Maracaibo es mucho mas que la Tierra del Sol Amada

Escribe: JoseBeto
Es la tierra donde nació un ritmo contagioso llamado Gaita

 

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Capítulo 2

Apuntando hacia el norte hay mucho que conocer

Maracaibo, Venezuela — sábado, 13 de octubre de 2012

Hay que salir temprano para que rinda el día, y es que nuestros amigos maracuchos tenían planificado llevarnos a un sitio no muy cerca de la ciudad. Las 7:30 de la mañana y ya la vans contratada llega al hotel para recogernos. Inicia el recorrido y escucho a Vanessa decirle al chofer, vamos primero hacia el trompo. Luego de un buen rato en carretera con rumbo norte llegamos al lugar conocido como el trompo, y allí me doy cuenta por un aviso que se trata de un embarcadero desde donde salen paseos hacia la Laguna de Sinamaica. Para ese momento no sabía que visitaríamos Sinamaica, quizá alguno de los viajeros lo comentó en medio de un viaje de mi mente hacia un no sé donde, pero saber en ese instante que visitaría aquel lugar que desde niño veía en fotos cuando estudiaba Geografía de Venezuela, aumentó mi interés por el paseo.

Efectivamente nos repartimos en tres lanchas para emprender el recorrido hacia la laguna. Luego de pasar por debajo del puente sobre el Río Limón, principal afluente de la laguna, el paisaje se convirtió en agua y arboles, y sobre el agua pequeñas formaciones de plantas por sobre las cuales la lancha pasaba a toda velocidad. No pasó mucho tiempo cuando comencé a observar pequeñas casas apoyadas en troncos de madera o bases de concreto que se hunden en el agua. Son conocidos como palafitos, es la vivienda característica de los Añu-Paraujana, etnia que habita la zona, y en muchos de esos palafitos una lancha o bote estacionado al frente o a un lado es el medio de transporte de quien lo habita. La etnia Añu se ha encargado de mantener vivas sus tradiciones y lengua, enalteciendo día a día su identidad que a fin de cuenta es la esencia del atractivo de este lugar. Muchos leen el agua, los arboles y el sol, me comenta Daniel, capitán del bote en el que viajaba. Depende como se muevan los arboles por el efecto del viento, es una señal de un buen día para la pesca. Al escuchar eso me doy cuenta que Daniel es probablemente también un Añu.

El paseo incluye una parada en un parador turístico con restaurant y venta de artesanías justo en plena Laguna de Sinamaica. En el lugar fotos van y vienen, y el gusto de compartir con los demás viajeros hacen del paseo mucho mas agradable. Gran cantidad de palafitos alineados uno al lado del otro me hacen pensar que transito por la calle de algún barrio o urbanización, con la diferencia de que en lugar de hacerlo a pie, lo hago navegando las aguas de la laguna.

Regresamos al embarcadero El Trompo y allí la vans nos esperaba para llevarnos a San Rafael del Moján, pueblo ubicado al norte de Maracaibo y desde donde partiríamos hacia el próximo destino, la isla de San Carlos. Zarpamos en una lancha rápida y al poco tiempo pude observar a mi derecha la Isla de Toas, resaltando sobre ella una gran cúpula que indica la existencia una iglesia. Mas adelante las torres de un castillo en el horizonte me indicaban la llegada a la Isla San Carlos, y es que en ese lugar se encuentra el Castillo de San Carlos de la Barra, fuerte construido en el siglo XVII para proteger a Maracaibo de los ataques de los piratas de aquella época. Más recientemente fue utilizado por el General Juan Vicente Gómez para recluir a las personas que se oponían a su régimen. Al lado del castillo se encuentra la Delegación Acuática, y detrás de ella el pueblo con sus estrechas calles y casas características de la zona.

Luego de caminar por unos minutos las cercanías del Castillo San Carlos, abordamos nuevamente la lancha con destino a la Isla de Zapara. Escuchando algunos viajeros decir que vamos a los médanos y otros que vamos a la playa, observé al capitán de la lancha poner cara de no estar de acuerdo con el recorrido, sin embargo, la insistencia de aquellos que conocían el lugar convenció al capitán de llevarnos a los Médanos de Zapara para tomar unas fotos y luego regresarnos a la playa. Al bajar de la lancha la arena quemaba mis pies, pero el lugar daba una sensación de libertad que emocionó a todos los que bajamos, y terminamos pareciendo verdaderos niñitos con juguete nuevo. Escuché al capitán decir ``solo cinco minutos´´, pero que va, quizá tardamos unos 10 minutos disparando a mansalva nuestras cámaras fotográficas para llevarnos la mejor toma de este lugar único.

Desde el muelle donde se bajarán hay que caminar bastante hasta la playa, eso dijo el ayudante del lanchero cuando embarcamos de nuevo con los pies llenos de arena. Enseguida desembarcamos nuevamente de la lancha pero esta vez en el fulano muelle, y de allí a caminar hasta la playa. Por suerte muy cerca del muelle encontramos un novedoso medio de transporte en el que enviamos los bolsos  y las infaltables cavas con cervezas. Era un taxi cuyo motor eran tres burros. Esos animales harían que camináramos hasta la playa sin cargar el peso de los paquetes. En el camino, las ruinas de una vieja fortaleza era paso obligatorio para quienes van hacia la playa, y al llegar a él supe que se trataba del Fuerte Santa Rosa de Zapara, aquel que el pirata Morgan tomó y desde donde se enfrentó a las tropas españolas cuando pretendía saquear la ciudad de Maracaibo.

Llegar a la playa en medio de aquel implacable sol, era como llegar a un oasis. Si bien la playa no ofrecía aguas muy cristalinas, eso no impidió el tan anhelado chapuzón. Aquí no hay el servicio que puede haber en otras playas, sillas, toldos, venta de comidas; pero si es perfecta para relajarse y olvidarse de la vida agitada que se lleva en una ciudad. No faltaron las bromas, los cuentos y las anécdotas de un grupo de viajeros que compartíamos amenamente de este paseo, y de una vez planificando donde volveríamos a encontrarnos.



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