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Perdido en la montaña...
Escribe: jmangeo
Un intento fallido de llegar a la laguna Huasca (4650 msnm) en las alturas de Matucana, me llevó al pueblo de San Damián luego de mil percances...
Hacia allá voy
Matucana, Perú — miércoles, 30 de diciembre de 2009
El reloj da las 4:45 de la mañana, es hora de partir. Nos alistamos rápidamente, cogemos las mochilas y buscamos un lugar para desayunar. Todo esta cerrado salvo una panadería dónde compramos lo que nos falta, no habiendo tiempo para más, decidimos comenzar la ascensión. Llama la atención los murales pintados a la salida del pueblo (no los había visto antes) que le dan un toque agradable al inicio de la caminata. A poco de iniciar nuestro recorrido, Ricardo siento un malestar estomacal y tiene que desertar, así seguimos Martín y yo, llegamos hasta el puente y tomamos el camino corto hacia Huillpa por el margen izquierdo de la quebrada Matará.
Dan las 9 de la mañana en punto y hemos llegado a Huillpa (3300 msnm), hemos tenido algunos contratiempos pero en general vamos bien. El tiempo hasta el momento muy bueno, un poco nublado pero nada que parezca darnos problemas. En Huillpa desayunamos en casa de una señora muy amable, en vista que todo el pueblo ha bajado a Matucana a pasar las fiestas de fin de año. Desde Huillpa seguimos entre los campos de cultivo y arribamos al estanque de Huanarca (3700 msnm), dónde damos un último descanso; lo que se viene es un ascenso fuerte por un camino difuso, y eso sumado al tiempo que se iba poniendo cada vez más nublado, hace ver las cosas un poco difíciles.
Luego de tomar el desvío y subir unos 200 metros, Martín tira la toalla, el camino se hace más difícil y la niebla empieza a cubrirlo todo. Decido seguir sólo y quedamos que él me esperará en Huillpa hasta que baje. Camino 20 minutos y logro ver la cascada de Camarón Corral (4050 msnm), probablemente es lo último que logro ver con certeza, ya que luego de eso la niebla lo cubre todo, el ascenso se hace más difícil a cada paso.
Llego a una antena en la cual encuentro a una pastora, le pido algunas indicaciones y sigo en ascenso, siempre hacia arriba, cada vez que la niebla despeja un poco alcanzo a ver las cimas de las montañas, imponentes y escabrosas, me parece que voy directamente hacia ellas, casi en cuatro patas, escalando en algunos tramos. Por fin supero el tramo rocoso, ya con mi casaca Goretex puesta, continúo por una ladera de poca pendiente, hasta llegar a una cima rocosa y una explanada. Estoy en el abra, la sensación de frío es impresionante. Chequeo el mapa. Debo estar a unos pasos de la laguna, doy unos pasos en la dirección que creo correcta pero no veo nada, la niebla lo cubre todo, no soy capaz de ver a más de 3 metros de distancia. Miro el reloj y tomo la decisión, debo renunciar. El tiempo es muy malo, ha empezado a garuar y correr viento, dan las 3 de la tarde y estoy sobre los 4600 msnm.
No puedo estar ahí por más tiempo, saco el mapa y la brújula (la cual tuve que improvisar en vista que la carcaza se había estropeada días antes), calculo la dirección correcta y me pongo en marcha, bajo casi corriendo. Al poco, me doy cuenta que no estoy en el camino correcto, terco intento seguir bajando y encontrar los riscos que superé en la subida, pero el trayecto se muestra llano con ligera pendiente y charcos por todos lados.
Me resulta vergonzoso decirlo pero me considero perdido, o más bien extraviado. El perdido no tiene conocimiento de su estado, yo sin embargo sí sabía, sabía claramente dónde estaba, estaba bajando por la quebrada que es naciente del río Lurín hacia las tierras medias de San Damián. Me detengo al fin y vuelvo a chequear mi dirección, es imposible hacer un cálculo correcto, el viento corre muy fuerte y distorsiona la medida de la brújula. Hago un razonamiento rápido de mi situación que se puede sintetizar así:
a) Sigo intentado orientarme correctamente hasta dar con la dirección hacia el abra, lo que significaría hacer un ascenso extra de unos 200 metros (que es lo que descendí), arriesgándome a tomar la dirección equivocada.
b) Continúo bajando por la quebrada hasta llegar a San Damián, distante a unos 17 kilómetros. Ya que tengo certeza que estoy en el camino correcto, aunque desconozco el estado del camino y lo difícil que puede ser.
