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South 920

Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.

 

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Por el Madeira Hasta el Amazonas. Inolvidable !

Manaos, Brasil — miércoles, 22 de abril de 2009

Viernes 10 de Abril
 
Por la mañana tome nuevamente una ducha y deje todo listo para dejar aquel hotel de mal aspecto cuanto antes, entonces salí para desayunar, un café con galletas y mantequilla fue todo. Entonces desde unos teléfonos públicos cercanos al hotel intente llamar varias veces al teléfono que aparecía en la tarjeta que me dio un señor la noche anterior en el terminal y que correspondía a la agencia Paritins (Rua 13 de Maio, 175 – Cai N' Água), al respaldo de la tarjeta había un mapa que señalaba la ruta hacia Manaus por el río Madeira, ver aquel mapa me hacia poner muy contento.
 
Por fin después de varios intentos logre comunicarme la agencia fluvial, la próxima salida hacia Manaus era a las 10AM y el precio 120 reales ($53 dólares), lleno de alegría y emoción colgué el teléfono, todo aquello había sido fácil, además me encontraba muy satisfecho conmigo mismo, hablaba un portugués muy bueno, prácticamente no había nada que no pudiera lograr comunicar a los demás, segundos después de colgar paso frente a mi un taxi, le hice la parada y le pregunte en cuanto me llevaba hasta el puerto, negocie el precio en 5 reales, volví al hotel a escasos metros de donde estaba, saque mis maletas y agarre el taxi hacia el puerto.
 
Eran como las 9.30AM y la ciudad lucia radiante, yo me la imaginaba diferente por tratarse de un lugar ubicado en el corazón de Suramérica, sin embargo, era como cualquier otra ciudad, no tenia ningún rasgo especifico que la distinguiera por ser una ciudad amazónica. Le pregunte al taxista si podía comprar una hamaca en el mercado fácilmente, el me dijo que los mismo señores de la agencia fluvial vendían las hamacas. Aquel viernes santo iniciaría mi viaje por el rió Madeira con la intención de encontrar el amazonas.  
 
Cuando por fin llegamos a las inmediaciones del puerto Cai N' Agua donde estaba la agencia fluvial, puede ver al fondo la vegetación selvática, así como algunas embarcaciones, los hombres que atendían en la agencia fueron muy amables, el precio del viaje hasta Manaus era de $R 120, precio que intente negociar sin éxito, más adelante comprobé que era un precio excelente por tratarse de un viaje de más de 3 días con alimentación incluida a través de 1.200 Kilómetros de recorrido por uno de los ríos más exóticos y misteriosos del mundo, el río Madeira.
 
Pague gustoso el precio de mi boleto hasta Manaus, entonces los hombres me ofrecieron varios diseños de hamacas para escoger, los precios varían según el tamaño de la hamaca, a más grande y confortable más costosa, escogí una hamaca azul con visos amarillos y rojos, nada mejor que pasar las noches arrullado  por los colores de mi patria, entonces uno de ellos me guió hasta la embarcación, el “Estenio Araujo” un gran barco blanco cargado hasta reventar de naranjas y cebollas que despedían un aroma delicioso, apenas subimos las escaleras a la planta superior el guía comenzó a atar mi hamaca junto a la de un travestí que no podía de la emoción de pensar que yo seria su compañero más próximo, apenas me percate de lo que estaba pasando logre convencer muy diplomáticamente al guía de encontrarme otro lugar, entonces me acomodo a estribor cerca a un chico de rasgos orientales, en un privilegiado lugar con vista a las aguas y mucho más espacioso.
 
Ya sentado sobre mi hamaca mucho más dueño de la situación me pude a hablar con el chico de rasgos asiáticos, pronto advertí que se trataba de una chica, se llamaba Ping y era de Hong Kong, hablaba ingles y español muy bien, me alegro poder encontrar otro viajero como yo en el barco, entonces en un abrir y cerrar de ojos se asomo sobre la superficie un delfín rosado, fui el único que alcanzo a verlo, que hermoso, el viaje comenzaba a fascinarme cada vez más. Como aun faltaban unas horas para salir, fui al mercado municipal para comprar algunas provisiones para el viaje, volví al barco pero de nuevo volví al mercado para comprar más provisiones, serian varios días hasta Manaus y no tendríamos otra oportunidad para comprar provisiones, como el almuerzo de ese día no estaba incluido aproveche para comprar pan y hacerme varios sándwich con los que almorcé y guarde los demás para el viaje.  
 
De regreso en el barco me puse a conversar con un hombre muy amable, el me contó que trabajaba en las minas de oro de Guyana, se dirigía a Boa vista para luego seguir a Bonfim en su camino hacia el interior de Guyana, aquella historia me llamo mucho la atención y por un momento pensé en convertirme en un buscador de oro con la ayuda de mi nuevo amigo brasileño. Enseguida saco un billete de 20 dólares guyanés, me pareció tan bonito que me ofrecí a cómpralo, pero el muy amablemente me lo obsequio, aun lo conservo, es muy bonito, tiene una imagen de las cataratas Kaieteur al frente y al respaldo una imagen muy detallada de un astillero, no había mejor señuelo para iniciar una travesía por los ríos de la amazonia que aquel billete alegórico a la navegación, entonces de repente y coincidencialmente mientras observaba el barco del billete guyanés sonaron las campanas y un largo sonido de corneta anuncio nuestra salida, un sentimiento maravilloso que no es posible describir con palabras me embargo, sin embargo otra emoción más fuerte siguió a la anterior cuando se escucho el rugido de los motores que causaron un liguero movimiento de la nave.
 
