Bici vagabundeo por la Costa Colombiana

Escribe: nehomarm
Relato fugas sobre las vivencias, en compañía de una ciclista.

 

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Capítulo 1

Como caballero andante

Maracaibo, Venezuela — sábado, 27 de agosto de 2011

Como caballero andante, de los que en otrora enmendaban tuertos, combatían contra gigantes y protegían doncellas, paso mis días, sentado en el sofá de mi casa, pegado al xbox, tomando ron, a la espera de que soplen en susurro a mi oído los vientos de aventura, que me sacaran de ese letargo y estado inactivo.
   La oportunidad pronto toco a mi puerta, o mejor dicho a mi mail. Me escribía Marta, noble doncella de Polonia, la cual explicaba que sé trasladaría desde Caracas a mis dominios en Maracaibo (unos 750 Km. de distancia), a bordo de su bicicleta y que necesitaría de mi hospitalidad, para acogerla en estas latitudes occidentales. Gustoso ofrecí mi castillo, a recibir noble ser.Cerca de la posible fecha de llegada de Marta a Maracaibo, se me presento la oportunidad de salir de trekking por la Sierra de Perija, llevaría unos amigos, quienes querían despertar su amor por la naturaleza.
   Una vez arriba, abrumado por el lugar en que me encontraba, olvide la fecha actual y al percatarme de ella, había pasado un día de la supuesta llegada de Marta a Maracaibo. Presuroso, recogí el campamento y baje 12 Km rampante como gacela, siempre con la intención de entrar al área de cobertura de mi teléfono celular. Justo al encender el teléfono, ocurrió lo esperado, llegaron a mi teléfono, mensajes, tras mensajes, pero solo mensajes spanw, cadenas que me condenaban a décadas de mal sexo, ofrecían cosas a precio de regalo, pero ninguna noticia de Marta. Revise varias veces el buzón de voz, sin éxito. Era definitivo, había llamado y la contestadora le dijo que estaba fuera de cobertura y ella siguió su camino.
   Era la víspera de mi XXXI, con ella llegan a mí trazas de melancolía, avivadas por la soledad. Decidí darme como regalo de cumpleaños, una botella de vino tinto y disfrutarla viendo buen cine en casa. La elección final de la película se dio entre Apocalypse Now y Ciudad de Dios, saliendo victoriosa Ciudad de Dios. No se cuando pase de la soledad a la compañía, cuando cambie la película por música y cuando cambie el vino por ron.Repentinamente vuelvo en si, sintiendo un húmedo beso en la cara, al abrir los ojos, noto borroso el rostro de Roraima, mi Jack Russel. No entendía que hacia ella en mi cuarto, bueno en realidad luego de un breve enfoque, me doy cuenta que estaba en la sala y la puerta principal estaba abierta. El olor de la casa hablaba de lo ocurrido en la noche, una multitudinaria fiesta había ocurrido en mi sala.
   Era mi XXXI cumpleaños y tenia de regalo un beso de mi perrita fiel y una soberana resaca.Tratando de recuperarme de la resaca, para retomar la celebración, recibo la llamada de un policía, ya la cosa me empezaba a preocupar, sobretodo porque no recordaba mucho de la noche anterior. Este policía, me explico, que una amiga mía, me esperaba en su comandancia, y que esta amiga andaba en una bicicleta. No lo creía Marta había aparecido.
   Conocer esta chica, fue un placer como ningún otro, rubia de ojos grises y sonrisa imborrable, me saludo como si me conociera de años. Pronto montamos su bicicleta en mi camioneta, la instale en mi casa y salimos a celebrar mi cumple con un buen almuerzo a la orilla del lago de Maracaibo. Durante el almuerzo, esta osada doncella, me contó de su travesía hasta mi bastión, me hablo de los peligros que sorteo en su camino y de una seria infección estomacal que la retraso tres días. También me pidió prolongar su estadía, en mi hogar, para tomar un descanso y seguido a él, continuar su camino a Colombia.
   Con el pasar de los días, la amistad con esta chica incremento, en buena media, junto a ese incremento, comenzó a preocuparme su seguridad, sobre todo a la hora de dejar mi ciudad. Reconozco que las periferias de mi terruño, estan plagada de bribones y bandidos, contrabandistas y caravaneros, gigantes y duendes. Mi primera propuesta hacia Marta fue movilizarla en mi carro hasta la frontera con Colombia, a lo cual respondió con un rotundo NO. Seria el primero de muchos otros más. La negociación con esta chica no era, un método valido, la inflexibilidad era su don.
