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Por los caminos del Inka

Escribe: AntoNa
Embotada en mi vida cotidiana resolví darle un respiro a mis ganas... Decidí aventurarme y volar. Volar por aquellos senderos que antaño fueron esplendor. Recorrer paisajes mochila al hombro de lo que fueron tierras testigo de historias milenarias, de guerras y conquistas, de victorias y lealtad. Simplemente, dejarme llevar por las sendas que antiguamente anunciaron el paso de aquellos, hoy, viejos Inkas.

 

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Machu Picchu

Machupicchu, Perú — martes, 19 de enero de 2010

Era la 1:45.  Apenas desperté me dirigí hacia la ventana.  Llovía.  No era una notica alentadora.

Luego de tomarnos un café en la habitación, bajamos al hall del hotel a esperar el taxi que nos llevaría hacia la combi con destino a ollantaytambo.  El tiempo nos parecía estático.. Cuantos  nervios!!   Ahora, llovía con mayor  intensidad...  

Cerca de las 2:30, subimos al taxi y de allí en una parada, a una combi con algunos pasajeros.  El trayecto posterior me pareció de terror: curvas tras curvas, una ruta mojada, un paisaje que apenas se avistaba y un conductor de pie pesado que no dejaba de acelerar.

Cuando llegamos a la estación ferroviaria, el agua había mermado.  Hicimos la fila para poder ingresar al complejo y de allí nos subieron rápidamente al vagón del tren.  Aún estaba oscuro.  No recuerdo bien la hora pero de seguro eran como las 5.  De pronto, nos movimos (no se andaban con vueltas para los pasajeros retrasados), y a aquellos que no llegaron a tiempo, les fue impedida la entrada con seguridad.

                El camino estaba espléndido; a medida que amanecía, el paisaje se hacía verde en distintas tonalidades; el río lo acompañaba entre vaivenes apresurados (un poco furioso, pero sin llegar a intimidarnos; creo que en parte se debía a la imposibilidad de despertar de la mansedad que emanaba de aquél lugar salido de cuentos).  Terrazas en la orilla opuesta, puentecitos graciosos y túneles perdidos.  Todo era una mezcla de cosas bellas, sin dudas,  aquello que vendría no nos podía defraudar (y no lo haría).

                Cuando llegamos a Aguas Calientes, nos encontramos con nuestro guía para informarnos sobre el recorrido.   Luego, fuimos por el bus para subir hacia el sitio. 

                Arriba estaba nublado y corría un aire fresco.  Pedro, el guía nos reunió en un gran grupo y comenzamos a ingresar por una senda que lindaba al precipicio.  No veía absolutamente nada hasta que Pedro haciendo una breve introducción nos permitió ver hacia abajo, aquellas, fueron mis primeras imágenes de Machu.  No podía contenerme ... allí estaba,  emergiendo entre nubes, sereno, como si el tiempo aún no lo hubiese reclamado. 

                Continuamos caminando entre sus gradas por (hasta entonces) sendas y muros sordos;  solo me apenaba no poder ver el Wayna Picchu (totalmente tapado entre nubes) ni haber conseguido un número para su ingreso.  Pero que mas daba, estaba allí!!.

                El tour duró aproximadamente 2 hs, donde nos explicaron cada uno de los detalles de las ruinas.  (Es recomendable hacerlo, ya que no es lo mismo estar allí sin zambullirse un poco en el mundo del cual fueron parte cada uno de esos recintos).

                Lloviznaba de a ratos.

                Luego del recorrido, cerca de las 11, salimos a comer a un bar de comida rápida que estaba a la entrada de las ruinas, ya que los precios que manejaban en el comedor eran dolorosos para mi bolsillo.  Aún así, la comida del bar, no dejaba de ser cara.

                Terminada nuestra porción de tarta, fuimos a sentarnos cerca de la entrada, el sol estaba más fuerte y las nubes se alejaban.  Como ésta vez era seguro poder ver el sitio en su esplendor, nos desabrigamos y volvimos a entrar.

                Ahora si era diferente...  ante nuestros ojos, la típica postal de las ruinas.  Nos sentamos un rato, solo a observarla... Se estaba tan tranquilo allí, aunque ahora contingentes de turistas habían desbordado el lugar.  Luego, nuevamente empezó a  lloviznar; nos pusimos nuestras capas para la lluvia y salimos a recorrerla antes de partir.   Ahora, llovía a cántaros. 

                Pasadas las 14 hs tomamos el bus hacia Aguas Calientes.  Allí esperaríamos hasta las 18:40, horario en que partía nuestro tren hacia Ollantaytambo.

                Cuando llegamos a Aguas Calientes, el río era una fiera; daba miedo verle arremeter contra un pequeño puentecito.  Nos dispusimos a caminar un rato por el pueblo para poder conocerlo... Encerrado entre altas montañas, pequeño y dispar, de callecitas angostas multicolores por las ventas de artesanías.  Era un mundo de gente.  Nos sentamos en algún bar de la plaza y tomamos un helado.

                Más tarde fuimos a la estación.  Volvía a llover.  Esperamos allí hasta la hora de nuestra partida.  Mientras el tiempo pasaba, personas iban y venían de a montones.  Machu sin lugar a dudas, jamás volvería a quedarse solo.

                Cerca de las 21 llegamos a Ollantaytambo, allí tomamos una combi nuevamente por 15 soles hacia Cusco.  El viaje nuevamente me pareció una tortura (figurita repetida)... las mismas circunstancias, distinto el chofer.  No veía las horas en que llegue el vehículo, realmente me sentía mal; lo cual se agravó cuando una niña a mi lado vomitó todo.  No pude evitar hacer lo mismo al llegar al hotel...

                Mas tarde me dormí, al día siguiente Lima nos esperaba

Publicado el 7/mar/2010, 21.48
Modificado el 8/mar/2010, 18.02
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