Nos alejábamos lentamente mientras aparecía a la vista una imagen panorámica de la ciudad de Porto Velho, por el rió navegaban grandes planchones cargados con granos, me explicaron que se trata generalmente de soya va destino a la ciudad de Belém do Pará desde donde es exportada a Europa.
 
Minutos más tarde conocí a Kristine, una chica canadiense muy interesante, al igual que Ping y yo viajaba hacia Manaus con la intención de conocer mejor la selva, nos hicimos amigos de inmediato, por fortuna nuestras hamacas estaban muy cerca unas de otras así que podíamos hablar todo el tiempo. Aquella tarde presenciamos un atardecer bellísimo, acompañado de varios delfines grises que saltan de vez en cuando por las aguas.
 
Después de cenar me di una vuelta por el barco hasta la cabina de mando donde conocí al capitán Nuyudi, la navegación por el Madeira como me explicaron algunos de los tripulantes es peligrosa, el rió debe su nombre a que flotan sobre el agua troncos de gran tamaño que en ocasiones producen mortales averías a las naves, pregunte al capitán si habían ocurrido accidentes, me dijo que no eran frecuentes pero que si habían ocurrido mortales accidentes en los que se había ahogado mucha gente. La navegación por la noche es muy cautelosa, la concentración del capitán es total, de vez en cuando se alumbra sobre las aguas con un gran reflector para verificar el rumbo y evitar obstáculos, me quede allí un buen rato observando todas las maniobras que conducían la nave a través de las aguas.           
 
Observaba maravillado los ruidos de la selva, que se pueden contar por decenas de diferentes sonidos, el aire que se respira es de una pureza increíble, cuando se respira profundamente se puede captar un aroma frutal exótico y delicioso, pero no había manera de preguntar el porque, lo mejor era no distraer a los tripulantes, volví a mi hamaca, solo para comprobar que Ping y Kristine estaban involucradas en una intrincada pelea verbal con uno de los pasajeros, ambas se sintieron respaldadas al notar mi presencia, había llegado su hombre a defenderlas, pero era una situación complicada se trataba de un simpático anciano que no hacia sino decir que ellas le quitaban su espacio y que lo incomodaban, había armado todo un problema territorial por la acomodación de las hamacas y apenas noto que yo me acomodaría a su lado, levanto las manos en un gesto de sofocación, yo no quería molestarle ni tampoco incomodarme con su actitud quejumbrosa, así que eleve mi hamaca unos centímetros con tal evitarlo, pronto todos dormíamos.
 
Sábado 11 de Abril
 
Pase una muy buena noche, antes de iniciar el viaje por el Madeira nunca me puse a pensar si seria confortable dormir en una hamaca, eso es lo que llamo “estar abierto a la experiencia” tratar de no juzgar las vivencias futuras, lo cierto fue que dormí como un bebe en posición fetal y me desperté con los ánimos de un niño hiperactivo.
 
Fuimos con mis nuevas amigas viajeras a desayunar, café, galletas y mantequilla seria el desayuno que se repetiría todos los días. Después me puse a charlar con Ping, se trataba de una chica muy valiente, había estado viajando sola por Sudamérica, había ido a la Patagonia hasta Ushuaia, había estado en Rio y Sao Paulo y ahora se dirigía a Venezuela para terminar su viaje en Colombia. Kristine por su parte venia de Bolivia, había pasado un montón de horas en  bus para llegar hasta Porto Velho, su destino era Manaus para hacer desde allí un viaje a una estación selvática, luego tendría que regresar a Bolivia pues su vuelo de regreso a Canadá salía desde aquella maravillosa nación del altiplano.
 
El almuerzo lo sirven todos los días a las 12.30 del medio día y junto con la comida se trata de arroz, pasta, carne o pollo, y un néctar de esos que vienen en polvo y que se los mezcla con agua. Por la noche ocurrió algo inesperado, al parecer una de las popelas choco con un tronco y sufrió un daño, entonces de inmediato nos dirigimos a la orilla y uno de los tripulantes ato la nave a un árbol para anclar nuestra posición, aquella fue la maniobra más apropiada pues permanecer en el medio del rió con una nave averiada es en extremo peligroso. Sin embargo, todo ocurrió tranquilamente sin el más mínimo sobresalto de los pasajeros, además yo era de los pocos pasajeros que había sido instruido acerca de los peligros del rió, pero como no hablaba el idioma no había forma de que me convirtiera en un agente de pánico.     
  
Una vez con la nave inmovilizada me dirigí a la proa con el fin de conocer más detalles del acontecimiento, pero esta vez no me dijeron nada, no era nada grave, al menos el casco del bote se encontraba a salvo, podía estar seguro de que no había agua entrando a la nave cosa que seria capaz de hundirla en pocos minutos, me dedique a la contemplación de la selva, sentía los sapos croar fuertemente, su melodía era envolvente y con gran fuerza sonora, estuve varios minutos muy atento escuchándoles.
 