   Transcurrí la semana, inmerso en mis pensamientos, en búsqueda de brindar una solución a la seguridad de mi amiga. Fue justo cuando asomo la punta del iceberg, el esbozo de lo que seria mi gran idea. “El viernes, justo al llegar de mi trabajo, te acompañare en mi bicicleta durante la mitad del camino a la frontera”. Esta propuesta si causo una reacción favorable en el rostro de la bella Marta, esta brinco de alegría, me abrazo y de mas, hasta accedió (increíblemente), retrasar su salida un día, a la espera de mi llegada.El día antes del viernes, me informan que Marta esta ligeramente enferma, y que no podrá salir ese día,  era un gran fallo en mi logística. Al llegar a casa y analizar las posibles soluciones con Marta, sentí un susurro al oído, un frió subiendo a la espalda y mi mente quedo completamente en blanco. Dije – Déjame hacer una llamada y té haré una propuesta -. Esta llamada seria a mi jefe. Le pediría una semana de permiso para irme en bicicleta a Colombia. No sé que extraño mas a mi jefe, si el descaro de pedirle permiso por una semana paga o la justificación de irme al vecino país en mi bici. Este solo respondió - Espera mi respuesta en un mensaje de texto -. Cinco minutos después tuve una respuesta positiva.
   Tendría diez días libres para bicivagabundear por Colombia, escoltando a tan noble dama. Tome mis preparativos con prisa, procure hacerme de una noble armadura para protegerme de los trajines de tan largo viaje (franela manga larga, guantes y una base para llevar una maleta en mi bicicleta), seguido a eso una rica cena y a dormir temprano. Admito que sentí nervios de salir al camino. Las raíces del sedentarismo me tenían atado a mi sofá, de a poco fui escuchando el romper de estas.    El deber de mi oficio me clamaba y debía salir al camino.Fue un sábado cuando dejamos mi ciudad, un poco entrada la mañana, o mas bien salida la mañana, casi medio día, la meta para ese día seria la Laguna de Sinamaica a 75 km de distancia, donde nos esperaría mi amigo Cayo, Señor de las casa sobre el agua.
   El salir del trafico de una caótica ciudad es una tarea totalmente agotadora, tuvimos que atravesar la ciudad de sur a norte y de centro a oeste. No llevábamos la mitad del recorrido y ya el calor nos tenia extenuados. Pronto vimos los últimos edificios de Maracaibo, estos anunciaban el fin de la metrópolis y el comienzo del reino de las alimañas pendencieras.
   El camino nos llevo sorteando peligros, como huecos en la vía y conductores imprudentes, pronto íbamos dejando todo detrás, y entrábamos al bosque de mangles que esta cerca al río Limón. En el borde de este río hay un puesto de control de la guardia nacional, acá nos paro en seco un oficial y nos impidió el paso por el puente del río, alegando ser peligrosos para nosotros. Este, la solución que nos brindaba, era esperar un camión, que nos diera el aventon al otro lado. Acá vi en flor de piel el carácter de Marta, esta comenzó a discutir acaloradamente con el oficial, el sujeto cambiaba de color discutiendo con esa rubia, yo solo escuchaba decir al sujeto – O haces caso o te pondré presa -, Marta solo respondía en ingles. Ya cuando casi quedaba calvo de preocupación, se calmo la situación, increíblemente Marta salía victoriosa. Habían asignado a un soldado, para que nos escoltara cruzando el puente. En este momento puse en tela de juicio de quien necesitaría a quien para que lo defienda.
