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Algo más espiritual que religioso
Escribe: Euniceta
-Debieras ir, es una tradición familiar- "Pero no soy religiosa" -No importa, el simple trayecto te cambia la visión- "Quiero vivir eso" Quizá fue la mitad del recorrido, pero aún así...
Algo más espiritual que religioso
México — martes, 25 de marzo de 2008
"Quiero vivir eso" Quizá fue la mitad del recorrido, pero aún así me lancé con mi prima. Partimos de San Pablo Oztotepec, uno de los siete pueblos de la delegación Milpa Alta en el DF, eran las tres de la mañana y el par de muchachas esperamos en medio de un frío grado "vapor de boca" el bochito que nos trasladó a Topilejo... Si bien debimos seguir caminando, como muchos otros lo hacen, por haber sido mi primera vez mis tíos determinaron que llegáramos en camión a la zona de acampado denominada "Agua bendita", así que nos ahorramos la mitad más difícil del trayecto.
Ingenua había comprado una casa de campaña. -no será necesaria- me dijo mi prima "Ah chinga cómo no, seguro hace un frío criminal" pensé Agua bendita es un pequeño lugar en el bosque, a la orilla de la carretera libre a Cuernavaca, donde los peregrinos de años anteriores levantaron un altar a los santos de las diferentes capillas de San Pablo. Allí, el paso del tiempo ha delimitado casi naturalmente los pedazos de tierra donde cada familia o grupo prepara el sitio para los peregrinos que llegan de hacer la primera parte del trayecto.
Al instalar nuestra casa de campaña, pude percatarme que en efecto, la nuestra era de las pocas en el sitio, pues la mayoría utilizó sólo unas varas de la zona y unos plásticos para cubrirse ¿la técnica?, dispersar un poco de paja, cubrirla con las más cobijas que se pudiera y no levantar el plástico a más de un metro del suelo, increíble, pero útil.
El resto de la peregrinación llegó totalmente exhausta, débil, adolorida y hambrienta, pero quienes los esperaban habían preparado en pleno monte, unas deliciosas carnitas, un picoso chicharrón en salsa verde y un saludable picadillo. El atascón de alimentos no se hizo esperar e inmediatamente después casi todos los recién llegados se tiraron en sus refugios. Era la tarde y en algún momento yo me sentí mal por no estar igual de exhausta que ellos.
Mi prima y yo pasamos el tiempo andando por el bosque, recogiendo ramas para la fogata, durmiendo y platicando. De pronto anocheció... y sonó la banda, sí la banda de música llegó para acompañar a los sanpablenses en su andar rumbo al templo de Chalma en el Estado de México; tocaron los inigualables chinelos y sin pedir más, al anuncio del clarinete, todos a la par se pararon pues resulta inevitable escuchar a la música y no bailar o mover la cabeza cuando menos.
Ni el cansancio ni el sueño impidió a todos formar parte de un momento impensable, en el que el único sonido en el bosque era la tambora y los instrumentos de viento. No eran las doce ni las dos de la madrugada, a penas las ocho de la noche. Quizá nos habremos dormido como dos horas después porque sabíamos que a las tres de la madrugada debíamos ya estar caminando rumbo al templo.
Con triple calceta, sudadera, chamarra, guantes, gorro y bufanda, esa madrugada fue increíble para mí, porque no podía creer que yo estuviera caminando en la madrugada por la carretera federal, sólo con mi prima y su novio que nos alcanzó, el paisaje era todo azul oscuro, en él se distinguían los montes por su oscuridad y las estrellas estaban brillantes, enormes, como pocas veces he podido verlas.
Aunque en la carretera íbamos los tres solos, poco después alcanzamos a los muchos otros que habían tomado un atajo por el monte. Contar que estuve en la madrugada cruzando el cerro podría sonar de locos, pero estar ahí y caminar a la par de varios más, cubierta hasta el copete, me hizo sentir acompañada, no sólo por mis primos, sino porque sabía que a pesar de no conocer a alguien más, en ese momento algo nos mantenía unidos y nos hizo prácticamente hermanos.
Caminamos a buen ritmo y sin parar hasta las seis de la mañana cuando en uno de los varios poblados que cruzamos, los vecinos nos ofrecieron café, tamales, chilaquiles y sopes, si bien todo se veía delicioso decidimos no atascarnos porque la caminata aún era larga. La ruta designada es una mezcla entre veredas de terracería, pavimento y pueblos pequeños con casas de madera o cemento, la conversación es casi nula para evitar el desgaste físico y mental, alguien como yo que no está acostumbrado al ejercicio debe controlar su respiración y sus movimientos para evitar el llamado "dolor de caballo" que da en la parte baja de la costilla izquierda.
Alrededor de las ocho de la mañana llegamos al famoso ahuehuete de Chalma en donde la tradición dicta que se debe bailar alrededor del árbol y portar una corona de flores para que se cumplan los deseos, así que sin perder el tiempo lo hice mientras en mi mente repasaba "un chico lindo por favor, un chico lindo por favor" jajaja. Después del ahuehuete faltaban alrededor de tres horas para arribar y entré más cerca estaba de llegar, más cansancio comencé a sentir, mis rodillas empezaban a temblar mientras descendía alguna pendiente cargada de rocas sueltas y peligrosas.
No me había percatado de la fuerte luz del sol hasta que pisé por primera vez el suelo de Chalma, entonces vi la excesiva cantidad de comerciantes alrededor del templo y comencé a sentir calor al estar debajo de sus lonas por las cuales tuve que pasar para llegar a la iglesia, sin embargo la gran cantidad de gente me impidió admirar su interior. Aún así, en lo personal el interés no era tanto religioso, sino más bien espiritual y me parece que el extenuante viaje logró mi objetivo, la sensación que tuve durante mi peregrinar es único y quienes han hecho algo similar lo podrán entender, mientras tanto prometí que el próximo año realizaré el recorrido completo.
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Últimos comentarios
FREEMIND dice:
Definitivamente celebrar las tradiciones, aunque no seamos creyentes es una experiencia única y enriqucedora. Buen diario.
Saludos desde Los Mochis
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laguanabana dice:
Increible yo quiero ir a bailar a chalma y pedir lo mismo que tu comadre!!!! Felicidades por animarte a caminar mucho me fascina caminar y la verdad yo lo haria con gusto....espero ir y ser parte de ese ritual. Un abrazo y gracias por relatarnos y compartirnos tu vivencia.
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Indito dice:
Las peregrinaciones son tan surrealistas, me he sentido muy atraido a unirme alguna ves a una, por aca pasa una muy numerosa, la gente va literalmente hecha pedazos, es increible los alcances de la fe. En hora buena linda experiencia, Saludos.
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laguanabana dice:
Euni!!!! Yo quiero tu jarana!!!!!!!!!!!!!! Saludos linda!!!!
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Algo más espiritual que religioso
México | 25 de marzo de 2008
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