Después de varios minutos y tras comprobar que no reiniciaríamos la marcha regrese a mi hamaca, el barco en general había sufrido una invasión de insectos tras permanecer todo ese tiempo junto a la orilla en contacto con la vegetación, justo arriba de mi hamaca había una gran bombilla de luz donde revoloteaban toda clase de insectos voladores, el piso y el campo entre el techo era dominado por una clase de cucarachas voladoras con cuerpo de reptil.
 
Estos animales tenían una contextura física bastante interesante, no me producían asco pero si una inexplicable sensación de prevención, su cuerpo a diferencia de las cucarachas tradicionales tiene una piel suave como la de las lagartijas y sus alas zumban con la potencia de varias abejas sin duda unas criaturas bastante exóticas capaces de  atemorizan únicamente a los extranjeros. Yo me encontraba todo tapado con la tela de mi hamaca, solo había dejado mi cabeza al descubierto para vigilar a los insectos, algunos zancudos poseen mecanismos tan poderosos que se los observa picando a sus victimas humanas a través de las telas de las hamacas.
 
En un momento de descuido una de estas lagartijas voladoras cayo en mi hamaca, yo simplemente atine a sacudir la tela con lo cual el insecto fue a parar a las espaldas de un niño que dormía con su madre en una hamaca debajo de mi, la señora se volvió como loca pues el insecto cayo en medio de sus piernas y ella tuvo que hacer toda clase de movimientos para deshacerse de el, yo me reía sin parar, entonces la joven madre pudo por fin sacar al insecto de su hamaca, una vez que el insecto toco el piso, esta mujer le dio un fuerte golpe con una chancleta.
  
Mi ataque de risa termino en ese justo momento, me sentí responsable por la muerte del insecto, su cuerpo había quedado todo aplastado, la joven que le había matado hizo uno de esos comentarios típicos en estas situaciones: “para que no molestes más”, motivando así la risa de algunas personas a su alrededor, yo por mi parte permanecí taciturno observando a la criatura inmóvil, no podía quitarle los ojos de encima, sentía profundamente la muerte de la criatura, entonces después de algunos minutos el insecto recupero el volumen de su cuerpo, volvió a caminar y luego voló hacia la selva, que tierra tan maravillosa y llena de sorpresas, la vida aquí es salvaje e indómita, el evento me devolvió una sonrisa y pude dormir en paz embriagado con un sentimiento de esperanza.      
 
Domingo 12 de Abril
 
El domingo amanecimos con la nave a la orilla de una población, se trataba de una pequeña villa, después del desayuno fuimos a caminar con Ping y Kristine, encontramos un árbol de guayabas y tomamos algunas, muy buenas su sabor era realmente diferente al de cualquier otra guayaba, estas eran más jugosas y dulces.
 
Después de una interesante caminata regresamos a la nave pues pensábamos que esta podría reiniciar el viaje sin nosotros, aquella tarde estuvimos jugando con Kristine en la orilla del rió, hacíamos bolas de barro y nos las lanzábamos a ver quien la dejaba caer primero, quedamos todos embarrados enseguida se nos unieron  unos niños que viajaban con nosotros y continuamos con el juego, fue una tarde muy divertida. En un momento yo hacia una bola de barro cuando sentí que algo se movía en el interior, entonces de repente asomo la cabeza una de esas lagartijas voladoras, fue algo bastante increíble, todos nos reíamos al respecto.    
 
Ese día como el nave estaba inmóvil en la orilla sentí muchas ganas de nadar, no navegaría varios kilómetros por el rió Madeira sin bañarme en sus aguas, ya estaba próximo a saltar al agua pero sentí miedo, justo en ese momento pasaba el capitán por estribor donde me encontraba yo dispuesto a lanzarme al agua, entonces apenas le vi le pregunte ¿capitán, capitán, puedo nadar? respondió con su característica voz lenta diciéndome “pode, pode” mientras movía su cabeza de forma afirmativa, entonces hizo una pausa y continuo: “nada más ten cuidado con los candirus” ¿Candirus, pregunte? “si un pez pequeño, entra por tu culo y luego se te come todo por dentro y te mueres”, pensé que se trataba de una broma pero todos los demás confirmaron la versión del capitán con una seriedad aterradora, uno de los tripulantes me dijo que los candirus eran atraídos por la orina y podían entrar al cuerpo por el pené, aquello era ridículo, que tamaño tendría que tener un pez para ser capaz de deslizarse por un orifico tan pequeño.
 
Sin embargo, y a pesar de las historias inverosímiles que contaban a mis expensas sentí mucha prevención de las aguas del Madeira que miraba desde la nave con respeto, en ese momento paso uno de los tripulantes encargado de reparar la nave, me dijo que si quería nadar tendría que bañarme antes el cuerpo con gasolina, según el esta es la única forma de mantener alejados a peces peligrosos que son capaces de morder a las personas sin motivo alguno, después de escuchar todo aquello supe que no nadaría en el Madeira a no ser que fuera acompañado. 
 
Encontré entonces a un hombre que tenia el perfil perfecto para acompañarme, comencé a persuadirle de que no seria peligroso, pero el insistió en el peligro que significaban los candirus, entonces uno de los pasajeros nos explico la verdad acerca de estos peces, dijo que los candirus solamente resultaban peligrosos para las mujeres, nos contó algunas historias según las cuales varias niñas que se bañaban desnudas habían muerto por candirus que habían logrado entrar en sus cuerpos por la vagina. Ya descartado el candiru como posible amenaza logre convencer a un pasajero para que me acompañara, el por fin acepto pero no quiso que nadáramos junto al barco sino en la orilla, así que descendimos de la nave y nos metimos al agua en una parte cercana a donde estaba el barco anclado.         
 