   El llegar a la casa de mi amigo, fue entrada la noche, este señor vive en la laguna de Sinamaica, en un palafito. Su casa esta construida sobre pilotes, estos dentro del agua, con la finalidad de evitar los mosquitos que siempre se encuentran en las orillas. Nos recibieron con sorpresa, movilizamos las bicicletas y el equipaje en lanchas hasta su casa. Seguido de una buena charla y chisches, se nos asigno un cuarto, en este habían dos hamacas, una para mi otra para Marta. Allí ella confeso que nunca había dormido en una y no sabría como hacerlo. Pronto las nietas de mi amigo se apresuraron a enseñarle, el milenario arte de dormir en hamaca. El secreto esta en acostarse con mucha pereza, relajar mucho el cuerpo y dejar que este adopte la forma que la hamaca le brinde.La mañana nos despertó con algo de lluvia, provocándonos otro retraso, sensación que fue alivianada por el paisaje, alrededor de la humilde casa. Esta posada sobre las aguas de una laguna, rodeada de un verdor refrescante, ambientada por la melodía de cientos de aves, de a poco fue dejando estupefacta a Marta, quien fue borrando el mal recuerdo de la llegada en la noche al lugar. Ese día, entraríamos al territorio de la Guajira venezolana, cruzando unos 80 Km. hasta llegar a la población fronteriza de Maicao, no sin antes cruzar la frontera con Colombia.
   El camino fue rico en tedio y estrés, este estimulado en gran medida por los imprudentes conductores y la actitud temeraria de Marta delante de ellos. Para Marta ella se encontraba aun en Europa, y los conductores debían respetar al ciclista. Este precepto lamentablemente en la idiosincrasia del venezolano no existes, este se asume dueño absoluto del espacio vial, considerando a caminantes, ciclistas y motorizados, solo invasores de su espacio.
   Al ir aproximándonos a la frontera, apreciamos con claridad un cambio en la fisionomía de la población, y un cambio aun mas marcado en su actitud. Nos perseguían por todos lados niños, Guayu, estos nos miraban con ojos curiosos y sonrisas picaras, no les importaba el porque dos alejunas (personas no Guajiras) iban por allí en bicicletas, solo querían reír y jugar junto a nosotros. Marta no demoro en hacer vínculos con ellos, una carcajada colectiva rompe mi concentración y al voltear veo a Marta junto a un niño de estos montado en su bicicleta. Fue un lindo momento que distrajo mi atención de los peligros de esa zona. 
   Una breve parada en la frontera del lado venezolano para sellar la salida de los pasaportes, seguido de otra parada en el lado colombiano y ya oficialmente estaba en Colombia. Acá el cambio se hace notable apenas se abandona el lado venezolano, la vía es mucho mas ancha, no tiene huecos y los conductores respetan tu vida. De entrada a Colombia no dire que solo fue maravilla, también tuvo su mal rato a la hora de cambiar de bolivares a pesos, las personas que negocian con el cambio de monedas suelen tener un juego de palabras confuso y resbaloso, te ofrecen un precio y a la hora de concretar el trato te dan otro precio alegando que ese es su margen de ganancia, recomendaría establecer claramente el precio de compra de los pesos desde un principio.Una vez pedaleando rumbo a Maicao se me presento un ligero, pero molesto percance, mis dos zapatillas de andar en bici se habían despegado totalmente, lo que me generaba una marcha molesta y dolorosa para mis rodilla, en mi cabeza solo buscaba la solución a esa eventualidad, ya que no llevaba conmigo mas calzado. Algunas personas me hablaron de que en la plaza Bolivar de Maicao se podrían reparar, eso seria al día siguiente, porque era domingo, pense. La propuesta de retrasar la salida en la mañana del día siguiente enfureció a Marta. La negociación con ella era imposible. Afortunadamente al llegar a la plaza, seguido a una inspección breve encontré tres puestos ambulantes de zapateros. Era increíble, allí un domingo a las 2 pm, encontré alguien que por 5000 pesos reparo mis zapatilla y me brindo una cerveza.Maicao en otrora, fue una ciudad muy famosa en mi reino, muchos plebeyo y bellos, venían acá a hacer sus compras anuales, eran tiempos donde las buenas bonanzas decoraban mi bastión, y los ciudadanos viajaban a Maicao en búsqueda de buenos precios. Para ese entonces era un pueblo, plagado de puestesitos callejeros de ropa y electrodomésticos, hoy es un poco mas que un pueblo y mucho menos que una ciudad, aun continúan esos puestos, en esas mismas calles, las cuales no ocultan el paso del tiempo, las casas han ido creciendo, de manera anárquica y carentes de estética.
