Mochima: Entre islas y delfines…

Escribe: Germanx
Muchos comentan sobre el kayak, que es un deporte para gente muy osada, sólo para atletas de alto nivel y hay quienes hasta afirman que es peligroso. Ciertamente, existe una modalidad que...

 

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Capítulo 1

Mochima: Entre islas y delfines…

Mochima, Venezuela — domingo, 6 de julio de 2008

Muchos comentan sobre el kayak, que es un deporte para gente muy osada, sólo para atletas de alto nivel y hay quienes hasta afirman que es peligroso. Ciertamente, existe una modalidad que implica mucho de eso, a razón de que se exige un control mayor de riesgo y por ende, se ha catalogado popularmente como la extrema, es aquella en la cual se usan éstas embarcaciones para surcar las zonas más rápidas de las vías fluviales, sin duda, una de las que más ha tenido promoción a través de los medios. Sin embargo, existen otras, entre ellas la olímpica y también la de travesía, que sin dejar su respectiva dosis de adrenalina, esta al alcance de un público más amplio y no amerita una experiencia de larga data, sólo una corta explicación técnica y muchas ganas de explorar y de ser el protagonista de la aventura en la que se navega con dos o cuatro brazos de potencia (según sea el cupo de la embarcación).

No son muchas, pero hay varias empresas operadoras de turismo alternativo excelentes en Venezuela que se esmeran en ofrecer travesías en kayak por espléndidas y no muy agitadas redes fluviales, así como también por lugares de una belleza impresionante en las costas caribeñas de este país. Una de ellas es BioTrek, liderada por Aramis Mateo, quien junto a su equipo de guías -para esta ocasión-, Dayana Oropeza y Antonio Rodríguez-, prestan un servicio estupendo, en el que además de confianza, seguridad y atención, se esmeran por hacer de estos paseos una experiencia única, inolvidable y con su respectiva parte formativa, tanto en lo técnico como en lo ambiental.
El inicio de esta aventura en la que compartimos todo un fin de semana con Bio Trek, arrancó en el propio punto de encuentro en la ciudad de Caracas. En plena estación de servicio, justo al frente de un conocido centro comercial de la zona este de la capital venezolana, en la que se nos indicó sería el punto de encuentro. La salida para este paseo, del cual hacemos referencia en esta nota, se hizo algo tarde por razones de logística, a eso de las 10:00 pm de un día viernes, en agosto del 2007.

Con las ganas de aventurar al máximo y de salir de la rutina citadina, se manifiestan las inquietudes del grupo, unos cuantos de los que se presentan para sumarse a la aventura, ya están muy bien equipados, pues será una experiencia más para su bitácora de navegación, otros totalmente novatos, se ven algo temerosos por el propio hecho de estar a punto de entrar en la "dimensión desconocida", pero a pesar de ello, no evidencian estar menos entusiasmados por zarpar.

Después de "tertuliar" un rato en el punto de encuentro; entre bromas, presentaciones y saludos, encendemos los vehículos y en caravana, seguimos todos la camioneta del líder, Aramis Mateo, quien nos marca la ruta hacia oriente con su colorida carga de kayaks, los cuales lleva bien asegurados en un remolque que va hasta el tope.
Tras una corta parada en Puerto La Cruz capital del estado Anzoátegui, para reabastecernos de combustible y algunos pertrechos extras, entre ellos unos inmensos bloques de hielo que se logran conseguir de madrugada en una fábrica que los ofrece al público -sobre todo a los pescadores de la zona- durante las 24 horas-, seguimos con algo más de peso, rumbo Este, al estado Sucre, específicamente hacia un pequeño poblado llamado Valle Seco, lugar en el que estacionamos los vehículos y donde arranca la segunda parte de esta aventura.

