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Marrakech 8

Escribe: Caramillo
Al dia siguiente, bastante temprano, fui a Jemma F´naa, donde estaba citado con un guia que me iba a mostrar la Medina. El recepcionista de la Oficina de Turismo me dijo que no le pagara mas...

 

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Capítulo 1
 

Marrakech 8

Marrakech, Marruecos — lunes, 19 de julio de 2004

Al dia siguiente, bastante temprano, fui a Jemma F´naa, donde estaba citado con un guia que me iba a mostrar la Medina. El recepcionista de la Oficina de Turismo me dijo que no le pagara mas de 150 dirhams diarios, unos 15 euros. En la puerta del banco del Magreb me encontré con él. Era un hombre mayor, cortes y educado, con chilaba y babuchas,que chapurreaba un aceptable español. Nos dirigimos enseguida hacia la Rue Souk Smarine, arteria que conduce a los distintos zocos. El primero que encontramos en el trayecto fue el Souk Smarine, de diferentes tejidos para vestimentas, entre los que los mas bellos y extraños se encuentran los tejidos bereberes. Algo mas adelante estaba el Souk Larzal, de las lanas, un mundo pequeño de colores chillones y atrayentes expuestos en las callejas estrechas y bulliciosas: violeta, rojo, azul, amarillo, verde, etc...Algo mas allá el Souk Btana, de las pieles, repleto de tiendas y tienduchas cargadas de cueros, bolsos, alfombras de pieles de cordero y vacuno, las callejas estrechisimas, abigarradas, casi sofocantes, pero tan excitantes a la vez. A continuacion el Souk de los Herboristas, donde ademas de numerosos productos de hechiceria, magia cotidiana y ungüentos de curanderos podemos adquirir los tradicionales productos de belleza, como el Khol, para dar sombra oscura a los ojos, o las barras de Suaks (raices de nogal), para limpiar los dientes, o los palillos de barro con cochinilla para los labios (Kashiniab).Despues de pasar la plaza de Rahba Kedima llegamos a una herboristeria de gran tradicion. Tenia el encargo de un amigo tangerino de comprarle un litro de aceite de Argan, de multiples cualidades, una de las cuales es la de poderoso afrodisiaco. El guia me condujo a la mas asombrosa y bella herboristeria que he visto en mi vida: estanterias repletas de tarros de colores en formaciones casi militares, habitaciones espaciosas y frescas llenas de raros instrumentos, mesas donde se machacaban las numerosas hierbas, alumnos y alumnas que aprendian a manejarlas, mas estanterias llenas de botes coloreados en fila marcial, mil olores irreconocibles...El encargado resultó ser un muy habil vendedor y me vi comprando yerbajos, cuyas propiedades no necesitaba. convencido por tan persuasivo personaje: mezcla para adelgazar, dijo, azafran del mas puro, el famoso aceite de Argan, yerbas para la circulacion de la sangre, para los intestinos, etc..."¡Basta!", tuve que decirle. Un poco asustado por la habilidad verbal y peruasiva de esta gente sali del herbolario acompañado del guia, pero tambien contento de haber visto aquella maravilla del mundo antiguo. Continuamos hasta la Criee Berber, zoco de las alfombras: senti inluso miedo ante tanta belleza. Estas, las alfombras, se extendian como nubes coloreadas por las grandes paredes y los muros de esplendorosas mansiones. Los precios eran, en principio, exageradamente caros.Claro que habia que regatear, segun la costumbre.No tenia la menor intencion de comprar alfombras, asi que despues de tomar un hospitalario te en la tienda y ver numerosas alfombras nos despedimos sin llevar nada. Seguimos hasta un recondito callejon donde se abria una puerta discreta y vigilada. Mi guia pidio permiso y rapidamente nos dejaron entrar. Alli, en el interior, encontré el almacen de muebles arabes mas lujoso que jamas he visto en toda mi vida. Estaba francamente deslumbrado: las maderas preciosas, casi siempre oscuras,los metales brillantes, el nacar incrustrado entre las molduras y los encajes de las sillas, las maravillosas tallas artesanales, los arabescos labrados en los respaldos de hermosos sillones y mesas, sofases exquisitamente diseñados y cubiertos con cojines de seda y raso donde se hubiese recostado complacida la mismisima Sherezade, un mundo de lujo y placeres visuales que poca gente puede permitirse. El encargado me dijo: "enviamos tambien al extranjero".Sali enfebrecido, pero sabiendo que dificilmente podria ser dueño de alguna de esos bellisimos objetos. No soy rico. Seguimos hacia el Souk de los herreros, cercano tambien, a juzgar por los sonidos metalicos en el aire: en las mismas calles los artesanos trabajaban los distintos metales: lamparas y lamparones, bujias antiguas, sillones metalicos, mesas,un sinfin artesanal envuelto en la extraña musica de los martillazos. Mi cara debia ser un espejo del asombro, a juzgar por las risas y los saludos cordiales envueltos en bromas, segun me dijo el guia,de algunos trabajadores del metal. (continuará)

Publicado el 19/jul/2004, 10.20
Modificado el 10/feb/2010, 14.27
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