   Siguiendo la recomendación de un lugareño, salimos en búsqueda de nuestro hotel, que seria Hotel Flamenco. Este lo encontramos en un edificio como muchos otros, algo decadente y caluroso, me ofrecieron un buen negocio por una habitación con aire acondicionado, el único detalle es que para ese momento no había energía eléctrica. Luego de una ducha, raudos dejamos la calurosa habitación, con el objetivo de proveernos nutrientes con una buena cena. Como en todos lados no hay solo cosas malas, en este sitio su gancho fue la oferta gastronómica, esta muy variada, rica y a buen precio. También tiene buena panadería, con muchos tipos de pan, tanto dulces como salados, los cuales fueron nuestra alternativa al desayuno siguiente. Durante la noche, ningún elixir relajante superaría, las fabulosas aventuras de otro caballero andante Sherk 3, las carcajadas se oían por todo el lugar, seguidas a ellas, el silencio absoluto, símbolo elocuente de que perdimos nuestra batalla contra el cansancio.Justo al despertar, solo vi mi bicicleta de frente y le regale una mirada de odio, estaba totalmente destruido por el andar en ella.
   En medio de otra mañana lluviosa dejamos Maicao rumbo a Riohacha. Los placeres del camino me deleitaron esa mañana como muchas otras mas, poco a poco mis sentidos se avivaban, en parte debido al dolor atroz que mi cuerpo sentía, tanto en manos, espalda y coxis.
   El tercer día de pedaleaba comenzaba. Con una suave y fría brisa en la cara, nos fuimos adentrando en la alta guajira colombiana, el sol a nuestras espalda nos vigilaba atentamente, las aves a nuestro alrededor nos animaba a seguir y los animales nos desafiaban con su velocidad. Muchas veces había pasado por ese mismo camino, pero en ninguna antes, me había dado cuenta de toda la vida que hay en esas tierras, era como visitar algo por primera vez, era como besar por primera vez a esa mujer con la que siempre soñaste, pero nunca esperastes que pasara.Entrando el medio día habíamos llegado a Riohacha, fueron los peores 75 Km. de todo el viaje para mí. Estaba muy adolorido y fatigado por el calor, pero ya el día había terminado. 
   Marta había pedido los favores de un noble de esas tierras, este gustoso nos acogió en su morada.Amin nos recibió con una sonrisa algo tímida, pero con un tono de voz muy seguro y decidido. Este un noble artista que recién descubrió su linaje indígena, lo encontramos en una búsqueda implacable por reencontrarse con sus raíces, manifestando estas en su vida cotidiana y mejor aun de manera favorable en su arte.La charla con este sujeto se hizo muy agradable y fresca, ya que se trataron tópicos inusuales para un caballero como yo, permitiéndome ampliar un poco mas mi intelecto.Con la entrada de la noche, me fueron ofrecidos mis humildes aposentos. La localidad era terriblemente caliente y húmeda, lo que me dio a pensar que seria una noche de pesadilla, sorpresa la mía, al despertar en la mañana totalmente descasando y repuesto. Lleno de optimismo y energía, la mirada de odio, que le regale a mi rocín el dia anterior, la cambie, por una de disculpa y incitación a la aventura.
   Ya con las pases hechas con Mery (mi bici), le agradecimos a Amin todas las atenciones brindadas y dejamos Riohacha, rumbo a Dibuya.No era mucha la carretera que habíamos recorrido, cuando a Marta se le poncho un neumático, era la segunda vez en dos días que ocurría, el desmontaje y el montaje de esté era una faena realmente engorrosa, así que nos pusimos cómodos debajo de un Cuji y nos tomamos nuestro tiempo. Mas pronto que nada, a un lado de la bicicleta de Marta apareció un niño Wayuu, llamado Julio, este compartía junto a todos los niños anteriores una mirada de curiosidad absoluta por nosotros y nuestras monturas. Seguido a la aparición de Julio, llego su madre. La reparación de la avería se hizo mas llevadera y menos tediosa, gracias a la ayuda del niño. En cuestión de minutos o horas, ya estabamos de vuelta al camino, dejando detrás a Julio y su madre, quienes nos desearon un feliz viaje.
