasta artistas y poetas desconocidos, murgas como Araca la Cana y tantas otras que recorren los pasillos con sus cantos. Los colores y sonidos de la estética murguista y tanguera, representada esta última por expresivos bailarines y por bandoneonistas que regalan sus vitales acordes, se funden bajo un mismo techo, y todo se disfruta entonces con una energía especial, mientras el sutil aroma de la cocina montevideana llena el aire de fantásticas promesas. Dicen los que conocen el espíritu del lugar que pasar la Navidad o el Año Nuevo en el Mercado del Puerto puede ser un acontecimiento inolvidable.

Los viejos conventillos


Los barrios Sur y Palermo se construyeron para alojar a inmigrantes y esclavos cuando la ciudad comenzó a crecer. Así surgieron, enclavados en el sur más montevideano, los “conventillos” de Cuareim y Encina, memorables albergues de la historia de la cultura y la música afro-uruguaya destruidos por la dictadura militar, en un intento vano por acallar la voz del pueblo.

En esas viejas calles de casas de adobe y patios soleados nacieron el candombe y las “llamadas”, para convertir el peso de la esclavitud en un torrente de música. La palabra “llamada” tiene su origen en las reuniones que los esclavos celebraban en los extramuros de la ciudad, cuando las “cuerdas” de tambores avisaban que los “candombes” de la costa estaban por comenzar. “Cuerda” es el nombre que se da a la familia formada por los tres tambores del candombe: piano, chico y repique. Hoy en día, cuando en una esquina de Palermo o el Barrio Sur se exhiben los instrumentos de una “cuerda”, se comunica al resto de los integrantes y al barrio entero que dará comienzo la fiesta del tambor.

El Medio Mundo y Ansina, aquellos dos conventillos que llenaron la ciudad con mil repiques al ritmo de sus tambores, con sus toques plenos de fuerza, orgullo e identidad, se han ido para siempre. Pero no desaparecieron, porque reviven día a día en la memoria del pueblo montevideano, convertidos en símbolo, recordando la presencia eterna del candombe. Será por eso que Mario Ríos, carnavalero y creador del Ballet Folklórico del Uruguay, afirma que “el candombe no se puede vincular con la identidad de hoy de Montevideo sino con el Montevideo de siempre. El candombe es y será Montevideo”

El gran rito

Con una larga historia detrás que se remonta por lo menos a mediados del siglo XIX, se dice que el Carnaval uruguayo es el más largo del mundo. Si bien su desarrollo se extiende a todo el país con importantes eventos en varias ciudades del interior, las principales actividades se realizan en Montevideo.

Con una tradición de más de 150 años, el carnaval uruguayo mantiene su imán para atrapar multitudes. Por sus 40 días de duración, con alrededor de un millón de espectadores, el carnaval montevideano es considerado el más largo del mundo.

Comienza el 30 de enero con el Desfile Inaugural por la céntrica Av. 18 de Julio, donde participan todos los que los que forman parte las distintas actividades oficiales y en los barrios: los cabezudos, los carros alegóricos, las reinas y princesas, agrupaciones y conjuntos.
A orillas del Río de plata, rodeado de árboles centenarios, el Teatro de Verano del parque Rodó, recibe a los juglares del carnaval uruguayo.
El carnaval tiene dos grandes vertientes (aunque no son las únicas), que no son antagónicas sino que más bien se complementan: las murgas, de origen español, cuyas letras tienen un alto contenido de humor y sátira social y política, la voz del pueblo, y jugaron un importante papel socio-cultural durante la dictadura (1973-84), y el candombe, de origen afro-negro, que recrea los orígenes africanos de los negros esclavos y la época colonial, con sus trajes, cantos y bailes típicos, culturas y religiones, y su evolución natural hasta nuestros días. Se suman las otras categorías Humoristas, Parodistas y Revistas.

La preparación del Carnaval comienza a mediados del año anterior, tiempo en que se preparan los trajes, letras, músicas, etc.; elección en diciembre de las Reinas del Carnaval y las Llamadas de las 18 Zonas o distritos descentralizados de Montevideo, bajo el auspicio de los respectivos gobiernos locales.

Las candidatas a Reinas de Carnaval y de Llamadas son electas en los barrios a través de eventos organizados por los órganos del Gobierno Local y organizaciones sociales, vecinales, cooperativas, etc. de cada Zona, con el apoyo de los departamentos de Cultura y de Descentralización de la Intendencia de Montevideo. En esos eventos se eligen las Reinas Zonales de ambas categorías. Los vecinos también tienen un importante papel en la organización de las distintas actividades del Carnaval en los barrios.

La mayor fiesta popular uruguaya trasciende el Carnaval en sí mismo, representando una parte importante de la cultura que se refleja –se festeja y se exhibe– en la “época” del Carnaval. Pues estas actividades, en diferentes formas, se “practican” durante todo el año en eventos oficiales, talleres, espectáculos y festivales, y espontáneamente en los barrios, tanto en lo que se refiere a las murgas como al candombe. También se trasmite por tradición oral de generación en generación, recordándose –en asados y fiestas familiares y de amigos– las antiguas músicas y letras.

