Diarios de viaje > Marruecos, Africa

Circuito por Marruecos

Escribe: Malogarcia
Circuito que realicé con mi esposa y mi hijo por Marruecos en octubre de 2007. Aunque los comentarios puedan parecer negativos, me lo pasé bien, tengo un recuerdo bonito de los marroquíes en general, y recomiendo este circuito para conocer culturas diferentes y aprender a ser algo más tolerantes en un momento en que nuestros políticos están creando una gran crispación cultural, étnica y religiosa.

 

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Primer día en Marrakech y sin equipaje

Marrakech, Marruecos — martes, 5 de mayo de 2009

Este fue un viaje improvisado, ya que durante meses habíamos estado preparando el típico de navegación por el Nilo y estancia en el Cairo, pero dado que en esta ocasión tenía interés en llevar a mi hijo, al final llegamos a la conclusión de que con sus 17 años de edad disfrutaría más y le sería de mucho más provecho para su edad el hacer un circuito por Marruecos, que el ir de travesía por el Nilo, viaje que podríamos posponer para realizarlo mejor en pareja. Al final se convirtió en un circuito lleno de problemas, pero que mereció la pena ya que hasta los momentos más malos enseñan algo de provecho y con el tiempo todo queda en un buen recuerdo.

Salimos del aeropuerto de Asturias con 20 minutos de retraso, lo que podría haber sido fatal teniendo en cuenta lo ajustado del horario con el enlace del vuelo que teníamos que tomar en Madrid. Al llegar a Barajas nos vemos corriendo por los pasillos para poder llegar a tiempo del vuelo que salía para Marrakech. Todo ello se le debemos de agradecer a la ineptitud de la empleada de Viajes Iberia que se equivocó en las reservas y nos dejó menos de media hora de tiempo para cambiar de avión. Gracias a que teníamos contratados los dos vuelos con la misma compañía (Iberia) no nos fue necesario recoger ni facturar las maletas, pero tomamos el avión casi en el último minuto.

Al aterrizar a Marrakech pasó lo que tenía que pasar: que las maletas no llegaron. Esto nos llevó a vernos en un país extraño, sin equipaje, sin ropa y sin lo necesario para asearnos, solamente con unos bolsos de mano donde tuve la precaución de guardar los objetos más valiosos como las carteras, dinero, cámaras fotográficas y sobre todo la medicación que a diario debe de tomar mi esposa.

Primer problema: una espera interminable en una cinta de equipajes en la que no aparecían nuestras maletas. Cuando después de llevar mucho tiempo parada la cinta, asumimos que las maletas no iban a aparecer, pasamos a la segunda parte del problema. Esto no es Europa, no existen oficinas abiertas, no hay información de ningún tipo, el entendimiento es nulo con cualquier persona del aeropuerto, si es que aparece alguna. Por ello, acudo al asistente de Viajes Iberia que debía esperarnos en la entrada del aeropuerto, pero éste no quiso saber nada del asunto, con lo cual volví a entrar en el terminal teniendo que pasar a escondidas de los guardias marroquíes que impedían el retorno a ella (en situaciones límite uno hace milagros).

No sé cómo hicimos, pero acabamos en una “oficina” donde una especie de guardia uniformado estaba tirado en una silla, con los zapatos quitados y los pies encima de otra silla, al frente de un ordenador. Con los nervios que teníamos, ahora nos es imposible acordarnos de cómo logramos entendernos con él; sólo sé que alguien que estaba a la espera para el mismo tema le habló en francés sirviendo de traductor en un simulacro de ceremonia de reclamación, en el que el guardia escribió (con un solo dedo) un parte de extravío de maletas, del que por suerte nos dio una copia impresa. Con el tiempo supimos lo valiosa que llegaría a ser esta copia.

