Afuera del aeropuerto ya me estaba
esperando Gerard, un amigo de mi prima, 100% australiano. Durante el
camino me platicó un poco de algunos aspectos relacionados con la vida
australiana: conducen por las izquierda,
el simbolismo de su bandera, las principales ciudades del país, el tipo
de moneda que manejan (1 dólar australiano en ese entonces valía 9
pesos), entre otras cosas. Media
hora después llegamos a nuestro destino: Little Collins Street. Aquí se
encontraba el departamento donde mi prima vivió durante un semestre con
otras tres chavas mexicanas. Nos despedimos y descansé un rato, eran
las 8:00 a.m. de Australia, 10:00 p.m. de México. Cuando
desperté eran las 2:00 p.m. Decidí tomar un baño y fue cuando me di
cuenta de una cosa: hacía muchísimo frío. Melbourne es conocida por su
clima variado durante un mismo día, así que era muy recomendable salir
con alguna chamarra aún cuando el sol estuviera en todo su esplendor.
Tenían razón. Salí a explorar la ciudad, unos minutos estaba tranquila,
en otros el viento era tan fuerte y helado que calaba hasta los huesos.
Otro aspecto interesante era la
luz del sol, no duraba mucho. Aunque amanecía temprano, a las 5:30 p.m.
ya estaba obscuro. A las 6:00 p.m. se podían ver muchas personas que
pasaban una bonita tarde después del trabajo y a las 11:00 p.m.
prácticamente todos ya estaban en sus casas. Sí hay antros y
restaurantes que cierran más tarde, pero la vida nocturna no es tan
evidente como en otras ciudades importantes del mundo.