Mi compañero de baño entro en las aguas mientras yo le seguía, el suelo del rió era puro barro que me llegaba a las rodillas, el hombre que me acompañaba se sumergió en las aguas, entonces apenas volvió a asomar su cabeza sobre la superficie estaba lleno de espuma, se había traído un jabón y se bañaba el cabello de una forma muy chistosa, esta situación me provoco una gran risa, me reía por la forma tan cómica en que este tipo se enjabonaba además porque la yo hablaba de bañarnos con la idea de nadar, algo que al parecer el no había entendido del todo.
 
Una vez termino de bañarse me ofreció el jabón, yo lo recibí incrédulo pero entonces comencé a enjabonarme de la misma manera chistosa que aquel hombre lo hacia, apenas noto que yo le imitaba se puso a reír, reímos un buen rato, entonces le convencí de que nadáramos hasta el barco, el hombre al principio dudo pero luego se lanzo hacia la nave, nadábamos contra la corriente que es muy fuerte, yo le seguía de cerca, pero apenas el alcanzo la nave se subió de inmediato, yo me quede allí nadando solo mientras el me vigilaba desde la nave, no había mejor forma de compenetrarse con el Madeira que nadando en sus aguas, sin embargo, siempre permanecí alerta y un poco temeroso en razón de la cantidad de historias que me contaron acerca de los peligros del rió.        
 
Cuando salí, me dirigí al segundo piso del barco para contarles a mis amigas Ping y Kristine que había estado nadando, me sentía como el hombre más valiente de la nave, mientras los pobladores locales se mantenían lejos, yo me deslizaba por las aguas desafiando los peligros. Después de mi breve experiencia de nado en el Madeira, me sentía como un pirata, solo vestido con mi pantaloneta corría de lado a lado del bote pendiente de cualquier cosa, caminaba sobre las cuerdas que mantenían la nave inmóvil y me involucraba en todas las labores de la reparación de la nave, me había convertido así en un activo tripulante, esa tarde explore toda la nave, llegue incluso a caminar por el borde externo de la popa tratando de llegar a estribor por el delgado borde de madera que le da la vuelta al barco.
 
Justo en esa peripecia llegue a una ventana que resulto ser uno de los baños de damas, lo primero que se me vino a la mente fue “vaya, estas chicas si que tienen una vista privilegiada desde el baño” los baños del barco tienen cada uno una ducha, de no ser porque no tenia la intención habría sido la ocasión perfecta para observar mujeres desnudas, tuve que hacer un esfuerzo extra para pasar frente a la ventana sin que nadie me viera, en varias ocasiones casi resbalo.   
 
Aquella travesía fue muy emocionante y de cierto modo algo peligrosa, caer mal desde donde estaba hacia las aguas podría causarme alguna lesión, de considerable gravedad si me golpeaba contra alguna de las salientes del barco y mortal si a causa del golpe perdiera la conciencia y fuera arrastrado silenciosamente por la corriente sin que nadie se percatara. En todo caso, aquel día corrí toda clase de riesgos, bajaba y subía del barco colgado de las cuerdas, caminaba por el estrecho borde externo de la nave y de vez en cuando me echaba a nadar junto a la nave.    
 
Prácticamente estuvimos todo el día tratando de reparar una de las popelas, los hombres se sumergían con toda clase de herramientas e incluso con un primitivo sistema para respirar bajo el agua. Estuvimos un buen rato con Kristine observando aquellas maniobras desde la costa, varios niños de aquella población nos acompañaban, todos intrigados por la situación del barco, cuando por fin la popela fue nuevamente instalada con éxito nos pidieron que abordáramos.
 
Uno de los tripulantes se ofreció para pasar a Kristine en sus hombros para que no se mojara, entonces ella se colgó de una de las cuerdas y se apoyo en los hombros del tripulante, iba en dirección a la nave cuando tuvo una ligera descolgada que hizo sumergir al tripulante hasta el fondo, todos se rieron, apenas volvió a la superficie aquel hombre comenzó a lanzarle agua a Kristine, yo estaba en la nave esperando a Kristine para darle la mano, pero entonces en medio de la guerra de agua contra Kristine, respondí, eso motivo la reacción de los demás tripulantes que estaban en el agua, así que de repente todos los tripulantes se tranzaron en una guerra de agua contra nosotros, yo también les lanzaba agua desde la nave pero su superioridad era notoriamente mayor, Kristine y yo terminamos totalmente mojados, fue una situación muy divertida, todos en la población a las orillas del rió y en la barco se reían a carcajadas por aquella guerra de agua tan feroz.
 
Unos treinta minutos después sonaron de nuevo los motores, los tripulantes desataron los gruesos lazos que nos unían a la orilla y con todos abordo el Stenio Araujo reinicio su viaje por el rió Madeira, despidiéndose de aquella apartada población con un estentóreo y prolongado sonido de corneta que ilumino la partida.
 
