Diarios de viaje > Manaos, América del Sur
Amazonas, Brasil
Escribe: Masteryamani
Un viaje esperado por años. La ciudad de Manaos y unos días en la selva nos volaron la cabeza y el corazón. Queremos volver ya! Aquel sábado habíamos comprado, de manera apresurada tal vez, los días en la selva con el hombre de la calle que nos llevó a su oficina y que relaté con esmero en el capítulo anterior.
4 días y 3 noches en la selva
Manaos, Brasil — domingo, 1 de marzo de 2009
En la casilla de información turística nos habían indicado 3 agencias para hacer esta aventura pero el desenfreno y las ganas terminaron quedándose con la primera y loca propuesta. Esto realmente es a suerte y verdad, te puede salir bien o mal con quien sea; pero yo guiándome con mi buena estrella me tenía fe.
Esa noche, cenando en La Fiorentina, a María la empezó a intranquilizar una sensación desesperante y algo angustiada me preguntaba: “Vendrán a buscarnos mañana?”. En la agencia nos habían dicho que a la mañana siguiente nos pasaban a buscar por el hotel. Nosotros ya habíamos pagado todo el paquete que incluía 4 días, 3 noches (2 en lodge y una en la selva), 3 comidas por día y excursiones varias con guía nativo especializado. Acostumbrada al garca argentino le dije que en Brasil era distinto, que confíe, que quizás luego era todo un despropósito pero venir seguro iban a venir por nosotros. Además nos habían hecho comprar mosquiteros, pilotos de lluvia y una linterna!
Aquel domingo nos levantamos, desayunamos en silencio y eran las 9:00 am y nadie llegaba, hasta que 15 m más tarde se presentó un personaje parecido a Shemp de Los 3 Chiflados y nada de combi ni carros, nos llevó caminando hasta el puerto junto a un yanqui.
Día 1: En una lancha rápida, éramos unas 12 personas, al rato zarpamos a la aventura. El primer punto que hicimos fue “El Encuentro de las Aguas”, el gran clásico de Manaos. La ciudad se encuentra sobre el río Negro que viene del norte, de Colombia. Justo en Manaos se cruza con el Solimoes que viene de Perú (allí se llama Amazonas y al cruzar la frontera, ya en Brasil se llama Solimoes). Se encuentran a unos kilómetros de Manaos y durante 6 km viajan parejos sin mezclarse uno al lado del otro. Es un espectáculo natural fascinante; por sus diferencias en composición química, temperatura, profundidad, velocidad, las aguas no se juntan y luego de 6 km se mezclan para dar nombre al Amazonas hasta su desembocadura en el Océano Atlántico, a más de 6.800 Km de su nacimiento en los andes peruanos. Uno es negro y el otro marrón claro y parecen estar cortados por un cuchillo en su división. Lo que recomiendo para ver este espectáculo es tomar los barcos de dos pisos para, desde la altura, poder contemplar en dimensión este fenómeno. La lancha rápida está buena pero te lo hace ver casi al ras del agua y pierde encanto en su totalidad y panorama. Igualmente al llegar o salir de Manaos en avión, de día, se puede contemplar perfectamente y el espectáculo es único.
Al toque nos adentramos en el Solimoes para ir a conocer la flor típica del lugar, la famosa Vitoria Regia, ese camalote gigante que llega a tener hasta 2 metros de diámetro. El lugar era muy lindo, un muelle con un puente de madera que desembocaba en una especie de glorieta desde donde se podían observar decenas de Vitorias Regias en la jungla inundada, realmente muy bonito.
Al cabo de 1 hora nos marchamos hacia el río Negro, en donde estaría el lodge (cabaña flotante) a una hora y media de Manaos hacia el norte. Apenas salimos del muelle unos chicos del lugar se acercaron en canoas con un perezoso, un monito muy simpático, un caimán y una boa. Por unos reales te los dejaban tomar y sacar fotos, y estuvo buenísimo! Las fotos son muy alentadoras!
