A Miami los boletos

Escribe: cuaternaque
A veces se abren puertas que permiten hacer cosas que no estaban dentro de los planes inmediatos y éste ha sido el caso. Mientras mi hija mayor se encuentra recorriendo India, el resto de la familia en pleno nos vamos Miami en una suerte de viaje de diversión, a correr, saltar, reírnos y sacar el niño que llevamos dentro e impedir que quede atrapado por las responsabiidades y preocupaciones de grandes.

 

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Miami

Miami, Estados Unidos — viernes, 24 de abril de 2015

Estamos ya en el aeropuerto Internacional de Miami, descendemos del avión, vamos a recoger maletas y hacer los trámites de inmigración. Trámite que siempre asusta ante un oficial de inmigración omnímodo que puede decidir  no dejarte entrar al país y ser deportado. No es que seas culpable de algo, pero siempre llegas con esa sensación de ser pecador. Aún recuerdo esos turistas que en el aeropuerto de Barajas, no pudieron ingresar a Europa porque no pudieron acreditar que tenían dinero para mantenerse durante su estadía. La presentación de sus tarjetas de crédito no fue suficiente y fueron deportados porque no llevaban el certificado del banco que acreditaba disponer de los fondos. Otros casos han quedado en la retina pero no los detalles.

En nuestro caso viajamos padres e hijos, y el temor de que nos confundan con familia que viene a quedarse en USA es inevitable. Y ahí estamos, frente al oficial de inmigración quien revisa nuestros pasaportes y visas, hace algunas preguntas de rigor, que de inofensivas no tienen nada, y con su mejor sonrisa nos desea una buena estadía y disfrutemos de Disney World.

Buscamos el sector de rent-a-car,  tenemos pagada una van Kia Grand Carnival que debemos retirar de las oficinas de Alamo, hasta que llegamos. El agente nos mira a cada uno de nosotros 6, mueve la cabeza de lado a lado y nos sorprende con :"Este familión con sus maletas y bolsos no caben en esa van, van a estar igual que sardinas en lata". No era algo que nos esperábamos y menos aún en Miami donde el shopping es inevitable y siempre se termina con más maletas que las que se traen.  Vemos alternativas y decidimos. Habrá que pagar una diferencia, no es mucho pero es un gasto no contemplado.

Hacemos los trámites, firmamos cuanto papeleo legal corresponda en los cuales, sin saberlo, pero intuimos, le estamos vendiendo el alma al Diablo. Nos movemos por los pasillos hasta el sector de estacionamiento y ahí está esperando el que será nuestro auto por los próximos 10 días.

El Chevrolet Suburban es ciertamente grande, los 6 sentados y con gran espacio de maleta para todos. El espacio, ciertamente no es problema. Me sorprende la comodidad, el equipamiento y dispositivos de seguridad. La dirección es suave, de gran maniobrabilidad y el motor poderoso, de reacción rápida. Un vehículo que en Chile es muy caro, un lujo, pero que bajo los estándares americanos es un vehículo más. Debo reconocer que en el viaje, este vehículo fue una muy grata experiencia de conducción y para familias numerosas lo recomiendo  sin ninguna duda. 

La salida del terminal es fácil, todo está demarcado, lo difícil es resolver tantos dilemas a la misma vez: las funciones del auto (el dónde esta qué y el cómo funciona esto), operar el GPS, el mapa que llevamos, el discriminar pistas mientras avanzamos y aprendemos y,  un largo etc. Hasta que estamos en ruta. 

Nuestro destino de hoy será la ciudad de Orlando a donde debiéramos llegar tipo 18 horas. Miami puede esperar.



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