Recuerdo este día en especial pues la avería de la nave nos permitió realizar muchas actividades que de otra forma no hubiéramos podido hacer, durante la cena, todos hablábamos de la guerra de agua y nos reíamos, el acontecimiento sirvió para estrechar los lazos de amistad entre los pasajeros y con los tripulantes, después de este día nos sabíamos los nombres de unos y otros, intercambiábamos cigarrillos, nos invitábamos cervezas y en general cuidábamos unos de otros.
 
Después de la cena, la mayoría de los pasajeros se pusieron a ver películas, esto era una mala noticia para Kristine pues su hamaca quedaba justo atrás del televisor y el volumen la atormentaba. Yo no quise ver películas, en vez de eso me quede un rato en el comedor conversando con el capitán Nuyudi, me pregunto si ya había comido preocupado por mi palidez, luego le acompañe a la cabina de mando para poder seguir hablando con el, me contó muchas historias acerca del Rió Madeira, yo le entendía casi todo lo que me decía, según el capitán el Madeira es más peligroso que el Amazonas, pues han habido más accidentes, los navegantes deben ser más experimentados y aun así hay que navegar con mucha cautela para evitar rocas, grandes troncos flotantes y bancos de arena que hacen encallar a las embarcaciones, es un rió traicionero, dijo mientras me contaba sus experiencias como navegante.  
   
Lunes 13 de Abril
 
Al día siguiente amanecí un poco cansado, el cuerpo me pasaba factura por haberme creído un pirata el día anterior, no me sentía muy bien, además por un momento mientras miraba la densa selva a nuestro alrededor tuve la claustrofóbica sensación de que navegaríamos por el Madeira por siempre. Desayunamos juntos con mis amigas viajeras y regresamos a las hamacas, Kristine se puso a leer unos documentos que llevaba, mientras Ping se puso a leer una novela, ante semejante ambiente intelectual me sentí aburrido y me fui a caminar por la cubierta inferior, entonces tuve deseos de vomitar, de inmediato entre en un baño donde pude vomitar con tranquilidad hasta quedar en la debilidad más absoluta, con las pocas fuerzas que me quedaban salí del baño y subí las escaleras hasta la cubierta superior del barco para llegar a mi hamaca a reposar.  
 
Vomitar es generalmente una experiencia desagradable, pero a diferencia de otras veces, esta vez el malestar se combino con una extraña sensación de debilidad, la experiencia me había arrebatado por completo las fuerzas, apenas podía mantenerme de pie con la ayuda de mis manos agarrandome de todas partes.
 
Trate de dormir un poco en la hamaca para recuperar fuerzas, pero no tarde mucho en despertar. Al despertar, me puse a hablar con Kristine en su hamaca, esta chica era una persona muy interesante, quizás mi persona favorita abordo, estaba leyendo unos documentos sobre la conducta de los pumas, se trataba pues de una estudiante de biología y conducta animal, estudiaba en Canadá la conducta de los grandes depredadores como tigres, pumas y otros grandes gatos, aun recuerdo lo primero que me dijo: “si los pumas que son grandes depredadores pueden desaparecer, algo parecido podría pasarle a los humanos por su misma condición”, trataba con este argumento de predecir el futuro de las especies según su posición en la pirámide de dominación, la solución según mi querida Kristine para prevenir la inminente desaparición de la especie humana era “consumir menos”, yo por mi parte no estuve de acuerdo con esa idea así que nos pusimos a discutir sobre este y otros muchos aspectos de la vida.
 
Después de descubrir que Kristine era una gran conocedora de la conducta animal, le pregunte por mi salud, si esta chica sabia cual era la dieta perfecta para sus pumas, seguramente sabría que hacer en mi caso, le dije entonces que me sentía muy mal y que había vomitado después del desayuno, me dijo que lo mejor era que le diera un día a mi estomago para recuperarse, había ingerido algo que mi cuerpo rechazaba, según Kristine quizás la monótona y grasosa dieta abordo me había afectado, la noticia de no tener que almorzar aquella tarde me puso contento, ya estaba cansado del mismo almuerzo todos los días, sin embargo, sentía mucha hambre.
 
Busque la forma de distraerme del deseo de comer, me puse a hablar con varias de las personas abordo, recuerdo un muchacho que hacia parte de las fuerzas armadas del Brasil, viajaba de civil a Manaus para continuar con su servicio, su familia era de Porto Velho, me dijo que habían en el rió Amazonas más especies de peces que en todo el océano Atlántico y que habían peces que aun no se habían descubierto.  
 
Viajaba también con destino Manaus una familia entera, uno de los hijos, un chico de unos 14 años me contaba también algunas historias sobre anacondas, pirañas y candirus, quizás las criaturas más famosas de toda la cuenca del Amazonas. El padre de este muchacho era conductor de camiones, y según su hijo viajaban a Manaus porque su padre había encontrado un nuevo trabajo en esa ciudad, aquello me pareció extraño, no deben haber muchas carreteras en los alrededores de Manaus pensé.    
 
Al atardecer me dirigí a la proa en la cubierta inferior para observar la poniente del sol sobre el horizonte, fue un atardecer hermoso, el más deslumbrante durante mi viaje por el Madeira, la caída del sol creo toda suerte de colores, amarillos y ocres en hermosos efectos de luz, las nubes estaban cargadas con una tonalidad morada y el agua recibía los últimos rayos de luz que reflejaba tímidamente mientras la nave avanzaba veloz sobre el rió, un espectáculo sin igual.   
 