   Durante la marcha, pronto se unió a nuestro grupo de pedaleo otro orgulloso Guajiro, este era un sujeto con una edad cercana a la mía, con buenas ropas y montando un animal parecido al nuestro, pero de otra casta. Pronto comenzó a compartir con nosotros detalles de su cultura y consejos sobre el camino, a medida que conversaba él apretaba su paso y trataba de adelantarnos, ciclo tras ciclo y palabra tras palabras la velocidad aumentaba, pronto los dedos empezaron a movilizarse encima de las manetas de los frenos, en búsqueda de los cambios, se sentía una tensión parecida a la de un duelo, pronto se escucho el primer “click”, seguido a un “swich”, propio del cambio de una bicicleta, junto a él, se le imprimía mas fuerza a la pedaleada y se aumentaba la cadencia, la conversación aun continuaba sin mucha elocuencia, pronto al ver acercarse su rueda delantera a la mía, fui yo quien hizo el segundo cambio, este recibió una respuesta contundente. Pronto Marta se percato de lo que ocurría y sencillamente dio paso, ya no éramos acompañantes en alegre charla, éramos rivales. A partir de allí las palabras sobraron y solo se escuchaba fuerte respiración y la fricción de los engranajes. Yo no quería dejar todo en esa carrerilla, pero mi subconsciente no quería dejarse derrotar, sin pensar continúe aumentando la cadencia, solo con la vista al frente, sin pensar en el rival, cuando considere que llevaba suficiente ventaja, miro bajo mi brazo y no veo a nadie, solo a Marta a lo lejos, un zumbido a mi lado me indico que ya me habían alcanzado. Él iba a su limite, yo con la tecnología de mi lado, tenia aun un as bajo la manga, el noveno cambio, con una ligera presion en la maneta se libero. La fuerza requerida para pedalear por mis piernas se incremento, levantado el peso del sillín se compenso el esfuerzo y este se hizo mas eficaz, la velocidad fue incrementada considerablemente. Ese fue el momento cuando realmente se termino la carrera. Poco a poco, fui desacelerando, subiendo los cambios, luego de algunos minutos mi compañero estaba de nuevo al lado, con su platica, sin sudar y una extraña sonrisa en su cara, pronto Marta nos hizo compañía, sin prestar atención a lo sucedido.
   Dejando atrás la Guajira, y entrando a la zona bananera, nos comenzó a acosar el hambre, decidimos comer en un pequeño rancho a orilla del camino. No era un sitio gurmet, no llegaba a restaurante, pero si tenia una cómoda mesa, a la sombra de un gran árbol. Seguido al almuerzo, se nos permitió tomar una siesta, en las bancas del lugar. Aletargado, un poco encandilado, pesado y refunfuñando nos pusimos en marcha, debíamos llegar a Dibuya, para el final de la tarde. Los arrieros en el camino nos indicaban, que la entrada para el pueblo estaba “Allí mismito”, y con el rodar los kilómetros y no ver la dichosa entrada, Marta enfurecía. Le costaba mucho entender nuestra flexibilidad con el tiempo y el espacio. Ella europea, cuadrada y gris, y nosotros por acá sur americanos, garabatos y multicolores, nos separaban un mar de hábitos y costumbres.
   Justo al encontrar el desvío el semblante de los dos cambio rotundamente, el camino era una angosta vía, que se adentraba en el verde de la espesura, flaqueados por arboles frutales que nos arropaban con su sombra y acompañados por aves y animales fuimos rodando por allí. Me asombraba en gran medida, como lo cotidiano y trivial para uno, para Marta era asombroso. Una brillante iguana, a la orilla del camino, acaparo su atención. Hablaba de que las había visto en libros y televisión, pero nunca en vivo, no quise comentarle, de que por acá ese es un platillo muy valorado.Seguido a algunas lomas en el horizonte llegamos a Dibuya, un pequeño pueblito a orilla del mar caribe, en apariencia tranquilo, algo olvidado, pero muy relajado, fuimos preguntando y preguntando hasta dar con un hospedaje, que no merece ser nombrado. Como muchas habitaciones en la anterioridad, esta solo incitaba a abandonarla. Salimos en búsqueda de la playa, esta se encontraba solo a unas calles de la posada. De camino a la playa recibí mi pago por ese día, una cerveza y un helado, a esas alturas no sabría que era mas delicioso a mi paladar, así que primero bebí la cerveza como adulto y luego comí el helado como niño.
