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Marsella y Lyon: gastronomía y mucho más.

Escribe: mikezamo
Me apetecía coger unos días de vacaciones para poner en práctica el francés, y de paso conocer un poco más nuestro país vecino. Decidí visitar dos de sus ciudades más importantes: una ciudad en la costa de la región de Provenza y otra en interior: Marsella y Lyon.

 

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Segundo día en Lyon

Lyon, Francia — miércoles, 18 de marzo de 2009

Después de haber visitado el barrio antiguo de Lyon, hoy toca visitar la zona de la península (presqu'ile) y el barrio de la Croix-Rousse. De camino al ayuntamiento compramos en un Mc Donalds un chocolate y un café para llevar (pour emporter), y en una boulangerie unos bollos buenísimos, de forma que el desayuno nos salga más económico que en días anteriores. Y es que si te tomas un café un una cafetería es muy probable que te cobren en torno a 3€, mientras que en el Mc Donalds son 1,60€ y no están del todo mal. Desayunamos en la plaza frente al ayuntamiento (Plaza des Terreaux). Nos sentamos al borde de la fuente Fontaine Batholdi que representa una cuádriga tirada por unos caballos que parece que van a cobrar vida y te van a pisotear. Justo cuando nos vamos a ir encienden la fuente y podemos contemplar aquel bonito espectáculo. Frente a ella se encuentra el Museo de Bellas Artes de Lyon. Entramos para ver el patio interior, sacamos un par de fotos y nos dirigimos al edificio de La Ópera Nacional de Lyon. Renovado por Jean Nouvel, es un claro ejemplo de cómo se puede combinar lo moderno y lo antiguo con buen gusto. Seguimos adelante hasta cruzar el Ródano y paseamos por el rio mientras contemplamos las casas-barco que se encuentran amarradas a la orilla. Qué curioso tiene que ser vivir en uno de esos barcos!! Tras volver a la presqu'ile comenzamos el ascenso al barrio de la Croix-Rousse pasando por los miradores que indica el plano de Lyon. Al llegar a la cima compramos un tentempié y descansamos mientras disfrutamos de las bonitas vistas de la ciudad.

Más tarde descendemos el barrio por la calle Montée de la Grand Côte. Mientras bajamos nos desviamos por la calles que la atraviesan, y descubrimos rincones muy curiosos y con mucho encanto. Vale la pena pasar un buen rato explorando este barrio. Hay muchas tiendas de artesanía, muchos talleres (atelier), y es el barrio más multicultural de la ciudad. Me recuerda al barrio de Lavapiés. Al llegar abajo nos tomamos unas cañitas en una terraza de la plaza Sathonary. Allí las cañas son de medio litro o de 25cl. A éstas las llaman "demi", que significa media (media caña de medio litro). En muchos bares están a 2,50€, así que el precio es similar al de España.
Después del momento terracita, el estómago nos avisa que hace tiempo que no lo llenamos, así que decidimos comprar algo de queso y embutido en un mercado de la zona que tiene una pinta estupenda para hacernos unos bocatas. El mercado se llama Halle de la Martiniere, y se encuentra una calle con el mismo nombre. El chico del puesto de quesos habla español y nos recomienda un par de quesos, no sin antes darnos a probar una loncha generosa de cada uno de ellos. Están riquísimos los dos, pero nos decantamos por el Compte fruté (afrutado). En el puesto de al lado compramos algo de salchichón y sólo nos falta el pan. Cerca del mercado hay una buena panadería y allí compramos un pan de cereales. Con las compras hechas, nos dirigimos al rio Saona para hacernos los bocadillos y comerlos al sol. Hace un tiempo buenísimo, de hecho apenas hemos visto una nube en los 5 días de vacaciones que llevamos. Viva el anticiclón de las Azores!..o el que séa!
Los bocatas nos saben a gloria!!! el pan está buenísimo, auténtico. Además me doy cuenta que hemos hecho un descubrimiento eligiendo ese queso. Está de muerte!
Las orillas del rio se llenan de gente, sobre todo de jóvenes que encuentran aquí un buen lugar para relajarse, comer algo, leer, etc. Junto a nosotros otra vez un chico tocando la guitarra, que hace que "la sobremesa" tenga un toque especial. Otro momento muy chulo del viaje!

Después del recital de guitarra, y para desperezarnos, volvemos a la parte vieja para visitar los lugares que no vimos el día anterior. Descubrimos traboules nuevos y rincones que no dejan de sorprendernos. Tras recorrer de una punta a la otra el barrio viejo, volvemos al hotel para cambiarnos -pues a las noches refresca bastante, y es que oficialmente aún es invierno-.

En uno de los folletos turísticos, ponía algo sobre un espectáculo de luces en la Plaza des Terreaux, así que para allí que vamos. Sin embargo, no hay más luces que las de las farolas así que decidimos comer algo rápido por la zona y dirigirnos al barrio antiguo. Allí tomamos unas cañas en la terraza del Café de la Cathedrale mientras observamos a la gente que pasa por allí.

Es la última noche en Lyon, así que con un poco de pena nos despedimos del barrio y nos vamos al hotel a descansar.

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