Al llegar al lodge, luego de una bienvenida por nuestro guía que hablaba muy bien inglés, sirvieron el almuerzo. La comida era muy buena, servían unas fuentes con arroz, fideos, pescado (exquisito, ancho, blanquísimo), ensalada de tomate y pepino, un bol con los porotos negros y yuca, a veces frita a veces en ensalada. Había que estar bien despierto a la hora de las comidas porque la muchachada estaba hambrienta cual pirañas y si llegabas tarde comías sólo la intención que tenían ellos de dejarte algo. De tomar agua de filtro y servían frutas de postre.
En el lodge había unas 15 personas que se rotaban diariamente. Algunos habían contratado por un día, otros por dos, por tres y así. Tenías la posibilidad de dormir en cuartos con baño privado o en el pasillo en hamaca lo cual era más económico y se pactaba de antemano con los anticristos de la ciudad. Ojo, a prestar atención, cuando digo cuarto con baño privado deben tener en cuenta el lugar. Nos encontrábamos en el medio de la nada, sin luz, sin energía eléctrica, ni teléfonos ni nada de esas caóticas “comodidades” de ciudad. No había lugar para comprar nada de nada, comías lo que te daban y si te daba hambre mirabas el río. Estábamos en medio de la selva, en una cabaña flotante sin posibilidad de ir a tierra firme ya que casi no existía pues era época de lluvias y el río había crecido 4 metros. Todo estaba inundado.
Los dormitorios eran muy simpáticos, uno al lado del otro y se comunicaban por arriba ya que las paredes eran de unos 3 metros de alto. El bañito tenía su ducha, pileta e inodoro y por supuesto el agua era del río. Te bañabas con agua de río. De día prendían un motor que llenaba los tanques y había que ducharse de noche porque si lo intentabas de día el agua salía a tono para hacer un rico té de lo hirviendo que estaba. Habrías tu ventana y debajo había agua, estábamos en medio del río! De noche te daban una vela y a arreglárselas! Una buena linterna era extremadamente necesaria y nosotros por suerte la teníamos, pues de noche había que fijarse muy bien qué pisabas porque las tarántulas eran visitantes nocturnos.
Luego del almuerzo fuimos a pescar pirañas a la jungla inundada. Nuestro grupo eran tres australianos, un español y nosotros dos. Seis jóvenes y el guía durante estos cuatro días. Genial! Marco, el guía nativo, nos llevó en canoa a motor a un lugar increíble, adentrándose en la selva inundada, navegábamos por la copa de los árboles dentro de un mundo nuevo, con sonidos y colores nuevos, una maravilla de la naturaleza que siempre me había deslumbrado viendo en Discovery Channel y ahora lo vivía a pleno, azorado y con la mente fuera de sí. Una de las australianas comenzó sacando una poderosa piraña y luego llegaron las demás. En época de lluvias las pirañas no están tan hambrientas pues los monos y aves tiran muchos frutos al río o simplemente caen solos al agua y la piraña anda con la panza llena. Luego de una tarde fuera de lo común emprendimos la vuelta al lodge pero antes Marco se detuvo a contemplar el atardecer en medio del río, una puesta de sol amazónica que era para morir allí y ser feliz. Al ocaso se dirigió a una isla que formaban los árboles inundados y desde la canoa veíamos cómo millones de pájaros, luego de volar en círculos por largo rato en el cielo, se tiraban en picadas velocísimas de cabeza a las ramas y se perdían en la espesura. Nos agachábamos del susto que producía el ruido de sus aleteos, eran nubes negras, como raudos fantasmas que nos rozaban las cabezas. Algo nunca visto; creo que ese momento ya había pagado el viaje y el esfuerzo de haber llegado hasta allí.
