Desde Montevideo hasta Machu Picchu: un sueño

Escribe: femar
Si dijera peregrinaje no se que pensarían…pero eso fue para mi, eso significó ese viaje. Atravesar Argentina, Bolivia y parte del Perú para llegar a Machu Picchu,viviendo la amalgama cultural del pasado y el presente, y el encuentro de la Naturaleza del hombre y su esencia, fue toda una aventura interior...

 

   Enviar a un amigo   

 
1 ... 6 7 8 9 Capítulo 11

Cerca del cielo

Machu Picchu, Perú — sábado, 15 de enero de 2011

Cuando llegamos vimos enseguida a nuestros madrugadores compañeros, que estaban con el guía que nos iba a acompañar por las ruinas y nos iba dar unas magistrales charlas que nos fascinaron con su mezcla de historia y leyenda. ¡Las ruinas! ¡Machu Picchu! El santuario de la gran civilización inca! ¿Cuántas veces había yo soñado con esto?

Me paraba a cada instante sin poderlo creer, conciente de que era el momento más sagrado de mis sueños cumpliéndose, que mis ojos no me alcanzaban para ver todo, que por más que mirara, sólo era ese momento vivido y nada más! Me sentí muy pequeñita y muy grande a la vez, ese lugar mágico estaba afectándome y la energía me hacía saltar el corazón a cada paso.

Cuatro horas duró el tour por Machu Picchu. Wilfredo se llamaba el guía, descendiente de incas. De verdad que nos hizo regresar en el tiempo. Nos dijo que estábamos en un día feliz, ya que, a pesar de estar en temporada de lluvias, este día brillaba el sol a pleno.

Es impresionante también cruzarte a cada paso con grupos de personas de todo el mundo, como que ese lugar mágico atrae con su energía y misticismo hasta el último rincón del planeta.Cuando terminamos quisimos bajar enseguida para tomarnos el tiempo en disfrutar el camino escalonado, pero en bajada. Demoramos mucho tiempo, cada hoja cada flor, cada planta nos detenía con su belleza. Ver crecer alegrías, flores de azúcar, helechos, los mismos que mi madre cuida en macetas pero esta vez libre por todos lados, daba la impresión de estar en un jardín permanente e inmenso.

Cada tantos escalones nos encontrábamos con un tramo del camino de vehículos, lo cruzábamos y otra vez a bajar escalones de piedra, que datan de la época de los Incas. Las rodillas te empiezan a doler después de una hora, y empiezas a buscar otras formas de bajar, un poco más de costado, alternando o no los pies, etc  pero después de casi dos horas y media estábamos de nuevo en el hotel.  

Estuvimos un rato en el balcón del hotel apreciando lo fascinante del pueblo: un montón de gente viviendo del turismo encerrados entre montañas verdes y húmedas. Llueve todo el tiempo pero la gente viene y va, no le importa. Un sentimiento de claustrofobia típica de quien ha vivido toda la vida en el llano, me hace mirar más cerca  para no ver las montañas por un rato.

El ruido permanente del río que pasa a lo largo del pueblo aumenta ese sentimiento y la lluvia continua sobre los techos no asusta la ola de turistas interrumpida cada media hora por el silbato y el fragor del tren. Más tarde salimos a recorrer el pueblo, hermosísima la feria de puestos apiñados ofreciendo artesanías locales y hermosas prendas de vestir. Los chicos de todas partes unidos por la aventura se apiñan el la plazoleta preparándose para dormir como sea después de comerse un refuerzo de fiambre y pan .Es como si los canones sociales se dejaran pacíficamente de lado para compartir la gran espectativa de subir a Machu Picchu o la de compartir asombros por haberlo ya realizado. Llovía pero igual salimos a comer con un grupo de chicas y volvimos un poco tarde mareados de tanta felicidad.


Publicado
Modificado
Leído 943 veces

    Enviar a un amigo

1 ... 6 7 8 9 Capítulo 11
 
 


 

Capítulos de este diario