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On the road...

Escribe: Gioai
Bitácora de fugas geográficas y experiencias especialmente al interior de mi país... Me gusta escribir lo que voy viendo y viviendo en mis salidas... En noviembre viaje al Perú: Tumbes, Lima, Cuzco, Machu Pichu, Titicaca y subiré poco a poco mi testimonio en Viajeros.com. Me encantaría conocer personas extranjeras que pueda ayudar a conocer mi ciudad, mi país y ahora tambièn el Perù.

 

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Primer día

Mompiche, Ecuador — jueves, 15 de octubre de 2009

No sabìa donde parquear el auto y busquè el espacio adjunto a la casa de 3 pisos, màs su buhardilla, en cuyo 2do piso estaba nuestra habitaciòn. Un joven airoso con lentes de intelectual y pelo corto ceñido al cràneo, nos mostrò la habitaciòn y sin poder elegir, ya que era la ùnica disponible, la tomamos. Una de las primeras cosas que se averigua en los hoteles es si la habitaciòn tiene TVcable y si hay agua caliente, no habìa ni lo uno ni lo otro.

El caso de la televisiòn o radio era comprensible porque el lugar parecìa dar prioridad al turismo ecològico, sin aparatos electrònicos y ruidos que emitan, pero la falta de agua caliente, que en climas calidos no es necesario, aquì no obedecìa màs que a falta de obras, de un calefòn, termostato y, como dije, porque los hoteles clase media siempre estàn en proceso de construcciòn, ampliaciòn o mantenimiiento. El clima no era demasiado abrigado y tuvimos que bañarnos al apuro y en agua frìa. Un punto menos para el sitio y para nuestro paseo. Al dìa siguiente ibamos a desayunar y me detuve a revisar la llanta que estaba bastante desinflada, decidì dejar colocada la gata para que no la remuerda el peso del auto, hasta que volvamos para cambiarla. Pero en esto un joven gringo que estaba mirando desde su espacio de camping se acercò y ùbicò una gata "profesional" en posiciòn para ayudar. Su compañero de viaje, un dandy rubio con gafas, tambièn se aproximò y me dijo "no te preocupes..., no te ensucies, èl es mecànico en su paìs" y asì ubicò el pedestal en el chasis del auto, sacò la llanta y la cambiò con la de emergencia. Cuando tratè de conversar con èl solo me respondìa con monosìlabos "aaau ...ohhh .y.a.aa ....yeee..  nou spanish" (asì que luego lo bauticè como el "guauguau"), y en mi inglès bàsico le dije cuando concluyò su obra buena del dìa "if you want something say me please... Thank you".

El plan era desayunar e ir enseguida a un pueblo llamado "Tres Vìas" a 20 minutos de viaje, para buscar una vulcanizadora, que nos dijeron solo allì hay, pero nos indicò el joven administrador que en el hostal podìamos inflar la llanta y que mejor esperàramos al dueño que viene a las 5 y 30 para que nos revise el auto, el dueño tenìa un taller màs o menos bien equipado para estos y otros menesteres y hace de todo, segùn nos dijo. El aro estaba deforme en dos puntos y habìa que rectificarlo. Esto se produjo en los baches de las ùltimas dos horas de carretera que estaba en muy mal estado, se podìa acelerar a 8o kmh porque aparentemnte la vìa parecìa bien asfaltada pero de repente aparecìan baches poco visibles o los ya afamados cortavelocidades, màs conocidos en Ecuador como "chapas acostados" (chapa quiere decir policìa de trànsito).

Decidimos esperar al dueño y fuimos a buscar la playa: la arena fina, caliente pero no mucho, era una caricia para nuestros pìes y yo iba pateando y enterràndolos en la tierra. Caminamos hacia el sur para hacer el primer reconocimiento. El mar de Mompiche tiene un color verde turquesa, estaba manso a falta de viento, apenas una brisa fresca, y el clima era perfectamente templado, ni caliente ni frìo, pero que no provocaba entrar al ocèano porque estaba medio frìo, esto era el 9 de octubre como a las 10 AM. Llegamos hasta un peñòn que estaba a menos de 1 kilòmetro de ahì y tomamos las fotos de rigor. Atravesamos un campo sembrado de rocas de mar, porosas como con acnè, de cuyos horàmenes, apostados cautelosos espiaban pequeños cangrejos rojiazules, y regados de ojos de agua cristalina habitados por pequeños erizos de mar negros de cuyas pùas trataba de desprenderlos de las rocas en las que estaban incrustados. No consegui atrapar a ninguno de estos bichos para examinarlo. Al volver, el administrador nos condujo al taller y cuando conectàbamos la manguera del compresor a la vàlvula de la llanta llegò el dueño en su camioneta Toyota a quien pusimos a consideraciòn nuestro percance. El mirò el aro, pidiò un combo, golpeò los hundidos, inflò la llanta, vertiò agua en las juntas para buscar fugas y san se acabo. Ya tenìamos auto.

Publicado el 15/oct/2009, 18.25
Modificado el 10/feb/2010, 00.47
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