  A diferencia del hospedaje en Dibuya, sus playas si merecen mención, estas eran la primera impresión del caribe colombiano para Marta. Con un mar algo agitado y una tormenta a lo lejos, el paisaje era hermoso aun, el agua cálida, un lento atardecer delante de nosotros y unas nubladas montañas a nuestras espaldas. Retozando a la orilla de la playa, justo al lado de un rio, termino ese largo día.
   Con los primeros rayos del sol nos apresuramos a dejar ese pueblillo, ya con la mente fija en llegar a Parque Tairona, pero Marta aun seguía con su idea de visitar las playas de Palomino, haciendo caso a las recomendaciones de un malviviente. Dado que esa mujer no aceptaba un no, como respuesta acepte en seguirla acompañando hasta Palomino. 
   La salida de Dibuya a la carretera principal no fue menos vistosa que la entrada, una fue con el atardecer y la otra con el amanecer, las energías estaban renovadas y el semblante era otro definitivamente. La carretera nos recibió con mucha frescura y buena sombra y al percatar nos encontrábamos en Palomino, allí luego de una breve explicación nos dirigimos a la playa. No sin antes encontrar unos niños en pleno salón de clase, este estaba en la plaza del pueblo debajo de un gran árbol. Marta no desaprovecho la ocasión de sacar a su niña interior y quedo absuelta en la platica con los niños, estos saciaban su curiosidad preguntando a Marta, y esta la suya preguntando a los niños.
   Devuelta al camino de la playa, este nos guiaba entre potreros, el camino rico en barro y agua, de a poco iba haciendo perder los estribos a mi amiga, cuando luego de algunos kilómetros desistió sola, sin mas ni menos, acosada por el barro. Había descubierto el talón de Aquiles de esta chica, ella odiaba ver su bicicleta sucia. A la salida del lodazal, que yo considere divertido por llevar una bicicleta diseñada para eso, ella solo me dio una mirada y interpreto mi silencio, era un claro – Yo te lo dije, no nos metamos allí -.
   Seguida a la breve incursión a Palomino, nos encontramos de cara a las primeras subidas fuertes del viaje, estas están en el tramo que considero mas hermoso de la vía. Son subidas tras subidas, flaqueadas por verde bosque, montañas tras montañas, cortadas por una serpenteante carretera negra, así no mas repentinamente, las montañas a mi lado derecho comienzan a desaparecer y un toque de salitre contagia el aire, en un pestañear el verdor del lado derecho cambia por el azul profundo de mar.
   La cuesta consumía todo el aliento de mis pulmones, se sentía fuego dentro en las rodillas, malestares propio del esfuerzo, que desaparecían instantáneamente con cada mirada que al mar. Los pescadores en su faena y nosotros en la nuestra, el alimento que brindaba el paisaje anestesiaba cualquier sufrimiento, a pesar de desear quedarme allí contemplando el paisaje, sentía la necesidad de seguir, era energía desbordante por todo el cuerpo, como cuando una gacela brinca de placer al escapar de un león.  Superando las subidas y alejándonos un poco del mar, tuvimos un reencuentro con los usuales pinchazos de la rueda delantera de Marta, era el cuarto en tres días. Decidí tomarme tiempo suficiente para efectuar la reparación de manera metódica y sin apuro, encontré un balde de agua en el patio de una casa el cual me facilito la ubicación de la perforación, al volver a la orilla de la carretera donde estaban las bicicletas, encuentro a Marta charlando con un biciviajero.
   Este viajero venia en una montura muy distinta a las nuestras, llevaba hasta una carreta y yo criticando a Marta por exceso de equipaje. El sujeto era tan poliglota que prefería hablar en todos los idiomas al mismo tiempo y a la vez no hablaba nada. Ese caballero era Alain Popeye, un nómada, errante por los caminos. Desde un principio con un chiste en boca, muy extraños para mi amplio sentido del humor por cierto. Junto a sus chistes brindo una solución a la pinchadura con un parcho milagroso e instantáneo,  no conforme con mi revisión al neumático, efectúo él una mas minuciosa, seguido a quince minutos de silencio encontró lo inencontrable, una diminuta partícula de acero casi insensible al tacto, esa desgraciada partícula era la causante de mis desgracias y las pinchaduras. Una vez solucionada la avería vino el periodo de charla, esta vino acompañada de un refrescante elixir propio de esas localidades, Postobom de manzana. Popeye brindo gustoso sus consejos a mi amiga, le dio muchos datos sobre su bicicleta y el camino, intercalando tips con chistes e insultos sin sentidos. En resumen de cuentas fue un agradable y divertido momento junto a singular personaje.Después de un retraso de dos horas aproximadamente, nos dirigimos a la que seria la ultima etapa del tramo de ese día, seria hasta parque Tairona. Popeye ya nos había recomendado pernoctar fuera del parque, en alguno de los campamentos que están a orilla del camino, mas especifico en “Los ángeles”.
