Hostales en Cuba (I). Matanzas: paz y paisaje.

Escribe: Cosmos99
Describo aquí algunas particularidades de estos establecimientos familiares destinados al alojamiento de vacacionistas, en este caso los situados en Matanzas, la apacible ciudad a medio camino entre La Habana y Matanzas. Objetivo: favorecer la localización del lugar que satisfaga las necesidades de descanso de los amigos viajeros.

 

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Capítulo 1

Hostales en Cuba. En Matanzas: la mejor opción

Matanzas, Cuba — miércoles, 19 de enero de 2011

HOSTALES EN CUBA (I). MATANZAS: paz y paisaje.
Matanzas, mi ciudad, a decir del poeta, no es ciudad de turistas, sino de viajeros. Y me quedo pensando y reflexionando: por alguna razón será que esta página que nos une no se llama “turistas punto com”, sino “viajeros punto com”. ¿Cuál será la diferencia entre un turista y un viajero?  Pienso que, por ser tan fácil de entender, resulta sin embargo muy difícil de explicar. Mas prueba al canto: en Matanzas prácticamente no hay hoteles, a vuela pluma sólo recuerdo dos, uno ya en las afueras rumbo a Varadero (el Hotel “Canimao y el otro, aunque céntrico y recién remodelado (el Hotel “Velazco, histórico, clásico, tradicional, con cierto glamour incluso, pero me resulta algo “plástico”, artificial, como de adorno. El problema puede ser mío, y el hotel resultar una maravilla, pero cuando de venir de viaje a Matanzas se trata, mi recomendación es alguno de los magníficos hostales muy bien situados dentro de la ciudad.

Mis amigos se sorprenden cuando me piden sugerir un hotel, y yo hablo de hostales. Al final, todos quedan complacidos y con ánimos de volver. ¿Las razones? Son varias: economía, confort, satisfacción, singularidades… los hay “playeros”, que son los situados muy cerca – a veces a unos pasos de la puerta del fondo - de las playas citadinas como El Tenis y Buey Vaca, en los barrios de La Playa y Pastorita respectivamente. Las playitas de marras no son Varadero, claro que no, mas en el mundo he conocido no pocas que les llaman “playas”, tienen hoteles y cabañas y sin embargo tienen peor calidad que las humildes playas matanceras, cual collares de una hermosa bahía que las resguarda de marejadas y oleajes inoportunos.  Los hostales  más céntricos, en los alrededores del Parque de la Libertad, permiten relacionarse con el barrio histórico y las instituciones culturales, como el famoso Teatro “Sauto”, el Museo Farmacéutico, los comercios de artesanía y, en fin, el día a día de la ciudad dormida y apacible que algunos buscan.  Para todos ellos pudieran emplearse las palabras y frases que intentan promover los hoteles de más o menos estrellas, y sus servicios; yo iré a palabras concretas  que ilustrarían mejor las razones. Comencemos diciendo que no pocos de los hostales matanceros  ofrecen servicio de desayuno, comida y cena,

¿En qué horario? Pues el que el cliente decida. ¿Cuál menú? A escoger. Recuerdo que un día que visitaba a unos amigos españoles, hospedados en una maravilla de hostal en El Tenis, tenían servida para el desayuno una mesa de frutas que dudo que un hotel la pueda ofrecer así, escogidas, con maduración perfecta, y no sólo las más conocidas, como naranjas, pomelos, bananas, piñas, sino otras tropicales y exóticas como el aguacate, el mamey, el anón, la guanábana, la guayaba, la papaya, qué sé yo. Epígrafe aparte para las ensaladas de vegetales: apetitosos tomates, repollos tiernos, lechugas con sus hojas lavadas cuidadosamente una a una, brillantes pimientos… Y súmele a lo anterior los exquisitos postres criollos: cascos de guayaba (o pomelo) en almíbar, boniatillo con coco, arroz con leche y otros, acompañados con queso, garantizando esa combinación tan rara de “salao con dulce”, que sabe sabroso. Y para las comidas precisar que algunos de los que conozco ofrecen platos con productos del mar que, por exclusivos, dudo que puedan ser confeccionados en las “industriales” cocinas de los hoteles, donde todo sale “en serie” y bajo la premura de horarios exigentes.

Miren, hay peces de plataforma de exquisita carne que son capturados por pescadores de botecitos de remos, y que son comercializados directamente en los hostales, preparados en éstos a partir de recetas tradicionales propias de las ciudades costeras, consumidos a las pocas horas de ser capturados e incluso con la posibilidad de que el propio cliente lo pueda contemplar antes de ser procesado. Hubo otra vez, en un hostal de la zona de Pastorita, que los clientes encargaron para la comida un pargo asado a la criolla, y fueron complacidos con un hermoso ejemplar de más de 4 kilogramos, de refulgentes tonos rojizos y plateados que garantizó magníficas fotos, antes y después de cocinado.  Tener en cuenta, además, la posibilidad de tomar un té o un café entretiempos, familiarmente, conversando, informándose… Aun cuando la reserva en el hostal sea en base a habitaciones, eso no impide disfrutar de amplios salones bellamente decorados, con muebles cómodos, bien ventilados e iluminados, decorados con estilo, abundancia de plantas ornamentales unos, con obras de arte auténticas otros. Lógicamente, si usted desea privacidad absoluta y discreción aun mayor, la tiene garantizada, no lo dude.

  Es oportuno conocer que una buena parte de los hostales en Cuba en general, y en Matanzas en particular, están vinculados al servicio de taxis y de renta de coches, con chofer o sin él, útiles para desplazamientos por toda Cuba, o recorridos dentro de la ciudad, con la garantía de que pueden ser situados en el Aeropuerto  Internacional “José Martí” en La Habana y dejarlo en ese mismo lugar a la hora de la partida, o en cualquier otro destino dentro del país. Están disponibles de diferentes marcas y modelos: KIA (Río y Picanto); HUNDAI (Accent y Athos), incluso coches de origen estadounidense de las décadas del 40, 50 y 60 del siglo XX; es proverbial la inventiva de los cubanos para mantener rodando sin dificultades esos monstruos antediluvianos ya extinguidos en otras latitudes.

  Los hostales en Matanzas tienen un elevado índice de repitencia, no sólo por el confort y la satisfacción de los clientes, sino también por las ventajas económicas que se van obteniendo de año en año al tratarse de clientes fijos, muchos de los cuales tienen reservadas semanas, quincenas y hasta meses enteros en determinadas épocas del año, y así tienen la garantía de su hospedaje en Cuba, además de que la comunicación con los dueños garantiza muchas prestaciones adicionales que son satisfechas con diligencia y buena voluntad.

En cuanto a capacidades, situación, tamaño de las habitaciones, vistas disponibles, comunicación (en algunos se dispone de Internet para uso del cliente,  garaje para el coche rentado sin costo adicional) existen tantas variantes como hostales establecidos, más de cien en Matanzas.


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