Camine de regreso a recontarme con Kristine para darle la noticia de mi mejoría, mientras tanto observaba las aguas y la selva al fondo, pensaba en lo afortunado que había sido hacer este viaje, el paisaje no tenia comparación, se trataba de una tierra salvaje habitada por las más variadas formas de vida vegetal y animal, me alegraba también de haber encontrado a Kristine y a Ping, sin duda el viaje no habría sido el mismo sin ellas, comprendí entonces el porque de aquel sentimiento que me impulsaba a continuar el viaje cuando me encontraba con Andrea en las inmensas sabanas del Mato Grosso.
 
Cuando Kristine me vio se le iluminaron los ojos, era obvio que nos gustábamos, en el barco todos pensaban que éramos novios, además esa era mi versión cuando alguien me preguntaba sobre ella, Kristine nunca lo supo, yo lo decía para evitar que los demás molestaran a mis amigas viajeras, pues de Ping decía que era una amiga y que viajábamos juntos, esto era positivo para todos pues si alguien pensaba en buscar un problema con alguno de nosotros tenia que hacerse a la idea de que éramos tres. Presentar a Kristine como mi novia me fue de utilidad para evitar el natural coqueteo de los travestís, los seres humanos sentimos desconfianza hacia lo desconocido y generalmente rechazamos lo que nos ha sido presentado como dañino sin antes si quiera entrar en contacto con aquellas cosas o personas que la sociedad juzga como anormales.
 
Nunca antes había tenido la oportunidad de conocer a un travestí, pero siempre me ha causado curiosidad saber el porque vestirse como mujeres les causa placer, hable con uno de ellos, o mejor de ellas cerca de la cabina de mando, su amiga también parte del club le arreglaba las uñas de los pies a la esposa del capitán, mientras tanto mi contertulia apreciaba la selva, sus cabellos volaban indómitos con el viento y sus falsos pechos apuntaban orgullosa y voluptuosamente hacia la proa. Desde el principio de la conversación me dirigí a ella como una “menina”, era obvio que no se trataba de una mujer en el sentido biológico de la palabra pero de que otra forma debía dirigirme a un ser humano de esa naturaleza, me dijo que yo era un “menino lindo”, respondí el cumplido con un “Você é uma menina muito linda” pero entonces apenas note que sus miradas se hacían más intensas y que a lo mejor su plan de seducción hacia mi estaba en marcha me despedí con la excusa que tenia que ver a la rubia de mi novia “Kristine”.  
 
Volví a la hamaca de mi rubia amiga, entonces le confesé que verle me hacia muy feliz y que me sentía muy afortunado de haberle encontrado, aquellas palabras desataron una visible reacción emocional que enrojeció sus mejillas. Entontes, baje a la cubierta inferior y a escondidas tome una naranja de las miles que viajaban en decenas de bultos, subí para obsequiársela a mi querida Kristine, solo para comprobar que su actitud fue de total rechazo: “no, no me regales cosas robadas, eso esta mal” dijo, trate de todas formas que la aceptara pero fue imposible, llegue a decirle que pensara que la había comprado para ella, entonces me dijo que no pensara que ella fuera estúpida, luego le dije que me había arriesgado a que me botaran por la borda por ella, y otra cantidad de argumentos desesperados, pero esta mujer permaneció inflexible, al final me aburrió, guarde la naranja en mi hamaca y me fui a otra parte para no verle, le deje de hablar el resto de la noche, incluso durante la cena la ignore por completo, a ella parecía no importarle cosa que me resultaba detestable, ¿que tendría que hacer para que me perdonara?        
 
Aquella noche estuve hablando un rato con Ping, ella me preguntaba cual seria mi próximo destino, le dije que posiblemente iría a Venezuela para organizar una expedición al Roraima, todo dependería de mi situación financiera que tendría que verificar en Manaus. Ping reacciono entusiasmada al oírme: “yo también voy al Roraima” dijo, aquella noticia fue excelente para mi, me podría unir a esta chica en una alucinante aventura hacia uno de los lugares más misteriosos y apartados del continente, el único inconveniente es que en su carpa solo había espacio para una persona, así lo pude verificar esa noche, cuando después de un momentáneo ataque de mosquitos Ping desespero, bajo de su hamaca y en cuestión de minutos elevo su pequeña carpa sobre la cubierta quedando totalmente a salvo de los insectos.
 
Nadie más en todo el barco tenia un privilegio semejante, aislarse así de los mosquitos solo estaba reservado para las personas que tenían algún compartimiento y Ping por supuesto que habilidosamente hizo uso de su carpa. Yo la miraba resignado, no podía evitar totalmente los mosquitos al estilo Ping, pero entonces comencé a dormirme mientras en mi mente resonaban imágenes y frases que decían: “Roraima, Roraima, Roraima”.    
 
Martes 14 de Abril
 
Todos despertamos con el deseo de llegar a Manaus, nos habíamos preparado mentalmente para un viaje de tres días por el rió Madeira, pero ya habían pasado cinco largos días, algunos pasajeros comenzaban a quejarse y a deformar sus rostros con expresiones de inconformidad, sin embargo, las provisiones se mantuvieron constantes, en ningún momento y con motivo del retraso tuvimos que comer menos cantidad de comida, sin embargo, Kristine, Ping y yo permanecíamos tranquilos, también teníamos deseos de llegar pero en ningún momento nos quejamos con los tripulantes, para nosotros todos los inconvenientes eran parte invaluable de la aventura y una experiencia que íbamos a  atesorar como un lindo recuerdo.
 