Desilusionados fuimos a la entrada y como era de suponer, el “asistente” de Viajes Iberia había desaparecido. Cabreado como estaba, eché mano de otro colega suyo de Viajes Iberia que encontré y logré que, en lo que podría llamarse un acto de caridad, accediese a transportarnos hasta el hotel de la ciudad, solapándonos en la tanda de turistas españoles que le había tocado llevar. Como el aeropuerto estaba en obras, nos tocó andar una buena tirada hasta donde estaba aparcada la furgoneta.

Otra desilusión más: el medio de transporte es una furgonetita Nissan, pequeñísima y vieja, en la que nos metieron (más bien empujaron) al grupo de personas y en la parte trasera apilaron de forma milagrosa las maletas que éstas llevaban (que envidia). Íbamos apretados, sudando y con las ventanillas bloqueadas (creo que estaban soldadas a propósito). Cuando nos depositaron en el hotel (como siempre los últimos), nos encontramos que éste era el mismo de la última vez que estuvimos en Marrakech, del que guardábamos un buen recuerdo. La ilusión inicial pronto se hizo polvo, puesto que el cariño que pudiésemos tener a este hotel desapareció al ver que, cinco años después, no era más que un establecimiento completamente descuidado en el que no se habían gastado nada para mantenerlo al día.

Después de acomodarnos en las habitaciones, mi esposa se pone en contacto con la oficina de Viajes Iberia en Oviedo, para que por lo menos se muevan en algún sentido y podamos recuperar las maletas. Mientras tanto, salgo a la calle con mi hijo para ver si podemos comprar artículos de aseo y algo de ropa que nos permita salir del paso. Es inútil, ya que en esa zona sólo encontramos calles vacías de tiendas y de personas, y eso que es la zona más vip de Marrakech. Cuando volvemos al hotel con un par de botellas de agua compradas a precio de oro en un establecimiento muy cutre, me encuentro a mi mujer desesperada por haberse gastado los 120 euros de saldo que tenía en el móvil, sin lograr resultado alguno. Ya nos quedamos sin un móvil.

Bajamos a la calle a comer en una terraza que teníamos enfrente del hotel. Escogimos en una carta plastificada y llena de pringue algo parecido a una chapatilla de pan con queso y alguna otra cosa que no quise mirar, y una Pepsi. Es difícil entenderse con el camarero para pedir consumiciones, pero mucho más difícil es hacerle ver que me tiene que dar el cambio del dinero con el que pagué. Por otra parte, fue muy agradable estar sentados a la sombra de esta terraza.

De vuelta al hotel, sobre las cinco de la tarde, decidimos ir mi hijo y yo al aeropuerto para ver si en el vuelo que viene de Barajas a las 6 ya trae nuestras maletas. Pido al recepcionista del hotel que nos llame un taxi; inmenso error, pues interviene el recepcionista, otro empleado que aparece de repente y que llamó por un sofisticado móvil a un “primo” suyo que tiene un taxi. Curiosamente el primo aparece en menos de un minuto en la puerta del hotel y entre todos entablan un alboroto, deduciendo yo que giraba en torno a la comisión que debía llevar cada uno de ellos en la operación. El del móvil me indicó en perfecto español que después de mucho regatear en mi favor, había sacado un precio muy bueno (que fue el triple del que me hubiese costado a mí de haberlo buscado yo). Preferí no discutir dada la situación tan delicada en que me encontraba. Así todo, el valor del dinero no es el mismo que tiene en España y para nosotros sigue siendo un medio muy barato de transporte.

En el aeropuerto me resulta imposible llegar a la cinta de las maletas debido a la tenacidad de dos guardias de grandes bigotes que (como es su deber) impedían que la gente entrase en la terminal. Les enseño el parte de denuncia y al ver que iba firmado por el otro colega suyo, me mandan pasar haciendo grandes gestos con las manos, como si les molestase verme delante. La verdad es que en Barajas jamás habríamos tenido esta facilidad.