Entre canes agitados y laboriosos pescadores muy despiertos a pesar de lo temprano, se logra ver por las ventanas de las humildes casitas gente curioseando nuestra llegada. Bajamos de los vehículos para atender las indicaciones de nuestros guías. De inmediato nos cambiamos y se nos entregan unas bolsas especiales que no permiten la entrada de agua, donde guardamos nuestros equipos: cámaras, celulares, ropa y demás objetos para que no se mojen. Aplicando la máxima de este tipo de actividades, en la que el objetivo se logra trabajando en equipo, nos unimos a los guías y comenzamos a bajar los kayaks, a revisar los sistemas de dirección de los mismos (timones), a colocarnos los chalecos, todo eso bajo la mirada y la asesoría personalizada y atenta de los guías. Guardamos nuestras bolsas en unos compartimientos que ofrecen las embarcaciones y muy entusiasmados y algo más espabilados, escuchamos la charla técnica.
Nos comentan sobre "biomecánica", sobre la posición de las palas con las que impulsamos los kayaks. Simétrica y asimétrica, conceptos que de inmediato sumamos a nuestro glosario de términos para esta actividad y en particular para lo que se nos dice, sobre la disposición de la pala y sus extremos. Nada difícil de entender viendo y atendiendo la explicación de los conocedores de la materia. Luego nos colocan una luces para elevar las medidas de seguridad, nos hacen los respectivos chequeos y se acentúan las medidas de prevención ya expuestas durante la charla, así como también la técnica a emplear para impulsar las embarcaciones que se nos han dado.

Con un tímido sol asomándose, algo de frío y bruma sobre el mar, llenos de emoción por la entrada al agua, finalmente se da inicio al tan esperado momento de pasearnos por las aguas que conforman el Parque Nacional Mochima. Nos enfilamos escoltados por los guías y rápidamente sincronizamos el desplazamiento, la travesía ha comenzado...

Aguas calmadas, excesivamente calmadas, grandes riscos y montañas que desde nuestros kayaks se hacen más imponentes, sus tonalidades varían entre verdes y azules; aves propias de la costa hacen su aparición con sus típicos sonidos y de repente, a lo lejos, avistamos un numeroso grupo de delfines, a pesar de la larga noche de conducción y de estar algo agotados, el presenciar esa aparición nos da fuerza y a toda máquina paleamos para acercarnos a los cetáceos que nos dan la mejor de las bienvenidas.
Después del espectáculo de los delfines, seguimos nuestra travesía mucho más animados. El sol radiante hace su embestida y con muchas ganas de recargarnos con algo de alimentos e hidratación, hacemos nuestra primera parada a eso de las 7:15 am en una isla a la que llaman "Cachicamo", la cual nos recibe con una no muy grata presentación, pues esta impactada por una gran cantidad de desperdicios que gente sin escrúpulos arroja al agua y que luego la corriente arrastra hasta la isla o que simplemente dejan en ella. Indignados por esa situación, el equipo de BioTrek toma espontáneamente la determinación, sumado a los participantes del paseo, en recoger buena parte de los desperdicios y de centralizarlos fuera de la bahía para hacerle las cosas más fáciles a quienes "esperamos" tengan la misión de sanear un poco el lugar.

Luego de haber tomado un desayuno ligero en esa isla, seguimos la travesía por las siguientes tierras insulares del Parque Nacional Mochima que teníamos en el itinerario de ruta, hasta llegar a Arapo, en la cual almorzamos y donde armamos el campamento base para deleitarnos posteriormente con una suculenta cena enmarcada en una noche de acampada que mostró mucho más de cinco estrellas...

En la mañana del día domingo, nos levantamos, no muy temprano pues la noche había sido algo larga entre los cuentos y las anécdotas que compartimos. Luego del desayuno, se levantó el campamento y a darle brazadas a las palas de nuevo. Muy cerca de Arapo esta un sector al que llaman "La Piscina", realmente lo es. En ese sitio paramos para hacer algo de "snorkeling". Los guías nos proporcionaron equipos para desarrollar esta actividad que nos permitió disfrutar del fondo marino por un buen rato.
Después de esta parada de buceo, seguimos hacia la playa "Ña´cleta" la cual está ubicada a escasos metros de Valle Seco. En esa playa, nos tomamos el gran relax del día, nos bañamos y compartimos calmadamente para culminar la travesía donde arrancó.
Al llegar a Valle Seco, se agilizó el proceso de carga de kayaks, nos dimos un buen baño de agua dulce en un espacio que gentilmente nos proporcionaron los habitantes de ese pueblito, comimos y partimos cargados de esa buena energía natural que nos regaló este paseo por Mochima.

Una experiencia para repetir, bien sea en ese sitio o en alguna ruta fluvial en la que Aramis y su equipo tengan operaciones turísticas. Con seguridad muy pronto les estaremos contando de alguna otra travesía en la que bien podrían ser Uds los protagonistas.


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