Diarios de viaje > Uruguay, América del Sur

Año nuevo en Uruguay

Escribe: noritacecilia
Hacía mucho que quería cruzar el charco y visitar el país vecino. Volver a Colonia del Sacramento y embarcarme nuevamente en un viaje en el tiempo por sus calles. Conocer Montevideo, tierra de murgas y candombe, y ver el atardecer en el río y las famosas ramblas. Ver el glamour de Punta del Este… Hace mucho que soñaba con un año nuevo diferente, y como el 2011 fue un año muy distinto para mí, ¿por qué no despedirlo también de manera novedosa y recibir el 2012 cumpliendo tantos deseos?

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 Siguiente >
 

A pie por Montevideo

Montevideo, Uruguay — martes, 3 de enero de 2012

Tiempo de conocer Montevideo en movimiento. Tras el recorrido de Año Nuevo, arrancamos por la avenida 18 de Julio hacia el Boulevard Artigas. Vimos la movida comercial de la avenida, la gente y los colectivos que iban y venían, y finalmente llegamos al Obelisco a los constituyentes de 1830. Al otro lado comenzaba el Parque Batlle. Cruzándolo, llegaríamos al Estadio Centenario. Tal vez esta vez pudiéramos entrar.

Bajo la arboleda preparamos unos mates y caminamos “a la uruguaya”, abrazados al termo y tomando mientras andábamos. Rodeamos la pista de atletismo, cruzamos el parque y llegamos al “Monumento del futbol mundial”, como dice en su portón. Nos acercamos, y entre las rendijas pudimos ver el campo, construído más abajo del nivel del suelo. De esta manera se entiende el hecho de que, cuando uno se acerca al Centenario, ve que es chiquito, sus plateas bajas… es sólo la parte aflorante, el resto está por debajo. Lo rodeamos pero nos aclararon que sólo se entra en contingente turístico.

Un poco más allá estaba el monumento a los héroes de 1950, que no fueron otros que los campeones del mundo de 1950, aquella selección uruguaya que dio vuelta el partido final de la copa ante Brasil, el local, y enmudeció a todo el estadio Maracaná, en una hazaña que quedó en la historia como “El maracanazo”. Allí estaban, en bronce, los jugadores celebrando arremolinados alrededor de la copa; y en el piso, los pies del autor del gol del triunfo, emulando a las estrellas de Hollywood que plasman sus manos en el cemento del Teatro Chino.

Caminando de regreso encontramos un bellísimo monumento. Era una carreta colonial, tirada por bueyes y comandada por un gaucho. Elevada en un montículo frente a un pequeño lago artificial, hombre y animales parecían cobrar vida. También había un monumento de granito de estilo soviético, de figuras duras, rígidas. En bajo relieve, un obrero, un changador de puerto, diversos oficios. Era el monumento al maestro.

Caminamos y volvimos al punto de inicio: el obelisco. Allí había un puesto de hamburguesas y panchos, y nos comimos uno de estos últimos con la ilusión de encontrar el sabor perdido de los panchos de Buenos Aires. La verdad, demasiada salchicha para poco pan, me hubiera comido una hamburguesa completa de verdad!! Se le podía elegir TODO lo que le quisieras poner, y esto es todo lo que te imagines: morrones, tomate, lechuga, choclo, cebolla… y demás.

La aventura continuó con la experiencia de viajar en colectivo; volver por la avenida caminando ya hubiera sido mucho y convenía guardar fuerzas. Eso si, bajamos en la plaza de la Libertad y nos tomamos un helado en La Cigale, que como dice la murga Agarrate Catalina en uno de sus cuplés, hace unos helados buenísimos.

Toco siesta, y luego mates en la rambla. Caminamos y salimos a orillas del río, donde vimos el ir y venir de los barcos cargados que entraban al puerto. El sol bajaba, y buscamos mejor ubicación para fotografiar la puesta del sol. Llegando al parque Rodó, fuimos testigos de un nuevo hundimiento del sol en el agua. Creo que allí comimos la torta frita más rica del mundo, frente a aquella bola roja que se hundía en el horizonte. Hay pueblos que tienen suerte, tener ese espectáculo todos los días… Pero no puedo negar que también saben aprovecharla, como los montevideanos que construyeron semejante rambla donde todos salen a hacer aerobismo, a tomar mate y a disfrutar de las puestas del sol.

La noche cayó y nos encontró cruzando el parque Rodó, un parque de estilo europeo, típico de  fines del siglo XIX en estos lados del mundo; similar al de Palermo en Buenos Aires y al de tantas ciudades argentinas, este parque tiene su pequeño bosque de especies diversas, su lago artificial con patos y botes, sus glorietas.

Y caminamos de regreso, listos para cenar con un Chivito canadiense (de esos que traen de todo) como para despedirse de Montevideo y del Uruguay con una de sus comidas más típicas.

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

La Cigale

Comida: Helados en Montevideo, Uruguay

Es una heladería muy linda en una esquina bien céntrica de la ciudad, los helados son muy ricos y tienen amplia variedad de sabores.

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Al aire libre
Plato sugerido: Helados

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Comida    
Ambiente    
Precio/calidad    

La Martingala

Comida: Comida Variada en Montevideo, Uruguay

Un lugar amplio, con aspecto de cervecería antigua y bodegón. El chivito canadiense para compartir fue muy bueno, muy ajustada la cantidad para dos personas.

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos | Aconsejable para: Cocina local
Plato sugerido: Chivitos


Publicado el 12/enero a las 21.53
Modificado el 12/enero a las 22.59
Leído 205 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 3 4 Capítulo 5 6 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Obelisco a los constituyentes de 1830. Detrás, el parque Batlle.

   

Capítulos de este diario