Hacia tiempo que navegábamos sobre el Amazonas, no obstante, la diferencia de las aguas fue imperceptible, pasamos desapercibidos cuando dejamos para siempre las oscuras aguas del Madeira; en el momento en que me explicaron la diferencia en las tonalidades, pude notar que la anterior era efectivamente más oscura, en todo caso no era nada obvio como para saber exactamente el punto en el cual encontramos al rió Amazonas.
 
Si era cierto que navegábamos sobre el rió Amazonas, llegaríamos muy pronto a Manaus según los cálculos que uno puede hacer apreciando el mapa. Según el Capitán Nuyudi llegaríamos aproximadamente a las 11AM al encontró das aguas, un lugar donde la tonalidad de las aguas es visiblemente diferente.  
 
Yo mantenía a mis amigas viajeras al tanto de las noticias e itinerarios estimados. Ellas por su parte estaban intrigadas de saber que estábamos en el rió amazonas, observaban las aguas de manera diferente hasta que una pasajera les dijo que no era el rió amazonas sino el Solimões, creo que en realidad se trata del amazonas con otro nombre, pero ellas quedaron como frustradas a la espera quizás de un rió más deslumbrante.    
 
Minutos después y mientras todos nos encontrábamos alertas para no perdernos del espectáculo natural que ofrece el encontró das aguas, el Stenio Araujo redujo lentamente su marcha, cada vez más lento, más lento  hasta que nos detuvimos por completo.
 
Navegábamos por aguas muy tranquilas de un color oscuro casi negro, que sin embargo se volvían cristalinas una vez se la tomaba con las manos o en un recipiente, un lugar muy bello. Intrigado camine hasta la cabina de mando para recabar noticias de lo sucedido, el dueño de la nave llamaba por radio a Manaus pidiendo provisiones, nos habíamos quedado sin combustible, cuando comunique la noticia la mayoría de las personas lo tomaron con desanimo, algunos decían incluso que nos tardaríamos otra noche en llegar a Manaus.        
 
Pasados unos minutos nos dijeron que nos alistáramos porque vendría otra nave a recoger a los pasajeros, apenas escucharon aquella noticia muchas personas entre esas mis amigas se pusieron rápidamente a empacar sus pertenencias, descolgaron sus hamacas y se pusieron a esperar por la otra nave, esto lo hicieron tan rápido que apenas parpadee de nuevo la tarea estuvo terminada. Al termino del afán popular, empaque mis cosas, no me quedaría en el Stenio Araujo esperando una gasolina que no sabia cuando iba a llegar, además no me separaría de Kristine, permanecería a su lado, si ella dejaba la nave, yo la dejaría igual, si ella se quedaba yo me quedaría con ella; así pues, deje todo listo excepto mi hamaca que deje colgada para descansar mientras llegaba la otra nave.
 
De repente apareció otro barco a babor, yo me encontraba en la cubierta inferior, entonces el barco se aproximo lentamente hacia el Stenio Araujo hasta quedar muy cerca de la borda a babor, los tripulantes del recién aparecido barco tendieron rápidamente unas tablas a modo de  puente entre las dos naves por las que algunos de los pasajeros entre ellos mis amigas abordaron la nave, todo paso muy rápido, entonces me percate que Kristine y Ping ya estaban en la otra nave, mientras yo permanecía inmóvil en la cubierta inferior del Stenio Araujo, ¿será que nadie más se va a pasar al otro barco? pensé. 
 
Entonces, al notar que nadie más bajaba por las escaleras para abordar la otra nave, subí apresuradamente a la cubierta superior, las cornetas de la otra nave anunciaban su partida, mientras tanto yo desamarraba mi hamaca presa del desespero de que podían partir sin mi, en efecto las naves comenzaron a separarse, los pasajeros al presenciar mi situación armaron un escándalo de considerable volumen,  unos me gritaban “apúrate que te dejan”, otros gritaban a los cuatro vientos “esperad, esperad que falta uno”.
 
Fueron momentos angustiantes, las naves se separaban, entonces en cuestión de segundos y moviéndome a la velocidad del rayo logre desatar mi hamaca, la doble instantáneamente y la amarre a mi maleta, entonces corrí hacia la borda a babor y en un arriesgado lanzamiento la arroje por los aires hasta que alcanzo la cubierta de la otra nave, falto poco para que cayera al rió. Hecho esto y ante el asombro de la gente, baje corriendo por las escaleras con mi pequeña mochila al hombro, allí estaba, recostado a babor sobre la borda el capitán Nuyudi, era el peor momento para encontrarle, el capitán es dueño de una calma impresionante para enfrentar todos los aspectos de la vida, sus pies son gigantes del tamaño de un oso siempre andaba descalzo y su rostro tiene la serenidad de una persona que parece tener la sabiduría de cien años.
 