   Con el pasar de los kilómetros el cansancio se hizo presente en Marta, también la preocupación de la noche sobre nuestras espaldas. Ya la decisión estaba tomada, no llegaríamos ese día al parque y dormiríamos en el primer ofrecimiento de posada que encontráramos a nuestro paso. Afortunadamente divisamos en la vía, en plena subida, a mano derecha el letrero que anunciaba el campamento que ya nos habían recomendado. La entrada llevaba por un camino en bajada de gravilla, cruzando una pequeña quebrada, comenzaban unos saltos, de momento olvide la carga y a mi acompañante, me afinque bien sobre los pedales y baje fugas por el camino hasta el campamento.
   El campamento Los ángeles resulto ser un lugar de verdadero descanso, a orillas del mar caribe, con un bosque a las espaldas, un cocotal y un río. Lo tenia todo y baratico. El hospedaje era una choza para guindar hamacas, esta muy bien elaborada, constaba con locker grandes, baño y ducha. Sencillamente no podía pedir mas. Llegando con mucha hambre indagamos por un sitio donde comprar comida, el encargado amablemente nos indico donde podría conseguir una pequeña bodeguita que se encontraba como a tres kilómetros saliendo por la carretera. El paseo hasta la bodega fue muy divertido, con la bicicleta libre de lastre, puse en usos mis neumáticos para grava y rampante disfrute del accidentado camino. Esa noche, como varias con anterioridad Marta decidió dormir temprano, dejándome aburrido y con mucha energía, opte por visitar a los vecinos del campamento, estos eran una pareja de artistas que viajaban sobre dos ruedas como nosotros, pero ellos usaban motor (motocicleta), estos un chico bastante atento y locuaz, ella una chica bilingüe muy alegre, brindaron un poco de sus experiencias a mi imaginación.
   Por la mañana, el plan era seguir pedaleando hasta Santa Marta, luego de un rato de analizarlo, Marta, desistió, alegando querer un día sabático pero necesitábamos dinero. Optamos ir a Santa Marta en autobús, para buscar dinero y hacer una pequeña compra y así poder comer algo distinto. Solo por ese día cambiamos nuestras monturas por carruajes, estos no brindaban el placer del habituar andar, pero brindaba contacto de primera plana con los locales.
   En un pequeño pestañear, ya habían pasado los días de permiso que mi jefe me dio, debía reaccionar y volver a la realidad, y estar en menos de un día en mi ciudad. La solución no fue romántica, ni temeraria, monte mi bicicleta desarmada en el maletero de un autobús hasta la población fronteriza de Maicao, y así lo que con tanto sacrificio recorrí en cuatro días, lo recorrí en cuatro horas. Como todo conmigo, no podía dejar pasar en blanco la oportunidad de un gran reto, mas cuando el dinero escasea. Unas bananas, un yogurt y dos litros de agua, las zapatillas y a la bicicleta. Absorto en pensamientos, recuerdos, dudas, anhelos y agotamiento, transcurrieron ciento veinte kilómetros, me encontraba en mis dominios, atrás quedo una gran aventura, y no quedaba mas que esperar atento a la sieguiente.


Opiniones:

Mi calificación promedio:
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Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Playa Los Angeles

Alojamiento: Camping en Santa Marta, Colombia

Excelente atencion, un lugar paradisíaco.

Tipo de viaje: Placer, Escapada, Vacaciones, Familiar, Deportivo | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos


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Capítulo 1
 
 


 

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