Una vez dentro, hablo con el mismo guardia de los zapatos quitados de la mañana, que estaba en la misma posición de descanso. Éste, muy enfadado y curiosamente en español, me dice a gritos que se había informado muy bien (dudo que emplease el teléfono para ello) y que las maletas se habían quedado en Madrid, que llegarían al día siguiente. Por si acaso no hicimos el menor caso y esperamos disimulando detrás de una columna a ver lo que salía por la cinta. Hicimos bien, porque pronto vimos aparecer la enorme maleta de mi mujer, aunque las otras dos no llegaron. La cogimos y a pesar de que teóricamente deberíamos haber dado cuenta de ello al guardia que hizo el parte, preferí no volver a entrar en un diálogo de besugos en el que incluso podría haber llegado a quitarme la maleta. Ya bastante difícil fue poder salir de nuevo con ella, ya que los guardias que había a la entrada nos pararon, cuando el resto de viajeros iba saliendo con normalidad. Creo que fue simplemente porque les sonaba nuestra cara de algo, pero me hicieron abrir la maleta y a pesar de que apareció en primer lugar ropa interior femenina, me mandaron cerrarla y seguir.

A la entrada del aeropuerto “asalté” a la chica que trabajaba por la tarde como asistente de Viajes Iberia y le conté todo lo que me pasó, pidiéndole que nos llevase al hotel en el vehículo en el que iba a efectuar el traslado de los viajeros de las 6 de la tarde, ya que en el aeropuerto tendría que hacer un regateo interminable con los taxistas que seguramente me pedirían un precio desorbitado al ver que no tenía medios para volver.

Esta chica, que casualmente era española, me atendió magníficamente y nos llevó a la furgoneta de transporte, que era la misma de por la mañana. Pero aquí empezó un nuevo calvario, pues la chica comenzó a discutir con el conductor y éste le contestó de mala manera con gritos en los que intuí que había insultos. Me sentí muy mal, ya que la vi afectada, pero supongo que debía de estar acostumbrada a ello. Cuando efectuaron el reparto de viajeros por los hoteles de Marrakech, sólo quedamos mi hijo y yo en la furgoneta con la chica y el chofer, en un lugar que me pareció completamente apartado del centro de la ciudad; además ya era casi de noche. Empezó de nuevo la discusión, pues el conductor decía que ya había acabado su jornada y que se iba a su casa. Sólo llegué a entender en esa discusión que la chica le decía que no podía dejarnos tirados tan lejos y que por favor nos llevase, que no fuese mala persona. Al cabo de un rato y seguro que con la esperanza de obtener dinero, el individuo accedió a llevarnos al hotel, pero con el cabreo tan grande que yo tenía, al llegar a él me apeé y lo dejé solo, protestando a voces. Hay que pasar por una situación así, lejos de casa y sin recursos, para comprender el estado nervioso en que puede acabar una persona y cómo se puede caer en el abatimiento y pérdida de moral que teníamos en ese momento.

Por lo menos pude entregar a mi esposa su maleta. A continuación procuramos olvidarnos del incidente y pasar el resto del día lo mejor posible, por lo que cenamos en el hotel sobre las 7 de la tarde. Después salimos a la calle a comprar tabaco. Fue curioso encontrar un estanco pequeñito en el que dos mujeres con la cabeza cubierta y con gafas, nos miraron con cierta animosidad, pero en lo que se refiere a mi mujer, le lanzaron miradas completamente hostiles y desaprobadoras, pero creo que fue debido a que ella iba en ese momento fumando. Pero no importa, estos incidentes son de pequeña importancia y no pueden empañar el entusiasmo con el que los viajeros nos tiramos a la calle.