Justo allí mientras los tripulantes de la otra nave levantaban el improvisado puente, el capitán Nuyudi me pregunto con su apacible voz ¿te vas? Si Capitán, respondí con afán; Kristine y Ping gritaban desesperadas desde la otra nave “come on Juan” “hurry up, hurry up” pero antes de que pudiera siquiera moverme el capitán continuo ¿a dónde vas ahora?, Capitán voy a Manaus y luego lo más probable es que vaya a Leticia, le dije, entonces aquel hombre para el que no existía la prisa y que parecía tener una ceguera existencial a las preocupaciones me dio su bendición diciendo: “a bueno hijo, dios bendiga su viaje”, un tripulante de la otra nave me estiraba su brazo para ayudarme a pasar ofreciéndome el ultimo recurso para continuar junto a Kristine, entonces le di un fuerte abrazo al capitán Nuyudi y subí rápidamente la borda, antes de cruzar me detuve un momento para observar por ultima vez al capitán, quería verle solo una vez más y recordarle por siempre, el tripulante del otro lado tenia prácticamente todo su cuerpo estirado hacia mi y gritaba para que le diera la mano de una buena vez, contemple absorto unos segundos más al capitán, entonces estire mi mano hacia el tripulante de la otra nave que me ayudo a abordar la nave justo en el ultimo segundo mientras yo gritaba “ciao ciao capitán”.
 
El capitán agitaba sus manos diciendo adiós mientras nos alejábamos, entonces por fin pude tomar un respiro de descanso, había contenido la respiración durante aquellos momentos de angustia, no podía soportar la idea de separarme de esa forma de mis amigas, de no haber alcanzado a cruzar de la forma ortodoxa creo que me habría lanzado al agua hasta llegar nadando al otro barco. Fui entonces a reunirme con mis amigas, me daba mucha alegría permanecer junto a ellas, ambas se alegraron igualmente de ver que finalmente había podido pasar, “casi me quedo fue lo único” que atine a decirles; yo quede muy impresionado con el capitán del Stenio Araujo, nunca antes había conocido a una persona con esas características, era sin lugar a dudas espiritualmente superior a todos los demás, parecía como si no hubiera nada en este mundo que pudiera molestarle, pensé: “si no fuera Juan Carlos, de buena gana seria el capitán Nuyudi”.
 
La nueva embarcación viajaba más ligera así que iba un poco más rápido surcando las aguas del Amazonas, a medida que transcurría el tiempo y con las predicciones de los demás pasajeros y tripulantes supimos que nos acercábamos a Manaus. Llegaríamos a la capital del Amazonas ese mismo día, pero antes presenciaríamos uno de los acontecimientos naturales más exóticos y vistosos del planeta, el Encontro das Águas.
 
El rió Solimões cuyas aguas son color café claro recorre 1.700 Kilómetros desde la ciudad brasileña de Tabatinga en la triple frontera Brasil-Perú-Colombia hasta las proximidades de la ciudad de Manaus, lugar donde encuentra al rió negro que hace honor a su nombre por sus aguas de tonalidades oscuras, una vez se encuentran ambas corrientes el rió comienza a llamarse: Amazonas. 
 
Navegábamos por la mitad del rió, a lo lejos se podían observar algunas edificaciones, yo viajaba en la proa desde donde podía observar muy bien las aguas, entonces alguien anuncio que nos acercábamos al Encontro das Águas, levante la mirada y note de inmediato una larga mancha negra que se extendía en el horizonte y que permanecía casi inmóvil. Algo fascinante, las aguas se encuentran allí a unos 18 Kilómetros del puerto de Manaus, se encuentran pero no se mezclan, no crean una tonalidad intermedia entre ellas.
 
Son muchos los factores que crean aquella vista espectacular de las Aguas: temperatura, velocidad, densidad, composición química. El Solimões fluye a unos 5 Kilómetros por hora a una temperatura de 28°C, mientras que el rió Negro viaja más lento a unos 2 Kilómetros por hora, a una temperatura más baja de 22°C, estas diferencias son las que hacen posible que el encuentro de las aguas produzca aquella vista maravillosa; dicen incluso que es tal la diferencia en la cantidad de sedimentos entre ambas corrientes que cuando los peces pasan de un lado al otro, quedan momentáneamente aturdidos mientras se adaptan a las turbias condiciones del rió Negro.      
 
La vista de las aguas es sensacional, los primeros metros de navegación sobre el rió negro hacen desaparecer cualquier rastro de aguas más claras, todo allí es oscuro, el rió negro parece como un manantial de vino, quizás un fenómeno similar pudo confundir al faraón en tiempos de Moisés haciéndole creer que las aguas se convirtieron en sangre. El Solimões era bautizado para recibir el nombre de rió Amazonas, desde la popa se podían observar sus aguas alejándose cada vez más a medida que avanzábamos, aquella corriente continua atravesando la selva en busca del océano.       
 
Fueron pocos minutos hasta el puerto, por fin después de un viaje de más de cinco días por el Rió Madeira y una parte del Amazonas encontramos la ciudad selvática de Manaus. El barco atraco junto a la orilla mientras tanto comenzó a llover, entonces nos bajamos con mis amigas por la proa sin esperar que tendieran la escalera, fue bastante difícil sobre todo con nuestras maletas a cuestas, pero todos pudimos hacerlo al final.

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Últimos comentarios

gabo_gtvbo dice:
excelente narración, se nota que fueron muy buenos tiempos. Espero seguir la misma Ruta de La Paz a Caracas por ese tramo. muy buen trabajo otra vez y exitos compañero.
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