Al llegar al lodge también llegaban los otros grupos y pronto sirvieron la cena. Los horarios de las comidas eran: 7:00 am, 1:00 pm y 7:00 pm. Vale destacar que el sol cae a las 5 de la tarde y a las 6 ya es de noche. A las 8:30 pm ya estábamos durmiendo, poco se podía hacer allí, todo estaba a oscuras y el cansancio arremetía. Los sonidos nocturnos eran apabullantes y a eso de la 1 de la madrugada cayó un diluvio que pensé que se nos venía el techo abajo pues era de chapa y ahí llueve de verdad.
Día 2: Nos despertamos a las 6 de la mañana, dormir era un poco complicado, el calor, los mosquitos insaciables que disfrutan del néctar del repelente y los bichos raros; igual nos habían dejado descansar lo suficiente.
Luego del desayuno, café con leche en vaso, jugo de esas frutas insondables, pan, mermelada, frutas tropicales y una manteca con cero cadena de frío pues no había nevera ni dónde enchufarla, nos dirigimos hacia la selva para comenzar una caminata interesante en donde probamos todo tipo de árboles, cortezas y hojas. Marco conocía muy bien la zona y era muy explicativo acerca de cada planta y nos contaba su historia, sus beneficios, su carácter medicinal y así recorríamos dentro de la espesura, rodeados de árboles gigantescos, lianas, plantaciones de mandioca, cada rincón que el Amazonas ofrecía, mostrándonos su milenaria sabiduría en cada tallo, en cada hoja. Los mosquitos nos trituraban, las hormigas coloradas eran del tamaño de un ratón y los sonidos impactantes. El agua que bebíamos era la de los bidones del lodge que a su vez era natural tirando a tibia porque no había energía eléctrica. Debimos llevar botellas vacías ya desde Manaos, para cargarlas y poder tomar en las excursiones.
Luego del almuerzo en el lodge y un descanso merecido, nos dirigimos hacia una playa de arenas blancas en donde nos quedamos un rato y los australianos compraron dos botellas de vodka y varias latitas de cerveza en lo de una lugareña pues este lugar era ya en tierra firme y allí sí había energía eléctrica. Tuvimos la oportunidad de tomar una gaseosa fría en medio del asediante calor. Esa noche era la noche que pasaríamos en la selva, haciendo supervivencia, durmiendo en hamacas en medio de la nada, internados muy lejos del lodge y de la civilización. La playa era el punto intermedio así que antes que anochezca nos fuimos hacia la selva donde aún teníamos que armar nuestro campamento. Otra vez nos sorprendía el atardecer en medio del río y el impacto era genuino, novedoso. Después de un largo navegar, entre la maleza que caía al agua, Marco abre paso dentro de un túnel de vegetación que nos derivaba a tierra firme. Armamos las hamacas envueltas en sus mosquiteros sobre unos troncos preestablecidos allí y pusimos una lona plástica gigante arriba por si llovía. Marco salió a buscar leña para el fuego y dando golpes de machete salió disparando una serpiente negra que rápidamente se perdió entre las hojas secas. La cena: un pollo para siete personas! Jajaja! Pescamos pirañas y las cocinamos. Comimos unos trozos de pollo con pan, un poco de piraña y un vaso de agua. Luego de la cena nuestros compañeros, junto al fogón, con ganas le entraron al vodka. Hacía mucho calor para beber alcohol y no quería prenderme fuego. Los australianos comenzaron a golpear un tronco enorme de un árbol gigantesco con grandes raíces, el cual retumbaba a lo lejos con gran estruendo. Marco nos había comentado esa mañana en la caminata por la selva que ese árbol servía para dar aviso cuando uno estaba perdido, que la señal eran tres toques para que la gente sepa y se ponga a buscarte. Los muchachos eran insistentes y ya pasaba a ser una niñería, ese maldito estruendo me empezó a poner loco y de pronto pararon. En un momento le dije a Marco que se mida con el vodka porque esa noche nos tocaba hacer “Focalización del Caimán”, que yo había pagado por eso y lo quería bien despierto. El tipo no me dio ni pelota. Ya un poco cansados, en la inmensa noche con ruidos de todo tipo de