Andamos un poco por la Avenida Mohammed V, que es la vía más moderna de Marrakech. Observamos el gigantesco cambio que ha dado Marruecos en los últimos 5 años. En 2002 encontré taxis diminutos con unos cajones de madera en el techo que hacían las veces de baca, y el denso tráfico estaba compuesto en su mayor parte por motocicletas viejas y coches humeantes que hacían irrespirable el aire de la ciudad. Ahora veo coches modernos, muchos de ellos de gran lujo como BMW-X5, locales lujosos, jóvenes con ropa occidental y chicas adolescentes que visten vaqueros con “tops” enseñando hombros y barriga. Y de vez en cuando se puede ver algo tan increíblemente avanzado en el mundo árabe como puede ser una mujer conduciendo un cochazo. Así todo sigue existiendo ese impactante espectáculo que es para los europeos el ver una motocicleta con cinco miembros de una familia subidos en ella, y los malabarismos y regateos de los coches en las rotondas. Por cierto, aprecié que ahora se redujo bastante la costumbre de ir continuamente tocando la bocina.

En un momento dado, un grupo de adolescentes se muestra un tanto desafiante porque me ven hacer fotos en la calle en las que casualmente ellos salen, pero está claro que lo único que pretenden es cobrar dinero por ello. Tomamos la decisión de coger un taxi que nos lleve hasta la famosa plaza DeJemaa el Fna.

Aviso al taxista para que nos deje antes de llegar a la plaza, porque quería ofrecer a mi hijo (que nunca había estado aquí) de forma gradual el espectáculo imborrable del ambiente que llena la plaza, para que vaya saboreándolo poco a poco según se va acercando a ella. Disfruto de ver la boca abierta de mi hijo (y de mi mujer, aunque ya había estado antes) al ir acortando la distancia que les lleva a ese mundo indescriptible de sonidos, de luces, de olores… Suenan los tambores y las “gaitas” de los beduinos, la noche está llena del humo que emiten las hogueras y las planchas en las que se están asando carnes de todo tipo.

Sólo nos ilumina el resplandor de los fuegos que convierte el entorno en una confusión de oscuridad con reflejos rojizos. A cada paso vemos un círculo de personas que asisten a un espectáculo, en unos casos puede ser unas serpientes danzando, en otros unos músicos tocando, una adivinadora, un faquir, un contador de historias… Nadie que nunca haya ido a Marrakech se podrá imaginar lo que es esta plaza de noche, y los que hemos ido varias veces no somos capaces de transmitir ni explicar los sentimientos que nos embargan cuando pisamos en ella.

Aunque ya estábamos muy cansados, decidimos adentrarnos en la medina, que en sus comienzos está abarrotada de bazares llenos siempre de las mismas cosas durante lustros. Es sensacional ver como familias enteras nacen, crecen y mueren sin salir de sus tiendas, que tienen abiertas día y noche. Lo de tiendas es mucho decir, pues realmente no se sabe sobre qué base están sostenidas e improvisadas estas instalaciones, pero es admirable ver como pueden llegar a tener varios metros de altura con filas y filas de babuchas, de caftanes, etc.

No voy a describir aquí lo que es un zoco árabe, porque aparte de ser casi imposible, ya existe mucha gente que lo conoce. Por ello sólo me limitaré a contar las incidencias personales del viaje que es para lo que estamos en Viajeros.com.

Ya cansados de ser agobiados hasta la extenuación por todos los vendedores del zoco, que adivinan desde lejos la nacionalidad de cada turista, decidimos irnos para el hotel. Pero al salir de la plaza, tentados por la insistencia de los cocheros, improvisamos un viaje en una calesa de esas tan populares que hay en Marrakech tiradas por varios caballos. Negociamos lo que sería un paseo por unas calles en las que no nos atreveríamos a entrar solos a pie y a la vez incluimos el retorno al hotel. Llegamos a un trato de 20 euros, que a nosotros puede parecernos una gracia, pero en Marruecos es un dineral. La verdad es que el cochero se portó magníficamente; nos llevó por unas calles en las que pudimos ver la verdadera esencia de la vida de esta gente… negocios de todo tipo (carnicerías, peluquerías, cordelerías, mercerías, etc.) con el común denominador de lo que los españoles llamamos “cutre”: azulejos desconchados, bombillas agonizantes, niños corriendo por medio de calles encharcadas de no se sabe qué, toneladas de excrementos de animales, cientos de hombres haciendo la vida en la calle… En un momento pensé que estaba en el peor barrio de Calcuta y me sentí avergonzado por lo que pudieran pensar esas personas que llevando una vida tan miserable eran observados y fotografiados por unos turistas desde una calesa. Pero la verdad es que toda esta gente parecía ser feliz, todos sonreían y los niños eran desbordantemente alegres. Como conocedor que ya soy en parte de este mundo, sé que otra cosa sería de habernos bajado de la calesa, ya que

