Diarios de viaje > Manizales, América del Sur

Obediente Nevado del Ruiz.

Escribe: Menju
Kumanday, nariz humeante fue como algún indígena lo bautizó. Trataré de ser ordenado con los hechos, quizá me valla por las ramas, pero en los intrínsecos del texto encontrarán información objetiva que seguramente los ayudará en su visita al Parque Natural.

 

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Capítulo 1
 

Capítulo único; Kumanday

Manizales, Colombia — lunes, 17 de agosto de 2009

Luego de varios intentos por madrugar, al fin llegábamos a tiempo, estábamos en Manizales, justo en la sede de Confamiliares de Versalles, la empresa con la cual haríamos el recorrido. Estábamos emocionados, mi espalda lucía una mochila marrón, soportaba en ella todo lo necesario para la experiencia.
  • Gafas de Sol
  • Protector Solar
  • Abrigo Suficiente (guantes, chaqueta, (campera), pasamontañas)
  • Maní
  • Hidratación
  • Documento de identidad
Es bueno aclarar que no teníamos reserva de ningún tipo, todos los días del año salen recorridos al Nevado desde este mismo lugar, tan sólo es llegar sobre las 6 de la mañana y hacer el protocolo correspondiente, nos dispusimos a eso, llenamos tarjetas con datos básicos, y finalmente pagamos, 95.000 COP (47 US) por persona en aquel plan pomposo que incluía todo.

Firmamos y ya estaba, poco a poco fueron apareciendo más turistas, compartimos finalmente el combi con una familia Caleña y un Español. Sobre las 7 de la mañana salimos de Manizales, el Parque Natural está ubicado en Villamaría, un municipio aledaño a la ciudad al cual llegamos por la vía que conduce a la capital; Bogotá. Durante el trayecto se pueden apreciar el dramático cambio climático, así como la vegetación propia del páramo al que nos adentramos tan solo 10 minutos después de salir. El conductor mira por el retrovisor al tiempo que nos ilustra sobre las peculiaridades del lugar al que llegaríamos, rápidamente realiza un giro repentino y nos indica que salimos de la vía principal para adentrarnos en el Parque Natural; nuestro objetivo, Kumanday.

Es vital realizar paradas a lo largo del recorrido en automóvil, el cambio de altitud provoca la mayoría de problemas y para llegar a los 5.000 msnm. es necesario hacerlo con calma, sobretodo haciendo paradas de aclimatación, las cuales le permiten al cuerpo asimilar las condiciones en las que se encuentra. Es muy recomendable ascender con las ventanas abiertas, así como también lo menos abrigados posibles.

La primera parada fue dramática, el frío golpea bastante fuerte, nos ofrecen té de coca, y es reconfortante sentir aquel líquido vivaracho en la boca, más aún cuando en el fondo se tiene la Laguna Negra, un clan de agua que habita a los 3760 msnm.

De nuevo en el vehículo, tristemente sentimos la sosa vibración de la carretera destapada, el camino pavimentado se termina prematuramente y el resto del recorrido se realiza con aquel movimiento inconfundible.

Ya en este punto, la altura comienza a pasar factura, rodamos sobre la cuarta carretera más alta del mundo, lo cual hace que los vehículos se infarten y los problemas mecánicos aparezcan, nuestro combi acostumbrado a tales menesteres salió airoso y nos llevó gustosamente hasta un lugar conocido como Brisas, allí soportamos una charla de introducción, (más marketing que otra cosa) y nos adentramos en el parque, de nuevo en el vehículo pudimos observar como la vegetación desaparece rápidamente, nos encontramos un sitio denominado el Valle de las Tumbas, un espacio desértico y sublime donde según cuentan los guías, los antiguos indígenas rendían culto a la montaña. Allí mismo gritamos Paz, Amor, Rock, Menjura blah blah, con sorpresa el eco retumbó al fondo de la montaña; el eco más sublime que haya escuchado jamás.
En la actualidad se realizan conciertos de saxofón, matizados por hombres lobo que custodian aquel santuario las noches de luna llena.

Luego de los gritos y la emoción del momento, tocó vestirnos como cebollas, abrigarnos aún más y continuar subiendo, escala tras escala hasta finalmente llegar a aquella cabaña roja, la misma donde luego de otro té de coca nos dispusimos a enlazar a Kumanday.

A esta altura la nieve ya se hace presente, estamos sobre los 4.500 msnm, nos preparamos para la subida, ya en este punto algunos habían dejado al grupo, sencillamente el mal de altura no les permitía continuar, reposaban en el refugio custodiados por paramédicos los cuales los momificaban con su mejor Trendelemburg

Nosotros expectantes comenzamos animados, íbamos al paso de Leticia -nuestra guía- la cual luego de ponerse unos lentes de aviador había tomado el liderazgo e iba de primera, la subida era extenuante todo un reto que cada uno iba abandonando a lo largo del camino, algunos simplemente se devolvían, el vértigo y dolor de cabeza hacía imposible dar algún paso más. Nosotros nos falto poco para coronar, mi novia verde no se sentía bien, ya a los 5.000 msnm estaba 4 kilómetros arriba de su nicho, como toda campeona me dijo que continuara, hice caso omiso y bajamos rápidamente.

Ya en el refugio abordamos de nuevo el vehículo, inmediatamente un sueño profundo se hizo presente en todos y golpeándonos la cabeza contra toda superficie llegamos de nuevo a Manizales, de ahí a las aguas azufradas de Termales del Otoño, un lugar para disfrutar de un baño para guerreros.

Es sublime la riqueza natural de aquel parque, inmortalizar aquellas imágenes tan majestuosas que se hierguen frente a mi, saber que estoy a escasos kilómetros de mi ciudad y que poseo esta riqueza fugaz, fugaz, pues fue lo único que dejaban claro los guías, entre sus alardes políticos y alegatos pedagógicos era que El Ruiz agoniza. Llevo escuchando esto hace bastante tiempo.

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Últimos comentarios

un viajero dice:
Este destino es espectacular, tuve la oportunidad de estar en 2 ocasiones y nunca deja de sorprender.
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