Llamada en Martes 23, Patrick, mi amigo alemán, viene a visitarme. Madrid apenas si la conosco y ahora me correspondía ser guía de turista de un amigo que no habla ni "hola" de español. "Pues ven" le dije, y llegó. El viernes por la tarde me encontraba yo esperando en el aeropuerto de Barajas, el "pequeño" evento en Francia había retrasado el vuelo de Patrick y no tenía yo ninguna idea de su paradero. ¿Qué podía hacer yo más que esperar? Parada frente al vitral de la terminal 2 veía la lluvia caer y a los taxistas esperando cliente y fumando un cigarrillo.
De pronto un sms; "Gelandet". Me emocioné y no supe mucho porque. (Supongo que después de 2 horas de espera cualquiera se emociona). "Estoy justo afuera de Sala 6, donde tu saldrás", contesté. El encuentro fue corto, tranquilo, sin muchas palabras. Cómo dos hermanos que tratan de no demostrarse mucho amor pero saben que está ahí, permanente entre ellos. Así fue.
Tomamos un taxi para llegar al hotel AC. Madrid Feria. Ahí los dos moraríamos por los siguientes 3 días. Seguía lloviendo y nos aventuramos a buscar algún restaurante o bar de Tapas.
Mientras cenabamos, (aquí debo de hacer otro paréntesis. La cena la escogimos a recomendación de algunos locales que visitaban constantemente el lugar. Tuve que batallar entre medio-hablar castellano y medio-hablar alemán. Tratando de traducir lo que los señores me decían y lo que Patrick quería preguntar), intentamos hacer algún plan para el sábado. Pero pronto nos dimos cuenta que somos más de la escuela del "No-plan". Y así quedó.
Ése sábado descubrí la ciudad de Madrid más de lo que me imaginaría. Ya había yo paseado algo, y aunque ya estoy acostumbrada a pasear, salir y viajar sola, Madrid simplemente no terminaba de disfrutarla. Me faltaba alguien.
Caminamos y caminamos. Sin un rumbo fijo. Pero tomando fotos, platicando, contando experiencias, etc. Puedo decir que a cada foto tomada le precede algún recuerdo de aquel día. Fue un día fantástico, irreal.
Recuerdo perfectamente estar sentados frente al Museo del Prado disfrutando un cigarro, y entre la red de pensamientos que se tejía en ese momento, pensé "este momento es irreal, ¿será cierto? Estoy en Madrid, disfrutando un día genial con un alemán que no veía en tanto tiempo... irreal" Volteé a verlo y su mirada me decía que el pensaba exactamente lo mismo. Reímos un buen rato.
Ese fin de semana estuvo lindo. Recordaré siempre la visita de Patrick.