aunque los moros no son en absoluto ladrones y tienen un sentido de la hospitalidad muy honorable, la verdad es que cuando “huelen” dinero pierden este sentido y llegan a ser unos acosadores infatigables. No los acuso de nada, ya que han estado sometidos a la pobreza más absoluta, y han tenido siempre que buscarse la vida de esta manera, ya que desde las instancias gubernamentales jamás les llegará ayuda alguna, porque es como si no existieran. La única ayuda que entra en sus casas de forma relativamente fácil es el dinero que pueden sacar a los turistas y eso no me parece especialmente censurable.
En cierto momento, mi mujer llego a ponerse pesada porque estaba convencida de que el de la calesa nos estaba sacando de la ciudad hacia zonas muy peligrosas para robarnos y dejarnos abandonados, pero eso forma parte de la imagen que para nosotros tienen los musulmanes, ya que lo cierto es que el cochero se portó admirablemente, nos llevó luego a las zonas ricas de la ciudad, nos estuvo dando explicaciones de todo en español y al final nos dejó en la puerta del hotel. Mi mujer, en cuando vio el hotel, se recompuso por completo hasta el punto de que le dio al cochero 30 euros en vez de los 20 pactados, con lo cual ese hombre se fue la mar de feliz ya que ese dinero en Marruecos puede satisfacer las necesidades de varios días de una familia.

Cuando llegamos a las habitaciones, mi hijo nos duchamos y tuvimos que hacer milagros para lavar de manera improvisada la poca ropa que llevábamos puesta y que como es lógico ya podía empezar a oler mal (ese día hubo 35 grados). El resto es fácil de adivinar: estábamos sin afeitar y con aspecto desastroso, pero por suerte en la maleta de mi mujer había desodorante, que ya era algo muy importante para poder empezar el día siguiente con cierto optimismo.

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Últimos comentarios

Luz2005 dice:
Lindo relato! Puedo imaginar perfectamente la odisea y la sensación de desprotección. Personalmente, lo viví en Migraciones en Marruecos. Es un tema cultural. Temí por nosotros por momentos. Pero es fascinante..
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Malogarcia dice:
Gracias por tu visita y tu comentario. Puede parecer que hago un relato racista y negativo de mi viaje, pero Marruecos me encanta, la cultura es diferente a la muy conservadora nuestra y hay que comprenderla, los que somos ya un poco mayores sabemos que es lo mismo que había en la España de los años sesenta: mucha pobreza y en nuestras costas nos aprovechábamos de los turistas que iban llegando. Fue el segundo viaje que hinimos por Marruecos y pensamos volver pronto; eso ya lo dice todo.
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laparoja dice:
En efecto es sumamente diferente la cultura Marroquí, imagínese para nosotros los latinos pero de verdad es increíble estar ahí.
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un viajero dice:
Menuda odisea. Creo que es un poco aventurado decir que es raro ver a mujeres conduciendo en el mundo árabe. En Jordania si era algo habitual y se movían magníficamente en aquel divertido caos donde pasa primero el más grande.