animales, el español, María y yo nos tiramos en las hamacas hasta que luego de un rato Marco dijo que saldríamos a buscar caimanes. Nos preparamos y enseguida estábamos en el agua. Al poco tiempo de navegación, ya en río abierto, sentimos que la canoa comienza a girar en círculos a gran velocidad, nos damos vuelta y ... el guía se había quedado dormido! A gritos lo despertamos y estaba inconsciente; el vodka había asesinado su rostro y su espíritu y de seguir allí los caimanes harían lo mismo con nosotros. Logramos que despertara, mira para el cielo pues ellos se guían con los astros para saber dónde mierda están porque allí no se ve nada, sólo sombras a lo lejos por la vegetación y comienza a andar nuevamente. La luna y las estrellas son la única iluminación, luego es todo muy oscuro. Al poco rato, se estrella entre las ramas de los árboles hundidos, penetrando en ellas y raspando fuertemente al australiano que iba en la punta. Otra vez dormido! El español le gritaba: “Fuck off! Fuck off! Come back to the camp! Pero qué locura! Era todo muy incierto, estábamos perdidos en medio de la nada y nuestro guía había fallecido por completo! Yo me puse firme, el español a los gritos patinados porque también le había entrado al vodka y Marco en pleno trance etílico no podía encender el motor de la canoa y nos quedamos un rato ahí. A los minutos se pone en marcha y lo que se suponía: no sabía dónde estábamos ni cómo llegar al campamento. A todo esto deben entender que no había tierra firme, todo estaba inundado y en medio de la nada, navegando por las galerías amazónicas, esos laberintos eternos que siempre te llevan a ninguna parte. Se puso a buscar entre yuyos y juncos altos, típica guarida del reptil pero no aparecía nada. Encima el pajarón no tenía linterna! Al cabo de unas dos horas en total pudimos dar con el lugar donde acampábamos y volvimos a respirar. ¿Los caimanes? Jajaja, no, éstos se mataron de risa observándonos a nosotros.
Apenas llegamos nos fuimos a dormir; los mosquitos nos devoraron (en Amazonas hay 200 clases de diferentes mosquitos). Mosquitero, repelente, todo eso es psicológico, te morfan igual. Por debajo de las hamacas sentíamos caminar cosas pero el terror ya lo habíamos pasado.
Día 3: A las 6 am Marco se levantó y se puso a pescar piraña para el desayuno. No sacó ninguna. Nos preparó unos huevos que cocinó dentro de las latitas de cerveza éstas atravesadas por un tronquito como si fuera una brochete. También hizo café de la misma manera y comimos un poco de pan. No se habló nada del episodio nocturno. María agarró un racimo de bananas y detrás había una tarántula.
Salimos a navegar y nos llevó a unos lugares impresionantes, parajes exóticos, escenarios diversos, la superficie del río estaba cubierta por un manto de flores lilas, como si fuera una alfombra, los monitos se paseaban de árbol en árbol. Vimos una iguana inmensa, jamás había visto algo así, tenía más de 1,50 metros de largo. Nos quedamos pescando pirañas rojas en un lugar increíble y luego nos seguían los buitres y aguiluchos porque dejamos las pirañas en la canoa. Ese fue el momento que más disfruté de la estadía allí, era todo de ensueño, realmente muy bello, un paisaje descomunal. Antes de ir al lodge para almorzar paramos en la playa de arenas blancas y cuando subimos a la canoa, ya de regreso, Marco se puso como loco porque nos pedía que no toquemos una ranita muy simpática verde azulada y fosforescente que se encontraba allí. Decía que si la tocábamos y luego nos pasábamos la mano por la boca moríamos en segundos. Mucho no le creímos, pero al jueves siguiente, en Manaos, viendo Animal Planet (esto parece casualidad pero fue demencial y real) estábamos mirando “Los 10 animales más venenosos” y el primer puesto lo ocupaba la ranita! Les juro! El locutor decía: “Vive en la amazonia y es la más venenosa”. María no lo podía creer; y tal cual, decía que el veneno es terrible para el hombre y que te mataba en un minuto. Marco la tomó con el machete y la arrojó al río.