Los festejos se extienden hasta principios de marzo, realizándose actuaciones todas las noches en los "tablados" o escenarios populares (fijos y móviles) y comerciales en los barrios, y en los corsos o desfiles en distintos zonas, así como en el Teatro Municipal de Verano, donde se realiza el Concurso Oficial de Agrupaciones de Carnaval.

La segunda gran concentración es el Desfile de Las Llamadas por los viejos y populares barrios Sur y Palermo, a pocas cuadras del centro de la ciudad. Las Llamadas evocan el encuentro de los "negros" esclavos de la colonia (compartiendo su cultura y origen africano), en la libertad del Candombe, que se convirtió en un aporte fundamental de la cultura afro a la música y cultura uruguaya. Sin dudas esta es la mayor concentración popular y la que atrae mayor cantidad de visitantes. Relacionada tradicionalmente con el Carnaval, su realización podría ubicarse en cualquier fecha. De hecho, se realizan espontáneamente durante el año, en distintos barrios de Montevideo, en algunos casos todas las semanas. Siendo otra fecha importante, aunque informalmente, el 6 de enero.

Historia del carnaval

La importación, desde España, de algunas prácticas por parte de los primeros pobladores de la ciudad de Montevideo, dieron origen a los festejos de carnaval. Es posible que en el año 1760,las primeras prácticas populares de manifestación carnavalesca consistían en tirarse con huevos frescos o vaciados y rellenados con agua, a semejanza del carnaval medieval Europeo. Los sucesivos intentos oficiales de "racionalizar" las prácticas de carnaval comenzaron ya a fines del siglo XVIII, donde se puso fin a estos festejos generalizados, privilegiando las representaciones artísticas que ya en esa época habían pasado a ocupar el centro de atención del público montevideano. La progresiva institucionalización y manejo oficial del carnaval, sustituyendo las prácticas de carácter espontáneo imperantes durante todo el siglo pasado. La población montevideana a fines del siglo XIX estaba caracterizada por dos rasgos sobresalientes que incidían directamente en sus formas culturales: "la temprana urbanización y europeización de hábitos y mentalidades a través de la inmigración". En este contexto terminan por imponerse los modelos europeos de festejos de carnaval.

La murga y su origen gallego

La murga tuvo su origen en España y la pionera en Uruguay surgió en 1908, se llamaba Gaditana que se va y formaba parte del repertorio que ofrecía la Compañía de Zarzuelas. Luego de la murga Gaditana surgieron otras agrupaciones que adoptaron nombres de gran comicidad como "Don Bochinche y Compañía", "Formale el cuento a la vieja", "Tirame la punta del naso", "Domadores de suegras", "Salimos por no quedarnos en casa", "Los peludos terribles", "Amantes al salamín", "Escuela de tiburones" y "Asaltantes con Patente", entre otras. Estas primeras murgas, integradas por seis o siete miembros, cambiaban las letras originales de canciones por otras de tono picaresco y utilizaban instrumentos de viento fabricados con cartón. La murga evolucionó y fue reconocida como una nueva categoría en 1917. El número de componentes fue creciendo un promedio de 20 integrantes y se comenzó a utilizar el bombo, el platillo y el redoblante. Esta innovación fue obra de José "Pepino" Ministeri quien también impuso la vestimenta del director con frac, levita y zapatillas. En la década de 1980 la corriente denominada canto popular le dio nuevos impulsos a la murga.

Aparecieron títulos de gran arraigo popular como La Reina de la Teja y Falta y Resto y se revitalizaron otros como Araca la Cana y Los Diablos Verdes, que prolongaron sus actuaciones a todo el año.

Desfile de llamadas


Agrupaciones de negros y lubolos (blancos pintados de negro) desfilan por las calles de los barrios Sur y Palermo de Montevideo. Con más de 1,5 kilómetros de largo, el desfile congrega a más de cien mil personas. Más de seis mil personas, desfilan al ritmo de los tambores: chico, repique, piano y bombo. El desfile de los grupos es abierto por los portabandera y portaestandartes de la agrupación, que en cada caso se identifica con colores diferentes y recuerda distintas zonas de África (Kenia, Senegal, Biafra, Ruanda, Madagascar, Camerún y Somalia, entre otras).

Detrás de ellos se ubican en varios casos cuerpos de baile de chicos, algunos de muy corta edad observados de cerca por sus mayores. En varios casos niños, padres y abuelos de una misma familia desfilan juntos integrando el mismo grupo.

La Mama Vieja (abuela) y el gramillero (especie de curandero que utilizaba plantas o gramilla como medicina) y el escobero (malabarista con la escoba) son otros personajes típicos de la agrupación. Un poco por detrás desfilan las bailarinas, mientras que las "vedettes" o principales bailarinas de la comparsas, generalmente morenas de esculturales cuerpos, bailan justo por delante de la "cuerda" de tambores que llegan a superar los cien tamborileros.

Cada agrupación se diferencia de otra, además de por el color de su vestimenta, por la forma, ritmo y sonido del toque del tambor, la "clave" en el desfile de Llamadas.