Luego de pensarlo por un par de minutos decido optar por la opción b). La verdad es que no tengo tiempo que perder, el tiempo se hace más difícil a cada minuto. El viento corre y el soroche me está matando, sería imposible seguir tanteado la ruta al abra en esas condiciones. Así empiezo el descenso hacia las tierras de San Damián, ruta que ni en mis sueños más fantásticos había pensado hacer aquel día.
Dan las 9 de la mañana en punto y hemos llegado a Huillpa (3300 msnm), hemos tenido algunos contratiempos pero en general vamos bien. El tiempo hasta el momento muy bueno, un poco nublado pero nada que parezca darnos problemas. En Huillpa desayunamos en casa de una señora muy amable, en vista que todo el pueblo ha bajado a Matucana a pasar las fiestas de fin de año. Desde Huillpa seguimos entre los campos de cultivo y arribamos al estanque de Huanarca (3700 msnm), dónde damos un último descanso; lo que se viene es un ascenso fuerte por un camino difuso, y eso sumado al tiempo que se iba poniendo cada vez más nublado, hace ver las cosas un poco difíciles.
Luego de tomar el desvío y subir unos 200 metros, Martín tira la toalla, el camino se hace más difícil y la niebla empieza a cubrirlo todo. Decido seguir sólo y quedamos que él me esperará en Huillpa hasta que baje. Camino 20 minutos y logro ver la cascada de Camarón Corral (4050 msnm), probablemente es lo último que logro ver con certeza, ya que luego de eso la niebla lo cubre todo, el ascenso se hace más difícil a cada paso.
Llego a una antena en la cual encuentro a una pastora, le pido algunas indicaciones y sigo en ascenso, siempre hacia arriba, cada vez que la niebla despeja un poco alcanzo a ver las cimas de las montañas, imponentes y escabrosas, me parece que voy directamente hacia ellas, casi en cuatro patas, escalando en algunos tramos. Por fin supero el tramo rocoso, ya con mi casaca Goretex puesta, continúo por una ladera de poca pendiente, hasta llegar a una cima rocosa y una explanada. Estoy en el abra, la sensación de frío es impresionante. Chequeo el mapa. Debo estar a unos pasos de la laguna, doy unos pasos en la dirección que creo correcta pero no veo nada, la niebla lo cubre todo, no soy capaz de ver a más de 3 metros de distancia. Miro el reloj y tomo la decisión, debo renunciar. El tiempo es muy malo, ha empezado a garuar y correr viento, dan las 3 de la tarde y estoy sobre los 4600 msnm.
No puedo estar ahí por más tiempo, saco el mapa y la brújula (la cual tuve que improvisar en vista que la carcaza se había estropeada días antes), calculo la dirección correcta y me pongo en marcha, bajo casi corriendo. Al poco, me doy cuenta que no estoy en el camino correcto, terco intento seguir bajando y encontrar los riscos que superé en la subida, pero el trayecto se muestra llano con ligera pendiente y charcos por todos lados.
Me resulta vergonzoso decirlo pero me considero perdido, o más bien extraviado. El perdido no tiene conocimiento de su estado, yo sin embargo sí sabía, sabía claramente dónde estaba, estaba bajando por la quebrada que es naciente del río Lurín hacia las tierras medias de San Damián. Me detengo al fin y vuelvo a chequear mi dirección, es imposible hacer un cálculo correcto, el viento corre muy fuerte y distorsiona la medida de la brújula. Hago un razonamiento rápido de mi situación que se puede sintetizar así:
a) Sigo intentado orientarme correctamente hasta dar con la dirección hacia el abra, lo que significaría hacer un ascenso extra de unos 200 metros (que es lo que descendí), arriesgándome a tomar la dirección equivocada.
b) Continúo bajando por la quebrada hasta llegar a San Damián, distante a unos 17 kilómetros. Ya que tengo certeza que estoy en el camino correcto, aunque desconozco el estado del camino y lo difícil que puede ser.
Luego de pensarlo por un par de minutos decido optar por la opción b). La verdad es que no tengo tiempo que perder, el tiempo se hace más difícil a cada minuto. El viento corre y el soroche me está matando, sería imposible seguir tanteado la ruta al abra en esas condiciones. Así empiezo el descenso hacia las tierras de San Damián, ruta que ni en mis sueños más fantásticos había pensado hacer aquel día.
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Capítulos de este diario
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1
Los preparativos
-
2
Hacia allá voy
-
3
¿La decisión correcta?
San Damián, Perú | 30 de diciembre de 2009
En Matucana...
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