Luego de almorzar descansamos en el lodge y charlamos con amigos y nuevos visitantes de la aventura. Esa noche los australianos y el español querían pasarla en la playa de la ranita pero yo me negué al suplicio de la hamaca nuevamente y además nos correspondía la noche en el lodge, en una habitación. Ellos se fueron con Marco y nosotros nos quedamos sin guía. Pero fue todo para mejor porque Josuá, otro guía, muy serio y respetable, esa noche hacía la “Focalización del Caimán” y en su grupo había unos jóvenes que no querían ir así que le pedimos si nos llevaba que lo nuestro había sido un desastre la noche anterior. No se negó y entonces nos embarcamos junto a una pareja de franceses y su hijo. Luego de 40 minutos de canoa a motor, se adentró en un paraje inundado, apagó el motor y seguía a remo para no asustar a los animales y en eso se tiró al agua! Yo dije “Uy, nos tocó otro demente!” Con la linterna en la boca y el agua por el pecho rastreaba caimanes hasta que luego de unos 70 minutos (nos había abandonado en medio de la nada y los franceses estaban asustadísimos, el hombre se había puesto a tocar el silbato de los salvavidas!) aparece con un caimán pequeño y nos da una clase magistral sobre el reptil. Fue fabuloso, lo hacía con una intensa dedicación y realmente la pasamos de maravillas. Yo le pregunté: “Y las pirañas? Sos loco, cómo te metés en la oscuridad?” a lo que contestó: “Las pirañas duermen a esta hora; el único peligro son las anacondas y las rayas”. El 8 de diciembre pasado, en las Anavilhanas, una anaconda se había tragado entero a un pescador de 30 años (la encontraron, la mataron, la abrieron y estaba el hombre todo quebrado entero adentro) y muy cerquita de donde estábamos las pirañas habían devorado a un niño en segundos, dejando sólo el esqueleto flotando.
Día 4: Nos levantamos temprano como siempre y luego del desayuno (en donde nos visitó un delfín de río que se paseaba frente a nosotros) Marco, que se encontraba en la playa junto a los demás, nos pasó a buscar para ir a conocer a las comunidades indígenas que viven allí. Fue un paseo muy explicativo, los lugareños nos mostraban cómo pelaban la mandioca para luego hacer la harina, estaban cocinando unos pescados y una piraña enorme negra a la parrilla. Tenían su iglesia, su escuela, todo muy precario y abandonado.
Internándonos un poco en la espesura, Marco avistó un perezoso en la copa de un árbol. Luego de penetrar en la densa vegetación trepó al árbol y con mucho cuidado lo bajó. Buenísimo! Lo alzamos, acariciamos y aprendimos un poco sobre este animal singular que duerme 20 horas al día y se levanta 4 para comer. Había que tener mucho cuidado con sus garras porque a pesar de su lentitud se aferraba y te perforaba los brazos. Luego de unas fotos el guía volvió a trepar y lo dejó nuevamente en el árbol.
Volvimos para almorzar al lodge y ya se iba terminando nuestra experiencia. A las 16:30 hs nos pasaba a buscar la lancha rápida de regreso a Manaos. En ese interín apareció un grupo de gente muy mayor que había tomado la excursión sólo por un día para ir a pescar pirañas. Uno de esos ídolos inconmensurables era Juan Pablo II, un polaco de unos 90 años con pullover de lana de doble cuello!!! No lo podíamos creer! Una de las señoras estaba vestida y pintada como para ir a un casamiento. La humedad del aire te derretía y era todo extremadamente inexplicable. Ya verán unas fotos de Juan Pablo II al que al día siguiente encontramos en el Zoo de Manaos y nos saludó fervorosamente.
