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Matanzas - Habana: viaje por la Vía Blanca

Escribe: Cosmos99
La excelente autopista que une ambas ciudades en poco más de una hora admite un viaje mucho más detenido, teniendo en cuenta los múltiples rincones que la misma incluye, no pocos de ellos ocultos a la mirada novata del viajero de ocasión. Sólo la experiencia de años circulando por la ruta permite hacer las precisiones sobre lugares de encanto que pueden resultar inolvidables.

 

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Capítulo 1
 

Desde la ventanilla de los autobuses y elevada alerta

Matanzas, Cuba — viernes, 16 de diciembre de 2011

Recordando aquello de "no por mucho madrugar se amanece más temprano", no olvido que los ómnibus urbanos comienzan a circular en mi ciudad pasadas las 6 de la mañana; a eso me atengo. Efectivamente, a las 6:15 am abordo el primer ómnibus de la ruta 9 que circula. El mismo cubre la ruta ECIL- Parque de los Pinitos, atravesando todo el centro de la ciudad. Aclaro: "ECIL" significa "Empresa Consolidada de Industrias Lácteas", así se denomina la planta pasteurizadora y envasadora de leche, situada a la salida de Matanzas rumbo a La Habana por la Carretera Central; como el depósito de autobuses se encuentra muy cercano a ella, así se denomina el origen de todas  las rutas que parten de allí, con las siguientes paradas: ECIL (origen); cementerio "San Carlos Borromeo"; Naranjal (aquí lo abordo); Acueducto; Talleres Automotores; Parque "René Fraga"; Mujica; Instituto; Catedral; Tirry; San Juan de Dios; Terminal Interprovincial (aquí lo abandono); La Cocinita; Parque los Pinitos (fin de trayecto).

