Diarios de viaje > Montevideo, América del Sur
Capítulo 1
La llamada de Carnaval!
Montevideo, Uruguay — miércoles, 9 de febrero de 2011
Llegué a Montevideo la mañana de la segunda noche de la llamada. Para mi sorpresa, Nano y Sergio (los cálidos hermanos que me hospedaron) eran candomberos. Sergio había desfilado la noche anterior y había tocado tanto pero tanto que tenía los dedos ampollados y ensangrentados. Estaban felices. Me contaron casi todo lo que se puede contar en ocho horas de charla acerca del candombe. Les dije que yo era fotógrafa. Sergio me dijo: entonces vamos ya! así sacas fotos.
Ellos viven a unas pocas cuadras del parque Rodó. No sé cuánto caminamos, pero fue super ameno. Las callecitas en Montevideo son como de cuento. Casas antiguas, empedrados, hermosas puertas gigantescas y los árboles altos altos que se unen y forman como un techito de ramitas verdes. De repente, sentís como cambia el paisaje, la atmósfera, tu cuerpo, tus oídos se ponen atentos, huele a carne asada, a cerveza; hay gente por todos lados. Entonces Sergio me dice que ya entramos en el barrio. Se hizo de noche. Yo estoy felíz.
Si bien había estado varias veces en Montevideo cuando era chica y había escuchado bastante candombe y visto demasiadas murgas (en Argentina), nunca pero nunca me sentí tan a gusto como esa vez.
Las murgas (que son 20 creo) desfilan por una calle del barrio Sur. Se pueden alquilar algunos balcones (que según Sergio son carísimos, no tengo idea cuánto salen) o sillas que están sobre la vereda. Nosotros llegamos tarde ( a pesar de todo) y nos tocó quedarnos parados.
Yo me subí a una valla y empecé a sacar fotos. Le pedí a la policía que me dejara entrar, pero me ignoraban. La gente, que estaba alrededor mío, me convidaba cerveza y victoriaba mi nombre para que los agentes policiales me dejaran pasar del otro lado.
La murgas pasaban y la gente victoriaba, los niños tiraban espuma, lo adultos tomaban cerveza y algunos vestian máscaras... Un señor que estaba al lado mio al ver a una de las vedettes le gritó: Hermosa, divina, dejo a mi mujer y me voy con vos!; la mujer del hombre se reía. Yo me reía, todos nos reíamos.... Era una fiesta.
Después de no sé cuánto tiempo, un policía me mira y me dice que salte. Yo salto y me voy del otro lado. En un rato estamos todos adentro. Bailando, cantando, sacándonos fotos y disfrutando de la hermosa llamada. A estas alturas, ya me pierdo de los chicos pero me amigo con muchas personas que no conocía hasta ese momento.
Antes de la última murga la gente se mete a la calle y empiezan a bailar. Yo entro también. Nos mezclamos, bailamos y desfilamos saludando a la gente de los balcones. Atrás se viene el final. Entonces hay que bailar, que se acaba el mundo!
No se acabó nada. Es como que casi. Llegamos al final. Hay una cola gigante de gente intentando comprarse una hamburguesa. Yo sigo bailando. No doy más. Creo que necesito una siesta YA, pensé.
Ellos viven a unas pocas cuadras del parque Rodó. No sé cuánto caminamos, pero fue super ameno. Las callecitas en Montevideo son como de cuento. Casas antiguas, empedrados, hermosas puertas gigantescas y los árboles altos altos que se unen y forman como un techito de ramitas verdes. De repente, sentís como cambia el paisaje, la atmósfera, tu cuerpo, tus oídos se ponen atentos, huele a carne asada, a cerveza; hay gente por todos lados. Entonces Sergio me dice que ya entramos en el barrio. Se hizo de noche. Yo estoy felíz.
Si bien había estado varias veces en Montevideo cuando era chica y había escuchado bastante candombe y visto demasiadas murgas (en Argentina), nunca pero nunca me sentí tan a gusto como esa vez.
Las murgas (que son 20 creo) desfilan por una calle del barrio Sur. Se pueden alquilar algunos balcones (que según Sergio son carísimos, no tengo idea cuánto salen) o sillas que están sobre la vereda. Nosotros llegamos tarde ( a pesar de todo) y nos tocó quedarnos parados.
Yo me subí a una valla y empecé a sacar fotos. Le pedí a la policía que me dejara entrar, pero me ignoraban. La gente, que estaba alrededor mío, me convidaba cerveza y victoriaba mi nombre para que los agentes policiales me dejaran pasar del otro lado.
La murgas pasaban y la gente victoriaba, los niños tiraban espuma, lo adultos tomaban cerveza y algunos vestian máscaras... Un señor que estaba al lado mio al ver a una de las vedettes le gritó: Hermosa, divina, dejo a mi mujer y me voy con vos!; la mujer del hombre se reía. Yo me reía, todos nos reíamos.... Era una fiesta.
Después de no sé cuánto tiempo, un policía me mira y me dice que salte. Yo salto y me voy del otro lado. En un rato estamos todos adentro. Bailando, cantando, sacándonos fotos y disfrutando de la hermosa llamada. A estas alturas, ya me pierdo de los chicos pero me amigo con muchas personas que no conocía hasta ese momento.
Antes de la última murga la gente se mete a la calle y empiezan a bailar. Yo entro también. Nos mezclamos, bailamos y desfilamos saludando a la gente de los balcones. Atrás se viene el final. Entonces hay que bailar, que se acaba el mundo!
No se acabó nada. Es como que casi. Llegamos al final. Hay una cola gigante de gente intentando comprarse una hamburguesa. Yo sigo bailando. No doy más. Creo que necesito una siesta YA, pensé.
|
Publicado |
|
Capítulo 1
Últimos comentarios
natyscia dice:
que hermoso relato!!! me dieron ganas de ir a conocer, de vivir esa fiesta!!
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
La llamada de Carnaval!
Montevideo, Uruguay | 9 de febrero de 2011
En Montevideo...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “La llamada de Carnaval!” con tus amigos en Facebook?