Un saludo

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Malogarcia dice:
Un saludo jordana; puede parecer que en mis comentarios hay cierto negativismo pero es sólo eso: apariencia. Fuí más de una vez a Marruecos y me encanta. No pretendí descubrir estos lugares en mi relato pues eso sería pretencioso y para eso están las guías de viaje, sino que traté de comentar unas anécdotas que me sucedieron y que hoy veo con cierto humor. Un viaje te lo arruinan mucho más las compañías aéreas y los aeropuertos que te pierden los equipajes. En cuando al tema de las mujeres conduciendo, te puedo decir que la sociedad jordana está mucho más avanzada que la marroquí, en donde por ejemplo los empleados del hotel contestan al marido la pregunta que les ha hecho su esposa y a ella la ignoran. Pero hay que tener en cuenta que Marruecos es un país complejísimo, donde el 80% del territorio conserva un arraigo muy profundo a sus antiguas costumbres y donde existen barreras enormes debido en parte a su extensísima geografía y a sus distintos orígenes tribales, además de sufrir un artificial y brutal intento de modernización por parte de su monarquía que están pagando los habitantes que no son de ciudades. en Marrakech se han barrido decenas de miles de ciudadanos a los que se les construyó barriadas a varios kilómetros de la ciudad simplemente para hacerlos desaparecer de las modernísimas avenidas que se están construyendo.
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lunape dice:
Hola!! Vaya aventura... ahora tengo más ganas todavía de visitar marruecos y conocer más a cerca de su cultura, su historia, sus costumbres... lo tenemos tan cerquita y en cambio sabemos muy poco sobre él!!
Un saludo!!

PD: Espero que te guste mi relato de Malta y te cambie la opinión sobre ella...

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pibaes dice:
Hola,
Vaya segunda entrada al país,..ya imagino lo molesto q tiene q ser llegar y encontrarte sin maleta (yo nunca facturo, para no correr riesgos, excepto q sea totalmente necesario), eso pone de los nervios a cualquiera, porq se os juntaron varias cosas, yo pensaba que viajes Iberia era una agencia más formal, pero no veas lo q os costó medio resolver el asunto....
Saludos

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babydollspain dice:
Hola!!!
Perdona, sin animo de ofender, pero yo la verdad me he reido mucho con tu relato, ya imagino que lo pasariais bastante mal en esos momentos, pero ahora en la distancia, creo que hay que mirar lo positivo e intentar poner una sonrisa a los avatares de un viaje o de la vida.
Yo estuve en Marruecos hace 6 o 7 años y mi experiencia es completamente distinta, claro yo iba con una amiga de Fez y su familia, entonces es otra historia...
Pero aún así permíteme que me sonría con vuestras aventuras.
Un abrazo.

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Malogarcia dice:
pues claro que te puedes reir. Ya había estado antes en Marrakech, hace unos años, y la verdad es que lo pasé mucho mejor en en esta ocasión. Con esto aprendí que en lo sucesivo debo prescindir de guías y otros inconvenientes y disfrutar más de la aventura de lo desconocido. A pesar de todo, tenemos ganas de volver otra vez.
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un viajero dice:
Yo hice el mismo recorrido que vosotros, pero no tuve tantos percances, aunque estoy de acuerdo contigo en la pesadez de los vendedores en los zocos: María, Pantoja, ven, solo mira, solo mira, no compra, solo mira...
La plaza espectacular, yo hasta cené en un chiringuito.
Saludos, Meknes

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Malogarcia dice:
Meknes, te recomiendo Fez, pero nunca podrás sacar provecho de tan espectacular ciudad por culpa de los eternos guías, que en el caso de Fez es casi obligatorio contratar, ya que como te pierdas... Además son gente más altiva y orgullosa que los de Marrakech y te molestan menos, te integras mejor en la vida cotidiana de los ciudadanos, ves más autenticidad y el zoco de los tintoreros es inolvidable.
No lo dejés para muy tarde y vete. Saludos

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