A esa hora hay pocos pasajeros en la Terminal, y muy pocos para La Habana, toda vez  que a las 5:35 am sale el primer autobús del día rumbo a esa ciudad, y según me comenta alguien, "limpió", expresión que significa que en el mismo viajó todo el que aspiraba a hacerlo rumbo a la capital. Debo anotarme en la establecida "lista de fallos", que establece la prioridad para viajar por orden de llegada. Una vez anotado, me acomodo en el sálón de espera, veo llegar autobuses con diferentes destinos: Varadeo, Cárdenas, Sagua la Grande (tengo pendiente una visita allá), Corralillo (donde se encuentan los famosos baños termales "Elguea" y el hotel del mismo nombre, ambos muy visitados por mis padres en el pasado a fin de aliviarse de sus dolencias y al mismo tiempo reunirse con sus amistades de viajes anteriores)... mientras, voy tomando apuntes que ayuden en la redacción de este Diario. Sobre las 8:00 am soy llamado a abordar un autobús turístico que ha salido desocupado de Varadero con el fin de buscar turistas en La Habana. Es cómodo, confortable, con aire acondicionado, música y lo más econñómico que pueda aspirarse: 20 pesos cubanos, la misma tarifa que la empresa ASTRO ("Asociación de Transporte por Ómnibus). Me acompañan 14 viajeros, la mayoría con pinta de ir a pasar un fin de semana fuera de Matanzas, escapando del aburrimiento garantizado en la misma. Iniciamos el recorrido por el Viaducto, la conocida "Vía Rápida" y en un pestañazo estamos ya encaminados por la Vía Blanca, la otra alternativa para viajar a la Capital, la cual sigue toda la línea de costa, con maravillosos paisajes y lugares de interés.  Medito... ¿Cuántas veces en mi vida he realizado este viaje? Con seguridad: cientos, y no digo miles para no pecar de exagerado. Además puedo asegurar que he visitado todos los lugares con nombre que hay en la ruta: La Cumbre, Rincón Moderno, Puente de Bacunayagua (el más alto de Cuba, con un Mirador impresionante)... Se observan los cuidados potreros con bellas cercas construídas artesanalmente, usando la piedra, otras de una cactácea llamada cardón; siempre a la izquierda se contempla el famoso Valle de Yumurí, más allá las lomas del Palenque y el Pan de Matanzas, esfuerzo la vista y descubro el Motel "El Valle". Ese Valle también lo he contemplado desde la Ermita de Monserrate. Aparecen a ambos lados de la autopista los eternos vendedores ofreciendo los productos de la región: limones, queso campesino, también aparecen los monumentos recordatorios de fallecidos en accidentes del tránsito. La velocidad del autobús no me permite precisar algunos detalles, será en otra ocasión. La carretera mojada por el sexto frente frío del invierno cubano imagino que aumentan las precauciones del chofer. Después de Bacuna yagua: un control policial sin mayores consecuencias, aquí están los límites entre las provincias de Matanzas y Mayabeque, entrando así en el primer municipio de esta última: Santa Cruz del Norte, mas aun falta para llegar a la ciudad cabecera.
El sol pugna por aparecer, pero las nubes son más poderosas. No se ven desde la autopista, mas a mi derecha, por la línea de costa, se enceuntran diferentes bases de campismo, alojamientos a precios módicos vinculados a pequeñas y magníficas playas. La zona está altamente desplobada, sólo se ven aisladas casas, muy distantes unas de otras, donde con seguridad viven los campesinos y vaqueros que atienden los sembrados y los numerosos animales que se observan pastando apaciblemente, ajenos a cualquier tragedia moderna por terrible que sea.
Ya al fin Arcos de Canasí, o simplemente Canasí, poblado situado a sólo un kilómetro de la autopista, aun permanece en pie la chimenea del demolido central (fábrica de azúcar de caña) "Puerto". Por cierto, debo un Diario de una visita a este lugar acompañado de mi hijo Javier. Aquí se recogen pasajeros. La calidad de la autopista permite el avance a buena velocidad. Un poco después, a la derecha, la carretera que conduce al hotel "Breezes Jibacoa", visitado por mí hace unos  diez años no como turista sino en mi condición de ingeniero energético. Pocos imaginan los maravillosos paisajes que oculta el lomerío circundante.
Después de Jibacoa, aproximadamente en el kilómetro 57, se encuentra el peñón calizo de "El fraile", notable accidente geográfico de la región y circundándolo una lamentablemente abandonada base de campismo. Más llanuras dedicadas a la ganadería y a la agricultura cañera, viajamos ahora bien cercanos a la costa, caracterizada por sus arrecifes, peligrosas rocas que algunos desafían para dedicarse a la pesca.
Ciudad de Santa Cruz del Norte, zona industrial, con la fábrica del afamado ron "Havana Club", el ron insignia de Cuba; una fábrica de cartón y cartulina, una planta termoeléctrica...
descienden pasajeros, el próximo punto notable será Boca de Jaruco, donde desemboca el río del mismo nombre, y abundan los yacimientos de petróleo y gas natural, por lo que se construyó la planta "Energás" para producir electricidad (energía eléctrica) con el gas acompañente, luego de pasar un proceso de separación del azufre que lo acompaña, azufre que a su vez es trasladado a Matanzas para la producción de ácido sulfúrico. Después de Santa Cruz va desapareciendo progresivamente la vegetación de valor, pues son terrenos altamente pedregosos y con elevado nivel de salinidad, sólo se observan arbustos espinosos y plantas xerofíticas, sólo los alrededores del río Jaruco permiten alguna vegetación notable.
El poblado de Boca de Jaruco es típico de pescadores y de petroleros, así como empleados de la planta "Energás". Abundan los pozos de petróleo con las características bombas oscilantes pintadas de rojo y verde.
Antes de abandonar la provincia de Mayabeque, otro control policial, esta vez un agente sube al autobús, ojea los pasajeros, se disculpa y desciende, contunando el viaje. Entramos a la provincia de La Habana. Antes de arribar a la Capital propiamente dicha se sucederán una seria de playas conocidas genéricamente como "Playas del Este", con numerosos hoteles y otras instalaciones turísticas.  La primera de estas playas: "Guanabo", no de las mejores pero aceptable, en mi época de estudiante venía aquí a jugar front- tennis y por supuesto a tomar baños de playa.
Hace muchos años, cuando era niño, visitaba en Guanabo el típico bungalow de la artesana y pintora italiana Josefina Ferraro, muy amiga de mi madre y a quien desinteresadamente enseñó todo lo que sabía, en particular las flores que todavía hoy mi madre, Georgina Tomey, de espaldas a sus 85 años, fabrica con singular destreza y buen gusto.
Llega la playa de Santa María del Mar, la mejor y mayor de todas las playas del este, menos deportiva y más farandulera y nocturna; antes de dedicarme con seriedad al front tennis la visitaba con frecuencia.
Le sigue la playa de Tarará, con sus instalaciones de salud y educativas, las primeras ocupadas en atender a los jóvenes con secuelas del accidente nuclear de la panta rusa de Chernobil; las otras ocupadas por estudiantes chinos de español y cultura cubana. Luego está la pequeña playa de Bacuranao, poco visitada, y a continuación se entra en la zona de las instalaciones deportivas "La Habana del Este": el estadio olímpico, el velódromo "Reinaldo Paseiro", el complejo de piscinas "Baraguá"... estas fueron las instalaciones principales de los Juegos Deportivos Panamericanos de 19991, y hoy albergan diferentes competiciones.
Se respiran aires habaneros: nos cruzamos con los autobuses urbanos de la ciudad, algunos pasajeros van solicitando descender del autobús, me entusiasmo ante el inminente arribo a la capital, mas no desespero; aun me queda describir el paso por la ciudad periférica de alamar, a sólo 9 kilómetros del Capitolio Nacional, lugar de referencia de todas las distancias hasta La Habana.
Sin apenas percatarnos, pasamos de la Vía blanca a la Vía Monumental, que accede directamente al tunel de la bahía, el cual cruzamos y allí descierndo del autobús y finalizo esta etapa del viaje. Habrá más...

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Últimos comentarios

babydollspain dice:
Uffff nos quedamos con ganas de más, mucho más!!!
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    Desde la ventanilla de los autobuses y elevada alerta

    Matanzas, Cuba | 16 de diciembre de 2011