María, triste por dejar toda esa magia, se despedía de su mascota en el lodge, la boa Patricia, una amigable serpiente de 6 meses que buscaba calor y se le metía en el escote. Yo decidí tomar un baño amazónico y me tiré de cabeza al río. No podía dejar de hacerlo; debía saborear las templadas aguas que me invitaban a nadar un poco. Cuando mi madre vio la foto un poco más muere de un infarto. Inconsciente! Jajajajaja!!!!!!!
Y así, nos despedimos de nuestros amigos y del lugar. Habíamos cumplido todos nuestros objetivos o casi todos ya que yo deseaba ver una anaconda y enredármela en el cuerpo, de esas que son de los lugareños, anaconda amiga.
Un viaje extraordinario, nuevo, impactante, desgastador. Ojalá se repita.
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Últimos comentarios
maratial dice:
Me encanto esta parte del diario!!!! Que enviadia estar alli! No te envidio las incomodidades ni las experiencias tipo survivor que viviste, pero la verdad es como el sueño de todo viajero. Un beso!!
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Masteryamani dice:
Sí, fue fascinante y no vemos la hora de volver porque quedaron miles de cosas por hacer; Amazonas es muy grande! Besos!
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juancho_arg1973 dice:
Lindo relato! me encanto! felicitaciones. Ahora.... tirarse de cabeza al Amazonas ??? ni locoooo jajaja. Un abrazo
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Masteryamani dice:
Sí, no podía dejar de hacerlo, fue una sensación genial, inesperada, lo hice con mucho cariño hacia el lugar por eso las pirañas me perdonaron. Yo también soy Juancho, arg. y de 1973. Increíble.
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placevil21 dice:
Presupuesto?
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m-laura dice:
exelente el relato !!! quisiera ir pero me mato lo de la anaconda yo viajo con mi hija de 8 años y no se si me animo con ella . te felicito por el viaje
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lauris82 dice:
Me encanto tu historia y espero vivirla con la misma intensidad cuando este ahi... Planeo incluir el amazonas en mi proximo viaje,( no se si me animare a tanto... como para zambullirme en el, pero tu relato me incentivo aun mas![]()
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Masteryamani dice:
Gracias niñas intrépidas! No dejen de ir, es un lugar increíble, los niños deberían conocer estos lugares y apartarlos del consumismo demencial de las ciudades. La naturaleza nos llama, vivámosla antes de que se termine!
Un abrazo fuerte a todos los amantes del Amazonas! Vibrar en estas sintonías es de corazones valientes.
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bob_alonso dice:
Excelente historia...Espero tener la misma suerte tuya y pasar el momento de mi vida!!!!
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Masteryamani dice:
Cuando uno se compromete con el lugar y va con el corazón abierto la suerte es algo que casi no se necesita, está implícita. Buen viaje!
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candle dice:
Que bueno!! me encantó el relato, que espectacular poder vivir todo eso!! la naturaleza nos llama a algunos y nos ofrece las mejores experiencias... ![]()
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losnuyis dice:
hola, hermoso relato. Nosotros recien volvimos del amazonia peruano. Hermosa experiencia. Tambien nadamos en el amazonas, pero todos nos decian historias diferentes de las pirañas. Como que no pasaba nada. Despues de leer tu relato.. mmm.. no se si prefiero la inconciencia!!!...
fuimos en agosto, y nos acompaño el clima y los insectos, ya que ambos fueron extremadamente benevolos. No volvimos con ninguna picadura. Decime por favor que empresas realizan viajes por la selva amazonica en Brasil... Nosotros en Peru, recomendamos ampliamente a Cumaceba tour. Barato y cumplen con todo !!! maravilloso
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Capítulos de este diario
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1
Manaos, la "París de la Selva"
-
2
4 días y 3 noches en la selva
En Manaos...
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