Viernes 6: Hoy es el último día en la península antártica antes de emprender el regreso. Por suerte nos toca un día radiante de sol. Navegamos por la mañana por el canal Neumayer, un canal de 26 Km. de largo por 2,5km de ancho, y transcurre entre las islas de Anvers y la isla Wiencke, y tiene un atractivo especial que son sus acantilados, y por supuesto témpanos y trozos de hielo que se desprenden en esta época del año de las orillas y flotan a la deriva.
Mientras vamos sorteando estos escollos, llegamos a Dorian Bay, y aquí efectuamos nuestro último desembarco. Es una amplia ensenada, de piedra, donde hacemos el descenso, rodeada de montañas, que asemejan un granizado gigante.
Lo primero que avizoramos apenas ponemos pie en tierra son los refugios argentinos, que esta abandonado, y el refugio británico, el cual visitamos, y esta provisto de mercadería para una eventual emergencia. Nos sacamos una fotos, mientras un par de ingleses se desnudan y se pone a retozar uno de ellos envuelto en una bandera de Inglaterra, (no se si bajo los efectos de alguna bebida “espirituosa”), mientras el grupo de coterráneos (chicas y muchachos ) le festeja la ocurrencia.
Luego nos dirigimos a la pingüinera y descansamos allí un rato, mientras otros se dispersan, teniendo en cuenta las advertencias de los guías de seguir las huellas, ya que hay nieve acumulada de una reciente nevada, y puede enmascarar alguna grieta.
De aquí subimos hasta un claro, que con los efectos del esfuerzo mas el sol que se empieza hacer sentir, nos quitamos los abrigos y nos ponemos a jugar con la nieve, algunos hacen muñecos, otros se trenzan en una batalla de proyectiles blancos, en fin, nos volvemos niños por un momento, que no viene mal, después a rodar por la nieve hacia abajo, y veo que algunos me imitan, al final termino lleno de nieve y totalmente mareado.
Ya es hora de volver a los botes, y mientras esperamos en la orilla hasta que estén todos, un grupito , entre los que están los ingleses y un alemán, se quitan la ropa y se dan un chapuzón en el agua helada, mientras observamos la escena a unos 50 mts, los encargados de conducir los lanchones nos comentan, mientras ellos están enfundados en gruesos equipos especiales, que es una locura lo que hacen, puesto que a esas temperaturas, el organismo no soporta mas de dos minutos (pero estos no son giles y en menos de 1 minuto se están secando y vistiendo, era para mostrarse un poco y sacarse unas fotos) .
Regresamos al barco esquivando trozos de hielo (parece una carrera con obstáculos) .Una vez que nos cambiamos, nos esperan en cubierta con un asado espectacular (por el asado y por el día), algunos aprovechan para tirarse al sol (parece mentira) mientras el resto disfrutamos del festín, eso si la bebida es aparte. Con Irma nos pedimos un Norton para acompañar el cordero y las achuras, y mientras me saco una foto con el cocinero y el ayudante, en un descuido , los semitas me “birlan” la botella, cuando me doy cuenta me les voy al humo, pero ya la habían tomado y se hacían los que no entendían, pero como no quería armar revuelo y terminar la fiesta en paz( no sea cosa que fueran de la Mosad), le reclamo a una de las guías , la cual me repuso la botella, y la otra se las facturo a estos “poligrillos”.
Mas tarde anduvimos por cubierta , departiendo con algunos miembros de la tripulación, y tomando unos mates, hasta que llego la hora de hacer un descenso , pero esta vez sin tocar tierra por la marea alta, así que anduvimos entre iceberg, fotografiando cuanto bicho veíamos trepado en alguna formación de hielo o en las orillas. Mas tarde regresamos bastante cansados por el día ajetreado y los efectos del tinto, y nos dedicamos el resto del día a disfrutar de la cubierta, que ya por esas horas estaba entrando en aguas del “implacable Drake”, aunque por las previsiones meteorológicas, parece que nos esperaba una vuelta mas sosegada.