Una de las particularidades del desfile es que el 95 por ciento de los participantes no recibe paga alguna, y el resto, integrado por los directores de los grupos y sus principales figuras se reparten los premios que otorga la organización para los mejores.
La fiesta popular mantiene su imán para atrapar multitudes en sus cuarenta días de duración.

Qué son las murgas

La definición que el reglamento establece referido a las murgas es el siguiente.

La categoría Murgas es conceptualmente un natural medio de comunicación, transmite la canción del barrio, recoge la poesía de la calle, canta los pensamientos del asfalto. Es una forma expresiva que trasunta el lenguaje popular, con la veta de rebeldía y romanticismo.
La murga, esencia del sentir ciudadano, conforma una verdadera autocaricatura de la sociedad, por donde desfilan identificados y reconocidos, los acontecimientos salientes de la misma, lo que la gente ve, oye y dice, tomado en chanza y en su aspecto insólito, jocoso y sin concesiones y si la situación lo requiriera, mostrará la dureza conceptual de su crítica, que es su verdadera esencia.

La esencia de la murga

El contexto del libreto, así como la crítica social, tendrá un nítido sentido del ingenio, picardía y autenticidad. La veta de protesta punzante, irónica, aguda, mordaz, inteligente y comunicativa, es la estructura y la esencia de la murga.
El panfleto político o demagogia, como elementos integrantes de la misma, le retacean creatividad y la despojan de la natural y espontánea autenticidad popular.

La mística de la murga se mantiene en la medida de una natural autenticidad del libreto, que trasmite y logra crear una corriente fluida de comunicación con su auditorio, integrándolo y haciéndolo participar espiritualmente de sus canciones y hechos.

Movimiento constante

Distingue a la murga la mímica, la pantomima, la vivacidad, el movimiento, el contraste, la informalidad escénica y lo grotesco. La sincronización de movimientos se conceptuará válida si ésta diera brillantez al espectáculo y no atentara contra la idiosincrasia de la murga.

La sátira como diferentes situaciones creadas en la murga, pasan a través de todas las categorías, ya que ésta, en su creatividad permanente, parodia situaciones o personajes y realiza humoradas, a través de su libre inventiva.
Sus textos estarán apoyados por músicas popularmente conocidas o inéditas, teniendo la posibilidad de realizar su propia música, si así lo quisiera.

La inercia, inacción y en definitiva quietismo, serán factores de empobrecimiento general del espectáculo.

Accesorios fundamentales

La pintura o maquillaje del rostro es fundamental para contribuir al complemento del vestuario, el que a su vez, con su originalidad mantendrá viva su verdadera identidad.

La murga deberá presentar originalidad y colorido, destacándose por la representación de personajes llamativos, sus dichos, modismos y situaciones. En suma, auténtica chispa popular, a través de las cosas vividas. Podrá utilizarse todo tipo de instrumentos de percusión que den un respaldo rítmico a los tradicionales bombo, platillo y redoblante sin limitaciones de tiempo. La guitarra tendrá un máximo de quince minutos. Otro tipo de instrumentos musicales (cuerdas, vientos, teclados etc.), sólo podrán utilizarse en un máximo de diez minutos del total de la duración del espectáculo.

Quien contagia la alegría

La murga podrá entrar en pleno en escena, siendo muy importante el papel del director que encabezará la movilidad contribuyendo al contagio de sus compañeros.

La canción de retirada trasmitirá el tradicional mensaje evocativo, romántico, comunicativo y/o ejemplarizante, o se podrá referir, en sentidos homenajes a hombres y hechos que hayan sido de trascendencia histórica o popular, cuya relevancia podrá estar situada en los diferentes ámbitos de la historia que ha hecho perdurar a esta expresión carnavalesca indefinidamente en el tiempo. La escenografía será optativa, estableciéndose que la misma no calificará en los puntajes del Concurso Oficial.

La noche final

La tradicional, la emotiva, la más importante para los carnavaleros, actúen o sean espectadores, la noche de las ilusiones, de la angustia, de la alegría desbordante de la desilusión más dura, será esta noche, la noche de los fallos.

Ni la modificación reglamentaria que sólo deja luego de la liguilla a un cúmulo reducido de conjuntos disputando los lugares más importantes del certamen, ha logrado hacerle perder ese sabor tan especial tan entrañable a todos los amantes de la fiesta de Momo y que ha generado en su entorno, a lo largo de los años.

Aun quienes no participen de la fiesta, de los que no están "ni ahí" con el carnaval y sus festejos, estarán pendientes de los resultados que a través de las transmisiones radiales punto a punto, conjunto a conjunto, categoría a categoría se vayan conociendo.

El salón Dorado de la Intendencia Municipal de Montevideo, a partir de la finalización de la actuación del último conjunto que esta noche aborde el escenario del Ramón Collazo, será el referente de todos.

Allí se estará dilucidando el concurso, allí se estarán escrutando los puntajes otorgados por el jurado durante casi treinta noches, de grandes realizaciones, de grandes espectáculos en el Ramón Collazo del Parque Rodó.


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